FALTA CON AVISO

Universidad pública y privadas aún no tienen un "Día D" para un regreso masivo a las aulas

Mientras Primaria y Secundaria se preparan para volver, la universidad pública y las privadas visualizan un segundo semestre en el que la presencialidad y las clases virtuales convivan.

Universidad de la República
La UdelaR fue una de las primeras en cortar las clases presenciales. Foto: Gerardo Pérez. 

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"El Día D para nosotros no existe”, dice Rodrigo Arim, rector de la Universidad de la República (UdelaR). Mientras Primaria, Secundaria y UTU se encaminan a volver a las clases presenciales antes de que este mes termine, las instituciones de educación terciaria, tanto públicas como privadas, se mueven con mayor cautela.

En el Consejo Directivo Central (CDC) que se celebró el pasado martes se resolvió hacer un relevamiento de los 145 cursos ofrecidos por la universidad pública. Con los datos que se recaben se hará la planificación del segundo semestre, en el que, en palabras de Arim, se hará “una mezcla inteligente de presencialidad y no presencialidad”.

Es que si bien los edificios de la UdelaR mantienen sus puertas abiertas, se han instaurado espacios para los alumnos que no disponen de un buen sitio para estudiar o de conexión a internet, e incluso ya se está pensando en reinstaurar cursos prácticos que no se pueden llevar adelante a distancia, lo cierto es que no hay un plan para un regreso masivo. Hay quienes creen que “la nueva normalidad” incluye que algunos cursos se empiecen a hacer definitivamente de manera remota, aunque también se complementen con clases de consulta.

Es difícil pensar en teóricos y tomas de exámenes que implicaban la presencia de 500, 800, 1.000 o hasta 1.500 alumnos apretados dentro de un salón con no más canales de ventilación que una banderola. Pero al mismo tiempo están los que advierten que la presencia del estudiante en un aula es insustituible, y que llevar demasiados cursos a las plataformas puede ser una desventaja a la hora de negociar presupuesto.

Lo que se hizo

La UdelaR fue una de las primeras en suspender las clases, y todo indica que será la última en retomarlas. Lograron que el 90% de los cursos se realizaran de manera remota, para lo cual hubo que hacer una capacitación exprés a aquellos profesores menos familiarizados con la tecnología o aquellos que se resistían a utilizarla incluso como un mero apoyo para sus clases.

Claro ejemplo de esto es la plataforma EVA, un repositorio de materiales de estudio que existe hace varios años, y que genera resistencia en algunos docentes, lo que en alguna oportunidad ha motivado algún encontronazo entre estudiantes y profesores. Antes de la pandemia solo en el 34% de las ofertas educativas de la universidad había un uso generalizado de EVA; en 43% tenían un uso moderado, en 21% un uso escaso y de 2% no se tenía información. Arim sostiene que un relevamiento hecho en estos últimos días mostró que en el 100% hoy EVA se usa de manera generalizada.

En los estudiantes las visitas a EVA crecieron desde marzo de 2020 un 72% con respecto a 2018 y 2019.

En cuanto a las plataformas para videoconferencias —mayormente se usa Zoom, pero también Webex, para los que se compraron licencias por un año por US$ 100.000—, se registraron hasta el viernes 23.170 clases llevadas adelante por esta vía, con un total de 900.000 participaciones. “Es muchísimo”, sostiene Arim. La UdelaR cuenta con unos 140.000 estudiantes.

Aunque no hay números cerrados, pues la deserción estudiantil se calcula recién al finalizar el primer semestre, luego del período de exámenes, Arim advierte que hoy cursan más alumnos de los que comúnmente suelen abandonar. En 85 de las 145 carreras el 60% de los estudiantes está participando de forma activa (es decir, asistiendo a las clases en línea).
“La desvinculación es un poco mayor que esto, pero no quiere decir que luego no suceda, hay que esperar que termine el semestre”, señala el rector.

