Paulina López Rivero
SON LAS NUEVE de la mañana de un día de febrero de 2006. En la radio Acuarela (AM 1520), la más escuchada de Cerro Largo, está por comenzar "el radioteatro que conquistará los corazones arachanes". Después el locutor dirá lo que usted no imagina: "Tierra de Bufarrones, una historia plagada de misterio, intrigas, temores, traiciones,…y amorrr".
Una aclaración, o mejor dicho dos: en Melo todo puede suceder. La ciudad es vista desde afuera como una comarca inverosímil donde los políticos son una leyenda del humor popular y una gran parte de la población promueve derogar una ley (la del uso de casco) que intenta proteger la vida de los motociclistas.
En ese contexto nació Tierra de Bufarrones, y aquí viene la segunda aclaración. Así como en Fray Bentos los muchachos se llaman unos a otros "valor", en Melo los amigotes se llaman entre pares: "qué hacés, bufacha", "bufarini", "bufarrón" y todas sus variaciones.
Para Danilo Caballero, Tierra de Bufarrones -o Tierra, como le llama él - no tiene un contenido particularmente ofensivo, más allá de que su nombre es una embarazosa carta de presentación para cualquier melense. "No dice una sola mala palabra". Y es casi verdad.
La carrera artística de Caballero está ligada a un equipo de fútbol de salón, la Corporación 1911. Descendiente directo de un cuadro de bochas ("jugábamos a las bochas porque era un deporte no extremo", cuenta Taio, jugador retirado, "se podía tomar, fumar y calmaba los nervios") el Once impulsó la formación de la liga de futsal en el 99. La Corporación convirtió al futsal en el segundo espectáculo con más concurrencia del departamento. ¿El secreto?: un cóctel de inesperado de virtuosismo y campañas de difusión imposibles.
La mascota del 1911 era el Hombre Caja, un tetrabrick gigante del cual salía un bailarín de cumbia. Su máxima autoridad es un ministro plenipotenciario, protagonista de decenas de afiches y folletines que se regalaban a la entrada de los partidos. Detrás de cada obsequio estaba la pluma de Caballero.
A diferencia de las bochas, el futsal probó ser un deporte extremo. Cuando el Once jugaba, los medios se llenaban de comunicados. Se amenazaba con secuestrar al ministro si la parcialidad no concurría. Primero fue el EZLA (Ejército Zapatista de Liberación Arachana), que antes del comienzo del partido lo liberó bajo el ensordecedor ruido de un helicóptero. En 2004, cuando el triunfo del campeonato nacional era inminente, "Al Qaeda" secuestró otra vez al ilustre ministro. El detective privado Joaquín Balín, el superhéroe local, acudió en su rescate. El Canal 12 local trasmitió en vivo el secuestro y la liberación. La comunidad entera estuvo en vilo.
Más allá del despliegue de creatividad con presupuesto nulo, lo que cautiva es la ausencia de límites entre realidad y ficción. La eterna pavada transformó a Joaquín Balero en Joaquín Balín, detective. Y a Arturo Bessón, un contador que de lunes a viernes usa traje y corbata, en el venerable ministro.
El Canal 12 de Melo anuncia un Gran Hermano ideado por Caballero. El protagonista será el Capo Zamora, un veterano que afirma haber inventado el reality en 1969. El demo lo muestra en color cepia. "¿Cuándo sentiste el llamado del Gran Hermano?", pregunta la voz en off, y un desfile de personajes insólitos, en un confesionario (el bulín de Caballero), dan al público una serie de sinrazones inquietantes. Al Gran Hermano precedió un programa en el cual los corrosivos títeres Nico y Martín descargaban artillería contra la intendencia. Esto le valió al Once perder el auspicio municipal.
Cuesta creer que Tierra de Bufarrones de verdad salió al aire. Danilo tampoco lo podía creer. "Yo tenía que escribir, grabar, conseguir gente que actuara, e inventar cómo hacer los ruidos". El libreto tenía un solo ejemplar y pasaba de mano en mano entre los improvisados actores que cada mañana salía a recolectar por la calle. La protagonista cambiaba de nombre (Sinforosa, Rudecinda) porque Caballero se olvidaba. El guión andaba perdido. El protagonista nunca tuvo la misma voz. El único actor semiprofesional fue un travesti. "Sinforosa lo hacía la Natalia. Estudió teatro en el Comcar", apunta Danilo.
Tierra cuenta la historia de una estancia donde vive un militar rodeado de soplones. El muchacho de la película se enamora de una misteriosa mujer. A lo largo de diez capítulos, la estancia es invadida en reiteradas ocasiones: por gallinas, rocanroleros, vendedores ambulantes, y por "el 70%", en alusión al ampliamente difundido porcentaje de melenses gays.
