La Udelar ELIGE a su número uno

Roberto Markarian: "La reforma del Clínicas fue un logro"

Markarian va por la reelección confiado en la tradición que indica que los rectores repiten. Entre sus logros incluye haber hecho un plan para el Clínicas, aunque no se haya ejecutado. Cómo vive sus 71 años, por qué se hizo una ducha en el despacho y qué le perturba de que su rival sea Rodrigo Arim.

Roberto Markarian. Foto: Marcelo Bonjour
Roberto Markarian. Foto: Marcelo Bonjour

Roberto Markarian tiene la entrevista estudiada. El rector de la Universidad de la República (Udelar) sabe cómo contestar, con qué tono y cuándo reírse. Su risa marca el punto final de todas las respuestas, como si buscara la aprobación de su interlocutor y se dispusiera a pasar a la siguiente pregunta. Hasta que en la charla surge el nombre de Rodrigo Arim —exdecano de la Facultad de Ciencias Económicas y quien busca pelearle el puesto en las próximas elecciones al rectorado— y enseguida se pone serio. El gesto amable que lo acompañó durante más de una hora se transforma y baja la voz.

—Me sorprendió que Rodrigo Arim se postulara. Puedo decir categóricamente que yo fui de los primeros que le fueron a decir que no renunciara al decanato. Y no sé si hay cámaras acá filmando, pero cuando digo que fui de los primeros, es de los primeros. Me sorprendió muchísimo su decisión ahora— sentencia.

El tema se termina enseguida y no hay margen para seguir hablando de su rival. Si bien Markarian no lo dice, en su entorno consideran que está "desilusionado" con la actitud del exdecano. El rector le ofreció en tres oportunidades trabajar juntos si resultaba reelecto, pero Arim nunca contestó. La primera propuesta fue en marzo y la última en junio, luego de que se celebraran las elecciones universitarias. En ese momento ya se manejaba la posibilidad de que el economista se presentara como candidato y el rector prefirió no insistir; el mensaje era claro.

Si bien ambos llegaron de lugares diferentes —Arim es un frenteamplista independiente y Markarian un exmilitante del Partido Comunista—, encontraron la manera de acercarse en el período que está por terminar. Esa cercanía explica cómo se siente el rector y por qué tanta sorpresa con la decisión de su adversario. La causa que más los unió fue la reforma del Hospital de Clínicas, en 2016, cuando la única fórmula que ofreció el gobierno para empezar las obras fue hacerlo a través de la ley de Participación Público Privada (PPP). La Facultad de Ciencias Económicas era la encargada de realizar un estudio para analizar la viabilidad de esta propuesta y el rector la apoyó, porque uno de sus objetivos era la renovación del centro de salud. Entonces a Markarian lo acusaron de privatizador y de cambiarse de bando.

—En las redes sociales pedían que me muriera. Y no es un disparate lo que estoy diciendo, fue así: pedían que me muriera— recuerda.

El episodio del Hospital de Clínicas ya terminó, pero todavía pone en peligro su reelección. Si bien el proyecto fue descartado y hay que buscar una nueva alternativa de financiamiento para reformar el centro de salud, un grupo que lo apoyó en 2014 ya anunció que no volverá a hacerlo. La agrupación Susana Pintos, vinculada a Unidad Popular (UP), expresó públicamente que no lo acompañará en estas elecciones a partir de lo que ocurrió con la ley PPP.

Markarian se toma unos minutos para conversar sobre "los debes" de su gestión. Los relata de memoria, no tiene una lista como la que armó para contar sus "logros". Habla unos cuantos minutos y sonríe: es señal de que quiere pasar a la siguiente pregunta.

¿La reforma del Hospital de Clínicas no es uno de los debes?

—La reforma del Hospital de Clínicas cae en la categoría, aunque parezca mentira, de los logros de este período. Al menos ahora sabemos qué hay que hacer, cuánto cuesta y por dónde hay que empezar. Tenemos el plan de refuncionalización del Hospital de Clínicas, que implica mucho más que una reforma.

—Pero una agrupación ya anunció que no lo acompañará en la reelección luego de que usted apoyara la financiación mediante la ley de PPP.

—Yo no me comprometí con los que me votaron a hacer lo que ellos quisieran. Primó la meta en relación con los posibles acuerdos y ahí me pareció que el bienestar global era superior a las alianzas que yo hubiera tenido. La meta era cambiar el Clínicas y había que buscar todos los caminos que permitieran hacerlo. Para mí fue más doloroso parar que empezar con la PPP, lo digo con mucha seguridad, porque yo quiero que el Clínicas cambie. Una puerta que se me cierra me duele más que una que se me abrió; quisiera que eso se entendiera. Lo digo con mucha honestidad.

