CON EL LENTE SOBRE LA RUTA

Tránsito a fuerza de multa

Nuevas cámaras y equipos de detección de infracciones están llegando a los cruces de toda la ciudad y antes de que empiecen a multar ya están cambiando la forma de manejar de los montevideanos. ¿Qué implica este nuevo modelo de control de tránsito?

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El tránsito promedio de la rambla es de 65.000 vehículos. Foto: F. Ponzetto

El Gran Hermano del tránsito montevideano vive en el número 1426 de la calle Soriano. A diferencia de lo que ocurre en las oficinas contiguas, para entrar a esta hay que digitar un código. La puerta gris, con un diseño blanco que evoca una red con puntos que se conectan entre sí, anuncia su nombre. El Centro de Gestión de Movilidad (CGM) lleva una inversión de nueve millones de dólares e implica la instalación de unas 150 cámaras en algunos de los 650 semáforos de la ciudad, paneles de mensajería y dispositivos que captan cruces en rojo y excesos de velocidad de forma automática. Esta oficina no solo aloja un cambio tecnológico, sino además un nuevo modelo para gobernar en un asfalto que le quedó chico a la ciudad.

Si bien uno de los objetivos es reducir una cantidad de siniestros de tránsito que roza lo epidémico, esta transformación también busca meterse en la rutina diaria de los conductores. Apunta a que los montevideanos manejen mejor bajo el ojo vigilante de la tecnología y a fuerza de multa. También se pretende poner al día la ciudad y aprovechar toda la información que se puede reunir para desatascar las calles y, así, homogeneizar la circulación.

Cambio de paradigma.

El director de tránsito de la Intendencia de Montevideo (IMM), Pablo Ferrer, comparecía hace un tiempo ante la Junta Departamental sobre el cambio de modelo en el control de tránsito y dijo algo que sabía iba a incomodar: "Prevemos un 50% de incremento de las multas". El diagnóstico era claro, la gente no se siente vigilada hoy. Basta con salir a la calle para empezar a ver las infracciones, una tras otra.

"Si tengo una percepción de que me van a sancionar, seguramente me controle. En particular creo que esto es válido para sociedades con un patrón cultural transgresor, como el nuestro", explica Ferrer mientras recorre las instalaciones del CGM, donde una pantalla gigante muestra lo que pasa en los cruces más importantes de la ciudad en tiempo real.

Los últimos meses han sido una suerte de experimento social. Las cámaras y los radares estuvieron ahí, la fiscalización había sido anunciada y la fecha en que iban a empezar a llegar las multas había quedado imprecisa —primero se anunció un plazo que no se cumplió y aún se desconoce cuál será la fecha. Los conductores se sabían controlados y siempre podía caber la duda de que la multa se fuera a hacer efectiva.

¿Qué tanto influye, entonces, este control en la forma de manejar de los montevideanos? Según datos que divulgó esta semana la intendencia, que comparan la cantidad de infracciones cometidas entre mayo y junio —antes y después de la inauguración del CGM—, la cantidad de excesos de velocidad y cruces en rojo bajaron. Estos últimos se redujeron en un 60%, y a más velocidad, más cambio de conducta. Los excesos a más de 60 km/h cayeron en 11%, a más de 75 km/h 33%, y los que superaban los 90 km/h, 46%.

Una de las hipótesis de la intendencia es que la implementación de la tecnología en las calles es una de las causas de la caída. "Lamentablemente la letra con sangre entra", había concluido Ferrer en su comparecencia en la Junta, que ahora recrea.

Tal vez no sea con sangre, pero sí con la amenaza al bolsillo. Una multa por exceso de velocidad cuesta unos $ 7.000 pesos y una por cruzar en rojo, $ 4.500.

Los ejemplos están por todos lados, dice Ferrer. Se fiscaliza el uso de luces cortas y el hábito se propaga. Lo mismo con los cinturones de los conductores. Incluso con el cigarrillo en lugares cerrados o con el alcohol en los conductores, dice.

Y a la inversa, cuando no se multa, la noma "se relaja". Las inspecciones del uso del cinturón en los asientos traseros, por ejemplo, se anunciaron, pero nunca se prolongaron en el tiempo. El resultado es el no cumplimiento. "No es común que los ocupantes se coloquen el cinturón", reconoce Ferrer.

Un solo cruce: Costa Rica y la Rambla. En un solo sentido hubo 44.314 infracciones en una semana. El resultado es que uno de cada tres vehículos que pasa por ese punto comete una infracción, y que si la intendencia hubiera puesto una multa a cada una de ellas —aunque no todas las infracciones terminan en multa— habría recaudado unos US$ 10 millones.

