risas en familia

"Buscamos humor que se sostenga como show televisivo"

Manu Da Silveira vuelve a hacer reír frente a una cámara tras un año de ausencia en televisión. Lo hace con su “elenco soñado” y en un programa a su medida. Por eso, no puede disimular la ansiedad, los nervios y la euforia desde la mesa de vidrio de la productora Nepal que vio nacer y crecer el proyecto. Bajo los efectos de ese cóctel de emociones, se lanza a anticipar Parentela, el ciclo que la devolverá a la pantalla el 26 de junio por Monte Carlo Tv. También se refiere al alejamiento de Teledoce y a la polémica que involucró a su padre a inicios de año. La comediante a días de volver.

—¿Cómo te sentís en la previa del estreno de Parentela?

—Estoy ansiosa, tratando de disfrutar todo. Veo que se va concretando y me emociono permanentemente. Me estoy dedicando de lleno al laboratorio previo, y para un comunicador está buenísimo vivir eso.

—¿Cómo definirías tu rol en el programa, aparte de lo que se va a ver al aire?

—No sé, lo estoy buscando todavía. Estoy mucho detrás de cámara y me encanta. Veo los gags (chistes visuales) que van a haber, y pienso qué es lo que puede funcionar. Me siento muy escuchada, y eso es muy bueno para mí. Ayudo en lo que haya que ayudar, propongo, y pregunto todo, pero tengo que soltar. A veces soy pesada pero confío mucho en el equipo. El elenco es soñado: son versátiles, talentosos y generadores de un clima de rodaje mágico. Por otro lado, quiero defender el guión. Yo empecé como guionista, y me parece que la televisión uruguaya no le da mucho lugar. En Parentela no habrá bailarines, ¡pero hay guionistas! Es un equipo al que se le consulta todo, como en una dinámica de taller.

—¿El programa busca recuperar el espacio de humor con actores en televisión?

—Ojalá, me gustaría haya más actores trabajando en televisión. Cuando uno dice "programas de humor con actores" piensa rápido en Plop, Decalegrón y Telecataplúm. Son referencias increíbles pero es muy difícil hacer un programa con esas características. Está bueno encontrar algo nuevo, actual, que se sostenga como show televisivo.

—¿Cómo definirías el tono del programa?

—Tenemos muy presente esa foto de la familia reunida alrededor de la televisión como si fuera una estufa a leña, y desde ahí empezamos a armar el programa con el código de humor familiar que a mí me gusta mucho. Voy a explorar la Manu monologuista en un monólogo inicial, va a haber un croma en vivo, y a cada parte se le va a buscar un diferencial. También va a haber una ficción destacada en clave de humor donde se presenta a la familia Parentela.

—¿Cómo se dio la incorporación a Parentela de Luciana Acuña, que estaba al aire en Teledoce con Me Resbala?

—Trabajé un montón con ella y tengo mucha confianza. Como somos amigas veníamos hablando del programa desde hace tiempo, y ella siempre fue partícipe. Cuando se sumó a Me Resbala me alegré porque era algo concreto y en aquel momento Parentela todavía no. Cuando arrancó en ese programacomentó que tenía este otro proyecto, que por lo pronto no convivían en el tiempo. Después se concretó Parentela, ella lo planteó y estuvo todo bien. Tiene una forma muy buena de conducirse. Para mí fue un trabajo decirle "Luli, siempre sentite libre de hacer lo que quieras". Esas decisiones son muy personales. Ahora me encanta que esté en Parentela porque me gusta mucho su trabajo y su energía.

—¿Inicialmente Marcel Keoroglián también iba a formar parte del programa?

—Si yo me quedaba en el 12, él iba a estar. El momento del cambio de canal fue cuando Marcel dejó de integrar este sueño mío. Lo mejor en estos casos es tener una conversación franca y decir "¿Qué es lo mejor para ti?". La decisión de cambiar de canal es difícil, y cada uno tiene su historia. Yo lo respeto mucho, fue una persona clave en mi formación humorística.

—¿Cómo evaluás tu alejamiento de Teledoce, ya a la distancia?

