LÍDER EN AHOGAMIENTOS

Un problema que busca salir a la superficie

Uruguay encabeza la lista de muertes por ahogamiento de América del Sur. Guardavidas, pediatras y autoridades se reúnen para buscar estrategias que permitan bajar la incidencia de este fenómeno que tiene su pico en verano, pero dura todo el año. Esta semana hubo tres fallecidos.

3,9: es la tasa de ahogamientos en Uruguay cada 100.000 habitantes según la OMS, es la más alta de América Latina. Foto: A. Colmegna
Foto: A. Colmegna

Es un mito que la famosa escultura de los dedos de Punta del Este es un monumento al ahogado. Pero bien podría serlo, puesto que Uruguay tiene la tasa de ahogamientos más alta de América Latina con 3,9 ahogados cada 100.000 habitantes, según el último reporte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de 2014. Esto no quiere decir que el servicio de guardavidas de las intendencias sea malo. Por el contrario, el año pasado no hubo ningún ahogado en zonas vigiladas de Montevideo, Maldonado o Rocha. Sí hubo ahogados en los tres departamentos en zonas no habilitadas para el baño o fuera del horario de vigilancia: dos en Rocha y Maldonado, y uno en Montevideo.

Solo esta semana hubo tres fallecidos por ahogamiento. En Piriápolis, un joven maragato de 24 años desapareció en el agua justo antes de que comenzara el horario de guardavidas. El miércoles la Armada encontró su cuerpo. Ese mismo día murió una niña de nueve años en el arroyo de San Carlos y un joven desapareció en el río Negro, ambos en zonas que no contaban con servicios de guardavidas. Y la temporada recién empieza.

Para la Asociación Nacional de Guardavidas del Uruguay (ANGU), la Sociedad de Pediatría (SUP) y la Armada hay un gran problema de fondo: la falta de educación en materia de seguridad acuática. Todos advierten que los ahogamientos son un fenómeno de alta incidencia. En las edades de uno a cuatro años y de 10 a 14, es la principal causa de muerte entre las lesiones no intencionales o accidentes (por encima de los siniestros de tránsito). Sin embargo, es una cuestión que todavía no ha logrado emerger a la superficie con suficiente fuerza, opinan.

Aunque los números de la OMS pueden haber fluctuado desde 2014 y es posible que otros países del continente no tengan tan buenos registros de sus ahogados, "el dato que tenemos ya es muy preocupante por sí solo", considera el pediatra especialista en emergencias Javier Prego.

Prego hace años que ve con preocupación al ahogamiento, ya que sobre todo afecta a niños y adolescentes, por lo que este año fue el tema que eligió exponer en el Congreso Uruguayo de Pediatría. A partir de su conferencia comenzó a gestarse la formación de una Mesa Nacional de Seguridad Acuática. Las reuniones para conformar este órgano estuvieron integradas por representantes del Ministerio de Salud Pública (MSP), la SUP, la ANGU, la Armada, Bomberos, la Secretaría Nacional de Deportes y la Secretaría de Educación Física, Recreación y Deporte de la Intendencia de Montevideo. Posiblemente se sumen también representantes de las otras intendencias de departamentos con balnearios y el Ministerio de Educación y Cultura (MEC) a la brevedad, ya que esperan oficializar el grupo de trabajo esta semana. El objetivo es coordinar esfuerzos para batallar un problema que hasta ahora combatían por separado. No son hechos aislados, apuntan, es un problema en conjunto.

Epidemia.

En 2016, 10 niños menores de 14 años murieron ahogados. Dentro de los llamados motivos externos o lesiones no intencionales, fue la segunda causa que cobró más vidas —detrás de los siniestros de tránsito, motivo por el que murieron 13 niños el año pasado. Uno de los objetivos que se plantearon los diferentes integrantes de la mesa de trabajo al crearla fue la recolección de los datos de los ahogamientos que no terminaron en fallecimiento: dónde ocurrieron, en qué condiciones, qué secuelas dejaron y las características de la población afectada.

"Queremos tener una línea de base para poder medir el impacto de las medidas que tomemos", dijo Claudia Romero, directora de Niñez del MSP e integrante de la mesa de seguridad acuática. "Siempre se analizan los ahogamientos desde la mortalidad, pero no desde la morbilidad, es decir, las secuelas", agrega.

Según Prego, las secuelas de un ahogamiento (la dificultad para respirar por sumersión) pueden ser "graves, permanentes e invalidantes", ya que el cerebro está demasiado tiempo sin recibir oxígeno. Hay seis fases del ahogamiento: la primera es una leve tos y tiene riesgo casi nulo. Solo la más grave implica un paro cardiorrespiratorio. Hoy no existe registro de los estados de ahogamiento de los sobrevivientes.

"El uruguayo no respeta el mar", opina el vocero de la Armada, Gastón Jaunsolo. Aunque las prefecturas no tienen como primer deber rescatar bañistas —para eso están los guardavidas— sí les toca colaborar a veces, como en la desaparición del joven en Piriápolis. Gustavo Fungi, secretario de la ANGU, explica que hay un problema de "sobreestimación de las capacidades" de uno, así como una "subestimación del medio acuático". Es decir, creer que porque uno sabe nadar no le va a pasar nada o no saber leer correctamente el mar y su peligrosidad.

