FUGA DE SERVICIOS

Un pueblo que creció, se quedó sin casas y se niega a desaparecer

La población de Independencia, en Florida, creció y no alcanzan las viviendas. Las oficinas públicas cierran y Mevir se niega a construir allí, aunque tiene terrenos sobrantes de otros planes, debido a la falta de servicios. ¿Qué problemas enfrenta una pequeña localidad cuando quiere crecer?

La población de Independencia, en Florida, creció y no alcanzan las viviendas. Foto: Fernando Ponzetto
La población de Independencia, en Florida, creció y no alcanzan las viviendas. Foto: Fernando Ponzetto

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Los vecinos de Independencia, en Florida, saben que esta es una mañana de audacia. Nunca antes, en 146 años de fundación, se manifestaron públicamente. Por eso empiezan a preparar el corte en la ruta 77 con timidez. Llegan con pancartas que reclaman que “50 familias no tienen techo”, carteles escritos a mano que denuncian que les “sacaron los servicios”. Empiezan a juntar firmas, aprontan los volantes, alguien atina a pasar canciones de Alfredo Zitarrosa, sube el volumen, y luego se arrepiente.

Como, a pesar de varios intentos, no hay una ley que categorice los centros poblados e indique qué los constituye, a Independencia sus vecinos lo llaman “pueblo”; la intendencia, “villa”, y el Movimiento pro Erradicación de la Vivienda Rural Insalubre (Mevir), le dice “paraje”. Solía ser una parada de tren hasta que, primero en 1970 y después en 1990, Mevir construyó dos núcleos que hoy representan 114 de las 140 viviendas que existen.

La ruta es la calle principal de esta villa, cuyas calles no tienen nombre sino números, pero a los números nadie los usa: acá las indicaciones se dan en torno a “Mevir uno” -de un lado de la ruta- y “Mevir dos” -del otro lado. Ubicada en el corazón de la cuenca lechera, su consolidación está ligada inexorablemente a la creación de vivienda.

Independencia es una de las 103 pequeñas localidades urbanas con entre 300 y 1.500 habitantes que hay en nuestro país. Aunque durante décadas tendieron a achicarse, esta villa sumó 126 pobladores desde el último censo. Eran 396 en 2011 y hoy calculan que son 520. La situación es que los hijos y los nietos de los beneficiarios de los primeros planes ya no tienen casas donde vivir, porque lo poco que había para alquilar ya está tomado, y los terrenos que están a la venta son prohibitivos para estos trabajadores rurales cuyos sueldos rondan los $10.000 y $ 15.000.

Son entre 55 y 60 las familias que están agregadas en hogares de padres o hermanos. Otras tantas habitan en casas que los patrones les dan. Esos son los casos más graves ya que, según relatan, las malas condiciones de estas viviendas -sin pozo negro, con filtraciones de agua cada vez que llueve, asediadas por cucarachas y roedores- les han generado a sus habitantes enfermedades, entre ellas leptospirosis. Fueron los vecinos más jóvenes los que cinco años atrás solicitaron en Mevir -la principal vía de acceso a la vivienda en el medio rural- que se construyera un nuevo núcleo. Pensaron que el trámite sería sencillo, puesto que quedaron terrenos sobrantes de las obras anteriores y, además, ofrecieron un predio de cinco hectáreas que un productor local estaría dispuesto a donarles.

Independencia creció en torno a los dos núcleos que allí construyó Mevir. Foto: Fernando Ponzetto
Independencia creció en torno a los dos núcleos que allí construyó Mevir. Foto: Fernando Ponzetto

Según relatan, y confirma el intendente de Florida, Carlos Enciso, Mevir primero les dijo que sí y envió personal para estudiar la zona. Pero, el pasado 8 de abril, en un comunicado enviado a la intendencia, notificó que había cambiado de idea, y les propuso a los independientes postularse al llamado que se abrirá en dos meses en la villa vecina de Cardal.

