SANEAMIENTO: UN DERECHO BAJO TIERRA 

La salud, el pozo y la mentira

La universalización del saneamiento es uno de los objetivos que fijó la ONU para 2030. Uruguay reconoció que aún es un problema en el país y que hay más de 64 mil hogares sin acceso al servicio. La consecuencia inmediata, más que el confort, es la afectación en la salud: seis de cada 10 niños en zonas con riesgo socio-sanitario tienen parásitos.

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Saneamiento: un derecho bajo tierra. Foto: Marcelo Bonjour.

Cuando Lorena Falcón ve que a sus hijos les duele el estómago, sabe que tiene que volar hasta la policlínica del barrio. Sabe que no es una indigestión cualquiera. Los excrementos que pasan día y noche por las cunetas que rodean la casa de Lorena —y las de sus vecinos— contaminan la tierra donde juegan sus hijos, y son ellos los que pagan las consecuencias más seguido por la falta de saneamiento. Seis de cada 10 niños en zonas con riesgo socio-sanitario tienen parásitos en su cuerpo. Así lo constata una investigación de Uruguay Crece Contigo y la Facultad de Medicina, en base a una pequeña muestra de niños en el área metropolitana. El dato es una confirmación de lo ya hallado en una escuela de Malvín Norte y en Barros Blancos: las (malas) condiciones de vida de la población se reflejan en que más de la mitad de los niños tienen parasitosis intestinales.

A 25 minutos del Centro de Montevideo, entre el Marconi y Las Acacias, los días después de la lluvia son una pesadilla. El agua corre por las calles sin asfaltar, lleva de un lado al otro la mugre y forma un ambiente ideal para la concentración de parásitos. Estos gusanos van a parar luego al cuerpo de los vecinos, en especial de los niños que están en contacto con el agua que corre por la cuneta, causando diarreas, problemas respiratorios y patologías más solapadas: complicaciones en el crecimiento y en el aprendizaje. Son enfermedades que, más que cualquier encuesta, son "marcadores de pobreza", explica Ana María Acuña, profesora de Parasitología del Instituto de Higiene.

Esta realidad que afronta Lorena y los que viven en los 20 ranchos vecinos, se replica en los 64.667 hogares de Uruguay que no tienen acceso al saneamiento básico. Se trata de una cifra "baja" en relación a la región, pero "alta" en base a las consecuencias que trae y a la capacidad del país para afrontar el problema, dice Eduardo Brenes, catedrático de Acondicionamiento Sanitario de Udelar. Las zonas más urbanizadas, en especial de Montevideo, son las que tienen mejores indicadores. En el área rural el 9,2% de los hogares no cuenta con las necesidades básicas de saneamiento, mientras que en las ciudades desciende al 5,5%. Pero también sucede que en las zonas más densamente pobladas es donde hay más contagio de enfermedades.

Un grupo de parasitosis intestinales, las Helmintiasis Transmitidas por el Suelo (HTS), colonias de gusanos asociados a factores ambientales, son "las enfermedades tropicales desatendidas con mayor prevalencia a nivel mundial", señala Acuña. Según las Naciones Unidas, cada año mueren 1.3 millones de niños menores de 5 años por el uso de un saneamiento deficiente. De ahí que la universalización de este servicio sea una de las metas que fijó el organismo internacional para 2030.

"Es una meta muy difícil", reconoce el arquitecto Brenes. El saneamiento impacta directamente en el precio de la tierra. Hay quienes prefieren vender su vivienda que está ubicada en una zona conectada a la red y comprar en un lugar más barato. "Es un buen negocio, pero que implica la extensión de las ciudades".

Al mismo tiempo, la instalación del saneamiento es uno de los servicios más caros. La sola colocación de una cámara y un caño que se conecte a la red de alcantarillado cercana, si la hubiera, ronda los US$ 1.000. No en vano OSE, que se encarga de satisfacer este servicio en el interior (en Montevideo la Intendencia es la responsable), invierte US$ 50 millones por año, equivalente a construir de cero 25 escuelas de tiempo completo.

Desde la Organización Mundial de la Salud insisten en que es "una buena inversión". Según los cálculos de esta institución por cada dólar que se invierte en saneamiento se ahorran entre US$ 3 y US$ 4 en salud. El problema, explica Brenes, es que cada vez la apuesta cuesta más porque "al extenderse la periferia y al haber poca gente concentrada, son necesarios caños más largos".

