ANÁLISIS DE LA VISITA A CUBA Y ARGENTINA

El viaje de Obama a un nuevo mapa político

La presencia histórica del presidente de Estados Unidos en Cuba y su posterior pasaje por Argentina son dos acercamientos estratégicos, rodeados de simbolismo pero matizados por la pronta finalización de su mandato, que extiende la duda de qué tanto se concretará de su mensaje.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La visita a Argentina es un apoyo directo de Obama a Macri. Foto: Reuters

Citó a Martí, elogió los logros en educación y salud de Cuba, y abogó por la soberanía de su pueblo. Pidió una foto con la efigie del Che de fondo y asistió con su familia y Raúl Castro a mirar un partido de baseball. Bailó tango, nombró a Borges y Cortázar y dijo que le "encanta" la gestión de Mauricio Macri en sus poco más de 100 días como presidente. Reconoció la participación de Estados Unidos en la dictadura argentina y ratificó su anuncio sobre la liberación de archivos de inteligencia y militares de la época. El presidente estadounidense Barack Obama hizo todo esto y más en una semana, unos pocos días en los que tendió su brazo hacia América Latina desde dos puntos estratégicos, algo que le marca un tanto a favor en una región en la que Estados Unidos no jugaba como favorito.

Y aunque es evidente que los gestos de Obama en su viaje hacia el sur formarán parte de los libros de historia del futuro, a nueve meses de terminar su mandato no queda claro qué de todo esto quedará solamente en el plano discursivo, cuánto se concretará en hechos y lo que esto implicará. Lo cierto es que esta visita dice mucho de la región, de la potencia mundial y de cómo está dispuesto hoy el tablero político de América Latina.

Lavado de cara.

Después de casi 90 años, Obama pisó tierra de su isla vecina, esa por la que casi se desata una guerra nuclear décadas atrás, para "dejar atrás los últimos vestigios de la Guerra Fría". Para los expertos consultados, es un "éxito" en términos de política internacional. Lo que une a esta visita con la que el mandatario hizo en Argentina es que en ambas Obama celebra cambios de rumbo, apuntó Ignacio Bartesaghi, director del Departamento de Negocios Internacionales e Integración de la Universidad Católica del Uruguay.

"Por primera vez sale de la boca de un presidente estadounidense que Cuba es un pueblo soberano", destacó Álvaro Padrón, investigador de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República y especialista en integración y política exterior. Este apoyo lo dio sin generar un gran costo político en la interna, donde las oposiciones del siglo XX ya no son tan firmes.

Por otra parte, su presencia en Argentina tuvo un carácter político y simbólico. Esta visita no tiene nada que ver con el hecho histórico de haber visitado Cuba. Es un respaldo a Macri y un intento de definir a un nuevo interlocutor en la región.

Para José Bayardi, presidente de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Frente Amplio, es también un llamado a los inversores extranjeros. Un intento de dar solidez a un gobierno que necesita capital. "Muchas de las expectativas que había desde el punto de vista económico financiero no se están concretando. Eso genera muchas dificultades y creo que es una señal que va dirigida particularmente a la comunidad financiera internacional".

Para Bartesaghi, la eventual alianza económica entre Estados Unidos y Argentina no tiene nada que ver con las llamadas "relaciones carnales" de los tiempos de Carlos Menem. No tendría sentido que Obama lo buscara al final de su mandato, opinó. Pero no todos están de acuerdo.

"Hoy Argentina vuelve a ser su aliado natural, como si el tiempo no hubiera pasado", opinó la politóloga y senadora del Frente Amplio Constanza Moreira en su columna en Uypress. A su entender, el pasado se repite. Si se retrocede 10 años en la historia, reflexionó Moreira, la situación se parece a aquella en la que el expresidente estadounidense George Bush viajó a Argentina para promover un tratado de libre comercio y se encontró con el rechazo de Néstor Kirchner. Solo que en esta oportunidad Obama no viene con una tratado de libre comercio bajo el brazo, sino con las intenciones de incorporar a Argentina en la alianza comercial del Acuerdo Transpacífico y aliarlo en materia de seguridad y defensa.

