JIMENA MÁRQUEZ

El arte de divertir

A lo largo del 2016 Jimena Márquez estrenó seis obras, tres de ellas para adultos y dos en el Solís, una en la Zavala Muniz y otra en la sala principal.¿Cómo se supera un gran año? Márquez, que perdió tres veces la prueba de ingreso para convertirse en actriz, es una de las letras más prolíficas del teatro y el Carnaval. Incluso de la música. Alumna de Ramiro Perdomo y Gabriel Calderón, se acostumbró a dirigir elencos numerosos (había 50 actores en Los músicos de Bremen y hay 18 en El club de los idiotas) a los que habitualmente reúne para escribir especialmente pensando en ellos.

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Jimena Marquez. Foto: F. Ponzetto

—Cada año estrena una nueva obra, ¿por qué esa constancia? ¿Qué es para usted la escritura?

—Siento una necesidad constante de estar creando e inventando algo nuevo. Apenas estreno una obra empiezo a fantasear con otra. Soy muy ansiosa. Siempre el proceso es igual: tengo una obra en cartel y el primer día ya estoy convocando a un elenco para la próxima. Y se ha dado de que hasta ahora no rompí la racha.

—En 2009 llamó la atención de la crítica y del medio con Cajas chinas. Ya ahí había un ejercicio meta teatral, ¿visualiza a su obra como algo más grande que piezas aisladas?

—Eso es algo que hago siempre: en Cajas chinas está insertada entera mi obra anterior, Cenemos. Y en El club de los idiotas hay líneas enteras de otras obras mías. Eso es algo que a veces solo lo sé yo, pero me gusta saberlo.

—¿Qué es lo que le interesa?

—Tengo una tendencia a hacer un teatro que dialoga consigo mismo, que se analiza a sí mismo en el mismo momento en que se está haciendo. Esto es algo que siempre me gustó, incluso en la literatura. Rayuela (Julio Cortázar) es mi novela preferida y tiene eso. Me gusta mucho Mario Levrero cuando lo hace. Y en el cine también me atrae lo meta, el estar produciendo un hecho artístico que razone sobre sí mismo.

—Pero además siempre vuelve a sus propios textos, ¿le cuesta soltarlos?

—Me cuesta. Pienso mucho en que eso se hizo hace tantos años y tanta gente no lo vio y esta parte estaba tan linda, que las camuflo y las resucito de alguna manera. Me gusta esa idea de que estén vivos los textos dentro de mi obra, de que salgan a caminar.

—¿Le gusta leerse?

—Sí. Tengo una buena relación con todo lo que hice. Nunca me pasó de estrenar una obra sin estar convencida.

—Se dedica la mayor parte del tiempo a hacer reír a los otros. Unos años atrás estrenó La escritora de comedias, ¿tiene que ver con una anécdota personal?

—Esta escritora perdió la capacidad de hacer reír por deformación de su oficio. Y sí, surgió de una cosa que me pasó, que era ir a ver obras y cuando el público reía mucho en lugar de disfrutar yo también me quedaba seria y pensaba en cómo habrán hecho para que funcionara así. Ahí empecé a analizar estos mecanismo.

—¿Qué la hace reír?

—Un montón de cosas, me gustan mucho todos los componentes del humor. Me divierte Leo Maslíah, Les Luthiers, Eugène Ionesco. Soy de reír. Y me gustan también los intentos de humor. Y como escritora no le puedo escapar: todo lo que hago lo tiene, incluso Litost, La frustración (2016) que era bastante dramática.

—Habitualmente los comediantes piensan los chistes para decirlos ellos. ¿Cómo es dirigir a un actor para que se calce su humor?

—Lo primero siempre es elegir a actores graciosos. Salvo con la Comedia Nacional siempre había trabajado con gente que ya conocía y escribía ya sabiendo quienes van a representar el texto, y eso ayuda mucho porque ya conocés las virtudes de la persona y podés ir en pro de eso o desafiarla, pero de todas formas sabés en qué te va a rendir. Eso me sucede especialmente con la actriz Jimena Vázquez, a quien repito siempre, porque le doy un texto y lo levanta hasta el cielo.