Quien no sepa que el intendente de Cerro Largo es el coronel Ambrosio Barreiro, igual que Velho Barreiro, no entenderá por qué el protagonista se llama Valverde, nombre de otra caña competidora. Quien no sepa que el ex ministro Pedro Saravia es un experto comerciante de ovejas, no comprenderá por qué siempre se habla de Peeedro. Si no se conoce de cerca a Washington Barreto, secretario de tránsito de la intendencia, impulsor del decreto del casco que tanto revuelo ha causado, no se sabrá quién es Sir Barrett. Y probablemente no se comprendan muchas otras alusiones.
La zona más espinosa del radioteatro es el título, una mezcla de épica y sordidez. Cuando Caballero estaba escribiendo los capítulos finales se le ocurrió hacer la "gran Suar". Pondría avisadores en el guión, con diálogos del tipo: "vamos a comer unos chorizos de la carnicería del Cacho". Caballero no pudo conseguir ningún chivo. Nadie quería aparecer en el vergonzante radioteatro. Pero al elenco no le faltó carne y vino gratis. Todos pusieron.
El último capítulo se emitió un martes de carnaval. Un amigo de Caballero le hizo una propuesta irrecusable: "Vamo` a sacar un carro de Tierra de Bufarrones, yo pongo el camión y lo manejo."
El carro alegórico reunió gran parte del imaginario de Tierra: una urna de acrílico que decía "Junta" llevaba tres gallinas (vivas). Estaban los personajes principales: el coronel Valverde, Sinforosa, y un grupo de meretrices liderado por un travesti gigante apodado El Viudo.
El desfile fue de locos. Natalia estaba disfrazada de bruja. Desoyó la ley seca que se le había impuesto y cayó al vacío desde el carro. "Ella salió corriendo con los tacos, calle Sánchez arriba. No la vi más", comenta Danilo sin inmutarse. La "Junta" se convirtió en sublime puchero de gallina ya de mañana.
Pero en Melo cualquier viso de normalidad es mera coincidencia. Una vecina sale al almacén. Bajo la sombra un señor, rendido ante la insistencia de todos, se deja cortar el pelo por el hermano del almacenero. "Es que estudió peluquería", dice Nicola, el mecánico, mientras con una pistola de aire comprimido limpia el excedente de pelos. "Yo soy el próximo", agrega. La vecina se olvida del almacén. Vuelve a su casa a buscar testigos que certifiquen lo que ve. En lugares donde escasean los metafísicos, el asombro no es difícil de encontrar.
LA CORPORACIÓN 1911 ENTRETIENE A LOS MELENSES Y ADEMÁS GANA CAMPEONATOS
Un campeón de futsal para la risa
DANILO CABALLERO tiene 34 años. Fue estudiante de Derecho en la Universidad de la República y de cocina en la UTU. Actualmente está finalizando el profesorado de Educación Cívica, Derecho y Sociología en un Instituto de Formación Docente del IPA. Es profesor de beneficiarios del Panes en Pueblo Isidoro Noblía, un poblado de Cerro Largo de poco más de 1.000 habitantes.
En 1997 viajó a Cuba a un congreso de pedagogía. Se quedó tres meses recorriendo la isla con un carné falso de la Unión de Juventudes Comunistas. Es ávido lector de múltiples diarios y revistas gracias a Carlitos Ponce, diariero y fiel hincha del Once.
Según sus propias palabras, cuando escribe no busca otra cosa que la complicidad y la sonrisa de la gente. Y la reflexión también.
Es director técnico de la Corporación 1911 desde 2003. Se toma su tarea con mucha seriedad, reconoce el deportivo humorista.
La Corporación se coronó campeona departamental de futsal en 1999, 2001, 2002, 2003, 2004, 2005 y 2006. En 2004 logró el tantas veces ansiado título de campeón uruguayo. Ganaron invictos.
La casa de Caballero es sede de la Corporación. Allí están todos los trofeos que el Once ha obtenido. También funciona como estudio de grabación de televisión y radio.
Aparte de las autoridades de rigor y un ministro plenipotenciario, el Once tiene un guía espiritual, el Chamán, que con su guitarra y su energía tridimensional lo acompaña en sus viajes por el país y le ha compuesto temas que ya son clásicos, como Son mis championes y Once llamando a Chamán. Luego llegó el CD titulado Alfredo Silvera y sus chamánicos. Con letra y música del Chamán, claro.