Momento y lugar.

Estos acercamientos "tienen que ver con una política de muchos años en los que Estados Unidos no miró a América Latina", explicó Bartesaghi. En sus tiempos de crisis perdió mercado con China, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) tomó terreno sobre espacios que antes se trataban en el marco de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y, hasta hace un tiempo, habían crecido fuertes enemigos declarados: Venezuela, Ecuador y Bolivia.

Los movimientos de Obama son estratégicos. Ya sin Cristina Fernández oponiéndose desde el poder en Argentina y con el liderazgo regional de Venezuela debilitado, el presidente estadounidense eligió bien el tiempo y los lugares para viajar.

"Es momento de levantar el embargo", dijo Obama en La Habana. Se trata de un reclamo histórico de toda la región y al mencionarlo gana simpatía casi unánime. De todas formas no hay que perder de vista que el bloqueo sigue estando y la decisión de levantarlo está en manos del Congreso. Según los analistas, es improbable que ocurra antes de que Obama termine su mandato.

Se dice que en las visitas del presidente de Estados Unidos siempre hay un mensaje para los otros, los que están del otro lado. Para Bartesaghi, esta vez va dirigido a Brasil, con el que Obama ha tenido sus desencuentros —la cancelación de la visita oficial y el escándalo de las escuchas telefónicas en 2015. Al encontrarlo asediado por una crisis económica y política, busca otro líder regional que represente mejor sus intereses.

Estar en la retirada le da más amplitud para actos como los de la última semana, puesto que no tiene que moderarse de cara a las elecciones. "Al quedarle poco tiempo pudo hacer cosas que no podría haber hecho si fuera a ser reelecto o a gobernar durante un año más. Todo esto es fruto de que tiene manos libres y no se tiene que hacer cargo de la continuidad", apuntó Padrón. Otros muestran su desconfianza ante las promesas de Obama y las posibilidades reales de que se concreten ante un eventual gobierno del controversial republicano Donald Trump, o incluso de su correligionaria Hillary Clinton.

El mapa de la región quedará más claro cuando la crisis de Brasil tome algún rumbo y Macri empiece a tomar decisiones que involucren a la región en el plano económico. "Estados Unidos marcó la cancha. Va a depender mucho de Argentina", concluyó Roberto Russell, director de maestría y doctorado en Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella, en Buenos Aires. La posibilidad de ser un aliado estratégico de Estados Unidos está, pero la situación no es tan simple, explicaron los analistas.

Para Russell, es impensable que Argentina pretenda liderar o ser una referencia. "Como si Argentina fuera equivalente a Brasil en el mundo, es ridículo", opinó desde la vecina orilla. "Hay cierta gente que tiene la tendencia a creérsela, con una visión provinciana del mundo, y hay otra gente del gobierno de Macri que lo tiene más claro. No hay que pasarse, no hay que alinearse, es un juego diverso", planteó, y destacó además la importancia del vínculo con China, principal competidor de Estados Unidos en la región.

"Soy de los que piensa que más allá de las afinidades, la relación entre Argentina y Brasil es imposible de cambiar. Es una relación estratégica en lo productivo: hay demasiados intereses económicos de empresas que no son de un país u otro y eso no lo puede cambiar un presidente", pronosticó Padrón.

Impacto local.

Si bien Uruguay celebra el eventual levantamiento del bloqueo a Cuba, esto tiene muy poca incidencia en el país. En cambio, la visita a Argentina es, según Bartesaghi, "una buena noticia". "Una Argentina más promercado, inserta en los organismos internacionales y en la economía internacional, y con un mercado robusto, va a permitirle oportunidades de todo tipo a Uruguay", opinó.

