IRREGULARIDAD EN BALNEARIOS

Vacaciones "en negro"

Las irregularidades laborales de la temporada fueron el blanco de la Inspección General de Trabajo y, aunque ellos detectan que existe una mejoría en este aspecto, empresarios denuncian que se deja por fuera de los controles a los negocios inhabilitados. 

En enero, el MTSS realizó 580 inspecciones a comercios en Rocha y Canelones. Foto: Ricardo Figueredo
En enero, el MTSS realizó 580 inspecciones a comercios en Rocha y Canelones. Foto: Ricardo Figueredo

Es la historia de una hondureña viajera. Ella está feliz por recorrer América Latina con poco dinero. Pero su felicidad no hace más legal que un restaurante de Cabo Polonio le permita poner una carpa en su predio a cambio de lavar platos seis horas al día. Es también la historia de una portuguesa que por solo $ 6.000 trabaja nueve horas al día en un hotel boutique de José Ignacio: para ella lo importante es la experiencia. Y la de una empleada doméstica que accede a que sus patrones le den una semana de licencia en febrero a cambio de no tener ni un día libre en enero. También la de tres argentinos que llegaron para hacer malabares en las esquinas de Punta del Este: el hostal donde se quedaban los dejaba pernoctar a cambio de limpiar baños y ellos aceptaron el canje. Son escenas no del todo extrañas del verano en balnearios. No son trágicas, pero tampoco son legales. Y seguro que no son excepcionales.

Pero demos las buenas noticias primero: la precarización laboral en los trabajos de temporada está en merma. Así lo detectaron desde la Inspección General del Trabajo, dice la subinspectora general Cristina Demarco. Encontraron menos empleados (extranjeros y uruguayos) sin papeles y no recibieron denuncias por horarios excesivos, ni malas condiciones de alojamiento, ni hallaron estas situaciones en sus inspecciones. No hubo un caso como el del año pasado en Piriápolis, cuando descubrieron un restaurante que hacía dormir a sus empleados por las noches dentro del local. En esto coincide la Federación Uruguaya de Empleados de Comercio y Servicios (Fuecys). Dice su dirigente Fabio Riverón: "Estamos mejor que en la temporada pasada, a esta altura de 2017 teníamos denuncias, este año no". Ahora demos las malas noticias: todavía persisten, aunque fuera del radar del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) y el sindicato, situaciones laborales abusivas típicas de la zafra estival.

"Les dicen de acá salís con trabajo", explica una empleada de un hotel de Manantiales que prefirió no ser nombrada, "y los que estudian hotelería o gastronomía aceptan trabajar por poco o nada". Ella es empleada en una tienda tercerizada, por lo que sus patrones son otros. Si bien dice que ella no tiene nada de qué quejarse, asegura que "en el hotel se pasan haciendo horas extra y no las pagan nunca". Admite que esto no parece molestar demasiado a sus colegas. "Son extranjeros, les importa veranear acá. Deberían quejarse pero no lo hacen", opina.

Es que las prioridades del trabajador del verano no son las mismas que las del trabajador regular. Algunos quieren recaudar como sea y saben que en verano la paga es alta y la demanda es mucha, así que por ello toleran malas condiciones de alojamiento o horarios demasiado extensos. "Si la ecuación salarial cierra, el trabajador automáticamente está conforme. Lo que quieren es recibir el dinero. Como es por poco tiempo aguantan lo que sea", opina Riverón. Otros, por su parte, vienen de lugares menos veraniegos y trabajan en balnearios "por la experiencia", o para aprovechar las playas y a cambio de unas horas de su tiempo. Muchos de los que eligen sudar cuando todos descansan son extranjeros y la mayoría jóvenes.

Operativo de verano.

En temporada la agenda de la Inspección General de Trabajo está marcada por el turismo. Se concentran en los balnearios costeros, que atraen una población temporal y con ello un crecimiento proporcional en los puestos de trabajo. Algunos de estos van a los "negocios golondrina", que solo abren sus puertas en verano, mientras que otros van a comercios que funcionan los 365 días del año, pero intensifican su actividad en los meses de calor. El veredicto de 2018 es favorable: las campañas de "concientización" y el "alto costo de tener un empleado irregular" han sido herramientas efectivas, dice Demarco. "Pero hay cosas que aunque no las relevemos o no nos lleguen las denuncias, suceden", admite.

En enero hubo 302 inspecciones realizadas en Maldonado. En el departamento hay unos 13.500 comercios habilitados. Es decir que solo inspeccionaron al 2,4%, y eso sin contar comercios que no cuenten con habilitación. En Rocha hubo 277 inspecciones, pero la intendencia de ese departamento no facilitó el número de comercios habilitados. Las inspecciones son sorpresa y las realizan los 60 inspectores de Condiciones Generales. Ellos controlan que los empleados estén en planilla y nómina del Banco de Previsión Social (BPS). Si las condiciones de trabajo son las adecuadas, es algo que controlan controlan los otros 60 inspectores del área de Seguridad y Salud.

