crece la industria del libro en uruguay

Contra todo pronóstico

En silencio y sin gran publicidad, la venta de libros impresos sigue conquistando al público uruguayo, una realidad que es bien distinta en el teatro, el cine y los museos. Pero en la letra chica el éxito da lugar a las críticas: los autores extranjeros ganan terreno y las importaciones superan a las exportaciones.

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En 2015 las importaciones superan por US$ 40 mil las ventas hacia el exterior. Foto: F. Ponzetto

Cuando llegó el Kindle, la industria editorial cerró filas y declaró: "¡Sacrilegio!". Pero el libro digital, al menos en Uruguay, aún no ha tenido la penetración que se avizoraba. De hecho, las editoriales tradicionales, las mismas que se escandalizaron con la perspectiva de que la gente comenzara a leer los clásicos en pantallas, se han venido acoplando en los últimos años a las nuevas tecnologías y las que no lo hicieron siguen disfrutando el privilegio de estar en un mercado rentable. En el país la lectura vive y lucha en comparación con otras actividades como el teatro, la danza y el cine, que ven año a año una desaceleración. La industria editorial logra mantener los números o, en todo caso, registra descensos que no tienen mayores consecuencias. La literatura infantil pasa por "uno de sus mejores momentos". Y las ferias del libro mantienen una "aceptable" venta. Todo parece una novela romántica, pero la estantería está más floja de lo que parece.

Puede que Uruguay exporte carne y futbolistas, pero en lo que a libros impresos refiere, la balanza comercial sigue siendo desfavorable. En lo que va de 2015 las importaciones superan por US$ 40 mil las ventas hacia el exterior. El dato proporcionado por el instituto Uruguay XXI coincide con la visión que las editoriales tienen del mercado: los autores extranjeros son quienes gobiernan y las empresas internacionales acaparan más de la mitad de la plaza, con un claro despegue de Penguin Random House cuando adquirió a Santillana. La editorial con casa matriz en Alemania es la quinta más poderosa del mundo. En 2014 cotizó US$ 4.046 millones.

El gusto por lo extranjero queda claro en los hábitos de los uruguayos. Al ser consultados por el origen del autor del último libro que leyeron, solo el 21% recuerda haber optado por un escritor nacional, según el Tercer Informe de Consumo Cultural que elabora el Observatorio de Políticas Culturales de Udelar. ¿En qué afecta? En el último año el país recibió US$ 1 millón en concepto de propiedad intelectual. Sin embargo, tuvo que pagar US$ 38 millones.

El atractivo de un juez corrupto, el crimen de un político y el misterio de una familia asesina, ejemplos englobados en la novela negra, explican parte del fenómeno. Es que este género sigue conquistando adeptos. De hecho, es el preferido por más de la mitad de los uruguayos (52%) y tiene sus máximos exponentes en autores nórdicos. Por supuesto que también cosechan seguidores los escritores locales, o al menos hispanohablantes, pero "los europeos tienen un aparato de publicidad con el que es difícil competir", dice Álvaro Risso, vicepresidente de la Cámara Uruguaya del Libro. "Llegan con la fama de una película o ya siendo un bestseller".

"Puede que Uruguay exporte autores, como sucedió con (Mario) Benedetti o (Eduardo) Galeano, pero la impresión y edición de sus libros se realiza en el extranjero", señala Risso, quien además de directivo es propietario de la librería Linardi y Risso. Varios de los escritores nacionales, a su vez, deben optar por una editorial internacional para hacer llegar sus productos a otros países, indica el escritor Ignacio Martínez, quien tiene 104 títulos publicados. En su caso trabaja con las uruguayas Banda Oriental y Fin de Siglo, y la española Planeta.

"Es parte de la libre competencia", dice Risso. "Quienes tienen mayores recursos pueden pagar una mejor ubicación de sus obras en las librerías e incluso estar en supermercados". Eso a la Cámara del Libro no le preocupa, porque al haber un precio único (un libro sale igual en una pequeña librería que en un shopping) hace que las grandes superficies "no acaparen todo el mercado". Lo que termina decidiendo es la calidad del servicio y la variedad de la oferta, explican. Un ejemplo es la supervivencia de las editoriales gourmet (también en la industria editorial está presente esta moda sibarita) que se dedican a elaborar materiales muy delicados y bien presentados para un público muy pequeño. A los autores tampoco parece inquietarles los lugares de exposición. Para ellos la ganancia es del 10% del precio de cada libro vendido. Lo que sí alarma a los directivos es que "se deje de alentar a las librerías como el canal natural para la venta de libros".

El reclamo es uno de los puntos que la Cámara quiere imponer en torno a una posible modificación de la ley del libro. Sí, hay una norma específica de 1987 que las autoridades pretenden revisar. A este petición hay que sumarle la actualización del concepto de libro (por eso de la nuevas tecnologías), la ampliación de las exoneraciones de impuestos (el libro no paga IVA, pero sí las librerías), y el fomento de la libre circulación. En números: Uruguay importó este año de Argentina US$ 32.648 en libros y exportó US$ 61.

Falsa alarma.

La asistencia al teatro bajó 0,5% de 2009 a 2014. La danza aumentó 2%, pero también sufrió una caída si se quita el ballet (cuya público se duplicó tras la reapertura del Sodre). Y la visita a museos descendió 5,5%. Ante este escenario, al que debe sumársele la crisis del papel y la irrupción del libro digital, todo indica que el libro impreso también caería en desgracia. Pero sobrevivió. En cinco años creció 9% la lectura regular, según el informe del Observatorio de Udelar. Y lo más interesante: la mayoría (36,2%) compró el último libro que leyó.

Entre quienes tienen más formación, la cantidad de libros es más alta. Así se explica que solo cuatro de cada 10 uruguayos conserve más de 50 libros en su casa. Pero los sectores más desfavorecidos, cuenta el escritor Martínez, "están accediendo a los textos a través de plataformas como el Plan Ceibal". La propuesta no conforma a todos los autores (Ceibal les compra el derecho de reproducción, pero dejan de ganar la venta de impresos), y menos aún a las editoriales que tenían los derechos de escritores bien cotizados. Una discusión similar reviste un proyecto de ley que está en análisis en el Senado, con el que pretende aceptar las fotocopias de libros para casos de estudio o investigación. Es la idea que movilizó a los alumnos de Derecho hace dos años, ante el allanamiento a locales de fotocopias.

Hay otros lugares que sí consiguen reunir el consenso. Hoy se inaugura la feria del libro de San José. En un mes será el turno de Maldonado y Durazno. Y la capital tuvo su exposición hace 15 días. "La zafra, más allá de la desaceleración en otros sectores, sigue siendo aceptable", comenta el directivo Risso. "Las cifras de ventas y concurrencias a las ferias siguen siendo similares en los últimos tres años". La Intendencia de Montevideo estima que este año pasaron 100 mil personas. Porque aunque el anuncio sea de nubarrones, quienes pronostican también se equivocan. Está en la tapa del libro.

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