Cardal queda a ocho kilómetros. Esa distancia que puede parecer mínima -“solo a ocho kilómetros”, dice la resolución de Mevir-, para estos vecinos representa demasiadas pérdidas. Los perjudicaría económicamente, pero también los estaría desarraigando de un lugar en el que generaron una orgullosa identidad. Sienten que con su partida estarían condenando la continuidad de servicios que corren peligro de desaparecer. Por eso hoy, por primera vez en su historia, protestan en nombre de Independencia: de su independencia.

Un poco más solos

Esta es una manifestación sin cánticos ni aplausos. “Tendríamos que haber pensado en poner un parlante”, conversan unas señoras. El líder del grupo es Matías Gallardo, un joven que ronda los 30 años, de temperamento tranquilo y tenaz, al que todos los vecinos consultan. Se propuso llamar la atención de la presidenta de Mevir, Cecilia Blanco, que este mediodía estará a unos pocos kilómetros realizando un sorteo de llaves en un núcleo de 25 de Agosto, del que también son beneficiarios pobladores de Capurro e Ituzaingó.

Gallardo quiere que esta protesta sea potente pero pacífica, y tan pacífica es que todos los vehículos cruzan. Antes de que pisen el acelerador, los independientes se acercan a las ventanillas y les cuentan que están perdiendo los servicios, y que les niegan viviendas para responder al crecimiento de su población.

Esta protesta, sobre todo, se trata de eso: de un pueblo que quiere crecer.

En el documento enviado a la Intendencia -y también para este informe-, la presidenta de Mevir justificó la decisión con un viraje en sus lineamientos políticos. El objetivo de esta estrategia es “minimizar la expansión de centros poblados”, por eso “se piensa en regiones en lugar de localidades”. En Cardal se planea invertir en un nuevo sistema de saneamiento y allí se construirán las viviendas para responder a la demanda de Independencia, Cardal y 25 de Mayo, “ya que posee mayor infraestructura y servicios”.

Eliana Machado instaló a su familia en la casa materna, donde viven otros tres hermanos y su madre. Foto: Fernando Ponzetto
Eliana Machado instaló a su familia en la casa materna, donde viven otros tres hermanos y su madre. Foto: Fernando Ponzetto

-¿Cómo vamos a tener servicios si no podemos crecer? Para crecer necesitamos a Mevir, porque siempre ha sido nuestra llave al progreso -plantea Gallardo.

Los independientes son inexpertos, pero organizados. Otra vecina, Elizabeth Suárez, la guardiana de las firmas juntadas que le presentarán a Blanco, enumera las fechas que les señalaron que algo empezaba a cambiar en su entorno.

El 7 de diciembre de 2018, el Banco de Previsión Social dejó de pagar las jubilaciones y pensiones en un salón que tenía en la villa. Apenas 27 días después, Antel cerró su oficina, que funcionaba en el living de una vecina. El pasado 6 de enero se fue el Correo, otra agencia doméstica donde se cobraban las facturas de los entes. Y cerró OSE. Y se jubiló la enfermera. Esto dejó a la villa huérfana de quien los atendía fuera del horario reducido de la policlínica, que “se llovía” hasta que juntaron dinero entre todos y la repararon.

Para no lamentar muertes, los vecinos volvieron a ahorrar y compraron un desfibrilador, que unas semanas atrás le salvó la vida a uno de ellos. El que lo sabe usar es el único policía que vive en el destacamento. A él todos lo llaman por el nombre de pila: Mauro. Los independientes, más solos que nunca, lo convirtieron en la autoridad local: él entrena a los niños en baby fútbol, resuelve los hurtos -“cuatro en cuatro”, comentará para este informe-, media en las discusiones familiares y, si es necesario, se convierte en doctor. Fue Mauro el que les pidió que a la ruta “no la cortaran del todo”, y ellos le obedecieron.

Para Beatriz Carlini, una de las pobladoras mayores, este retiro progresivo del Estado perjudica sus derechos humanos.

-Si hubiésemos actuado desde el primer cierre quizás esto no habría pasado. Pero estábamos dormidos, no entendíamos lo que nos estaban haciendo.