Una partida extra para los docentes sobrecargados

En el caso de las universidades privadas se pidió a los docentes que continuaran trabajando en sus horarios habituales, solo que en vez de realizar la clase de manera presencial la hicieran de manera virtual. En el caso de la Universidad de la República, quizá por su dimensión o porque muchos profesores no estaban habituados a la utilización de las herramientas a las que hubo que echar mano, esto implicó otras dificultades, como que profesores de grados más bajos (presumiblemente más jóvenes) se vieron sobrecargados en sus tareas puesto que los de grados más altos (presumiblemente de mayor edad) no sabían utilizar los dispositivos para las clases en la web.
Esto fue discutido en el pasado Consejo Directivo Central —que como todos los demás desde que empezó la pandemia se realizó a través de la plataforma Zoom y se transmitió en vivo por YouTube— y se aprobó un reordenamiento presupuestal, que implicó entre otras cosas el retiro de fondo del pago de becas para realizar cursos o asistir a seminarios en el exterior —algo que por obvias razones quedó congelado. La idea es usar ese dinero para compensar a los profesores de los grados más bajos que puedan probar que se vieron sobrecargados de trabajo.

Hay que ir

¿Cuáles son las razones para no volver a las aulas? Arim, docentes, egresados y estudiantes consultados para esta nota enumeran varios motivos: las clases sobrepobladas, los edificios inadecuados, los alumnos del interior (que estaban en Montevideo, los sorprendió la pandemia, rescindieron un alquiler, volvieron a sus casas y ahora cursan de forma remota) y la incertidumbre de que, como pasó en otros países, no haya otro brote que obligue a poner la marcha atrás. Pero también sostienen que la presencialidad es insustituible, que hay cursos que no se pueden dar a la distancia y que controlar que los estudiantes no se copien es un desafío (ver aparte).

Uno de los problemas con los que se encontraron en la UdelaR es que había alumnos sin acceso a una computadora. Lo que se hizo en primer lugar fue un acuerdo con el Plan Ceibal, que puso a disposición de las distintas facultades unas 300 laptops. También apelaron a algunas máquinas que estaban en los centros y no se estaban utilizando: así llegaron a 528 que ya fueron distribuidas, a las que se sumarán 129 más en esta semana. Además, el CDC ya autorizó una partida de US$ 150.000 para comprar 300 máquinas más.

El procedimiento para que los estudiantes puedan adquirirlas es idéntico al de la biblioteca: se prestan por un tiempo determinado y luego de que este se vence hay que devolver los dispositivos o renovar el préstamo.

En cuanto a la conectividad, desde antes de la pandemia existía un acuerdo entre la universidad y Antel para que los dominios “.edu” fueran gratis, es decir que no consuman datos. Ahora están trabajando en una solución para que plataformas como Zoom también puedan ser usadas por los estudiantes sin que esto insuma costos.

Alejandro Bielli es miembro de la Asociación de Docentes de la Universidad de la República (ADUR), delegado en el Consejo Directivo Central (CDC) y profesor de la Facultad de Veterinaria. En el semestre en curso dice que él “pudo trabajar bastante bien” sustituyendo lo que el estudiante puede ver en un microscopio por presentaciones Power Point en las que se les muestra imágenes. Pero esta opción tiene sus limitantes.

“El curso que tengo que dar en el próximo semestre es Histología y Biología del Desarrollo. Es allí donde los futuros veterinarios aprenden a manejar el microscopio. Eso no se puede hacer de manera remota. Un buen veterinario es el que sabe usar bien el microscopio”, señala. En ese curso son entre 50 y 60 alumnos en un aula de dimensiones imposibles como para poner a una persona a dos metros de distancia de la otra. Para Bielli la solución es una sola: cuadruplicar o quintuplicar los grupos.

Facultad de Ingeniería del Uruguay. Foto: Archivo El Paí
Ingeniería prepara plan con distancia social para tomar exámenes. Foto: Archivo El País.