—Me gustan los cambios, que no quieren decir crisis ni rupturas violentas con un medio. Son decisiones que responden a necesidades de desarrollarse de una manera en determinado momento. Lo mío con el 12 se dio desde ese lugar. El canal fue mi escuela y mi casa durante mucho tiempo, y la decisión de renunciar a Sonríe fue con mucha antelación. El último programa fue muy triste pero con la alegría de saber que me estaba yendo para probar lo que yo soñaba. En este momento de mi vida, me puedo dedicar de lleno a esto, pero para hacerlo sentía que tenía que dejar lo otro. Irme de Sonríe fue un riesgo, y después lo que pasó fue que el canal no tenía el espacio para el tipo de programa que yo quería hacer, y yo no estaba como para trabajar en los roles que me podían ofrecer. Yo lo entendí y no lo tomé como algo personal. La puerta se cerró despacito y la de Monte Carlo se abrió con la misma ilusión. Fue fuerte entrar a un estudio y que se prendieran cámaras que no son las que una conoce. Si me preguntabas hace dos años, no me imaginaba estar estrenando un programa en otro canal, pero hoy no me imagino haciendo otra cosa.

—¿Te preocupó en algún momento quedarte sin pantalla?

—Dejar la televisión es un ejercicio muy fuerte. Había posibilidades de que no volviera a tener una oportunidad, e incluso existe esa posibilidad con un programa al aire. Yo no sabía qué me podía pasar. Lo que sabía era que Sonríe iba a seguir adelante sin mí, y está bueno saber que todo puede sigue sin nosotros. Los primeros programas que miraba era raro: "No estoy, ¡me morí!" (risas). La gente fue muy cálida conmigo en la calle, me preguntaba cuándo volvía, y capaz que si eso no hubiese estado, la sensación hubiera sido otra. Lo que sé es que no me arrepiento de nada.

—¿Te hubieras quedado si Sonríe sumaba más espacio al humor que querías hacer?

—Sonríe es un programa de archivo y dar más lugar al humor convertía al formato en otra cosa. Estaban abiertos a escuchar y hubo modificaciones en las que se incluyó más humor, pero desde que se gestó se sabía que iba a ser un programa de archivo. Yo tal vez no tenía el instinto como para saber qué era realmente lo que quería, y si hubiese sabido tampoco lo hubiera podido sostener. Cuando empecé en Sonríe no sentía que quería hacer un programa íntegramente de humor, me di cuenta sobre la marcha. Durante esos años, le fui encontrando la vuelta a la bajada de los informes, al croma, después pedí lo del Niño Doblaje y funcionó para marcar el tono del programa. Pedirle más humor era acaparar un programa desde un lugar que no tenía sentido.

—¿Lo seguís viendo?

—Sí, me encanta verlo desde mi lugar, habiendo participado ahí. Incluso cuando me voy a algún lado, si paso por portería y se está mirando el programa me quedo unos minutos. Cuando estrenamos Otras tres gracias Ceci (Bonino) cayó de sorpresa y para mí fue una enorme alegría porque la quiero mucho.

—Trabajás en teatro, televisión, escribís, actuás… ¿En qué rol sos "más vos"?

—En el unipersonal, como cuando hice De buen humor. Ahí no hay intermediarios, no hay tutía. Es todo lo que uno tiene para dar, la oportunidad de desarrollar al máximo la esencia de comedia y humana.

—Sin embargo hubo un momento en el que te peleaste con los monólogos.

—No es que me peleé, simplemente la pasaba muy mal cuando los hacía. Tuve como ansiedad escénica. Si algo no llegaba a funcionar tenía un autoflagelo de quedarme pensando toda la noche en eso sin poder dormir. Y al otro día llegaba a la función con ese miedo. Mi corazón se iba erosionando, y llegaba al escenario sin poder diferenciar una función de un evento. Lo somaticé, me enfermé. Fue un proceso que maduré tarde. Hice una tesis sobre ansiedad escénica y me titulé con eso. Después hice Las Tres Gracias y me costó mucho, aunque estaba muy contenida por Emilia (Díaz) y Angie (Oña) y era una comedia, no un unipersonal. Cuando se terminaba la obra me quedaba hablando con ellas hasta las cinco de la mañana sobre cuánto me costaba pararme desde un lugar libre en el escenario. Fue una sobredosis de no decir que no a nada para aprovechar el momento, y me lastimé por decidir mal.