"Acá no nos importa cuál sería la recaudación. Háganle la resistencia civil a la intendencia. No cometan infracciones y nosotros nos fundiremos. Seremos los más contentos, pobres pero contentos", afirma.

El ojo de la ciudad.

La pantalla ocupa casi toda la pared de una de las oficinas dentro del CGM. Arriba, en el extremo derecho, se ve cómo un par de funcionarios arreglan un semáforo en la rambla y Ciudadela. A través de esta pantalla fue que, esta misma semana, se detectó el incendio de un auto en pleno 26 de Marzo y la rambla y se coordinó la asistencia de los bomberos.

El auto que se prendió fuego estaba en malas condiciones. "Se desprendió el tanque de combustible y eso es alarmante, ese vehículo no debería haber estado circulando", dice. Esa es otra de las exigencias frente a la que los conductores se han "relajados". "Hay datos alarmantes de lo poco que se conoce del vehículo". Ferrer cree que la falta de "cultura mecánica" es grave y se plantea retomar el control del estado vehicular.

En este modelo de tránsito vigilado por tecnología los datos son el principal insumo. Las olas verdes son un ejemplo de cómo usarlos. Ferrer las describe como un trabajo de ingeniería y las gráficas que las muestran en la pantalla gigante se ven como ondas verdes que fluyen una atrás de la otra. Implica la coordinación del tiempo en que los semáforos están en verde y eso, según Ferrer, ha aumentado levemente la velocidad promedio a la que se circula por la rambla y ha disminuido la varianza de velocidades; es decir, que hay un flujo más uniforme.

"Si todos anduvieran a 60 km/h de Barradas al Centro, nadie frenaría, nadie trancaría los semáforos", dice el director del Instituto de Educación y Seguridad Vial y perito accidentólogo Arturo Borges. Lo que hay que evitar es el efecto acordeón, agrega el experto. Borges propone un ejercicio. "Elija un carril central y cuando vea que a dos o tres cuadras hay un semáforo en rojo saque el pie del acelerador. No se detendrá ni la mitad de veces que acelerando sobre el límite". Esto, explica, es gestionar el uso del espacio y habla de un estilo de conducción nuevo para Uruguay donde los conductores son "individuos que modulan el pie derecho".

El software que genera las ondas verdes es como un gran titiritero del tránsito. Este jueves por la mañana la onda funcionaba en un tramo de la rambla entre José María Montero y la zona Punta Carretas, generando flujos cada 120 segundos. "Si vas circulando a la velocidad programada te vas a ir encontrando con la fase verde de los semáforos". La base de la onda verde son los miles de datos que los sensores y cámaras captan minuto a minuto.

En esta primera etapa del CGM se espera que se pueda implementar en toda la rambla, Avenida Italia, 8 de Octubre, Rivera de Solano López a Bulevar Artigas, Bulevar Artigas entre la rambla y Luis Alberto de Herrera, y General Flores entre Luis Alberto de Herrera y Avenida de las Leyes.

Los equipos que controlarán velocidad y luz roja ya están detectando infracciones. Foto: F. Ponzetto
Los equipos que controlarán velocidad y luz roja ya están detectando infracciones. Foto: F. Ponzetto

El nuevo inspector.

En una oficina aparte a la de monitoreo está el lugar donde los inspectores se entrenan para aprender a multar por computadora. Antes de llegar al conductor, las multas van a pasar por el ojo humano. Por eso, el CGM trabaja ahora en generar criterios para aplicar multas.

En la pantalla se ve un auto cruzando en rojo. El software detecta la infracción y escanea la matrícula, pero un peatón que estaba cruzando y que quedó parado delante de los últimos tres números impide saber cuál es. Por esta vez, el infractor se salvó.

El programa les muestra a los inspectores dos fotos en alta resolución y ellos pueden explorarlas para chequear si el software lee la matrícula correctamente. La decisión final de multar la toman ellos y si deciden no hacerlo deben registrar por qué.

La cámara no capta el rostro del conductor ni si habla por celular o se fuma un cigarrillo. Según cuenta Pablo Montes de Oca, coordinador operativo del CGM, la intención no es acumular infracciones para multar de más. "No vamos a cometer un abuso de derechos. Vamos a fiscalizar lo que tenemos que fiscalizar, porque si no vamos a desvirtuar el sistema", sostiene.

Para Borges, que los inspectores trabajen de forma remota evitará los conflictos con conductores y posibles episodios violentos. Pero esto no quiere decir que se terminen las inspecciones sorpresivas. "La sensación de vigilancia implica mayores controles pero también controles sorpresa", dice Ferrer.