Gonzalo Salas también representa a los docentes en el CDC y es profesor en Ciencias Económicas. Para él “es complejo iniciar las clases, porque hay cursos en los que participan 3.000 estudiantes, divididos en varios grupos, pero con clases masificadas de 300 alumnos”.

Gregory Randall, profesor de la Facultad de Ingeniería y otro de los representantes de los docentes en el consejo de la universidad, sostiene que lo más coherente para el próximo semestre sería hacer una “combinación de clases virtuales y presenciales con la debida distancia social”. Él se imagina un mantenimiento de las clases teóricas a través de las plataformas, mientras que los prácticos o las clases de consulta sí vuelvan en su gran mayoría a la presencialidad.

“Ese tipo de combinación es la que se piensa en Ingeniería —señala Randall—, siempre con la posibilidad de ir hacia atrás si se observa que la pandemia vuelve a crecer. Volver de forma definitiva tiene consecuencias bastante complejas para una institución como la nuestra, que tiene en el orden de 140.000 estudiantes y una planta física que no fue concebida para esto. En los salones la gente está apretada”.

Otro de los problemas, advierte el profesor, es la circulación interna dentro de su facultad: pasillos chicos, recovecos estrechos, epicentros de circulación de estudiantes que antes estaban repletos, y que si hoy se quieren cruzar con la debida distancia social para salir de la institución se podría demorar hasta media hora.

Ante esta realidad la UdelaR piensa, por ahora, más que nada a corto plazo. En planear cómo es que será el próximo semestre. Alumnos y docentes reclaman ser informados cuanto antes de cómo se trabajará a partir del mes de julio, y que se avise con anterioridad cuáles cursos se harán de forma presencial y cuáles de manera remota.

“Hay gente que es de Rivera y ahora está cursando allá; no se los puede hacer volver de un día para el otro”, señala Salas. “Los alumnos tienen que saber antes si tienen que ir de manera presencial o si pueden cursar desde sus casas, porque hay gente que capaz que no puede volver”, agrega en el mismo sentido Ana Laura Mello, miembro del CDC en representación de los egresados. “Esto no es como Primaria y Secundaria, donde los estudiantes están cerca de las instituciones comúnmente. Volver a las facultades implica un movimiento de gente enorme”, advierte Arim.

Universidad Católica
La Católica prepara plan para garantizar distancia entre estudiantes. Foto: Archivo El País.

Los privados

La Universidad Católica, la Universidad de Montevideo y la ORT también instauraron de manera veloz las clases remotas. Luego de la autorización dada por el Ministerio de Educación y Cultura (MEC) días atrás, los tres centros educativos se aprestan a volver a las clases presenciales para materias prácticas en el correr de las próximas semanas. Las medidas de seguridad que tomarán son las mismas que Salud Pública exige para las instituciones educativas de Primaria y Secundaria: un felpudo en la puerta para limpiar las suelas de los zapatos al entrar, alcohol en gel en abundancia, uso de tapabocas, distancia social de al menos dos metros, buena higiene de los baños. Además de esto, en estas instituciones se hará un control de la fiebre de los estudiantes.

Julio Fernández Techera, rector de la Universidad Católica, dice que aún se está trabajando en el regreso, “tomando las medidas necesarias para garantizar la distancia entre los estudiantes, porque más allá de lo que pase dentro de los salones, en el campus se mueven muchas personas”. En total son 7.000 los estudiantes, 5.000 de carreras de grado y 2.000 de posgrado.

El rector advierte que una semana después del 13 de marzo —día en que los casos de Covid-19 comenzaron a aparecer en Uruguay—, el 85% de los cursos ya se estaban dictando de manera online. Que se capacitó con rapidez a 900 profesores. La plataforma que utilizan es Zoom y la asistencia “en algunos casos es mayor que cuando hay presencialidad”.