Además, indicó, Macri ha dado señales claras de levantar las restricciones que impedían las relaciones con Uruguay. "Confirma un cambio en América del Sur que yo creo que va a ser para bien, porque el mundo hace tiempo que se está relacionando de esa forma, con pragmatismos y no con ideologías, porque los cambios son demasiado rápidos".

Desde otra perspectiva, un crecimiento económico de Argentina podría competir con los intereses comerciales de Uruguay, sobre todo en mercados donde el país tenía exclusividad frente a las restricciones que la política exterior argentina suponían, advirtió Padrón. "Argentina es un competidor muy directo en muchos productos, que son muy parecidos a los que Uruguay vende a Europa y Estados Unidos", agregó. Esto bien podría interponerse entre los avances que los analistas consideran positivos en las relaciones bilaterales entre las dos orillas.

Por ahora, sostienen, hay que esperar a que se despejen las dudas sobre el rumbo político que tomará Macri y el desenlace de la crisis en Brasil, los grandes vecinos a los que, desde siempre, están atadas las posibilidades de Uruguay.

Los derechos humanos siguen pendientes.

La visita de Barack Obama a Cuba estuvo dirigida a su gente, a la sociedad civil en su conjunto, concuerdan los analistas consultados. Pero, a su vez, tomó cierta distancia de la disidencia, consideró el especialista Álvaro Padrón. "Se reunió con pocos y en un tiempo corto", señaló. "Por más que haya gente disconforme, es más potente en Cuba hoy hablarle a quien intenta cambiar su forma de trabajo y vida cotidiana que a quienes han organizado debate político interno. Esa fue una estrategia definida por Obama y su equipo".

En su discurso, el presidente estadounidense pidió elecciones libres en Cuba y habló de "ciudadanos libres de protestar" y de "criticar a sus gobiernos". A pocas horas de su llegada a la isla, las Damas de Blanco, un grupo de mujeres que protesta contra el apresamiento de sus familiares —quienes, consideran, son presos políticos—, denunciaron haber sido reprimidas por fuerzas estatales. Según publicaron, se detuvo a 20 de sus integrantes, que desde hace 46 semanas realizan una protesta pacífica en La Habana. Por su parte, el presidente cubano Raúl Castro se mostró incómodo cuando se le preguntó en una conferencia de prensa por los presos políticos.

Varias organizaciones de derechos humanos, incluyendo la Corte Interamericana de Derechos Humanos, denuncian el encarcelamiento de personas bajo cargos como desórdenes públicos, desacato o falta de respeto. Estados Unidos publicó una lista de 89 personas que considera están detenidas por motivos políticos, pero las autoridades cubanas se mantienen firmes en su postura: están presos por delitos.

Por otra parte, Obama llegó a Argentina en la previa de los 40 años del Golpe de Estado. En ese marco, reconoció la intervención de Estados Unidos y volvió a mencionar la ya anunciada liberación de archivos de inteligencia y militares referentes a la dictadura argentina. Admitió que su país "tardó en defender los derechos humanos" y junto con Mauricio Macri recorrió el Parque de la Memoria, un recuerdo a las víctimas de la dictadura. Por otro lado, hubo también reclamos por el encarcelamiento por asociación ilícita, defraudación al Estado y extorsión de Milagro Sala, activista de Jujuy a quien han defendido organizaciones como Amnistía Internacional e incluso el Papa.

“Yo creo que debería haber elecciones libres” en Cuba


Como epílogo de su histórica visita a Cuba, Obama dio un discurso en el Gran Teatro de La Habana en el que reconoció que el embargo comercial que aún pesa sobre la isla es “una carga anticuada” y se mostró afín a hacer negocios. Sin embargo, enfatizó que los problemas de Cuba no se resolverán con lo que haga o deje de hacer Estados Unidos.

