URUGUAYOS CERCA DEL ESTADO ISLÁMICO

Yihadistas y 58 uruguayos en el Sinaí

Es la misión de paz más antigua en la que participa Uruguay y, a la vez, la menos conocida. Esta vez son noticia: son los 58 compatriotas que están más cerca de los ataques del Estado Islámico. En la madrugada del 1° de julio las bombas cayeron a solo cuatro kilómetros de su base en el Sinaí.

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Uruguay es de los pocos que usa su uniforme original.

Aquella noche asesinaron a 108 personas. Las bombas retumbaron feroces en las rocas del desierto del Sinaí. Y los soldados uruguayos no pudieron descansar. Fue la primera madrugada de este julio, cuando en Medio Oriente el verano se hace sentir y las noches son cortas. Esta vez no llegaba la hora de que aclarara el sol.

El grupo yihadista Wilayat (que significa "provincia de") Sinai, leal al Estado Islámico, había prometido venganza por la muerte, dos días antes, del líder islámico Nasser al-Hafi. El 1° de julio cumplió con sus palabras y lanzó una serie de ataques contra el ejército egipcio. Uno de ellos ocurrió a tan solo cuatro kilómetros de una de las bases de la misión de paz que integra Uruguay y en la que están alojados 47 compatriotas. Algunos tuvieron que custodiar las entradas al predio militar. El resto fue a los refugios. Ellos son —seguramente— los uruguayos que están más cerca de las embestidas del Estado Islámico.

"Los leones del califato atacaron de forma simultánea más de 15 puestos de control del ejército apóstata", publicaron los yihadistas en las redes sociales. Para los ataques usaron cohetes antitanques (RPG por sus siglas en inglés), morteros con proyectiles caseros, atentados suicidas y minas antibombas.

Al contingente uruguayo, encargado de "observar, verificar y reportar" lo que sucede en la zona, se le agrega entonces otro desafío —y amenaza— en un entorno de por sí convulsionado.

Caldo de cultivo.

Los ataques fueron los más crueles perpetrados por fanáticos islámicos en Egipto en las últimas décadas, aunque la tensión estaba instalada desde hacía tiempo. Sobre todo en los últimos dos años, cuando el actual presidente Abdelfatá al Sisi —por entonces jefe del ejército— dio un golpe de Estado que hizo caer al mandatario Mohamed Mursi, de la Hermandad Musulmana. En pocas palabras, el actual líder egipcio derrocó al grupo que, al igual que el Estado Islámico, aboga por la instalación de califatos donde rige el sistema religioso establecido por el profeta Mahoma.

"En Egipto hay sensación de que el Estado tiene debilidad", explica el uruguayo Luis Fleischman, analista del Centro para la Política de Seguridad con sede en Washington. "Ante esa cierta anarquía es donde los grupos yihadistas toman poder; pasa en Siria e Irak". En particular, tras la "primavera árabe" de 2011, en el Sinaí nació la organización Ansar Bait al-Maqdis ("Los partidarios de la Santa Casa"). La mayoría de sus miembros juraron fidelidad al Estado Islámico y desde fines del año pasado son conocidos como su ala en Egipto, bajo el nombre Wilayat Sinaí.

Los yihadistas egipcios "reciben del Estado Islámico dinero y material bélico que es traído de contrabando desde Gaza (limítrofe con la península del Sinaí), Libia y Sudán", cuenta Yoram Schweitzer, del Instituto Israelí de Estudios en Seguridad. A cambio, prometieron lealtad a Abu Bakr al-Baghdadi, autoproclamado "califa de todos los musulmanes" y que usa la ciudad de Al Raqa, en Siria, como capital de su Estado.

Hasta el momento, esas imágenes de televisión en las que se ven radicales decapitando a un rehén o prendiendo fuego a un "infiel" no son frecuentes hoy en el Sinaí, "pero no quiere decir que no sucedan o puedan suceder", aclara Schweitzer.