Juan Manuel Gutiérrez Carrau es el rector de la Universidad de Montevideo y advierte que los cambios impuestos por la pandemia se atravesaron con normalidad. “Por supuesto que añoran la modalidad presencial y en especial la experiencia personal en la sede de la universidad, compartiendo con profesores y amigos. Pero los alumnos de las nuevas generaciones son nativos digitales que se manejan perfectamente en el entorno virtual”, advierte.

La UM, que entre los estudiantes de grado y posgrado suma a unos 2.800, ha usado las plataformas Zoom, Microsoft Teams y Moodle, con las que han podido mantener el 90% de los cursos. Se aprestan, sin embargo, a volver de manera presencial en estos días para dictar clases prácticas, talleres, y sesiones de discusión o consulta.

Universidad de Montevideo
UM instaó un termómetro en la puerta para controlar a quienes ingresen. Foto. Archivo El País. 

En cuanto a la ORT, su vicerrector, Julio Fernández, advierte que la institución viene trabajando con videoconferencias desde 1996, y que por eso ya se encontraba “muy preparada” para abordar el traslado de las aulas a la nube. “Nosotros acá no hablábamos de enseñanza a distancia, porque la enseñanza a distancia implica algo planificado y armado. Acá lo que tuvimos que hacer fue usar la tecnología disponible para trasladar el aula a las computadoras”, señala.

La ORT también utiliza Zoom, Microsoft Teams y Moodle. La institución cuenta con 7.100 estudiantes. La gran mayoría de los cursos pasaron al modo virtual. Sin embargo, hay clases que se retomarán a partir de los próximos días: las que son difíciles de dictar de aquella manera. “Un caso típico es el laboratorio de biotecnología, donde los estudiantes tienen que hacer procedimientos complejos con equipamientos”, dice Fernández. La institución piensa separar algunos grupos, puesto que pese a que son clases pequeñas —el promedio por aula es de 21 estudiantes—, los espacios son pequeños como para mantener la debida distancia.

Fernández Techera dice que cuenta con “los dedos de las dos manos” los alumnos que desertaron en medio de la pandemia. Gutiérrez Carrau advierte que ningún estudiante abandonó, y que aunque no se reabrió el programa de becas sí se atendieron algunas situaciones puntuales de alumnos en dificultades económicas. Fernández, en tanto, dice que “no se han perdido más alumnos que en otros años”, que “siempre algunos abandonan cuando empiezan los cursos” y que “de todos modos se amplió el fondo de becas para atender algunas emergencias que surgieron”.

ORT
ORT se apresta a abrir laboratorio para clases que no se pueden dar onlien. Foto: Archivo El País. 

Llegó para quedarse

Para las universidades privadas la pandemia tuvo algo positivo. Pues si bien todos sostienen que lo que estamos viviendo es una situación de emergencia, que para dictar cursos a distancia en realidad se necesita de una planificación curricular distinta, coinciden en que lo que está sucediendo sirvió para acelerar los tiempos en cuanto a la capacitación de los profesores, al mismo tiempo que sirvió para sacarse los miedos en cuanto a la seriedad y efectividad de esta modalidad.

“Claramente la pandemia, y la respuesta a la pandemia, nos adelantó tres o cuatro años cosas que iban a pasar y que nos iban a costar. Nosotros teníamos en nuestro plan estratégico que montar un campus virtual. Lo que no pensábamos es que lo podíamos hacer en apenas una semana”, dice Fernández Techera de la Universidad Católica.

“Las barreras de la tecnología fueron derribadas. Ahora todos los alumnos y profesores se animan a las plataformas online”, dice por su parte Gutiérrez Carrau.

En cuanto la UdelaR hay muchos que ven en esto una solución para un problema histórico: los horarios únicos, la falta de algunas carreras en el interior y la imposibilidad de cursar por parte de los estudiantes que trabajan.