“Debería de ser más fácil abrir un negocio aquí, en Cuba. Un trabajador debería poder conseguir trabajo directamente con las compañías que inviertan aquí. Dos divisas no deberían separar el tipo de salarios que pueden ganar los cubanos. Debería haber internet disponible en toda la isla, para que los cubanos se pudieran conectar con el mundo entero y a uno de los motores de crecimiento más fuertes en la historia de la humanidad”, planteó.

El presidente estadounidense se refirió a la lucha histórica y se manifestó a favor de iniciar una nueva etapa. “Desde 1959 hemos sido como boxeadores con un contrincante imaginario en esta batalla de geopolítica y personalidades. Conozco la historia, pero me niego a verme atrapado por ella”, dijo.

Pero luego de marcar esa postura, se permitió la crítica. “Déjenme decirles lo que yo creo. Creo que los ciudadanos deberían ser libres de expresar sus ideas sin miedo, de organizarse, y de criticar a su gobierno y protestar pacíficamente, y que el estado de derecho no debería incluir detenciones aleatorias de las personas que hacen uso de esos derechos. Yo creo que cada persona debería tener la libertad de practicar su fe de forma pacífica y pública. Y, sí, yo creo que los votantes deberían elegir sus gobiernos en elecciones libres y democráticas”, expresó.

Obama reconoció que aún tiene muchas diferencias con Raúl Castro, pero aseguró estar “dispuesto a tener un debate y diálogo abierto” con él.

Gira política con efectos en la economía

GUSTAVO STOK*

La visita de Barack Obama a Cuba y Argentina estuvo dominada por contundentes definiciones políticas. No obstante, tanto el respaldo al gobierno de Mauricio Macri como el llamado en Cuba a derribar la última barrera de la Guerra Fría, prometen también tener efectos económicos.

"Hay que enmarcar la visita de Obama en el proceso de revinculación de Argentina con las grandes potencias occidentales. Durante muchos años, Argentina estuvo afuera de la agenda de inversión internacional, y el principal objetivo de Macri es que, al estar amparado por personalidades políticas como la de Obama, el país vuelva a ser un destino elegible para invertir en sectores atractivos, como alimentos, servicios, infraestructura y minería", dijo Marcelo Elizondo, director de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales, en Buenos Aires.

En las reuniones que se llevaron a cabo durante la visita, compañías estadounidenses prometieron inversiones por US$ 2.600 millones en los próximos 18 meses, desembolsos que, en su mayoría, ya habían sido anunciados y fueron frenados por la vigencia del cepo cambiario.

Pero, urgido de dólares para suavizar el ajuste fiscal y cambiario, el gobierno de Macri busca obtener réditos más de corto plazo de la presencia de Obama. La intención es que su respaldo termine por allanar el acceso de Argentina a los mercados financieros internacionales una vez cerrado el acuerdo con los fondos buitre por la deuda en default. Además, el acercamiento con Obama ayudaría a Argentina a obtener financiamiento del Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo o el Fondo Monetario Internacional, organismos en los que Estados Unidos juega un rol clave para el otorgamiento de préstamos.

Mientras en Argentina el apoyo económico apunta a otorgar fortaleza política a un nuevo aliado en la región, la apuesta en Cuba parece buscar el objetivo inverso. La expectativa es que las medidas económicas dispuestas en los últimos dos años en la isla en el marco de la normalización de la relación entre los dos países, como la autorización del uso del dólar y el mayor intercambio comercial, terminen por impulsar una mayor flexibilización del régimen político.

Según el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social de Cuba, más de medio millón de cubanos optaron por convertirse en trabajadores independientes o cuentapropistas en los últimos años. Durante un foro de empresarios de los dos países, Obama sostuvo que la economía cubana está empezando a cambiar y Estados Unidos está dispuesto a acompañar ese proceso. El objetivo implícito es que la incipiente iniciativa privada en la isla también derive en cambios políticos graduales. * Colaborador en Buenos Aires

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados