Christian multirubro

El año de Font: Escenarios, medios y polémica

El actor acaba de estrenar Sinvergüenzas y habla sobre su agitado 2018. "Yo no puedo avalar la cultura del señalamiento con mi pertenencia a un sindicato", dispara sobre su renuncia a la SUA.

Christian Font. Foto: Francisco Flores
Christian Font. Foto: Francisco Flores

Es su año. Estrenó su propio magazine en El Espectador (Un Mundo Cualquiera) y se acaba de incorporar al noticiero de la mañana de la radio. Participó de carnaval junto a Patos Cabreros y en el segundo semestre volvió a los escenarios con la comedia Sinvergüenzas, donde comparte elenco con otras primeras figuras. Además, está al frente de Buen Día Uruguay en Monte Carlo Tv, como desde hace cinco años. Christian Font atraviesa su mejor momento, en el que no duda en sacar a relucir todas sus variopintas facetas artísticas. La personalidad frontal con la que ganó terreno también lo llevó a protagonizar más de una polémica en 2018. La más reciente fue su renuncia a la Sociedad Uruguaya de Actores luego de la sanción que esta le aplicó al actor Franklin Rodríguez. “Hice lo que había que hacer”, ratifica.

Christian Font.
Font estrenó Sinvergüenzas los jueves en el Teatro Movie. También presenta su unipersonal Mi Mundo Interior el próximo sábado en la Sala Florencio Sánchez.

—Estrenaste Sinverguenzas, donde interpretás un personaje que originalmente iba a hacer Luis Alberto Carballo, ¿cómo se dio tu incorporación?

—Diego (Sorondo) me había ofrecido hacer teatro apenas terminó el carnaval, pero le había dicho que no porque quería descansar. Cuando me volvió a llamar porque Luis precisaba recuperarse de las cuerdas vocales, yo me sumé. Estoy desde el primer ensayo porque cuando arreglé, el elenco todavía no se había juntado. Armamos un buen grupo, nos enfocamos y sacamos la obra en un mes. Tiene todo el aspecto de que va a ser una fiesta, puro disfrute para la gente. El público percibe cuando uno trabaja de forma prolija sobre el escenario.

—¿Cómo te sale el strip tease que requiere la obra?

—Yo no tengo pudor ni complejos sobre mi cuerpo. La platea va a estar expectante de ese desenlace y se va a matar de la risa. Nosotros no tenemos el cuerpo trabajado del stripper, pero justamente la gracia es esa: son seis tipos que están desempleados y no ven otra salida que sacarse la ropa.

—Renunciaste a la Sociedad Uruguaya de Actores tras la sanción que le aplicó a Franklin Rodríguez, ¿fue un impulso o una decisión meditada?

—Fue fruto de una indignación por una resolución, que además de sancionar a un colega por opiniones que un Tribunal de Ética entiende que afecta a la Sociedad Uruguaya de Actores, incluye un punto en el que hay una advertencia a actores que eventualmente puedan vincularse a Franklin. ¿Y esto que es? Yo no puedo avalar la cultura del señalamiento en ningún ámbito. Por eso lo primero que hice fue contactarme con gente de SUA para saber si todo era efectivamente como había circulado en la prensa. Me confirmaron que sí y también me dijeron que había muchos integrantes no estaban de acuerdo. Después de pensarlo resolví escribir una carta para expresar que no me sentía cómodo avalando estas prácticas con mi pertenencia a un sindicato.

—¿Te sorprendió la repercusión?

—No, sabía que al hacerlo público iba a generar repercusión. Leí las declaraciones de la presidente del consejo directivo de SUA, que decía que tenemos una intencionalidad política. No hay nada de eso. El terreno de la sospecha y la teoría conspirativa es infinito en Uruguay. Para mejor y terminar de redondear las teorías conspirativas, me sumé a la mañana de El Espectador junto a Franklin. Yo ya había arreglado mi incorporación una semana antes, pero no lo había comunicado porque estaba esperando que Daniel Castro se despidiera. El viernes que Daniel se despidió ocurrió lo de SUA, y el fin de semana El Espectador contrató a Franklin. Yo casi ni coincido con él al aire, pero se la sirvieron en bandeja a los usuarios que formulan sospechas y teorías. Yo estoy muy tranquilo porque hice lo que creo que había que hacer.

—¿SUA se comunicó con vos después de la renuncia?

—No, solo me dieron un "recibido" al correo electrónico. Yo no buscaba una respuesta en ese momento, pero no estoy cerrado al diálogo. Se puede dar formalmente o con un café mediante.

—¿Coincidís con las críticas de Franklin a SUA que motivaron la sanción?

—No necesariamente coincido con lo que dijo ni con la forma de la que lo dijo, pero está en todo su derecho a hacerlo. Además terminó instalando algunos debates que hacen al trabajo teatral. Me llegaron mensajes de actores y actrices que pasaron por situaciones similares de hostigamiento por pensar de manera distinta a la de algunas instituciones. Hay algo de fondo para discutir, y Franklin lo puso sobre la mesa.

—¿Estabas conforme con el sindicato antes de esta situación?

—Yo pagaba la cuota y estaba al tanto de las actividades, pero no era un socio muy activo. No estaba conforme ni disconforme. En este mundo multitarea uno no puede estar 100% empapado de la interna de todas las organizaciones a las que pertenece.

—Este año estás al frente de Un Mundo Cualquiera (El Espectador), tu propio magazine radial. ¿Era una cuenta pendiente?

—Sí. Participé de programas increíbles y fui muy feliz en Océano, pero poder generar un producto de cero con una impronta propia era algo que quería hacer. El Espectador sigue siendo una marca muy fuerte entre los oyentes, así que procuramos salir a defenderla todas las tardes con notas de interés y buenas entrevistas, secciones y música. Armamos un lindo equipo.

—¿Te costó adaptarte a la nueva rutina en la que estás también en el noticiero de las seis de la mañana de El Espectador? 

—Madrugar le cuesta a cualquiera, pero hace años que trabajo en la mañana y cuando uno hace algo que le gusta y con un buen equipo lo lleva mejor. Ahora me estoy despertando a las 4.30. Empiezo a ver la prensa y llego sobre las 5.30 a la radio. Después del informativo voy a Buen Día Uruguay, al mediodía doy alguna vuelta con mis hijos o preparo algo para Un Mundo Cualquiera y vuelvo a la radio. 

—¿Vas a volver a hacer carnaval la próxima temporada?

—No, le voy a dar toda mi energía al tablado familiar. Capaz que cuando los tiempos sean otros pueda volver, pero el carnaval demanda mucha energía y tiempo. En este momento es inviable. Estoy con mucho trabajo y mientras los días sigan teniendo 24 horas, la ecuación no da. El carnaval pasado terminé muy cansado.

—La bajada de línea política que hacías desde Patos Cabreros el carnaval pasado provocó muchos comentarios. ¿Expresabas también tu opinión o era solamente la posición de la murga?

—No siempre todos los integrantes de una murga coinciden con su línea editorial. Yo bajaba línea, pero lo que a mí se me achacaba lo decía desde un personaje. Hay que saber distinguir porque sino un actor no podría interpretar a un villano.

—¿Es lo mismo?

—Si yo tengo que interpretar un personaje, es posible que tenga que decir cosas con las que no estoy de acuerdo. Pero es un personaje. Este año hacíamos un cuplé en el que un militante de izquierda señalaba las contradicciones que había, pero al mismo tiempo decía "que no venga la derecha". Yo cantaba "si no cambiamos, la derecha se nos cuela". La gente decía "mirá, ¿cómo va a hacer Christian Font para entrevistar a los políticos?". Una cosa es cuando entrevisto como Christian Font en un programa y otra cosa es un personaje en una murga. Yo lo tengo clarísimo.

—¿Vos pensás como tu personaje, que decía que los blancos y colorados son peores que el Frente Amplio?, ¿te preocupa "la vuelta de la derecha"?

—(Risas) Yo fui criado en el seno de una familia con valores de izquierda. No necesariamente encuentro reflejados esos valores en el partido de gobierno. Los veo en distintas figuras de distintos partidos. Me han llamado de igual manera comunista y facho. Coincido y discrepo con todos por igual.

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