¿RESPIRO CONFIABLE?

Cómo fue la primera semana de retorno a actividades y qué prevén los científicos para esta "nueva fase"

El final de la primera ola parece consolidarse con todos los indicadores a la baja. Científicos afirman que el país está entrando en una nueva etapa, pero no descartan una eventual segunda ola.

Espectáculo con protocolo. Foto: Estefanía Leal
El 5 de julio se habilitaron espectáculos públicos, fiestas y eventos de similares características y las plazas de comida. Foto: Estefanía Leal

El afuera ya no es un lugar tan hostil. La angustia frente a los reportes merma cada día que se constatan menos contagios, menos fallecimientos y hospitalizaciones. Puertas adentro, en los hospitales, hay una sensación ineludible de “entusiasmo y esperanza”. Para ilustrarlo, el presidente de la Sociedad Uruguaya de Medicina Intensiva, Julio Pontet, compara cifras: “Los CTI grandes llegaron a tener entre cinco y 10 ingresos por día en cada unidad COVID, hoy son 10 los ingresos en todo el Uruguay, en 54 centros”.

Las decenas de ingresos y muertes diarias por COVID-19 quedaron atrás, pero el alivio no vino solo. Tras de sí, esta ola dejó un tendal de certificaciones médicas vinculadas a fatiga, estrés y desgaste del personal de la salud que han aumentado en estas últimas semanas, advierte Pontet. Pero también hay de las otras licencias; las que ningún médico, enfermero o auxiliar se podía dar el lujo de tomar hace unos meses. “Es momento de aflojar un poco y descansar”, dice a El País un médico intensivista de un hospital de Montevideo. Cuenta que hubo “un impacto fuerte a nivel psicológico tanto como físico”. Abril y mayo consumieron todas sus horas; tanto que se desacostumbraron incluso a la actividad física. El especialista cuenta que el fin de semana pasado volvió a pisar una cancha de tenis después de cuatro meses, y que en un mal movimiento se lesionó el tendón de Aquiles. “Si esto me hubiera pasado durante lo peor, me habría puesto un yeso y habría ido a trabajar igual”, plantea.

Las cifras indican que el pico de esta primera ola quedó atrás, dicen los expertos. En la cima del Hospital de Clínicas se apagó el rojo y se prendió el naranja. La última vez que el país había estado en ese nivel de riesgo, según el índice de Harvard, fue el 7 de marzo. Al cierre de esta edición, son solo tres los departamentos pintados de color rojo.

Desde el 2 de julio en adelante, la tasa de positividad se mantuvo por debajo de las dos cifras, oscilando entre el 6 y 7% en los últimos días. Este es uno de los tantos indicadores que miden cuán controlada está la pandemia. La Organización Mundial de la Salud recomienda, en un documento publicado en mayo del año pasado, que la positividad se mantenga por debajo del 5%.

Con estos indicadores y el optimismo sobre la mesa, el gobierno habilitó a partir del pasado 5 de julio los espectáculos públicos, fiestas, eventos sociales, competencias de deportes amateur y plazas de comida en locales comerciales; siempre respetando los protocolos y el aforo establecido para cada actividad.

Al día de hoy, con 54.6% de la población vacunada con las dos dosis, ¿cómo será el impacto de estas reaperturas en la epidemia? ¿Estamos llegando al final de una ola que se llevó más de 3 mil vidas en dos meses?

Los científicos coinciden: lo peor ya pasó. El virólogo Santiago Mirazo habla de “una nueva fase”: “No va a ser en formato ola, sino que probablemente ocurra de a pequeños brotes. Vamos hacia una segunda etapa más controlada, con la población ya vacunada”, sostiene.

Eduardo Savio, especialista en Medicina Interna y en Enfermedades Infecciosas, puntualiza que este descenso en los indicadores no puede quitar de vista que, desde los inicios, la pandemia evolucionó en olas en todos los países, “hoy en día más manejables en países con altas tasas de vacunación”, señala. “Por esa razón, no debemos ignorar la posibilidad de futuros aumentos en los casos y el eventual desarrollo potencial de una segunda ola, lo cual no debe sorprender ni alarmar”, advierte el especialista.

La misma cautela pide el infectólogo Álvaro Galiana: “Parece consolidarse estructuralmente una baja (en los indicadores)”. Pero en una pandemia siempre es pronto para dar seguridades. “Los problemas no han terminado todavía; estamos saliendo de dos semanas de vacaciones, retornando a la presencialidad en escuelas y liceos, de manera que hay que tomar los datos con pinzas”, sostiene.

Por ahora, el infectólogo cree que “hay que tener muchas precauciones y no dar por finalizada una batalla que puede reaparecer en poco tiempo.”

Esta nueva etapa no es del todo una sorpresa. En mayo, Mirazo pronosticaba que los resultados de la vacunación —menos hospitalizaciones, menos muertes y menos casos activos— se verían cuando se llegara a un 35%. No obstante, el virólogo observa que la baja en la letalidad sucedió antes de alcanzar ese porcentaje. Lo mismo pasó con los ingresos en CTI. Lo que sí comenzó a verse con el 35% de la población vacunada con ambas dosis fue el descenso de casos, “el último factor que uno podría ver bajar con una vacuna que no es muy buena para reducir la transmisibilidad”, señala Mirazo. Agrega, además, que la llegada de la variante P1 en marzo “retrasó” este efecto de la vacuna.

Álvaro Díaz, profesor de la Cátedra de Inmunología de Facultad de Química, dice que, además, puede haber una “contribución —menor— de la inmunidad generada por la infección, ya que al menos el 10% de los uruguayos tuvieron COVID”. Las medidas no farmacológicas —el uso de tapabocas, alcohol y distanciamiento social— no aumentaron. Por eso, en términos amplios, Díaz concluye que “es la inmunidad por vacunación e infección previa la que está haciendo bajar los casos”.

Para Galiana la vacunación es “un hecho a favor” en el descenso de casos; sin embargo, puntualiza que la causa de la baja es “multifactorial”: “Hoy podemos decir que se está bajando, probablemente eso esté vinculado a las vacunas, probablemente a que la presencialidad no es completa. No sabemos si puede reaparecer en poco tiempo una nueva ola, pero por lo menos, sabemos que tenemos una población importante vacunada.”

Más allá de las explicaciones y de los pronósticos, hay ilusión. La vacunación avanza y parece, al fin, estar ganándole la batalla a una variante que dio pelea.

Confirman tercera dosis "de refuerzo"

Presidencia resolvió que se administrará una tercera dosis a los vacunados, según informó Búsqueda el pasado jueves. Esta dosis de refuerzo será del laboratorio Pfizer, y en principio se administrará a la población inmunizada con la vacuna china Sinovac. “A nivel colectivo, seguro que una tercera dosis administrada a los que recibieron Sinovac nos va a acercar al ideal de la inmunidad de rebaño aún cuando ingresen nuevas variantes”, sostiene Álvaro Díaz.

La esperanza en primavera.

La reactivación del sector cultural, los viajes y la reapertura de los gimnasios es una noticia agridulce. Por un lado, el reencuentro con un destello de la vieja rutina entusiasma a la población. Así lo perciben desde los teatros: “La gente siempre me mandaba un mensaje a ver cuándo íbamos a abrir”, cuenta la Secretaria General de la Asociación de Teatros el Interior, Mercedes Rusch. Desde el colectivo Uruguay es Música dicen que las entradas para espectáculos en salas privadas se están vendiendo “a un ritmo considerable”. Pero, por otro lado, el aforo permitido para cada actividad —un 30% en espectáculos públicos y un 45% en gimnasios— hace que pagar los costos fijos y las deudas contraídas a lo largo de un año se torne casi imposible.

Con las agencias de viajes sucede algo similar: las vacaciones de julio les dieron un respiro, pero todavía no alcanza. En esas dos semanas, unos 3.900 uruguayos partieron desde el aeropuerto de Carrasco hacia Estados Unidos, el Caribe y España, unos de los pocos países que mantienen fronteras abiertas al turismo. En las imágenes de los móviles televisivos, la zona de check-in se veía colmada de viajeros que aprovechaban las vacaciones para visitar a familiares. También había turistas que finalmente concretaban viajes que suspendieron en 2020. Se habló de una “salida masiva” de uruguayos al exterior. “Pero nada más lejos de lo masivo”, dice Carlos Pera, presidente de la Asociación Uruguaya de Agencias de Viajes (Audavi).

Para poner en contexto la cifra, Pera compara: “3.900 viajeros son los que llegan en ómnibus en un solo fin de semana desde Brasil a hacer compras a Rivera.”

Unos 3.900 uruguayos partieron desde el Aeropuerto de Carrasco en vacaciones de julio.
Unos 3.900 uruguayos partieron desde el Aeropuerto de Carrasco en vacaciones de julio.

Otro elemento que generó la sensación de que los uruguayos volvían a convertirse en turistas fue el “Ciberlunes”, dice Pera. “Fue una ‘reactivación maquillada’. Las redes sociales fueron invadidas por múltiples ofertas de viajes a precios bajos; eran verdaderas ofertas. Por un lado, dio la sensación de una reactivación, la cual descarto, y fue ‘maquillada’ porque hubo una inundación de ofertas en internet”, señala.

“La impresión de que el Uruguay entero se va de viaje no es así ni es factible que sea así, porque la disponibilidad de vuelos es sumamente limitada”, agrega Pera. Según datos de Audavi, la cantidad de vuelos disponibles en estas vacaciones de julio corresponden al 10% de vuelos que había disponibles en el mismo periodo en 2019. Por otro lado, el 90% de los funcionarios de las agencias de viajes siguen en seguro de paro, asegura Pera.

Pero no todo es tan desalentador.

El presidente de Audavi no quiere hacer “futurología”. Dice que sus pronósticos son como “mojarse el dedo para ver de dónde viene el viento”. Igual, se anima: piensa que en setiembre u octubre el turismo se va a reactivar “de verdad”. Las agencias de viaje están recibiendo consultas que, todavía, no se transforman en un pasaje con fecha.

Sin embargo, para Pera esto es una señal de que el uruguayo tiene “el deseo de viajar”. “Hay muchos que sí se están animando porque ya están vacunados, los casos están bajando y las exigencias de los destinos son ‘cumplibles’. Yo creo que, progresivamente, los uruguayos van a empezar a viajar a partir de setiembre u octubre, cuando se haya perdido el muy comprensible miedo.”

Los dueños de los gimnasios se aferran a la misma esperanza: setiembre. El pasado lunes, el gobierno aprobó un aumento del aforo al 45% —desde fines de mayo regía un límite del 30%—. Pero esta noticia se da en un contexto de “temporada baja” para los gimnasios, y los que abren, abren con deudas que vienen arrastrando desde hace un año.

En estos meses de invierno la gente “no acostumbra a ir al gimnasio, por frío o por vacaciones”, señala Lourdes Rapalin, presidenta de la Cámara Uruguaya de Gimnasios y Afines (CUGA). Entonces, ¿cómo se las ingenian para que el socio retome la rutina de ir a un gimnasio?

Algunos de los que trabajan con venta de anualidades, por ejemplo, la “extendieron” durante los meses en los que el gimnasio estuvo cerrado, “como forma de fidelizar al cliente”, dice Rapalin. “Se les corre la fecha de vencimiento de la cuota. Entonces, durante dos o tres meses no va a haber ingresos, y los ingresos que haya no van a cubrir los costos”, agrega. Los gimnasios que cobran mes a mes están trabajando “con muy pocos socios que han vuelto”.

Rapalin considera que “el peor daño” que se le hizo a los gimnasios fue a un intangible: su imagen. “Fue un daño mucho más grande que el económico. Quedó la sensación de que está mal ir a un gimnasio”, dice. Esa fue una de las razones por las que la asociación presentó un proyecto de ley para que la actividad física se declare “esencial”. “Así como se promueve la alimentación saludable a través del rotulado de alimentos, que se haga lo mismo con actividad física. Como consecuencia, a los gimnasios les va a servir”, agrega Rapalin.

Ahora, resistir el invierno es el gran obstáculo. La esperanza está en la primavera.

Aforo y pase verde.

El colectivo Uruguay es Música, integrado por productores, managers, salas privadas y gestores culturales, no piensa en fechas. Leandro Quiroga, organizador del colectivo, plantea que el gobierno establezca “parámetros para ampliar o reducir el aforo”. En relación a esos parámetros, “el aforo puede ampliarse en 10 días y no en setiembre”, dice. Quiroga pone como ejemplo el criterio que estableció la Intendencia de Montevideo para habilitar la apertura de sus salas: que el departamento esté durante tres días consecutivos con un índice de Harvard menor a 20.

En definitiva, el colectivo pide al gobierno que defina “parámetros” para que la reactivación del sector no dependa exclusivamente de una “decisión política”, reclaman.