—¿Cómo fue volver a un unipersonal después de crisis?

—Volví a los monólogos en De buen humor, dirigida por Emilia y Angie, y logré el aplomo emocional. Cuando me paré en la sala grande por primera vez después de pasar todo eso fue buenísimo. No me juzgué, me perdonaba un furcio o que un chiste no funcionara.

—¿Hubo algún show en particular que te haya dejado una mala experiencia?

—Fueron miles de shows, la sumatoria de llegar y que la gente no esté predispuesta a que haya un show. O de no saber si lo que estaba haciendo estaba bien. La gente me decía "estuvo bárbaro", pero yo me iba para casa pensando "¿estuvo bárbaro o fue horrible?", "¿me pagan por ir un rato?". Era una mezcla de payaso triste con culpa de "ladri". Después uno empieza a entender que la contratan es porque gusta lo que hace. Agradezco esa crisis porque me puso de vuelta en el escenario con otra cabeza.

—¿Te gustaría trabajar en carnaval?

—Sí, pero le tengo mucho respeto. Me formé con Marcel (Keoroglián) y lo que más me gusta es la murga. Me encantaría porque soy muy seguidora del carnaval, pero me da mucha vergüenza. Cuando tenga otra madurez me gustaría ser cupletera, pero no me siento a la altura todavía.

—¿Cómo es la relación con tu público en la calle?

—La gente en la calle es lo máximo. El uruguayo tiene una forma muy buena de conectar, media tímida, tranquila. No es como en Argentina que esperan con cámaras en las puertas de los lugares. Acá llega una señora y dice "qué lindo verte" o "qué lindo que vuelvas, vamos a estar ahí". No sé si uno proyecta todo el amor que le pone a lo que hace, pero cuando escucha eso queda como en un néctar. Me puedo quedar siete horas sacándome fotos que nunca me va a afectar.

—¿Y ser reconocida por la calle?

—Eso no me gusta, me muero de vergüenza. No lo sé manejar. Soy muy tímida, me cuesta mucho. Soy lo contrario a mi padre, que le encanta eso de entrar a una pizzería y saludar a todo el mundo.

—Desde tu lugar de hija de Jorge Toto Da Silveira, ¿cómo viviste toda la polémica que se generó a partir de sus dichos sobre el futbolista Jonathan Rodríguez?

—Ha sido muy difícil. Lo viví desde el lugar de hija, con toda la resonancia que el tema tuvo en mi familia y desde el lugar de comunicadora con todas las repercusiones que han habido en los medios. Yo agradezco a todos los colegas que respetaron mi silencio en ese momento, porque entendieron que yo no tenía que dar mi opinión. Mi padre vive de dar su opinión, yo vivo del humor. Lo defiendo y protejo mucho, para hacer mi trabajo de la mejor manera posible.

LA PARENTELA SEGÚN MANU.

Luciana Acuña.

La comediante estará por primera vez junto a su amiga Manuela en tv. Para concretarlo, dejó Me Resbala, el ciclo que integraba en Teledoce. "Me gusta su trabajo y energía", afirma la conductora.

Danna Liberman.

Participa como actriz y guionista en Parentela. El parecido físico con Manu no pasará desapercibido. "Ojalá también me pareciera a ella en su talento escénico", elogia la conductora.

Néstor Guzzini.

El premiado actor de Tanta Agua (2013) y Mr. Kaplán (2014) también se sumó al ciclo humorístico. Manuela recuerda que cuando lo convocaron estaban nerviosos, "pero él se copó enseguida".

Piero Dáttole.

Como Danna, Piero llegó a Parentela desde el teatro de improvisación. Manuela define su talento como "demoledor": "es sorprendente, los televidentes lo van a amar", anticipa.

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