CAMILO FERNÁNDEZ

Benjamín de los galanes

Renunció a su trabajo en una agencia de publicidad sin tener otro proyecto en vista porque no lo hacía feliz. La murga era su currículum y un mail de Carlos Tanco cambió su futuro laboral. Integra el staff de La mesa de los galanes hace un año y es el primer Carnaval que no sale en Cayó la Cabra. 

Foto: Gerardo Pérez
Foto: Gerardo Pérez

Entró al Carnaval gracias a que un grupo se disolvió y se formaron dos murgas. Pidió para ingresar en Salta Violeta, le dieron las gracias y le dijeron que lo iban a llamar, pero no le sonó el teléfono hasta que se pelearon entre ellos. Esa disolución fue clave para que Camilo Fernández se colara en Salta Violeta 2, que un año después pasó a llamarse Cayó la Cabra. "Si no se hubieran separado no hubiera entrado nunca porque los dos grupos estaban desesperados por sacar la murga, era por orgullo, y caí en uno de ellos", cuenta.

En 2006 se presentaron al concurso de Murga Joven Salta Violeta 1 y 2, y la retirada que escribió Camilo fue justamente dedicada a esos grupos humanos que se divorcian. Se subió al tablado del Defensor Sporting a concursar sin tener idea de lo que era una Murga Joven porque jamás había visto una. "Era tal mi ignorancia que vi a mi padre en la platea y lo saludé desde el escenario".

La murga obligó a Camilo a convertirse en letrista. El canto no era su fuerte, así que cuando fue a "manguear" para entrar dijo que escribía, "eso lo podía disimular mejor". Mintió: jamás había probado su pluma. Lo hizo esa vez en Salta Violeta, funcionó, y mantuvo ese rol en Cayó la Cabra por diez años. Este será el primer Carnaval que lo mire desde abajo. El trabajo en Del Sol le quitaba mucho tiempo, y ya no estaba yendo con tantas ganas a los tablados. "Hacía dos años que estaba por irme. Me empecé a sentir un poco encerrado, pero este año me animé".

—¿El Carnaval fue tu vidriera y lo que te permitió estar hoy en la radio?

—Sí, mi currículum siempre fue la murga, y no solo en la radio sino también en publicidad, área donde trabajé muchos años. Estudié Comunicación en la UTU y Cayó la Cabra siempre fue una vidriera grande. Sigue siendo.

—Llegaste a Del Sol porque Carlos Tanco sugirió tu nombre. Habías renunciado a tu trabajo en una agencia de publicidad y recibiste un correo suyo, ¿qué sentiste al leerlo?

—No podía creerlo. Estábamos comiendo en un hostel de Córdoba en plena gira de Cayó la Cabra y cuando agarré Wi Fi me cayó ese correo. No existía toda esta movida de Del Sol pero Tanco me escribía diciéndome que había escuchado un programa de radio on line "experimental", palabras de él, que le había gustado bastante, que el nombre le parecía espantoso (Contame todo) pero que le había gustado cómo salía yo al aire. Me preguntaba si estaría afín a sumarme a un proyecto, pero no me decía qué. Obviamente le contesté, "sí, sí, lo que sea". Tenía unas horas libres para descansar porque cantábamos de noche y no pude dormir de la emoción.

—¿Qué hubiera pasado si no llegaba ese mail?, ¿qué ibas a hacer?

—Quién sabe. No sé qué hubiese pasado. No tenía muchos planes, ahí estaba la inconsciencia de haber renunciado. Estaba triste en la agencia porque no me hacía bien ir y mi madre me dijo, "a un trabajo que no te gusta siempre vas a poder volver". Y pensé, "esta mujer tiene razón" (risas).

—¿Con quién y cómo fue la primera reunión en Del Sol?, ¿qué te dijeron?

—La primera llamada fue de Rafael Cotelo. Yo no sabía que estaba en el proyecto porque Tanco se había referido a la radio como "esta gente". Me dijo, "¿vos hablaste con Tanco?" Y yo cada vez entendía menos. Quedamos en reunirnos al día siguiente. Llegué y vi que estaban Rafa Cotelo, Jorge Piñeyrúa y Diego González. Cuando vieron mi cara de desconcierto, Rafa me dijo, "no te explicó mucho Tanco, ¿no?" Y ahí me empezaron a contar. Querían que estuviera con ellos, pero no me conocían, aceptaron la sugerencia de Tanco.

—Estás rodeado de comunicadores que ya tiene un nombre, ¿cuesta hacerse un lugar ahí y ganarse al público?

—Sí, creo que sí. La gente, al igual que yo se preguntará qué está haciendo ese gurí ahí. Pero estoy ahí y tengo que darle para adelante y aprender. Lo que hago es chupar rueda de estos grandes de la comunicación. Y entré bien en el programa, eso dicen ellos. El rol que cumplo en ese grupo funciona y hasta podría llegar a hacer falta.

—¿Cuál es ese rol?

—El joven inútil que no entiende nada de lo que está pasando, que también es real: es todo nuevo para mí. Soy más joven que ellos (29 años) y mi única responsabilidad caricaturizando mi vida es venir a la radio. Ese personaje sirve muchísimo porque ellos tienen hijos, mil laburos, mujeres. Se da un contraste que está bueno.

—Siempre te toman el pelo al aire, ¿te llegaste a calentar por alguna broma?