Para el médico y guardavidas Diego González, el motivo de la alta incidencia de ahogamientos está en la falta de prevención y educación. Para Prego, una explicación lógica es el medio: "Hay mucha agua, kilómetros de costa, arroyos, ríos" y "son parte de nuestra cultura".

Los países que lideran el ranking de ahogamientos de la OMS son Las Guayanas (11,8 por cada 100.000 habitantes), Belice (10) y Tailandia (7,3). Los tres tienen mucha costa. Uruguay es el de peor tasa en América del Sur pero ocupa el puesto 21 en el mundo.

Los ahogamientos son eventos "prevenibles con educación. Esto no quiere decir aprender a nadar", apunta Fungi. "De hecho, a veces saber nadar es uno de los factores que lleva al ahogamiento", por la confianza que le da al bañista. La educación en seguridad acuática significa el respeto de las zonas en las que está habilitado bañarse, el conocimiento del mar y sus corrientes, pero también de técnicas de flotación y autorrescate.

El año pasado la SUP se movilizó para concientizar sobre las lesiones causadas por fuegos artificiales y logró una legislación al respecto; este año esperan hacer lo mismo con la seguridad acuática para incorporar normas como el vallado obligatorio a las piscinas domésticas y públicas.

Si bien, según Romero, es un problema que afecta especialmente a niños, "todas las edades tienen sus particularidades". "Una persona mayor con problemas cardiovasculares tiene que reconocer sus limitaciones", señala Prego, que enfatiza que también preocupa el consumo de alcohol o drogas que disminuyan la capacidad motora dentro del agua.

Formación: el curso de guadavidas se da en el ISEF, dura un año y hay 30 cupos. Foto: AFP
Formación: el curso de guadavidas se da en el ISEF, dura un año y hay 30 cupos. Foto: AFP

Cuestión de segundos.

Ernesto Mayol, guardavidas hace 22 años, recuerda cuando salvó a una niña de cinco años de ahogarse, incluso antes de que sus padres notaran su ausencia. "Nuestro trabajo es estar cinco segundos antes de todo, esos segundos nos permiten mantener el número de ahogados en cero", señala. La niña se había separado del grupo de su familia y luchaba por mantenerse a flote. "Estaba con los ojitos de una persona que realmente se está llevando un susto muy fuerte", relata.

Mayol dice que hay una mirada que solo tiene una persona que se está ahogando, que está pasando por ese momento de desesperación. Esa mirada los guardavidas la conocen muy bien. "Me tiré, la rescaté, se me prendió y se la llevé a los padres", recuerda. Los padres de la niña atinaron a "retarla", sin darse cuenta de la gravedad de la situación. "Cuando se fueron, la niña vino corriendo a darme un abrazo. Lo que pasó quedó entre nosotros", relata.

El tiempo lo es todo cuando un accidente de este tipo ocurre. Cuánto tarda el guardavidas en percatarse, en ir al rescate, cuánto tiempo pasa la persona sumergida y cuán rápido se aplican medidas de primeros auxilios o, en caso de gravedad, en llegar la ayuda médica. Otro objetivo de la conformación de una mesa de trabajo con los distintos actores involucrados en el ahogamiento es aceitar la cadena de salvamento lo máximo posible, coordinando protocolos y esfuerzos de partes que antes tenían más escasa comunicación.

"Si pusieran un micrófono en las torres lo que escucharían sería: Ese se separó del grupo, ese está nadando muy lejos, aquel dio una brazada, anda bien. Estamos permanentemente mirando al mar. Tratando de ver las cosas antes de que ocurran", dice Mayol.

En tres segundos un niño pequeño puede tener "un gran problema". En ese lapso "se cayó y respiró abajo del agua", apunta. "No sirve que estés mirando al niño desde una sombrilla", advierte. Según la pediatra Patricia DallOrso, un pequeño no se puede estar bañando "a una distancia más larga que el brazo del adulto que lo cuida".

Los instantes más prolongados y largos son los que uno está luchando por respirar. La sensación de que a uno lo revuelque una ola es un recuerdo que parece eterno, pero, en realidad, no son más de tres o cuatro segundos. Aunque no toma mucho más que eso para que una tragedia ocurra.

365 días.

Los guardavidas luchan por extender sus servicios todo el año, y los pediatras insisten que los ahogamientos no son exclusivos del verano. "Los niños muy pequeños pueden ahogarse hasta si se caen en un balde y quedan patitas para arriba", dice el médico y guardavidas González. En la franja de uno a cuatro años lo más frecuente es que el siniestro ocurra en piscinas, pozos o bañeras, dice DallOrso. "En esa franja etaria hay que educar no al niño, sino a los padres para que vigilen", entiende Fungi. En adolescentes es más frecuente que ocurra en arroyos, ríos, lagos o mar. "Lo común es que se dé en lugares no vigilados. En playas con guardavidas o clubes con instructores es excepcional", expresó Prego.

