LA PLUMA ANTILAVADO

Alconada Mon y la corrupción: "En Montevideo se cuecen las habas y en Punta del Este se ven los frutos"

El multipremiado periodista argentino llegó a Punta del Este por apenas 24 horas para promocionar su último libro. Está acostumbrado a estos viajes relámpago: suele viajar a Montevideo por pocas horas para recabar pistas sobre los más graves casos de lavado de dinero. Entrevista a Hugo Alconada Mon.

Hugo Alconada Mon. Foto: Ricardo Figueredo
"Muchos periodistas son parte del problema (de la corrupción) y no de la solución", denuncia. Foto: Ricardo Figueredo

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Es abogado, profesor y uno de los periodistas más respetados de la Argentina. Hugo Alconada Mon ha destapado explosivos casos de corrupción con la habilidad de convertirlos en un éxito de ventas en libros. Los secretos de la valija sobre Antonini Wilson y Boudou-Ciccone y la máquina de hacer billetes sobre la causa del exvicepresidente argentino son algunos de ellos.

Su último hit se llama La Raíz (de todos los males), de Editorial Planeta, en el que explica el sistema montado para la corrupción en el país vecino: un entramado integrado por políticos, empresarios, abogados, jueces, fiscales y periodistas.

El investigador presentó su nuevo trabajo en Punta del Este, y habló con Sábado Show sobre la presencia que tiene Uruguay en los escándalos de lavado de activos.

Hugo Alconada Mon en Punta del Este.
El periodista ofreció una charla abierta sobre su reciente libro "La Raíz (de todos los males)" a sala llena en el showroom de Venetian en Punta del Este.

-¿Por qué has elegido a la corrupción como objetivo de tus investigaciones?

-Es una decisión personal porque me atrae mucho más escribir sobre estos delincuentes que a través de un click en una computadora nos roban más dinero de lo que pueden sacar todos los cuidacoches de la ciudad de Buenos Aires en un año entero. Y al final siempre terminamos persiguiendo a los cuidacoches y sirviéndole un champán a los delincuentes de cuello blanco.

-Suele decirse que el problema de corrupción en Argentina no es del gobierno de turno sino estructural, ¿esa es la premisa de la que parte La Raíz (de todos los males), tu último libro?

-Correcto. Esa es la esencia: de que más allá de quién ocupe la presidencia o de la plataforma teórica del partido gobernante, hay una estructura que siempre está e incluye políticos, empresarios, jueces, fiscales, periodistas, dueños de medios, sindicalistas, policías. Es un entramado que está allí.

-¿Cuánto tiempo lleva escribir un libro en el se denuncian jueces y políticos para publicarlo con la tranquilidad de que no hay ningún error?

-Este libro es el fruto de 20 años de trabajo. Me llevó dos años sistematizarlo, y este es el sexto borrador. Escribí un primer borrador de 600 mil caracteres y se lo di a un fiscal, un exfuncionario de una oficina de anticorrupción, un funcionario ejecutivo del Banco Interamericano de Desarrollo, un lobbista y un economista. Les pedí que lo castiguen y me marquen los puntos flojos, las inconsistencias, las lagunas, las contradicciones y en qué se tenía que fortalecer. Después lo reescribí, y se lo di a dos verificadores de datos para que peinaran párrafo por párrafo para que no hubiera ningún error. Lo volví a escribir y se lo di a tres abogados. Lo reescribí con nuevas correcciones y se lo pasé a la editora de Planeta. Luego se lo di con los cambios a mi abogado de confianza y lo volví a reescribir. La última versión quedó con 950 mil caracteres.

-¿Cómo se empieza a montar este sistema de corrupción?

-Se va desarrollando. Uno dice “Fulano es un dolor de cabeza”, y le contestan “sacalo y pongamos a uno que sea amigo nuestro”. Otro día viene y dice que tal organismo está molestando, entonces le ponen menos presupuesto. El sistema se va degradando y cuando te despertás, ves que tenés una estructura montada para la corrupción, para robar y que todos queden impunes.

-Has señalado que la presión social es fundamental para arremeter contra estos sistemas...

-Yo lo planteo pero apoyado en los que saben. Entrevisté a especialistas en transparencia internacional y todos coinciden en que la presión social es un factor decisivo. Si vos tenés un entramado de personas del poder que están coordinadas para robar y quedar impunes, ¿cómo salís si los tipos que están adentro son los que tienen que hacer las reformas? Es como el huevo y la gallina. Los que están por fuera de ese círculo son los ciudadanos de a pie. Esos son los que tienen que meter presión. El lava jato solo pudo ir a fondo el día que se movilizaron cinco millones de brasileños, antes no.

-¿En Argentina no hay presión social suficiente?

-Hubo marchas múltiples, recurrentes, pero episódicas. Y la presión no es solo en marchas, sino en todas las variantes: reclamos ante el congreso, pedido de informes, redes sociales, charlas públicas. Lo que se te ocurra. Si a alguien nunca le nació ir a una movilización en la calle, que no vaya. Pero si esa persona es buena escribiendo cartas de lectores, que escriba el doble. Si uno es bueno en redes sociales y tiene una cuenta anónima que hace memes y tiene repercusión, que lo haga más. Los brasileños e italianos dicen que es fundamental que aquellos que tienen que sentir la presión, la sientan.

