ANÁLISIS

"Bake off Uruguay"; la frutilla de la torta de una tradición culinaria en TV

De la mano de los formatos (Masterchef, Fuego sagrado y el reality de los pasteleros), los canales uruguayos mantienen la herencia de programas de cocina.

Imagen de "Bake Off Uruguay". Foto: Instagram Bake Off
Imagen de "Bake Off Uruguay". Foto: Instagram Bake Off

La cocina ha estado, en mayor o menor grado, siempre presente en la televisión uruguaya. Desde chico recuerdo haber visto cocinar con gran simpatía a Doña Petrona Carrizo de Gandulfo, que fue la pionera en el Río de la Plata.

Los uruguayos aportamos tres mujeres a la cocina televisada, Elena Hughes de Moor-Davie, más conocida como Cordon Bleu, acompañada por su hija Cecilia que la ayudaba, y María Victoria Salaverry de Reilly, mejor conocida por Gori, quien además desarrolló una empresa gastronómica. También tuvo su espacio televisivo la Prof. Cristina Scheck para luego desarrollar una extensa tarea de difusión en gastronomía y salud a través de libros y columnas en El País.

Luego aparecieron decenas de cocineros hasta llegar a estos tiempos donde algunos de los más reconocidos en nuestro país, ahora hacen de jurados en formatos internacionales de programas gastronómicos para televisión y muy de moda; una competencia para amateurs.

Dentro de ese panorama, Canal 4 ha puesto al aire Bake Off- Uruguay. El Gran Pastelero, los miércoles a la noche, donde se trata fundamentalmente de elaborar panes y postres de gran factura.

De acuerdo a los lineamientos del formato, el programa se desarrolla en la locación de una carpa instalada en un parque, en este caso en Jacksonville.

Aunque en Uruguay comenzaron catorce participantes, en otros países lo han hecho de doce. Acertada decisión de Canal 4 porque de otro modo, el programa duraría dos semanas menos y sería poco tiempo de tomarle el gustito.

Cada programa consta de sus dos etapas bien definidas, como el “desafío técnico” y el “desafío creativo”, con evaluaciones del jurado de los postres presentados por los participantes.

Como debe ser en estos formatos, las reglas están claras y en la resolución de cada capítulo, el jurado decide quién es el ganador del día, a quien se le da un delantal especial que lo destaca, pero también establece quien fue el pastelero que tuvo el menor acierto promediando las dos pruebas y por lo tanto deberá abandona las cocinas.

La presentadora del programa es Annasofía Facello, quien realiza su tarea con tranquilidad y oficio televisivo, mostrando un lado solidario con los concursantes, apoyándolos y estimulándolos, logrando así un trabajo que demuestra una gran superación con respecto a labores anteriores.

El jurado está compuesto por Sofía Muñoz, quien se formó en el Instituto Gato Dumas y en Buenos Aires, es propietaria de ”Pecana”, un amplio local del rubro en Punta Carretas, donde además ha impartido clases.

La segunda dama que brinda sus evaluaciones es Steffi Rauhut, una emprendedora gastronómica que estudió en Francia y en el Instituto Crandon y tiene en una plataforma online la boutique de pastelería “Súss Pastelería”.

El caballero es el francés Jean Paul Bondoux, residente en Uruguay desde 1979 y reconocido gastrónomo en ambas orillas del Río de la Plata por su restaurante “La Bourgogne”.

Más allá del acompañamiento del rating, que puede ser variable por múltiples variables, el resultado del programa, es muy buena factura demostrando que la televisión uruguaya puede lograr productos de calidad e iguales a los que se hacen en otros países.

Los canales privados están decididos a comprar formatos internacionales y realizarlos al mismo nivel. Ese es el camino con sus pro y sus contras. Pero entre las ventajas se halla la capacidad, en todos los canales, de lograr productos de calidad en un rubro histórico como el culinario.

(*) Ricardo Artola es periodista y productor. Trabajó en el diario La Mañana y fue cronista de Subrayado. Por más de 20 años fue productor de diversos programas en Saeta.

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