Prescripción virtual

Recetas online: datos en la nube y negocio en puerta

El gobierno pondrá en práctica a partir de 2020 la receta médica electrónica, que busca sustituir al papel y permitirá comprar en cualquier farmacia del país. Cuidar la privacidad es el principal desafío de las autoridades, sobre todo porque la ley cataloga esa información como dato sensible.

Al instante: las recetas médicas de los pacientes se subirán a una plataforma en internet, a la que se podrá acceder desde cualquier farmacia.
Al instante: las recetas médicas de los pacientes se subirán a una plataforma en Internet.

En poco tiempo se terminan los garabatos inentendibles, esos que hay que leer una y otra vez para lograr descifrarlos. En el gobierno se propusieron crear la "receta médica del futuro", ya que se imaginan un país sin prescripciones de medicamentos en papel, donde los especialistas indicarán fármacos de forma virtual. Toda la información estará subida a una nube en internet, a la que todas las farmacias tendrán acceso mediante un usuario y una contraseña. ¿El principal riesgo? La privacidad, ya que se trata de datos sensibles y deben ser preservados.

El plan de las autoridades es que el nuevo sistema esté operativo en todo el país a partir de 2020. El funcionamiento será el siguiente: después de la consulta, las recetas de los médicos se cargarán a una plataforma web y los usuarios podrán comprar donde quieran. Una vez en la farmacia, los pacientes deberán decir su número de cédula y en el monitor se abrirá una pantalla con su información personal. El programa indicará qué medicamento debe tomar, en qué dosis y quién fue que lo prescribió.

El Ministerio de Salud Pública (MSP) y la Agencia de Gobierno Electrónico (Agesic) están detrás del proyecto, que se propone incluir a todas las farmacias del país, no solo las de las mutualistas y las de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE). Empezaron a trabajar a principios de año y mantienen reuniones mensuales con representantes del rubro, que les hacen sugerencias a las autoridades sobre cómo se debe implementar el sistema. Al principio no estaban incluidas las farmacias barriales, que pidieron una audiencia con el ministro Jorge Basso y le explicaron que si quedaban por fuera del circuito, las pérdidas económicas se volverían insostenibles.

La industria del medicamento está controlada por las mutualistas y ASSE: el 55% de las ventas anuales, según datos de la Cámara Única de Farmacias y Afines (CUFA), tienen lugar en los prestadores de salud. El sector público es el que más fármacos entrega, ya que atiende al 36% de los usuarios y brinda los fármacos sin costo. Menos de la mitad queda en manos del resto de las farmacias, que empezaron a ofrecer productos de cosmética, higiene personal y perfumería para mejorar sus ingresos.

Cómo cuidar la información de los pacientes una vez que funcione la nueva receta es lo que más preocupa a las autoridades. José Clastornik, director ejecutivo de Agesic, explicó que el gobierno está realizando consultas internacionales para saber cómo pusieron en práctica el programa electrónico en otros países. También les preguntaron a las mutualistas locales que ya prescriben los fármacos de forma virtual y solo entregan la receta en papel si el usuario la pide. Encriptar los datos, es decir, guardarlos bajo varias claves distintas, es la herramienta que tienen las autoridades para protegerlos.

Lo que no está claro es si el programa tendrá memoria y guardará un historial de las recetas, ya que eso permitiría rastrear qué consumieron los pacientes en el último tiempo. Clastornik sostuvo que "la filosofía del gobierno en estos temas" es no almacenar información, si bien consideran que en este caso podría haber fines epidemiológicos: estudiar qué medicamentos fueron indicados, quiénes los toman y por qué motivo es de interés del MSP. No obstante, en el gobierno estudian quitarles el nombre y el apellido a los datos una vez que ocurra la venta, para que la información sea estadística y no personal.

¿Es posible no formar parte del programa? Esa opción no está en los planes de las autoridades, por lo que todos los usuarios del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS) empezarán a comprar los medicamentos de forma electrónica una vez que se ponga en práctica. De todos modos, el departamento de Protección de Datos Personales de Agesic está trabajando con este tema y podría haber "consideraciones especiales" para aquellas personas que no estén de acuerdo con el nuevo sistema, aseguró el director de Agesic.

Un plan piloto comandado por el gobierno se implementó hace dos meses en el Hospital Maciel, en el Sanatorio Americano y en Camoc, una mutualista de Colonia. Clastornik explicó que lo pusieron en funcionamiento para "ajustar las clavijas" y desarrollar un sistema que se pueda aplicar luego en todo el país. Uno de los problemas que quieren solucionar ahora, por ejemplo, es cómo evitar que cualquier persona pueda comprar medicamentos con la cédula de otra. La idea es, además del número de documento, agregar una clave que solo el titular sepa, lo que permitirá proteger un poco más los datos. No obstante, también planean implementar un sistema de poderes, que habilite a alguien más adquirir los fármacos si el paciente no puede ir a buscarlos por motivos de salud.

Y si bien el plan ya se está ejecutando, Clastornik aseguró que todavía no fue presupuestado. Una vez que tengan los resultados del primer piloto, Agesic le informará al gobierno cuánto dinero debe destinar a informatizar los datos.

Un plan más grande.