Del total de las inspecciones de Maldonado, 190 fueron nocturnas, ya que era el foco que más preocupaba. En los relevamientos del año pasado encontraron 38 trabajadores nocturnos, extranjeros y sin papeles. Este año ese número bajó drásticamente a dos. Pero solo 25 de las 190 inspecciones fueron "sin observaciones", o sea, sin ningún tipo de irregularidad. En esos establecimientos encontraron 50 personas "en negro" o que "no tenían la planilla a la vista". Por tener a alguien "en negro" la multa puede ir de uno a 150 jornales del trabajador, dependiendo de la situación. "Vemos cómo está el resto del establecimiento y cuánto tiempo pasó. Si entró a trabajar hace dos días y nos dan los papeles cuando los intimamos capaz que no hay multa", explica Demarco.

En Rocha, los resultados de las inspecciones fueron algo peores que en Maldonado. "Piriápolis y Punta del Este están más aggiornados porque las cámaras empresariales dan más difusión a lo que tienen que hacer", opina Demarco. En los balnearios de La Pedrera y La Paloma se realizaron 115 inspecciones y solo en un lugar estaba todo en regla. En Maldonado solo 13% de los extranjeros relevados no tenían papeles para trabajar, en Rocha esta cifra asciende a 29%.

Entre 25% y 30% de las inspecciones que realiza el MTSS son fruto de denuncias, el resto surgen de oficio o de rutina. Y según Demarco, la mayoría de las denuncias las hacen los trabajadores solos, sin representantes sindicales que hagan de intermediarios. Pero, de todos modos, hay muchos que eligen no denunciar.

"En hostales y restaurantes tienen gente trabajando que vive en carpas al lado del local. Cuando llega una inspección desaparecen", sostiene el presidente de la Asociación Civil de Cabo Polonio y representante en la Cámara de Turismo Rochense, Daniel Machado. "Son los propios empleados los que se escapan de la inspección, ellos no quieren denunciar".

Andrea no llegó a trabajar más que unos días porque se esguinzó y la echaron. Para cuando se cure ya no va a necesitar el trabajo de verano, así que no peleó por mantener su puesto. Florencia no tuvo un solo día libre en todo enero: atendió mesas del primero al 31. No le pareció mal, después de todo son los días de más movimiento y más propina. Se toma sus libres en febrero. ¿Por qué quejarse si le sirve?

"Eso es ilegal y hay que denunciarlo", sostiene Demarco. Pero las razones para no hacerlo no son pocas, incluso cuando la irregularidad vulnera seriamente los derechos del trabajador. Aunque la denuncia es anónima, hacerla puede implicar serias desventajas, incluida la pérdida de la fuente laboral. Si a Florencia no le servía el trato, se perdía el trabajo. Si denunciaba, era posible que por la multa la despidieran por no poder costearla.

"Yo me siento muy agradecida por la oportunidad de estar aquí", reconoce Romina, que lava platos en Cabo Polonio a cambio de poner una pequeña carpa junto a un restaurante. "Pero pongo mis límites entre lo que doy y recibo. Aunque me imagino que debe haber muchas situaciones de injusticia en estos trabajos irregulares, creo que nadie te va a explotar si no lo permitís", opina. Pero hay quienes están peor parados y en menos condiciones de negociar.

Los más vulnerables.

"Cuando una empleada doméstica denuncia a su patrón está dispuesta a perder su trabajo", dice Silvana Danovich, dirigente del Sindicato Único de Trabajadoras Domésticas. En la temporada solo llegaron a hacer, como sindicato, tres denuncias: dos a familias uruguayas y una argentina, todos por problemas para cobrar lo acordado.

Muchos jóvenes trabajan en temporada en los balnearios. Foto: Ricardo Figueredo
Muchos jóvenes trabajan en temporada en los balnearios. Foto: Ricardo Figueredo

"Hemos tenido bastantes dificultades con argentinos", agrega. "En ocasiones te contrata una familia de cuatro personas, pero al final se quedan muchos amigos, invitan mucha gente y terminás lavando la ropa de 10 o cocinando para 12", detalla. Y sigue, "o a veces pasa que no se respetan la nocturnidad y los descansos", por los horarios más extendidos de las actividades vacacionales, que pueden ir desde un desayuno tempranero hasta fiestas o asados hasta la madrugada.

Por eso, aunque solo tres casos llegaron al ministerio y unos cuantos más a instancias de mediación, Danovich dice que "la cifra negra" de situaciones de abuso a domésticas, sobre todo en verano, quedan sin ser denunciadas. "Muchas veces es por desinformación de la trabajadora y sus derechos". Otras, por miedo a perder el empleo.