-Por otro lado se dice que los casos de corrupción no son relevantes en términos electorales, ¿coincidís?

-Es verdad. La corrupción como tema en Argentina está quinto o sexto en la escala de prioridades. Hay veces que la sociedad se involucra mucho y exige, pero despúes se calma. La sociedad argentina es ciclotímica.

-Cuando uno publica un libro como este, ¿no corre el riesgo de dejar el mensaje de que son “todos lo mismo”?

-Sí, se corre ese riesgo. Por eso yo siempre intento remarcar lo contrario. Me parece muy injusto cuando dicen “todos los políticos son...” o “todos los jueces son...”. Mi libro no es en contra del sistema, sino que lo que quiero es exponer lo que hay para que haya un sistema mejor. Si lo que tenemos es esto, ¿qué querés que haga?

-¿Por qué planteás que el financiamiento de las campañas electorales es el “pecado original” de la corrupción?

-Para hacer una campaña para la presidencia de Argentina, uno precisa cien millones de dólares. ¿De dónde saca esa plata? Si uno cumple con todas las leyes electorales, no llega ni a la esquina. Entonces hay que pasar la gorra por debajo de la superficie. Ahí ya viola la legislación electoral y las empresas hacen trampa. Y las empresas que hacen los aportes de campaña, ¿lo hacen porque están maravillados con las ideas del candidato o porque están dispuestos a poner un millón de dólares para que si su candidato gana, después tenga que devolverle el favor? Después, si la empresa no tiene el precio más competitivo, va a decir que él hizo el aporte de campaña y la otra no. Es un problema sistémico. En 2015, Macri, Scioli y Massa violaron la ley electoral.

-¿No sirven las leyes de financiamiento de los partidos?

-En derecho existe lo que se llama el “derecho desuetudo”, que es una legislación que aunque se apruebe es imposible que se cumpla. Lo que se puede hacer es sincerar lo que está pasando, aprobar una verdadera legislación electoral, y controlar lo que hay que controlar. Yo estoy a favor de la legislación electoral y tener controles muy estrictos, pero primero hay que ver lo que está pasando.

-Macri llegó al gobierno levantando la bandera de la lucha contra la corrupción en su discurso, ¿la ha combatido?

-Creo que hay buenos funcionarios con buenas intenciones. Se han aplicado cambios valiosos y se han aprobado leyes muy buenas. Pero ha sido insuficiente, y lo que han hecho es emparchar. Cuando hay un problema sistémico de corrupción estructural, lo que se precisa es una solución sistémica. Es mucho más que un par de retoques.

-Llamó la atención el capítulo de La Raíz... dedicado a los medios, donde denunciás que varios periodistas cobran dinero de los políticos, ¿qué te llevó a poner la lupa sobre tus colegas?

-No lo tenía previsto. Lo terminé haciendo por un tema de honestidad intelectual. Cuando logré reconstruir con los equipos de campaña que una campaña electoral valía cien millones de dólares, me empezaron a explicar en qué se gastaba y uno de los rubros era la compra de periodistas. Yo no lo sabía. Ahí tomé la decisión de escribir sobre esto, pero no lo podía dejar en un párrafo. En definitiva, muchos periodistas son parte del problema y no de la solución. Hay colegas que se matan laburando y no saben cómo llegar a fin de mes, y otros que son unos facinerosos que ganan más por lo que callan que por lo que informan.

-En el libro definís a Uruguay como socio en los grandes negocios de lavado de dinero de Argentina, ¿has tenido que venir muchas veces a investigar a este lado del Río de la Plata?

-Sí, varias veces al año vengo a pasar la tarde a reuniones en Ciudad Vieja sin que nadie se entere y me vuelvo a la noche para Argentina. En un elevado porcentaje de investigaciones más tarde o más temprano nos topamos con algo de Uruguay, sea en la ruta del dinero o en la ruta del lavado posterior. Uruguay suele ser un factor en la ecuación. En cuanto a investigaciones, el caso Ciccone, Lava Jato, cuadernos de la corrupción, ruta del dinero K, una y otra vez hay escalas en Uruguay.

-¿Uruguay ofrece facilidades para ese tipo de operaciones?

-Probablemente. Es un asunto que debe resolver Uruguay. Yo adoro en serio a este país y soy de Peñarol, pero con el mayor de los respetos, a Uruguay se le dice la Suiza de América del Sur no por la puntualidad sino por su secreto bancario y por ser paraíso fiscal, protector de la riqueza de terceros países.

-¿Qué rol ocupa Punta del Este en particular?

-Yo creo que en Montevideo se cuecen las habas y en Punta del Este se ven los frutos. En Montevideo es donde están los estudios jurídicos, los estudios contables, y suelen estar las cuentas bancarias.

-¿Cómo vislumbrás el año electoral?

-Va a ser un año muy intenso. Va a haber una pelea feroz. Se van a tirar con todo: operaciones, fake news...

-¿Cristina Fernández puede ir presa antes de las elecciones?

-Los tiempos no dan. Si por el motivo que fuere, logran que el senado modifique su política tradicional y vote por el desafuero, quedaría detenida. Pero no podría quedar presa porque todavía no tiene una condena. Esto es la teoría, porque todo se puede modificar por un cálculo político.

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