Miriam Moreira fue durante 33 años la representante del Correo en Independencia. Foto: Fernando Ponzetto
Miriam Moreira fue durante 33 años la representante del Correo en Independencia. Foto: Fernando Ponzetto

Redituable sí, redituable no

En los cinco años que esperaron la respuesta de Mevir, los vecinos se organizaron en comisiones y sacaron a los caballos de la plaza para colocar juegos infantiles y aparatos de gimnasia; corrieron a decenas de perros callejeros de los terrenos baldíos para cortar los pastos largos; empezaron a celebrar la fundación del pueblo con dos días enteros de festejos; presentaron ante la Junta Departamental un listado de vecinos ilustres para ponerles sus nombres a las calles y, entre todos, están redactando un anecdotario del pueblo. El documento lo guarda Ema De la Cruz, la directora de la escuela -que diseñó Eladio Dieste-, a la que asisten 50 niños.

Si los pobladores más jóvenes se instalaran en Cardal, con ellos se irían los niños. Esos ocho kilómetros de distancia, para ellos se miden en imaginar a la escuela y a la policlínica cerradas. También es un problema económico. El traslado a Cardal -ya sea para participar de la construcción de las viviendas como para vivir, cuando ellos trabajan en Independencia- representa un costo de $ 45 cada boleto. En salarios tan magros este presupuesto pesa. Ya les pesa cada vez que deben viajar hasta el Red Pagos ubicado en Cardal, o hasta Santa Lucía -a 18 kilómetros- para pagar las cuentas.

Aunque el gobierno apostó a consolidar estructuras institucionales en localidades de más de 1.000 habitantes generando municipios, donde la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) despliega proyectos para recuperar la identidad, Pedro Apezteguía, director de Descentralización e Inversión Pública, reconoce que las más pequeñas “si no tienen un ancla productiva, tienen problemas para acceder a los servicios”. Agrega que se está discutiendo con intendentes para cuántos habitantes tener servicios, “porque esto implica tener estructuras que los presten, cuando hoy la tecnología permite que estas oficinas se vayan retirando, y que no se diga que hay muchos empleados públicos”.

Adriana Peña, intendenta de Lavalleja, presidenta del Congreso de Intendentes y de la Comisión de Ordenamiento Territorial de este organismo, es más drástica y a este retroceso del Estado lo ve como “un desmembramiento compulsivo del interior”. El cierre de las oficinas de entes públicos, de juzgados, de destacamentos policiales, de sucursales del Banco República, de los hospitales convertidos en policlínicas, es una preocupación compartida entre intendentes, dice. Además, cree que hay pocos cajeros instalados para responder a las exigencias de la Ley de Inclusión Financiera. “Los pueblos pequeños, si no reciben un shock de medidas, van a seguir perdiendo población”, dice. Por eso anuncia que próximamente el congreso recibirá a la presidenta de Mevir para discutir los nuevos lineamientos.

Beatriz Carlini e Ivana Gallardo junto a otras vecinas, escuchando el resumen de la reunión con la directora de Mevir, Cecilia Blanco. Foto: Fernando Ponzetto
Beatriz Carlini e Ivana Gallardo junto a otras vecinas, escuchando el resumen de la reunión con la directora de Mevir, Cecilia Blanco. Foto: Fernando Ponzetto

La mirada del intendente de Florida coincide. En su departamento, el segundo del país con mayor población rural, hay decenas de localidades minúsculas que plantean el desafío de definir cómo debe acompañarse su crecimiento cuando este ocurre. “Se está privilegiando la concentración cuando el discurso del gobierno es descentralización, y Mevir está siguiendo esa corriente. ¿Cuál es el mensaje?, ¿vayan a las capitales? Hay una suerte de emigración cuasi forzosa”, opina.

Las razones de Mevir

Gallardo y otros tres integrantes de la comisión de vecinos asumen que Blanco no vendrá hasta el corte de ruta y deciden trasladarse hasta 25 de Agosto en su búsqueda. Quieren llegar antes de que comience el sorteo de llaves del núcleo allí construido, “para no arruinar un lindo momento”. La presidenta de Mevir los recibe y la reunión dura una hora. Cuando termina, ellos salen con la cabeza gacha. Les cuesta imaginarse cómo la confirmación de la decisión impactará en los vecinos que esperan las novedades sujetando pancartas.