El año pasado llegó a Fuecys un caso de dos trabajadoras paraguayas que habían sido traídas ilegalmente a trabajar por la temporada, al punto que sus patrones les tenían "secuestrados" los papeles. Se hizo la denuncia y una de ellas decidió regresar a su país, relata Riverón.

"Los más complicados son las domésticas y los empleados de gastronomía", dice el dirigente sindical. En el caso de los segundos, lo más frecuente, según el sindicalista, es escuchar casos de "hacinamiento" en el alojamiento que se les provee o los turnos extendidos. "Hay muchos casos en los que no hay forma de trabajar ocho horas: son 10 o 12, y si te llegan a pagar horas extra no van a ser dobles", sostiene.

María trabaja en un hotel de José Ignacio y vive por estos meses en "un container todo ruinoso" y unos compañeros de trabajo de ella en "una casa todos apretujados". Pero les dan comida, y no están tan lejos de la playa. La ecuación no es la mejor pero les sirve y, por ahora, nadie ha venido a inspeccionar cómo viven. "Por verano se aguanta", dice. A ella no le queda mucho porque la van a despedir antes de que el contrato cumpla tres meses, para evitar pagar el despido, sostiene. La mayoría de los que viven con ella son extranjeros que hacen "pasantías" por $ 6.000 y que cobran en la mano, nada de depósito bancario. No se quejan: es bueno para el currículum.

Pero la ley es clara. "Los extranjeros tienen los mismos derechos que los trabajadores uruguayos", afirma Demarco. Necesitan un permiso que se saca en el día en la Dirección Nacional de Migraciones (solo se necesita presentar documento y la oferta de trabajo del empleador) y se obtiene el certificado de trámite con el que ya se puede trabajar. "Puede suceder que los extranjeros no tengan ni noción de que están cobrando poco o mal", dice Riverón, "entonces no denuncian".

Juan Martínez, presidente de la Cámara Uruguaya de Turismo, dice que la creciente llegada de inmigrantes los tiene alerta. "Puede haber una sustitución de puestos de trabajo y que ellos queden en la informalidad". Pero hace una salvedad: lo que les preocupa no son los comercios habilitados, que él entiende bajo riguroso control, "el tema son la cantidad de comercios que no están habilitados ni registrados en la Cámara, que toman empleados y de esos no sabemos nada", expresa. "No solo es gente vendiendo pareos en la playa, también hay cosas fáciles de agarrar como complejos de cabañas con piscina, edificios que se alquilan como hoteles con mucamas, reservas, check out, o puestos de comida que se anotan como unipersonales pero toman empleados y crecen", señala.

Machado, de la Cámara de Turismo Rochense, coincide: "En lo que son comercios habilitados estamos mejor porque controlan", opina. "A mí me inspeccionó dos veces el MTSS en enero, pero cada vez hay más gente vendiendo cosas en la playa o funcionando como hostel ilegal y no los controla nadie", asegura.

Sin embargo, desde Inspección General afirman que su modalidad es "tipo rastrillo" y que inspeccionan todo lo que encuentran. Argumentan que no hacen hincapié en los vendedores ambulantes porque "son sus propios dueños", así que "no existe explotación laboral".

"Es imposible erradicar estas cosas del todo", opina Riverón. Martínez y Machado creen que los organismos fiscalizadores del Estado han ajustado las tuercas y es probable que no solo los números del MTSS lo demuestren. "Ahora es excepcional ver las cintas naranjas de DGI de clausura, antes eran mucho más comunes".

Pero en lo que a trabajo se refiere, las zonas grises muchas veces son penetradas incluso por iniciativa del empleado. Más horas significan más propina. Un colchón en el piso es mejor que ningún lugar cerca de la playa. Los empleadores eligen, más que cuando contratan a largo plazo, arriesgarse y no poner a sus empleados en planilla, dice Demarco. Al parecer, hay más ánimos de romper las reglas y más disposición a tolerarlo. Será que, como todos saben, el verano pasa volando.

Denuncian falta de control a los comercios no habilitados

El presidente de la Cámara Empresarial de Maldonado, José Pereyra, dice que si bien "les alegra" que el Ministerio de Trabajo detecte una mayor regularidad en los balnearios, eso no es lo que ellos perciben. "Uno de cuatro trabajadores de Maldonado está en la informalidad, y en Rocha uno de cada tres", sostiene citando la Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística de 2016. Tanto él como Juan Martínez, presidente de la Cámara Uruguaya de Turismo, y Daniel Machado, de la Cámara Rochense de Turismo, creen que el problema es que no se inspecciona a comercios que no están habilitados. "A los formales se los sobreinspecciona, por lo que creo que los puntos medios tienden a desaparecer. Van quedando los negocios en formalidad plena o informalidad plena", opina Pereyra. "Estamos mejor en los negocios habilitados, pero estamos cada vez peor porque cada vez hay más gente vendiendo en la playa o funcionando de hostel ilegal", dice Machado.

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