—Sí, me he calentado mil veces, pero no mal. Trato de que no me duela porque yo también después jodo. Pero creo que nunca me habían hecho tanto bullying en mi vida. Es muy divertido y tremendo aprendizaje para el ego porque el mundo de Carnaval es distinto. En la murga sos poeta, creativo, crack, te aplauden. En la radio están intentando que te caigas, así es el juego. Es muy distinto cómo reaccionan los públicos. Me tuve que acostumbrar a pasar de un mundo en el que me mimaban a otro donde van a intentar que me caiga todo el tiempo.

—Entraste para estar en la producción artística e ibas a tener un espacio fijo llamado El joven sensible en La Mesa de los Galanes, pero fuiste ganando más espacio al aire, ¿cómo fue?

—Fue raro. En la conversación inicial se dijo que iba a tener un espacio semanal como excusa para ir metiéndome al aire. Pero el primer día me invitaron, me quedé hablando y estuve todo el programa. No entré de a poco. El espacio se había vuelto una especie de mochila que no quería cargar porque estaba en medio del Carnaval y no lo podía preparar. A su vez, ya estaba funcionando al aire sin eso, entonces lo sacamos.

—También condujiste Cambio y Fuera con Gastón Carbajal, ¿qué significó tener un programa propio?

—Estuvo buenísimo porque fue todo de rebote. Ese programa lo iban a hacer Diego González y Rafa Villanueva, que al final no entró. Después se sumó Iñaki pero no pudieron ninguno de los dos y terminamos Gastón y yo. Fue una escuelita intensiva de radio. Fue para aprender y así me lo tomé. No iba a sobrevivir en 2018, pero había que aguantar el tirón del año y estuvo buenísimo.

—¿La gente pide que La Mesa de los Galanes no cambie?

—Casi todos los cambios son bastante resistidos, entonces cualquier volantazo hay que hacerlo con mucho cuidado o bancarte que no funcione. Me acuerdo que cuando entró Rafa (Cotelo) a Segunda Pelota a mí no me gustaba. La actitud era, "¿qué me tocás mi programa?" Después aceptás.

—El proceso de la murga es mucho más lento, la radio implica un trabajo diario, no te podés tomar tus tiempos, ¿es más difícil ponerle cabeza creativa?

—Es distinto. Si bien tenés menos tiempo, esa creación dura menos en el tiempo, es más desechable. Cuando escribís para Carnaval sabés que vas a tener que cargar con ese espectáculo un mes y medio intenso y el resto del año, entonces cada coma la tenés que cuidar para poder convivir con eso. El eco de un chiste de la radio dura como mucho un día. Son cosas que nacen y mueren.

—¿Te costó agarrarle el ritmo?

—Me costó porque no soy un tipo con mucha metodología para laburar, soy bastante desprolijo. Fue un gran cachetazo de disciplina que me vino bárbaro.

—"Pelusa" Pintos dijo una vez que vivís la murga de forma un poco paranoica, ¿sos así de exigente en la radio?

—No, tengo otro rol. Rafa (Cotelo) es bastante más paranoico porque tiene la dirección creativa. Yo me paranoiqueaba en la murga porque sentía que era muy responsable de lo que se podía llegar a ver, acá tengo un papel distinto y estoy más tranquilo.

—Cayó la cabra tuvo actuaciones y giras durante el año pasado, ¿estar en la radio te quitó espacio para la murga?, ¿pudiste estar?

—Sí, pero por momentos estuve un poco mitad y mitad en cualquiera de los dos lados. Ambas actividades consumen mucha energía y había que repartirla. La radio era muy demandante porque era el primer año: había que carretear y hacer el esfuerzo para ver cómo salían las cosas. Ahora ya está volando.

—¿Por qué decidiste no salir en Carnaval este año?

—Es una suma de varias cosas: tener más tiempo, un poco de verano y cierta saturación con la murga. Fueron diez años y no estaba disfrutando tanto los tablados todas las noches, lo empecé sentir como una obligación. Me empecé a sentir un poco encerrado y hacía dos años que estaba por irme, y ahora me animé.

—¿Cómo lo comunicaste y cómo lo tomaron tus compañeros?

—Se lo comuniqué primero a Martín Mazzella y después a Lucas "Pelusa" Pintos. Al principio lo dije muy dudoso: no estaba muy seguro si me iba o no. En realidad sí pero no me estaba animando a decirlo. Lo terminé anunciando en la primera gran reunión donde estuvo el grupo completo. Lo tomaron bien y no pasó nada.

—¿Tenés las puertas abiertas?

—No sé. No voy a preguntar tampoco. Son riesgos. No tengo idea de qué voy a hacer.

—¿Ni siquiera diste una mano en la parte creativa o en las letras?

—No, nada. El letrista (Martín Mazzella) es uno de mis mejores amigos y tengo un diálogo con él constante, pero no escribí.

—¿Estás extrañando?

—No extraño nada salir. Los veo brillar arriba del escenario y pienso, "ay, yo podría haber estado ahí". Me da un poco de cosita, pero sé que no quiero fumarme todo el proceso y saber que al otro día tengo que hacer cuatro tablados. Sin duda me está haciendo bien no salir en la murga, es un gran aprendizaje para el ego, por ejemplo: soltar y ver que funciona.

—Ver que funciona sin vos...

—Y funciona hermoso, capaz que mejor. Está buenísimo.

Un mail cambió su vida.

El primer intercambio de correos electrónicos con Carlos Tanco fue como letristas de Carnaval. En 2013 Camilo Fernández escribía en Cayó la Cabra y Tanco en Asaltantes con Patente. "De mi parte era pura admiración y él me respondía con mucha dedicación". Tanco lo contactó vía mail para que se sumara a Del Sol FM y así ingresó al staff.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)