Espectáculos públicos fueron habilitados nuevamente el 5 de julio, con un aforo máximo del 30%. Foto: Archivo El País.
Espectáculos públicos fueron habilitados nuevamente el 5 de julio, con un aforo máximo del 30%. Foto: Archivo El País.

Respecto al pase verde —la herramienta que permitiría ampliar el aforo y desarrollar espectáculos y fiestas en un ambiente más seguro—, el colectivo tiene sus reparos. No se pronuncian “linealmente en contra o a favor”, dice Quiroga, pero no están de acuerdo, por ejemplo, en que el pase verde suponga “dejar afuera a nadie”. En suma, estos reparos son de índole “conceptuales y filosóficos”.

La Federación Uruguaya de Teatros Independientes (FUTI) también tiene sus dudas. Washington Sassi, presidente de la organización, plantea que los costos que supongan el pase verde —el autotest o el test rápido—, sumado al costo de la entrada y la locomoción, dejaría en una situación “complicada” tanto al espectador como a los teatros. Por ahora, solo tres de las 27 salas de la federación han abierto sus puertas al público.

Sobre este retorno a las actividades, los científicos tienen posturas encontradas.

Para Mirazo, todavía puede ser un poco pronto. Si bien los números son alentadores, “seguimos en situación de transmisión comunitaria intensa”, advierte, “en la que la población joven, la que más se mueve, está menos cubierta (por la vacuna)”, señala. Salvo opina que el escenario planteado solo permite el reinicio de actividades “con margen de seguridad” si va de la mano de la “inmunización completa —pasados los 14 días desde la segunda dosis de la vacuna— y con el empleo de las medidas de protección ya conocidas”. Galiana dice que “estamos en un momento relativamente aceptable para asumir ese riesgo”, pero que “no podemos tener nunca una confianza absoluta o certeza de que no pueda surgir una nueva ola, teniendo en cuenta la evolución de la pandemia en otros países”.

Todo indica que, al fin, la primera ola está terminando. El alivio se respira, y después de tres meses oscuros, la precaución también.

¿Cuánto preocupa la variante Delta?

La variante Delta del coronavirus, detectada en India en octubre de 2020, ya es la dominante en varios países y avanza en todo el mundo. El Ministerio de Salud Pública, la Udelar y el Institut Pasteur monitorean su desembarco. En ese sentido, ¿cuánto preocupa el retorno de los turistas uruguayos que visitaron países donde la variante Delta está presente?

En principio, el virólogo Santiago Mirazo sostiene que esta variante “muestra el prototipo de cómo va a ser el mundo pospandemia”. Esto es: “Va a entrar en casi todos los países, particularmente en los que tengan una cobertura de vacunación permeable que permita la transmisión, y probablemente genera aumento de casos, pequeños brotes”, dice. “Sin embargo, no creo que esto se traduzca en hospitalizaciones y muertes. Esa va a ser la tónica de la variante”, opina.

El inmunólogo Álvaro Díaz concluye que todo lo que se sabe en relación a las nuevas variantes —“teoría general inmunológica y observaciones concretas, fragmentarias, pero igualmente fuertes”— predice que la “alta efectividad demostrada por las vacunas en general contra el COVID severo no se va a alterar por el ingreso de nuevas variantes al país.”

Por su parte, el infectólogo Eduardo Savio dice que el “parcial control” de la pandemia en Uruguay debe mirarse “desde la óptica de las variantes de preocupación” que puedan ingresar. No descarta que podría suceder “lo que está ocurriendo en todo el mundo: aumento del número de contagios y aumento en el número de hospitalizaciones” vinculados a nuevas variantes. Por eso, Savio insiste en la inmunidad colectiva, “que solo puede alcanzarse con un porcentaje muy alto de población vacunada.” Para Mirazo, tenemos la “oportunidad de ganarle la carrera” a la variante Delta, una oportunidad que no tuvimos cuando ingresó la variante P1.

Quienes vuelven del exterior y ya hayan portado el virus dentro de los 90 días previos al embarque o arribo, “quedarán exceptuados de realizar la cuarentena obligatoria de siete días, con posterior test de PCR al séptimo día”, anunció el Ministerio de Turismo en mayo. La misma condición rige para quienes tengan las dos dosis de la vacuna más los 14 días.

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