El director de Tránsito cree que los radares ayudarán a mejorar la forma de manejar en toda la ciudad y no solo donde se sabe que se va a multar. Manejar bien solo donde hay control roza la patología social, dice. "No podemos trabajar exclusivamente para la patología".

Sin embargo, la intendencia también sabe que el reloj sigue corriendo y cuanto más tiempo deje pasar sin multar, más se va a "relajar" este cambio que implementó. Mientras resuelve la normativa con la que se va a multar, los conductores tienen tiempo para empezar a atender a los carteles que limitan la velocidad e imponerse el respeto de las normas, antes de que las multas se empiecen a acumular.

Acuerdan precios de multas a nivel nacional.

Los directores de tránsito de todos los departamentos del país acordaron aplicar multas con un mismo nombre y mismo precio en todo el país, informó ayer El Observador. Esto no ocurre actualmente y cada intendencia puede sancionar de forma diferente.

Los jerarcas redactaron una propuesta común para que el exceso de velocidad, los cruces con luz roja, el uso del cinturón de seguridad o el no respeto de las señalizaciones —algunas de las infracciones más comunes— sean penalizados de la misma forma y con el mismo monto de dinero. El documento que redactaron cuenta con 200 artículos y será presentado el 18 de agosto ante el Congreso de Intendentes, publicó el diario.

La excepción dentro de esta propuesta serán las infracciones que no se repiten entre departamentos, ya que hay algunos que multan determinadas situaciones que ocurren solamente dentro de sus territorios. En esos casos, la particularidad de cada departamento se mantendrá.

Esto ocurre en el marco de la implementación de la libreta de conducir única para todo el país, que también será llevada al congreso en la próxima sesión. Los directores se basaron en la ley nacional de tránsito y el reglamento de circulación vial. La finalidad es evitar que haya un país con 19 criterios diferentes en materia de tránsito. La discusión se viene dando desde hace varios años y el problema para generar un acuerdo entre las 19 intendencias eran las diferencias en los criterios de aplicación de las multas. "Todos los departamentos cedimos en algunas cosas y nos beneficiamos en otras. Lo que primó a nivel colectivo fue llegar a un acuerdo. En todos los casos ganamos y perdimos. No se midió en plata", dijo al diario Marcelo Metediera, director de tránsito de Canelones.

Lo que debe saber.

¿Cómo me llegarán las multas que se detectan con los nuevos dispositivos a los conductores?

Esto aún no está resuelto. Según dijo el director de Tránsito de la intendencia de Montevideo, Pablo Ferrer, se prevé generar un sistema de notificación a través del Sucive. Esto se sumaría a un "sistema de notificación móvil" que, según dijo, tecnificará la labor de los cuerpos inspectivos en todo el país y no solo en Montevideo. Otro aspecto que surge en la discusión del nuevo modelo es la cantidad de nuevas consultas y trámites que se van a generar. Ferrer explicó que se está trabajando para evitar el posible "embudo administrativo", aunque no precisó cómo.

Si al cruzar un semáforo se arranca con la luz amarilla y se termina en roja, ¿implica una multa?

Los equipos de fiscalización electrónica sacan dos fotos: una cuando empieza y otra cuando termina el cruce. De momento, y a pesar de que no se esté multando, están configurados para sacar la foto solamente cuando el cruce se empieza en rojo, por lo que no habría posibilidad de que esa situación termine siendo penalizada, dijo el coordinador operativo del centro de movilidad, Pablo Montes de Oca.

¿Cuál será la tolerancia que tendrán los equipos de fiscalización? Esto tampoco está definido. Los radares que los inspectores van trasladando por toda la ciudad hoy tienen una tolerancia de 15 km/h. De todas formas, esta es una disposición que no está amparada por una norma, aclaró Ferrer. Los equipos que la intendencia compró tienen un margen de error determinado, a lo que hay que sumarle el de los equipos con que se calibran y agregar una cantidad razonable de km/h que permitan al conductor tener un margen.

¿Cuántos equipos se van a colocar y dónde?

Según explica la intendencia en su página web, cuando se finalice la primera etapa de instalación de la tecnología habrá "170 cruces semaforizados centralizados", 165 cámaras para conteo vehicular, 51 cámaras para monitoreo de tránsito, 15 equipos de fiscalización electrónica (para velocidad y luz roja), cuatro paneles de mensajería variable y 34 sensores inalámbricos para conteo. Se colocarán en la rambla Sur y zonas anexas, Avenida Italia, Bulevar Artigas, General Flores, 8 de Octubre y Rivera.

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