Salvo por la cercanía de los atentados de principios de julio, los 47 uruguayos que están en el norte de la península y los 11 del sur no se han cruzado con militantes del Estado Islámico, señala el teniente coronel Manuel Errecalde, jefe del contingente. Pero saben de su existencia porque escuchan las bombas y "la Fuerza (de paz) suspende las operaciones en la zona" por prevención. Es un "claro cambio" en la monotonía de la rutina de la misión más antigua y desconocida que integra Uruguay.

Hoy la principal oposición a los yihadistas de Egipto es el propio gobierno egipcio, explican los analistas. Sin embargo, "los soldados uruguayos que están allí son parte del mundo occidental al que combaten, por lo tanto si estos uruguayos cayeran en las manos del Estado Islámico su destino sería difícil", advierte el experto Schweitzer. "No es que haya algo específico contra Uruguay, pero ellos (los yihadistas) combaten todo lo que sea occidente".

Por la plata.

Nadie sabe a ciencia cierta cuántas personas reclutó el Estado Islámico en el Sinaí, pero se estima que no son más de 10 mil. En su mayoría son jóvenes de entre 19 y 22 años (la típica edad de militancia), aunque ya se han conocido simpatizantes de 17 y 30 años. Algunos llegaron desde Irak, Siria o el norte de África, pero el grueso son beduinos del lugar. ¿Qué los motiva a enrolarse? "Hay quienes están desocupados y reciben un pago a cambio; otros tienen familiares militantes o una identificación ideológica", comenta Schweitzer.

Los beduinos son el grupo nativo y significan el 75% de la población de la península. Eso sí, no todos creen en el yihad y hasta hay quienes se ubican en las antípodas ideológicas. Lo que sucede es que estos árabes nómades —al menos en sus orígenes— "han sido reprimidos por el gobierno egipcio y sus derechos están vulnerados desde hace años", explica Fleischman. El combate es visto, para algunos, como una muestra de disconformidad con las autoridades y, al mismo tiempo, "una manera de recibir dinero" a cambio de enrolarse.

Entre las dunas y montañas color pardo hay quienes portan las banderas negras y las caras tapadas en identificación con el Estado Islámico. Otros simplemente visten sus túnicas ligeras que los protegen del sol y el calor del desierto, que por estas fechas alcanza los 40 grados al mediodía. De hecho la complejidad del terreno es una de las dificultades del ejército egipcio para enfrentar a estos grupos radicales, aunque el poderío militar es claramente asimétrico (el gobierno suele usar los aviones cazas F-16, de última generación).

Con este escenario deben lidiar los soldados uruguayos que se encargan del transporte e ingeniería de las Fuerza Multinacional de Paz y Observadores, la misión que integran 13 países y que verifica, hace 33 años, el cumplimiento del tratado de paz entre Israel y Egipto.

Es que los uruguayos son los que más están en los caminos del Sinaí. Hacen más de tres millones de kilómetros al año como choferes de los vehículos que cargan alimentos y personal. El resto está abocado al mantenimiento de pasajes, "más que nada cuando hay tormentas de arena que obstruyen las rutas", dice desde la base norte del Sinaí el teniente coronel Errecalde.

En contexto.

La península del Sinaí es ese triángulo invertido que une África con Asia (o Eurasia, para ser más precisos). Al norte su desierto es arenoso y da hacia el Mar Mediterráneo. Al sur predominan las montañas rocosas. Cuenta el relato bíblico que en uno de esos montes Moisés recibió las tablas de la ley con los diez mandamientos.

Más allá del atractivo religioso, el entorno natural es lo que más convoca a los turistas. Sobre el Mar Rojo, al sureste de la península, existe uno de los arrecifes de coral más imponentes del mundo y un ineludible para quienes quieren captar con sus cámaras sumergibles los peces de colores.

Pero ni los peces ni la religión —al menos explícitamente— son la razón por la que soldados uruguayos están allí.