“En el CDC algunos decanos plantearon ya que esto generaba oportunidades para cursos que se daban solo en algunas sedes, sobre todo en los cursos de posgrado que se hacen comúnmente en Montevideo. También genera una oportunidad para los estudiantes que trabajan”, advierte con entusiasmo Mello, representante en el CDC por los egresados.

Andrés Fernández, miembro del orden estudiantil en el consejo y alumno de la Facultad de Humanidades, en tanto, se expresa con mayor prudencia. Sostiene que “las clases virtuales tienen mucho marketing”, pero alerta que “no es lo mismo la presencialidad, tener a tus pares ahí y generar espacios de debate”.

También advierte que ir hacia una modalidad virtual puede llevar a que la universidad se vea en desventaja a la hora de negociar el presupuesto. “De acá a agosto se nos avecina una discusión presupuestal, y nosotros como estudiantes tenemos que reivindicar presupuesto para democratizar más el acceso a la enseñanza universitaria. No me parece descabellado que haya dos horarios para Historia del Uruguay en Humanidades, para que los alumnos puedan optar o para que haya alternativas para quienes trabajan.Es algo que me parece lógico, y que además sirve para que los alumnos puedan recibir distintas perspectivas pedagógicas de distintos docentes. ¿Qué hacemos si perdemos esa batalla presupuestal y hay que repartir la miseria? Ahí veremos”, advierte.

Arim, en cambio, sentencia que las clases virtuales no van en detrimento del presupuesto que se puede llegar a pedir. “Hay que ser cautos, pero sin duda abre la posibilidad de tener un alcance distinto en algunas cosas… De todas formas, las horas docentes van a ser las mismas. En las plataformas digitales tiene que haber docentes presentes. Puede haber un cambio, sí, en la infraestructura que se necesita. Salvo que pensemos que podemos formar a la gente con clases grabadas, que es lo mismo que decirle a la gente que estudie directamente de los libros. Puede haber una sustitución de las clases masivas y se pueden generar más espacios de consulta con menos alumnos. Pero para eso también se necesitan docentes y presupuesto”.

¿Cómo evaluar y evitar que se copien?

Ingeniería, donde están los cursos con más cantidad de estudiantes, se preparan para un período de exámenes distinto. Gregory Randall, profesor de esa facultad y miembro del CDC, señala que se deberán dividir los grupos multitudinarios en horarios y salones para poder hacer las evaluaciones. “Hay cursos que tienen entre 1.000 y 1.500 estudiantes. Va a haber que ocupar gran espacio de la facultad. Los cursos más pequeños se evaluarán por Zoom, pues ahí se puede ejercer sí un mayor control”, señala Randall.
Evitar la copia en el medio de una pandemia y con clases virtuales, no es asunto fácil. Los modos de evaluación en este tiempo han variado: se apeló a la entrega de trabajos más elaborados, al múltiple opción con cuestionarios aleatorios, las pruebas en vivo a través de Zoom con micrófono y cámara prendida, o los orales.
La UdelaR sí les pidió a los docentes no postergar las evaluaciones para el semestre que viene, para que no se genere una acumulación de pruebas. En cuanto al período de exámenes, todos siguen el mismo camino que Ingeniería: intentan generar un modelo en que algunas pruebas se hagan a distancia y otras presenciales, y para estas últimas se está buscando la forma de respetar la distancia social.
Julio Fernández, vicerrector de la ORT y profesor de esa universidad, dice que ha manejado dos estrategias para las pruebas en línea. Primero, les pregunta a los estudiantes si se comprometen con el código de honor y a realizar ellos mismos la prueba. “Es parte de la formación enseñar el valor de la integridad”. Pero por si acaso está la segunda estrategia: pone cuestionarios con tiempo limitado para ser contestados, y ejercicios matemáticos sin cifras estáticas, sino que cada alumno debe utilizar su número de estudiante, fecha de nacimiento y edad. “Es difícil que se copien”, remata.

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