pediatras de asse

Vocación a prueba de burocracia

A sus consultorios llegan niños que no figuran en el padrón de usuarios y luego se les descuenta del salario.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Foto: Archivo El País.

Una vez más, la mujer va con su hijo al viejo y conocido mostrador del Centro de Salud del Cerro, a pocas cuadras de su casa. Necesita pedir número para el control pediátrico. Cuando la atienden brinda el nombre y la cédula del niño. El funcionario, que en su computadora tiene un programa abierto para agendar consultas, concede la hora.

La mamá y el hijo vuelven el día indicado y van directo a la sala de espera de la policlínica de niños. Mientras tanto, la pediatra da una mirada a los pacientes que tiene agendados. A algunos ya los ha atendido antes, a otros no. Y ahí aparece otra vez ese niño: ese al que su madre sigue llevando al Centro de Salud del Cerro aunque en realidad sea socio de una mutualista; ese al que los administrativos siguen agendando sin verificar que integre el padrón de ASSE; ese al que ella, resignada, volverá a atender en su consultorio aun sabiendo que implica trabajar gratis.

Las pediatras (hoy son todas mujeres) del Cerro están acostumbradas a ver las cosas más crueles: niños desnutridos, golpeados, baleados, de madres solas, analfabetas, golpeadas. Están habituadas a eso y lo hacen con gusto porque es su vocación y están convencidas del servicio que dan. Lo que se niegan a aceptar es la burocracia y el caos organizativo que reina en las policlínicas. Que el administrativo que agenda consultas no se fije en el padrón para hacer lo que parece obvio: no darle número al que no figura. Que los mandos medios de ASSE se limiten a decirles a ellas “y bueno, no veas al niño si sabés que no es usuario”. Que del Pereira Rossell, que es el hospital de referencia, niños sin cédula de identidad sean dados de alta y derivados a atenderse en sus consultorios.

Lilián D’Orsi, una pediatra que lleva 18 años en el Cerro, contó que en el último mes contabilizó a unos 1.200 pacientes. Cuando fue a cobrar su recibo de sueldo decía que solo había capitado a 600.
Las boletas que ellas se esmeran en completar con los datos de sus pacientes les son devueltas con distintos rótulos: “No tiene documento”, o “No existe en el padrón”, o “Usuario dado de baja”.
“No es mi tarea decirles a los padres que deben regularizar su situación y no quiero enfrentarme a sus padres.

No voy a rechazar a un niño del que, de hecho, soy su médico de referencia”, explicó D’Orsi.Los pediatras no toleran más que desde el gobierno hablen loas del primer nivel y del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS) cuando, en los hechos, no resuelven problemas como este. Quienes siguen trabajando allí dicen que solo permanecen por vocación a la salud pública.

(Lea el informe completo en la edición impresa de El País o suscríbase aquí a la edición digital)

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados