Leonardo Haberkorn
Qué loco Stirling. Cómo se le ocurre exigir una autocrítica a los líderes de su Partido Colorado apenas un año después de la peor derrota electoral de su historia.
¿No sabe acaso Stirling que en Uruguay las autocríticas están prohibidas?
Los mayores desastres uruguayos van siempre acompañados de increíbles reivindicaciones de lo realizado, no importa qué tan estrepitoso haya sido el fracaso. Acá no hubo ningún error, dijo un informe de la Dirección de Meteorología después del ciclón que fue pronosticado 48 horas antes en el sur de Brasil pero aquí no. Hubo apenas alguna pequeña desinteligencia, ninguna renuncia y diez muertos.
¿Alguien tiene noticia de una autocrítica de los funcionarios y de quienes dirigían el Banco Central cuando se esfumaron miles de millones de dólares de los bancos? El país se fundió, no pasó nada grave.
¿Oiremos alguna vez una autocrítica de quienes impulsaron los negocios ruinosos de Ancap en Argentina? No, para qué, cualquiera puede equivocarse y qué son 200 millones de dólares más o menos.
¿Y del anterior presidente que llamó a la gente a endeudarse en dólares semanas antes de la devaluación?
¿Y del actual secretario de la Presidencia que, como abogado, defiende a las empresas que evaden al Estado?
Habrá que dejar pasar mucho el tiempo. Stirling debería saber que las autocríticas en Uruguay recién se empiezan a procesar varias décadas después de que el desastre ocurrió. Ya lo dijo Fossati: no es tiempo ahora de analizar por qué no estaremos en la Copa del Mundo de Alemania 2006. Los uruguayos todavía estamos esperando la autocrítica de lo que pasó en Alemania ’74.
Llevamos más de 15 años aguardando que la izquierda haga la autocrítica pendiente desde el colapso de la Unión Soviética. Llevamos más de 30 esperando una autocrítica oficial de las Fuerzas Armadas sobre lo que ocurrió en la dictadura. Llevamos 45 años esperando que todos aquellos que alentaron la lucha armada en los años 60 digan con sinceridad todo lo malo que ella le trajo al país. Y llevamos más de 50 años esperando que los partidos tradicionales hagan la autocrítica de cómo fue que la democracia uruguaya se hundió en un mar de acomodos y clientelismo.
Así, para el próximo siglo, podemos esperar la autocrítica de los que aplaudían de pie a Menem y Cavallo, la autocrítica de las intendencias de Andújar y Hackenbruch, y la autocrítica por los mil plebiscitos que organizó el Frente Amplio en contra de la asociación del Estado con capitales privados sólo para descubrir, ahora, que esa solución no era mala, es buenísima.
No le será fácil al ex ministro Stirling, que abandonó el Foro Batllista por su falta de autocrítica, encontrar un nuevo grupo político dispuesto a autocriticarse. Ciertamente, no podrá ir a la Lista 15, que luego de encabezar uno de los gobiernos más catastróficos de la historia nacional, insiste en que aquello fue casi perfecto. No hubo "voto castigo", aseguró el ex presidente Jorge Batlle esta misma semana. ¿Acaso los trabajadores querrían castigarlo por haber perdido el 25% de su salario real? ¿Acaso querrían castigarlo las casi 400.000 personas que cayeron en la pobreza en su gobierno?
Es que el mea culpa no es bienvenido en Uruguay. Y quien lo propone lo paga caro. Stirling ha podido sentirlo esta semana en carne propia, con las frases hirientes que le dedicaron sus compañeros y correligionarios.
"Stirling es una persona de bien, pero no es un líder de primera línea", dijo el diputado José Amorín Batlle. "Muchos compañeros entendieron que Stirling no afloró como candidato con las condiciones que traía del Ministerio del Interior", dijo el ex vicepresidente Luis Hierro.
Pero Hierro López, Amorín Batlle (y Stirling) ya tuvieron su oportunidad en el gobierno y Uruguay no afloró mucho que digamos. Es por eso que el ex ministro del Interior y también el dirigente colorado Ope Pasquet vienen pidiendo con insistencia una autocrítica. Y no son los únicos.
Esta semana, en una entrevista que publicó El Observador, le preguntaron al senador blanco Luis Alberto Heber si el Frente Amplio está incurriendo en prácticas clientelísticas al nombrar funcionarios en la actual administración.
Heber respondió, autocríticamente, que en materia de clientelismo, los partidos tradicionales cometieron pecados peores que los que hoy realiza el Frente Amplio.
"Ése es uno de los grandes defectos de los partidos tradicionales. Nos equivocamos mucho. La gente nos condenó por ese tipo de cosas y está bien. Tenemos que aprender de eso y no repetirlo", dijo.
Curiosamente, Heber agregó que no se sentía en condiciones de criticar al Frente Amplio por nombrar a gente no capacitada, como León Lev, al mando de un organismo técnico, por los pecados clientelísticos anteriores de los partidos tradicionales.
Tiene razón Heber: el que no hace la autocrítica, no es creíble para criticar al otro. La falta de autocrítica paraliza cualquier sistema.
¿Será por eso que el Uruguay no anda?