También le quedó en el tintero no haber podido modificar la ley orgánica, que regula el funcionamiento de la Universidad. La norma actual es de 1958, cuando el alumnado era 10 veces menor al actual: había 10 mil estudiantes y hoy son 110 mil. Ese marco legal fue pensado cuando algunas carreras y posgrados ni siquiera existían, por lo que solo seis facultades son contempladas y hoy hay 26 servicios. La Facultad de Ciencias, fundada en 1990, no tiene representación en el Consejo Directivo Central de la Udelar.

No obstante, Markarian ya no se plantea cambiar la norma si resulta reelecto. Dice que hay que ser realista. Lo que se propone es "abrir el debate", discutir qué artículos se quieren modificar y presentar la propuesta ante el Parlamento, que es el que debe votar las variaciones. Todo será sometido a revisión, incluso el inciso que establece que la Universidad sea gratuita, por lo que primero "hay que mirar con tranquilidad" la norma.

—De lo único que se habla es de la representación en el Consejo Directivo Central. Eso es superficial y hasta puede corregirse con comisiones, no hay por qué modificar la ley orgánica. Esto es mucho más profundo: es, sin perder la tradición, cómo concebimos la Universidad en el futuro— sostiene.

Termina la frase y se queda callado. No sonríe, falta algo más en su respuesta. Entonces cuenta que su experiencia como rector le demostró que "el ritmo de la negociación" no fue siempre como a él le hubiera gustado, por lo que debe ser cauto a la hora de ponerse metas para el próximo período.

—¿Esta aclaración es por Arim? Él se plantea cambiar la ley orgánica si resultara electo.

—No, para nada. Pero sí es posible que él se imagine otra cosa.

La gallina vieja.

En el entorno de Markarian prefieren utilizar una metáfora a la hora de hablar de las elecciones al rectorado. Dicen que el matemático de 71 años representa a la "gallina vieja" que supo manejar "el ruido del gallinero" y lo mantuvo a salvo. Cuentan que Arim es "una gallina joven" que seduce con sus "aires de renovación", pero no tiene la experiencia suficiente para liderarlo.

La decisión sobre quién gobernará debería tomarse a mediados de septiembre, cuando sesione la nueva Asamblea General del Claustro, que fue electa en junio y reúne a 112 miembros. Sin embargo, en el ambiente universitario no creen que ninguno de los dos candidatos consiga los dos tercios de los votos que necesita. Es probable, entonces, que el nuevo rector sea designado en octubre.

Y si bien en el ambiente de Markarian quieren capitalizar su edad, es una realidad que no se condice con uno de "los logros" de su gestión: el cambio en el estatuto del personal docente. Este documento regula el trabajo de los profesores, la efectividad y los grados, pero estaba desactualizado. Entre los cambios, la nueva norma establece que los docentes deben jubilarse antes de cumplir 70 años. De ser reelecto, el rector terminaría su mandato con 75.

—El nuevo estatuto del personal docente pauta un límite de edad que usted ya excede. ¿Esto no es una contradicción?

—La ley orgánica, que está por encima del estatuto del personal docente, dice que para ser rector hay que ser o haber sido grado 5 y tener un título expedido por la Universidad de la República.

—Pero la ley orgánica se quiere reformar. El estatuto es nuevo y plantea un límite.

—Límite de edad ya hay en mi facultad. Yo dejé de ser docente de la Facultad de Ingeniería el 12 de diciembre del año pasado.

Entonces hace una pausa y sonríe, es el fin de su respuesta.

Antes de presentarse a la candidatura les pidió permiso a su familia y a su médico. Según el rector, el especialista le dijo que está "mejor que hace cuatro años". No obstante, relata que trabaja 14 horas por día y pasa largas jornadas en ese gran despacho que tiene en la sede central de la Universidad. Tantas reuniones, videollamadas, presentaciones y entrevistas lo alejaron de la comodidad de su casa, hasta que hace pocos años se dio cuenta de que necesitaba algo nuevo.

—Me mandé a hacer una ducha. Una ducha simple: dos vidrios y nada más. No se imagine nada raro— dice.

Enseguida ofrece mostrar el baño, que fue reformado a pedido suyo. Quiere que se sepa que "realmente es sencillo", que "no tiene grandes lujos" y que la obra "está justificada".

—No quiero que me acusen de nada después. Imagínese los titulares diciendo que Markarian tiene un jacuzzi en el despacho. ¡Un disparate!— agrega.

Si tuviera que deshacer esa oficina dentro de pocas semanas, dice que no se llevaría muchas cosas. Tiene unos regalos personales —uno de ellos de parte de Hugo Chávez—, unas pocas fotos familiares y sus carpetas. Cuenta que hay muchas cosas para tirar, pero aún no quiso limpiar porque está a tiempo de ser reelecto.

La historia lo ayuda —y también lo presiona— porque todos los rectores gobernaron por dos períodos. Igual, "por las dudas", ya tiene un plan B:

—¿Cuál es?

—No se lo voy a decir, yo quiero seguir siendo rector.

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