Blanco expone varias razones para descartar la obra en Independencia, y la principal está relacionada al saneamiento. “El tema es tener la tierra, pero también todos los servicios adecuados para poder construir viviendas. Los servicios son luz, calle, agua y saneamiento, que es el más caro y más difícil porque debe adecuarse a las normas ambientales. Tenemos sí terrenos remanentes, pero no tienen capacidad de ser saneados”.

Mevir tiene un convenio con OSE mediante el cual ellos realizan la inversión al construir y luego el ente se encarga de continuar la gestión. Según Blanco, el sistema instalado en Independencia junto al núcleo inaugurado en los ‘90 “no admite incorporar una mayor cantidad de viviendas”. Habría, entonces, que invertir en un sistema nuevo y esto se hará en Cardal. Fuentes locales de OSE dijeron que no estaban al tanto de que se hubieran analizado los terrenos de estas dos localidades desde esta perspectiva.

Cristina Chagas y David Berriel viven con sus dos hijos en una casa de material con chapas agujereadas, forradas con nylon. Foto: Fernando Ponzetto
Cristina Chagas y David Berriel viven con sus dos hijos en una casa de material con chapas agujereadas, forradas con nylon. Foto: Fernando Ponzetto

Si de gastos se trata, los vecinos retrucan: mientras que en Cardal Mevir deberá comprar tierras, en su villa tienen remanentes, y además las cinco hectáreas del padrón privado que sería donado. Blanco dice que ese terreno no puede utilizarse “ya que el suelo está categorizado como rural y Mevir, por ley, solo puede actuar en suelos urbanos”. En un documento al que accedió El País, el intendente Enciso ofreció la recategorización. No es la primera vez que aplican esta medida para acompañar “los empujes de Mevir en localidades”, cuenta Marcos Pérez Machado, director General de Obras de la comuna. Aclara: “El problema es que fija un criterio para algunas zonas y luego lo cambia y lo modifica, y esto genera caos”.

¿Cuál es entonces el problema para construir en Independencia? Blanco concluye, finalmente, que se trata de un cambio de política. “Mevir piensa en una región, ya no interviene en una localidad. Ahí no hay posibilidades de hacer una nueva urbanización sustentable porque este proyecto abarca un área rural mucho más amplia que Independencia, que también incluye 25 de Mayo y Cardal. Este tema tiene que ver con el acceso a una mejor calidad de vida de las personas, acceso a los servicios de salud, de educación, de esparcimiento, de formar comunidad. Es un problema bastante más complejo porque trasciende la vivienda; lo que queremos es generar hábitat”.

Cardal triplica la población de Independencia y tiene problemas habitacionales serios. Allí hay ranchos de lata y de nylon. Mevir prevé construir 80 unidades para responder la demanda de la región, pero únicamente en Cardal hay más de 100 familias que se inscribirán al sorteo y de Independencia son al menos 55. Todavía falta sumar a las de 25 de Mayo.
Los números no cierran y esta podría ser la única esperanza para la gente de Gallardo. La presidenta de Mevir asegura que, “de constatarse una demanda no percibida en los estudios previos, a Independencia se le dará respuesta”.

Contra el no

José Freitas, el director nacional de Ordenamiento Territorial, cree que debe interpretarse bien el planteamiento de Mevir. “La idea de trabajar a nivel regional me parece muy razonable. Uno no puede mirar una localidad aislada y construir un centro poblado ahí, como se hacía antes y generó muchos problemas. Ese no es un objetivo de ordenamiento. Se debe pensar en región por una cuestión de optimización de recursos, porque construir bien implica acompañar las viviendas de servicios. Hay que entender que no se construye solo vivienda, sino pueblo”.