Más allá de esta explicación económica, hay otro factor que, según los analistas, hace inviable cumplir con el objetivo de la universalización del saneamiento. En Uruguay se cuenta al pozo negro como una solución al problema y eso "es una mentira", señala Brenes. Una familia tipo llena un pozo reglamentario (5.000 litros) en 10 o 15 días. Las barométricas pasan, en promedio, cada seis meses. A veces el atraso responde a que el vecino no los llama (o no quiere pagar) y otras porque, según cálculos de Brenes, "es necesario multiplicar la cantidad de camiones quizás por 50" y aumentar concomitantemente las plantas receptoras de esas aguas.

El resultado es que los pozos se desbordan contaminando el entorno, y el agua ya contaminada por el contacto con las heces corre a cielo abierto o se filtra hacia las napas (las aguas subterráneas). En lugares de mayores ingresos, como en zonas del barrio Carrasco donde tampoco hay saneamiento, "la población tiene la posibilidad de llamar a la barométrica y pagar cuando quiere, pero en los sectores más vulnerables eso es imposible", comenta el arquitecto.

Si bien por normativa se prohíbe que los pozos sean permeables, es impensable cumplir con esta prohibición porque "se necesitarían otras soluciones que no hay", reconoce Daniel Greif, director nacional de Aguas. Incluso "hoy casi todos los estudios indican que para poblaciones de menos de 2.000 habitantes la mejor solución al saneamiento es un sistema barométrico centralmente gestionado", señala en Montevideo.com el secretario de Aguas, Carlos Colacce. Pero en el país cuatro de cada 10 hogares tienen pozo negro, y en "el interior supera al 50%".

Aún en el mejor de los casos, con pozos impermeables y con la cantidad de barométricas necesarias, el problema no estaría resuelto. "Los camiones tiran las aguas contaminadas que recogieron sin el adecuado control", acusa el arquitecto Brenes y recuerda cuando María Julia Muñoz, por entonces ministra de Salud, fue a inaugurar unas obras en Paysandú y mientras hablaba con los medios se veía a una barométrica volcando los desechos en el arroyo Sacra.

El incumplimiento de las barométricas es señalado en el documento que Uruguay presentó hace tres semanas en la conferencia Habitat III de Naciones Unidas. Se constatan "vertimientos ilegales de barométricas en terrenos o cuerpos de agua, y vertimientos autorizados por los gobiernos departamentales que incumplen la normativa nacional".

Parte de estas infracciones responden a la falta de control, de hecho el organismo regulador (Ursea) aún no se interiorizó en los aspectos sobre el saneamiento, reconoce el director César Falcón. La otra cuota de responsabilidad es la falta de plantas de tratamiento para quitarles el efecto contaminante a las materias orgánicas. "Muchas están desbordadas (como en La Paz y Pinar del Norte) o hay lugares que ni siquiera tienen", explica Brenes, "pero desde los organismos oficiales claramente se desestimula a que haya plantas privadas creyendo que el propietario no se hará responsable".

Tras la reforma constitucional de 2004, es el Estado quien debe garantizar este derecho. "Son obras caras que ni el Estado termina haciéndolas, menos aún un privado", sentencia Greif.

"Vivo entre la mierda".

Cuando se acercan las elecciones, Lorena Falcón ve cómo los políticos se acercan a su barrio. "Sacan fotos, hacen promesas y luego se olvidan, dejamos de existir", dice apretando los dientes, conteniendo la rabia. A su costado el hijo mayor la escucha atento. Él, dirá más tarde su madre, es la prueba de que el Estado se ha olvidado de las obligaciones que le asigna la Constitución. "Además de parásitos el gurí tiene plombemia (comprobada por la policlínica de Las Acacias) y nuestros ingresos apenas nos permiten cubrir el día a día".

Los niños son los más afectados por la falta de saneamiento en Uruguay. El 6,3% vive en hogares sin este servicio y en Salto el porcentaje crece al 10,4%, analiza el licenciado en Geografía Leonardo Olivera, en base a datos del Censo 2011. Es otra demostración de la "infantilización" de la pobreza, dice, y de como inciden los factores socioculturales.