"Hay una cantidad de conocimientos que las brigadas podríamos volcar durante el año para que en verano el número de rescates bajara", dice Mayol. "Los guardavidas sabemos leer el mar, pero es un conocimiento que puede tener cualquiera, por eso estaría bueno que pudiéramos dar ese tipo de educación todo el año", opina.

Menos en Montevideo, los guardavidas son empleados zafrales en las intendencias. Esto, opina Mayol, lleva a que "se piense todo a último momento", y que algunas cosas, como la compra de insumos (patas de rana, elementos de flotación) o la contratación de guardavidas suplentes se compliquen, redundando en una peor calidad de trabajo y menor seguridad para los bañistas.

El curso de guardavidas se da en el Instituto Superior de Educación Física (ISEF), de la UdelaR. Dura un año y solo entran 30 por año. Si bien comparativamente es mucho —en España, por ejemplo, el curso de guardavidas dura cuatro fines de semanas—, en la ANGU proponen que se alargue el curso para agregarle carga de investigación y se convierta en una tecnicatura.

"Tiene que haber guardavidas todo el año para alternar en espacios de piscinas públicas, trabajar con la comunidad, fomentar el tema de la cultura acuática, la prevención en las escuelas públicas, en playas y hasta colaborando con las inundaciones", opina Fungi.

"Este es un país en el que se habla constantemente de los siniestros de tránsito, en las escuelas y en campañas de concientización. Pero los ahogamientos no son un tema muy presente", plantea Prego. Jaunsolo, de la Armada, cree que la única forma de revertir este fenómeno es el mayor énfasis en ese tipo de campañas, cosa que ya hace la fuerza del mar. "Sacamos medidas que aunque parecen tan obvias, como no bañarse en playas no habilitadas, no se respetan".

Lo que no hay que hacer: nadar contra la corriente

Tal vez el punto más peligroso que tienen las playas con oleaje es "el chupón" o el retorno. Es la parte de la costa donde el agua arrastra para adentro, generalmente indicada con banderas por los guardavidas. "Vos podés meterte 80 metros en una parte y que no te pase nada y estar a 10 metros de la orilla en otra y ya estar en un problema", advierte el guardavidas rochense Ernesto Mayol.

Lo primero que hay que tener en mente cuando uno se ve atrapado en el retorno, es que la corriente lo lleva más adentro pero no lo tira hacia abajo: esa es una sensación inducida por el miedo. También hay que evitar el primer instinto de tratar de salir directamente a la costa, yendo contra la corriente. Lo más probable es que sea inútil y no se avance, además de provocar gran cansancio en pocos segundos. Conservando la calma, lo que se debe hacer (en caso de saber nadar) es bracear en paralelo a la orilla hasta salir del retorno y volver a la zona con oleaje, y con la ayuda de una ola volver a la costa.

De no saber nadar, se debe mantener la calma, intentar hacer la plancha o flotar y pedir ayuda.

Los guardavidas enfatizan que si bien la zona del chupón suele estar delimitada entre banderas que indican que no se puede bañar allí, también es importante mantener una distancia prudencial ya que las banderas no son una línea fija, y es posible desplazarse unos metros sin darse cuenta y acabar por error en la zona del retorno.

Una escuela para que los niños aprendan a rescatarse

La Escuela del Mar que funciona en Playa Honda tiene un programa de surf para niños y jóvenes con discapacidad. Foto: Francisco Flores
La Escuela del Mar que funciona en Playa Honda tiene un programa de surf para niños y jóvenes con discapacidad. Foto: Francisco Flores

En la playa Honda de Malvín funciona la escuela “Todos al agua”, un proyecto de la Asociación Nacional de Guardavidas del Uruguay (ANGU), que trabaja en conjunto con la Secretaría Nacional de Deportes y con la Secretaría de Educación Física, Recreación y Deporte de la Intendencia de Montevideo (IM), quienes aportan recursos humanos. Es una escuela de seguridad acuática y prevención que realiza actividades todo el año. A fin de mes comenzarán las actividades de la “Escuela de Mar”, una propuesta para que niños y jóvenes de ocho años en adelante vayan a la playa a hacer deportes, juegos acuáticos y salvamento deportivo. Todo con el fin de educar en prevención de seguridad acuática de forma entretenida. También hacen el taller “Soñando sobre las olas”, que es de surf para niños con discapacidades.

El programa estrella es “Guardavidas junior”: una experiencia piloto que se está realizando en las escuelas públicas del Municipio E de Montevideo, cinco hasta ahora. Son entre 18 y 24 clases para niños de sexto de escuela donde reciben entrenamiento en piscina y dos talleres. Ahí se les enseña específicamente educación en prevención, protocolos y qué hacer en caso de que ellos mismos incurran en un posible ahogamiento, es decir, el autorrescate. Se les explica cómo ayudar desde zonas de seguridad y cómo colaborar, siempre sin entrar en zona de riesgos. Los talleres son en primeros auxilios y dinámica costera. Su coordinador, Gustavo Fungi, sueña con extenderlo a todo el país.

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