La historia comienza tras los acuerdos de Camp David. En 1977, el entonces presidente egipcio Anuar Sadat visitó Jerusalén. Lo hizo en secreto, invitado por el primer ministro israelí Menájem Beguin. A partir de allí, y con la intermediación de Estados Unidos, ambos mandatarios comenzaron a negociar lo que, un año y medio después, desembocó en la firma del primer tratado de paz entre Israel y un país árabe.

Lo curioso es que sus impulsores no eran, precisamente, pacifistas (o "palomas", como se los llama en la zona). Tanto Beguin como Sadat, acusados de atentados terroristas en su pasado, dieron lugar a este tratado motivados por los intereses del momento y el apoyo estadounidense. Lo cierto es que sus rúbricas no quedaron solo en un papel y el pacto "se cumple con éxito", afirma el teniente Errecalde.

Como parte del acuerdo, el 3 de agosto de 1981 se firma la creación de una fuerza militar que corrobore la obediencia de lo convenido. La Guerra Fría, latente por entonces, hacía sospechar que la Unión Soviética vetaría la propuesta en defensa de su aliado Siria. Y por temor a que las Naciones Unidas no aceptaran instalar sus fuerzas, los interesados pactaron el establecimiento. De ahí que las actuales fuerzas no tienen los "cascos azules" y, en su lugar, portan boina o capelina terracota.

En 1982 Israel devuelve en su totalidad el Sinaí a Egipto, ocupado en guerras anteriores. Y desde entonces Uruguay está presente en el lugar. En los primeros años envió un promedio anual de 76 militares. El pico máximo fue entre 2003 y 2007, cuando viajaron 87. Desde 2009 hasta ahora, la cifra es la más baja de la historia: 58.

La interna.

Hace una semana, grupos radicales hicieron explotar, en la franja de Gaza, cinco vehículos de dirigentes palestinos de Yihad Islámica y Hamas. Nadie se atribuyó los atentados, aunque algunas pintadas en muros de la zona delataban al Estado Islámico como el verdadero autor. ¿Cómo es posible que dos grupos yihadistas y, al mismo tiempo sunitas, estén enfrentados?

"La causa palestina no es prioridad para el Estado Islámico", explica Fleischman. Para los radicales yihadistas la idea es "instalar un gran califato" con los que solucionarían todos los intereses del mundo islámico. De ahí que el Hamas, quien domina la franja desde 2007, sea un "obstáculo" para la concreción de ese objetivo.

Hay un detalle más. Hamas recibe apoyo financiero y armamentos de Irán. El Estado Islámico es opositor al régimen de los ayatolás, quienes a su vez son chiítas. Entonces, ¿los chiítas colaboran con los sunitas? "El dinero no tiene olor ni color ideológico", señala Schweitzer. "El brazo armado del Hamas acepta recibir asistencia económica o militar sin importarle el origen".

Aun así, lo que sucede a nivel de las organizaciones es distinto a lo que ocurre en el plano individual. Es que hay muchos militantes que tienen familiares y amigos del "otro bando", explica Fleischman. Ante esta influencia, "es esperable" que haya palestinos que combatan a favor del Estado Islámico y otros en su contra.

En territorio propiamente israelí se contabilizaron hasta el momento 40 personas que fueron reclutadas por el Estado Islámico. En su mayoría son jóvenes que se alistaron para combatir en Siria. "Algunos murieron y otros ya regresaron", cuenta el especialista del Instituto de Seguridad. "Donde hay más (yihadistas)", dice Schweitzer, "es en Gaza". De ahí que los últimos misiles lanzados desde la franja al sur de Israel fueran de autoría del Estado Islámico y el ejército israelí haya preferido no responder para evitar "un aumento de la violencia en la región".

La base norte del contingente uruguayo en Sinaí, esa que estuvo a cuatro kilómetros del ataque yihadista a principios de julio, está situada a 38 kilómetros de la frontera de la franja de Gaza. Los soldados están en alerta. La amenaza está cerca.

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