La receta digital forma parte de un plan más grande: la historia clínica electrónica nacional. Este proyecto es uno de los objetivos sanitarios del quinquenio, por lo que en el gobierno esperan terminar su implementación antes de 2020. Uruguay será el único del continente en tener la información de los pacientes en una nube en internet, lo que permitirá que en cualquier rincón del país se pueda acceder a los datos para mejorar la atención hospitalaria.

Pasar de expedientes llenos de papeles a un índice digitalizado contribuye a organizar mejor la información, pero la protección de la privacidad de los pacientes también es un desafío en este caso. Los prestadores tienen hasta el 31 de diciembre de 2020 para enviar todos los datos sobre sus usuarios al Estado, que luego serán incluidos en la historia clínica electrónica nacional. Sin embargo, no les están pidiendo consentimiento a los afiliados para hacerlo, cuando la ley de protección de datos personales establece que la información de salud solo puede divulgarse con permiso del titular.

El programa Así nos va, de radio Carve, informó semanas atrás que el gobierno sabe desde el año pasado que debe pedirles su consentimiento a los usuarios para almacenar sus datos en la nueva historia clínica. Perla Escárcega, una profesional en sistemas computacionales que fue invitada como oradora a un evento organizado por Agesic en agosto de 2017, hizo referencia al caso de Estados Unidos en este tema: "En el estado de Nueva York, de 29,7 millones de pacientes, solo 7,6 millones han dado su consentimiento para compartir información entre los distintos profesionales de la salud. Este es un requerimiento básico y de partida para la conformación de una historia clínica electrónica", dijo.

Más de 40 instituciones empezaron a compartir las historias clínicas de sus pacientes con el Estado. ASSE, la Médica Uruguaya, el Hospital Británico, el Hospital Evangélico, entre otros prestadores, ya forman parte del sistema. Por el momento, solo cuatro mutualistas del interior cumplieron con el pedido del gobierno.

A la nueva base de datos tendrán acceso los médicos y el personal de las instituciones sanitarias, el Ministerio de Salud Pública y Agesic, que realizará tareas de mantenimiento y soporte en la plataforma. A su vez, Antel brindará una red privada de internet de alta velocidad. Una vez subida, la información estará conectada y será actualizada en tiempo real.

Rendición no prevé fondos para historia clínica digital

La implementación de la historia clínica electrónica y la modernización de los procesos asistenciales cuesta dinero. Búsqueda informó meses atrás que asesores del sector mutual habían calculado en 2017 que la implementación del nuevo sistema tendría un costo de US$ 80 millones, que debían ser entregados por el Estado como sobrecuota de inversión, un dinero que se les paga a los prestadores para que mejoren su infraestructura. Esos fondos se usarían, sobre todo, en software y tecnología. Sin embargo, el proyecto de Rendición de Cuentas presentado por el Ministerio de Economía este año no prevé otorgar dinero a las mutualistas para que implementen el proyecto electrónico. Mientras tanto, las empresas de salud deben seguir avanzando en este plan, ya que por decreto de Presidencia, antes del 31 de diciembre de 2020 tienen que haber digitalizado la información de sus afiliados.

Las farmacias de barrio miran con ganas el nuevo plan del gobierno
Atención. Más servicios al cliente es la premisa para diferenciarse. (Foto: Shutterstock)

Las farmacias barriales perdieron terreno en la venta de medicamentos, ya que el 55% del mercado está en el mutualismo o en ASSE. Un factor que incidió en esta caída es que ya hay prestadores de salud privados que recetan de forma electrónica, por lo que la prescripción de los fármacos se ingresa a un sistema interno de la empresa y se vuelve difícil conseguir la receta en papel para comprar afuera.

Sin embargo, el nuevo proyecto del gobierno sobre receta médica electrónica, que se implementará a partir de 2020, les da esperanza a los pequeños farmacéuticos y a las cadenas, que habían diversificado su negocio para aumentar los ingresos, según informó El Empresario. La mayoría de ellos se especializó en cosmética, perfumería e higiene personal para hacer frente a esta baja.

Alfredo Quintans, gerente de la Cámara Única de Farmacias (CUFA), reconoció que el nuevo proyecto les permite ingresar a la base de datos estatal, donde estarán subidas las recetas de todos los usuarios del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS), por lo que podrán "volver a competir".

"En la práctica, el papel no funciona. Porque ya encontramos una trampilla que hacen las mutualistas y es que ponen obstáculos a los pacientes que les piden las recetas en papel: los hacen subir a tal piso, los hacen volver a bajar, hasta que la persona se cansa y termina comprando en la farmacia de ahí", sostuvo.

Las cadenas también sintieron la baja en la venta de medicamentos mediante las recetas en papel. Martín Sorrosal, gerente general de Farmashop, reconoció que el 55% de los ingresos de la empresa dependen de la comercialización de fármacos, un número que sufre una caída de 2% todos los años. Para combatir el problema, la compañía también se especializó en belleza y lanzó una marca específica para el cuidado de la estética.

Sorrosal consideró que la nueva receta electrónica será una "muy buena oportunidad" para los farmacéuticos, que deberán encontrar otras estrategias para competir con el mutualismo. "La farmacia comunitaria puede resultarle mejor al cliente por cercanía, por la poca espera y si logra acuerdos con bancos para ofrecer descuentos", dijo. Otro diferencial, según el gerente, es que el mutualismo maneja poca variedad de marcas, mientras que las cadenas tienen más opciones.

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