Es que en uno de cada 10 hogares que no cuenta con saneamiento, sí tiene un auto o camioneta, según el Censo. Cuando no existen condiciones para construir sistemas formales de saneamiento a cargo del Estado, se suele pensar en formas "alternativas". Esto significa que será un sistema donde el usuario deberá preceptivamente tener participación activa en la operación y mantenimiento. Pero es muy difícil "pedirle a alguien en situación de extrema pobreza, que está pensando en el día a día, que debe planificar mejor e invertir en saneamiento", aclara Brenes.

En todo caso es el Estado quien debería planificar mejor, dice el catedrático de Acondicionamiento Sanitario. Y hace énfasis en el término "sanitario". Dice que hacer el foco ahí es estar pensando en salud. Lo mismo cree Roberto Gómez, reelecto concejal vecinal en Casavalle, a 700 metros de donde viven Lorena y sus hijos.

Para Gómez "hacer hincapié en el saneamiento también es una cuestión de derechos humanos". Recuerda que entre el pasado martes y miércoles, con las lluvias, el asentamiento Gustavo Volpe se vio colapsado por el agua que ingresaba en los hogares "con orín y todo". Pero el "gobierno prefiere invertir $ 12 millones en una pista de skate a cuatro cuadras".

En su defensa, Greif explica que desde Dinagua se está elaborando un plan de saneamiento (que se desprende del Plan Nacional de Aguas). Como parte de los estudios se está proyectando un acceso masivo a la red en Ciudad del Plata, obra que ascenderá a US$ 180 millones.

También la Intendencia de Montevideo anunció en septiembre el comienzo de obras en Manga, para dotar de acceso a la red a más de 20 mil ciudadanos. Según el intendente Daniel Martínez las labores finalizarán en cuatro años. Por último, Colacce agregó en el primer congreso nacional sobre saneamiento, realizado el martes, que Presidencia firmará un acuerdo con el BID para atacar la problemática.

Las zonas en las que más urge una solución, dicen desde OSE, son la cuenca del Santa Lucía, la microrregión Ruta 5 desde Progreso hasta La Paz y Ciudad del Plata. Brenes agrega que sería relevante atender también a las ciudades en pleno crecimiento, como Nueva Palmira, para "fomentar el desarrollo".

Los concejales de la zona del Marconi le explican a Lorena sobre algunas de estas buenas intenciones. Pero la madre de ella, que escucha mientras juega con la nieta, reclama: "Ya no creo en nada, vivo así hace más de 30 años... vivo entre la mierda".

Comprar la solución.

Montevideo es la ciudad con mayor extensión del saneamiento en red. Hay más de 2.900 kilómetros de cañería instalada, tantos como para construir una recta desde Uruguay hasta Perú. Sin embargo esta infraestructura sigue siendo insuficiente. La ONG Techo, que trabaja en los asentamientos de la capital, nota que "la Intendencia de Montevideo no ingresa a colocar el servicio en muchos terrenos porque son predios privados", explica Mara Fleitas, directora de Hábitat de la ONG. Distinto es lo que sucede en el acceso a la electrificación y el agua potable. Por eso Fleitas sugiere como primer paso la compra de esos terrenos. Lo siguiente es el compromiso de los vecinos. Eso sucedió en el asentamiento 7 de Diciembre, que desde octubre está conectado a la red. El proyecto comenzó hace dos años y costó US$ 78 mil. Pero gracias a ese esfuerzo de la ONG y privados se logró dar solución a más de 40 familias. Silvia Rodríguez (50) fue una de las beneficiarias. Ella vio cómo la obra partió de cero, se hicieron las cámaras principales y luego cada vecino se encargaba de su propia vivienda. El colector principal estaba a solo 50 metros, pero era inviable la conexión previa a la intervención. "Ya se nota un cambio en los olores, en la higiene", dice la vecina que espera con ansias pasar el primer verano sin "tantos mosquitos". Rodríguez recuerda que en esta zona de Sayago Norte, desde la Facultad de Agronomía hacia el Parque Lecocq, las enfermedades en los niños eran moneda corriente, incluso la hepatitis. "Ahora, esperemos, todo cambiará", concluye.

Foto: Techo.
Foto: Techo.
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