—¿Cómo fue dirigir con la Comedia y en el Solís La duda en gira?

—Elegí al elenco antes de escribir la obra, así que también escribí para ellos. Son todos grandísimos actores, lo intuía pero no me imaginaba que me iban a dar tanto y a enseñar tanto, de lo artístico y hasta de lo burocrático que hay en moverse en un teatro así.

—Parece haber guiños en la adjudicación de roles: Levón interpreta a la estrella de la compañía, Jimena Pérez a una actriz que canta, Diego Arbelo a un actor demasiado comprometido con su personaje, Andrea Davidovics y Alejandra Wolff son dos actrices gemelas...

—Totalmente. Bueno, hice tres veces la prueba de ingreso a la EMAD y las tres veces las perdí con Levón en el jurado; mirá las vueltas que tiene la vida que ahora lo dirijo. Mis amigos actores me cuentan muchas anécdotas de él, como que acostumbra decir que nació para ser Hamlet pero que nunca le había tocado actuarlo. Por eso en la obra dice haber sido el mejor actor que hizo ese personaje.

—¿Cómo se lo tomó?

—Para mí fue un poema cuando hicimos la primera lectura y llegó esa parte y los ojos de Levón se abrían enormes y no sabía si era una casualidad cósmica o si yo lo había hecho a propósito. "¿Pero vos ya me conocías?", me preguntó.

—¿Por qué cree que perdió la prueba?

—Creo que yo tenía que escribir.

—¿La duda en gira es su obra más ambiciosa?

—Sí. Terminé el texto una semana antes de empezar a ensayar. Me llevó tres meses y fue muy complejo. Con la vestuarista Paula Villalba empezamos por la estructura. Yo le había dicho que quería que el teatro girara, lo cual era inviable, así que ideamos este mecanismo de cambio de telones para ver qué sucede delante y detrás de escena. Luego, con eso decidido, escribí. Me dije: ok, contemos la historia de una compañía ambulante internacional, ahora que está tan de moda.

—¿Le gusta Hamlet?

—Me encanta. Es el texto de Shakespeare que más me gusta, sobre todo porque es el más inaccesible en su sentido, porque nunca se termina de comprender qué es lo que le pasa mientras que en los otros textos los conflictos son muy claros. Otelo tiene un problema de celos, Macbeth tiene un problema de ambición, Romeo y Julieta tienen un amor descontrolado. Pero Hamlet cuando preguntás qué tiene hay millones de conflictos. En su época se lo criticó, se dijo que era un personaje mal definido.

—¿Y usted qué opina?

—Que fue una bisagra para el comienzo de otro tipo de personajes más atractivos con un carácter más humano, más complejo.

—¿Cuántas veces leyó la obra?

—Muchísimas. Fantaseé muchas veces con hacerlo. Lo tengo todo escrito, versionado, cortado y todas las veces que di clases de literatura a quinto año de liceo trabajé con Hamlet.

—También escribe canciones.

—Me pasaría toda la vida escribiendo canciones. Escribo para las obras, para Carnaval, para comparsas, para mí, para amigos. Siempre caigo en eso musical: creo que tiene que ver con la distensión que te da.

—¿Qué sucede cuando estrena?

—Voy siempre, sea cual sea el escenario, para ver si funciona o si hay que reescribir.

—¿Cuál es su primer recuerdo de escritura?

—Yo era una niña de tablado, me subía para cantar, leer el sorteo, bailar lambada o juntar lentejuelas. Llegaba a mi casa y le pintaba la cara a mis muñecas con tiza. Las disfrazada y las ponía en semicírculo. Ponía un casete de Araca la cana y las hacía actuar. Después, escribía cuplés y retiradas en una libretita. Así y todo nunca me imaginé que algún día podría estar relacionada a todo esto; que sería una parte de lo que admiro.

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