La discusión que está en segundo plano en el conflicto de Independencia es cómo lidiar con el crecimiento de las pequeñas localidades urbanas. La manera de verlo cambió con la Ley de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Sostenible de 2008. Pérez Machado, el director General de Obras de Florida, lo explica así: “Veíamos el crecimiento como algo natural, el Estado no tenía que estar tan pendiente de lo que hacía el vecino. La ley nos obligó a cambiar la forma de verlo, ahora tenemos que señalarle al vecino para dónde tiene que ir, porque hay que poder costear los servicios que implica la expansión de un centro poblado y no duplicarlos. Esa forma de pensar nunca la habíamos tenido. Es importante ordenar el crecimiento, pero el correlato es: ¿qué hacemos con lo que ya está creado, tiene identidad y quiere crecer?”.

Son casi las cinco de la tarde y están a punto de levantar la protesta. Hay más vecinos que antes y ahora sí lucen combativos. Enterados de la noticia, las quejas se confunden y se escuchan acusaciones de discriminación hacia los trabajadores rurales. Los que viven en los tambos son los más decepcionados.

Cecilia Blanco reunida con representantes de Independencia. Foto: Fernando Ponzetto
Cecilia Blanco reunida con representantes de Independencia. Foto: Fernando Ponzetto

-En la casa del patrón manda el patrón. Tenemos que soportar todo tipo de impertinencias para que no nos eche a la calle porque si me echa, ¿a dónde me voy con mis hijos si acá ni siquiera hay casas para alquilar?- dice una vecina.

Habla de jornales no declarados, horas extras impagas, días libres no tomados, restricciones de uso de luz, lo que condiciona el acceso al agua -que es a bomba- y de barriales que se forman cada vez que llueve. Esos días ni las motos pasan y los niños no van a la escuela.

La rodean otros pobladores en su misma situación, que asienten con temor. No quieren que sus nombres se publiquen para no correr riesgos, porque en Independencia perder el techo es perderlo todo.

MÁS

Localidades pequeñas, ¿ya no están tan aisladas?

José Freitas, director nacional de Ordenamiento Territorial, dice que aunque en las últimas décadas se constató un descenso de la población en localidades de menos de 2.000 habitantes, no puede confirmar la continuidad de esta tendencia porque ha habido varios factores de cambio -más acceso al transporte, mejoras en la viabilidad, avances tecnológicos que permiten una comunicación fluida- que podrían estar alterando la condición de aislamiento a la que están asociadas. Además, recalca que estas comunidades están muy vinculadas al entorno productivo de la zona. Marcos Pérez Machado, director general de Obras de la comuna, opina: “Los que protestan en Independencia son algunos de los que permiten que llegue la bolsa de leche a los supermercados. Tenemos que discutir de qué manera les llevamos sus pedidos”. Según un relevamiento que realizó la Intendencia de Florida, faltan 800 viviendas para establecer una equivalencia de un hogar por familia. Si se consideraran las que están en malas condiciones, pero están habitadas, la cifra se duplicaría.

MÁS

33 años con el correo en casa y 16 siendo una agencia de Antel

Miriam Moreira no lo pensó dos veces: 33 años atrás, cuando se enteró de que la vecina que recepcionaba y enviaba el correo del pueblo se jubilaría, escribió una carta a mano al director del ente solicitando el puesto. Le dijo que sí. La suya -por supuesto, una vivienda de Mevir- es la única con un cartel de alarma en la fachada. En el living de su casa recibió encomiendas, cartas y cobró facturas, envió y recibió giros. Nunca le robaron. Todas las cartas las entregó a pie. Al principio intercambiaba la documentación cada vez que pasaba el tren; luego fue con la compañía de ómnibus Cita, y en los últimos tiempos pasaba cada día la camioneta del Correo. A los 65 años Moreira se jubiló y la agencia cerró en Independencia. Su hijo, que tiene una discapacidad, fue contratado para trabajar en otra localidad. Frente a la casa de Moreira vive Gloria López, su cuñada y exempleada de Antel. Esta agencia también funcionaba en un living. Su historia es más estresante ya que la oficina funcionaba 24 horas los 365 días del año. Cuando cerró, López dice que el golpe fue tan fuerte que se enfermó.

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