EL HOMBRE QUE CACHETEÓ AL “ESTABLISHMENT”

El político "divertido" que causó un terremoto

David Cameron impulsó el referéndum para frenar el avance de Nigel Farage, un político audaz que quiso romper con la tradición partidaria y cumplió con creces su mayor desafío.

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Farage se jacta de no tener pelos en la lengua. Foto: Reuters

El político británico Nigel Farage, líder del UKIP, es la caricatura del tradicional cliente de pub. Y eso gusta a muchos ingleses. Cigarrillo y vaso de cerveza en mano, mil veces prometió un terremoto político. El jueves lo consiguió.

Los británicos votaron a favor de abandonar la Unión Europea tras una dura campaña liderada por Farage y el conservador Boris Johnson. Fue el primero, sin embargo, con sólo un diputado en el Parlamento, el que, con su retórica incendiaria, hizo el trabajo sucio, logrando centrar el debate en la inmigración. Donde lo quería su electorado.

Farage se jacta de no tener pelos en la lengua, y eso no es habitual en un político. La polémica por su cartel con una hilera de refugiados amenazando hipotéticamente al Reino Unido, desvelado el mismo día en que fue asesinada la diputada laborista Jo Cox por un simpatizante de ultraderecha, no le hizo perder apoyos.

Ser unánimemente vilipendiado por los partidos tradicionales —liberales, conservadores y laboristas— no hizo sino aumentar la simpatía por Farage en la Inglaterra profunda. Londres se le resiste, es "demasiado culta, educada y joven", sugirió una vez una portavoz de su partido.

"Para ser honesto, cuanto más nos insultan, mejor nos va", explicó Farage, eurodiputado.

Cuando habla de quienes lo insultan, Farage alude a los partidos del "establishment" británico: los conservadores del primer ministro británico David Cameron, y la oposición laborista.

La línea que trazó entre ese "establishment", pro-Unión Europea, y el pueblo, "the people", anti-Unión Europea, ayudó a llevar la campaña a su terreno.

Una vez dijo que se sentiría "incómodo" si una familia rumana se instalara en su vecindario. Cuando un locutor de la radio LBC le preguntó qué diferencia había entre los rumanos y su mujer, respondió: "Ya sabes cuál es la diferencia". "Queremos un sistema de inmigración basado no sólo en controlar la cantidad, sino también la calidad", sentenció.

Cuatro vidas de Farage.

A los 52 años, Farage, padre de cuatro hijos, saborea su cuarta vida. Sobrevivió milagrosamente a un accidente de tránsito, a un cáncer de testículos y a la caída de la avioneta que lo llevaba hacia un acto electoral de su partido, en 2010.

"Siempre quise un terremoto político", subrayó en 2015, quien niega ser racista o tener nada contra los inmigrantes.

El partido fue fundado en 1993 pero no fue hasta unas elecciones europeas, las de 2004, cuando dio el golpe consiguiendo el 16% de los votos. Una década después ganó esos mismos comicios europeos en el Reino Unido, rompiendo el bipartidismo tradicional.

Sin embargo, su cuenta pendiente sigue siendo conseguir un escaño en el Parlamento británico.

Su buena estrella con los asuntos europeos no le hace mostrar la menor piedad con la Unión Europea. "¿Antieuropeo yo? ¡Noooo! Es ridículo decir eso. Me gusta Europa, es un gran lugar. Estoy casado con una europea, trabajé para empresas europeas y me gusta la cultura europea", dijo. "Pero odio la bandera. Odio el himno. Y odio las instituciones", sentencia este amante del rugby, el críquet, la pesca y el buen vino.

¿Quién asume?

Tras los resultados, Farage pidió la dimisión de David Cameron e instó a armar un gobierno "pro Brexit".

Uno de los que tiene más posibilidades de asumir es Boris Johnson, un conservador que ha hecho campaña a favor de la salida de la Unión Europea, con discursos apasionados que muchos compararon con el estilo de Winston Churchill.

Más popular y carismático que Cameron, Johnson fue periodista de medios conservadores como los diarios The Times (fue despedido por inventarse una cita) y The Daily Telegraph, y director del semanario Spectactor.

Pero se hizo famoso como moderador del popular programa de televisión "Have I got news for you?" (¿Tengo noticias para ti?), en el que los invitados debaten con mucho humor las noticias de la semana y juegan con titulares de los periódicos.

En 2001 entró en política al ser elegido diputado. Desde entonces, su carrera política ha ido en ascenso. Y ahora puede llegar a la cúspide. (Fuente: AFP, EFE)

La primera reunión del bloque sin el Reino Unido.

Los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea (UE) se reunirán el próximo martes en la cumbre europea todavía con 28 miembros, pero el miércoles ya mantendrán un encuentro informal en la sede del Consejo Europeo sin el Reino Unido y su primer ministro, David Cameron.

"Discutiremos el llamado proceso de divorcio ", señaló el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. "Es mi intención asegurar que tengamos suficiente tiempo para debatir tanto con el primer ministro Cameron como, separadamente, con los 27 jefes de Estado y de Gobierno", agregó.

"Dedicaremos la mayor parte del Consejo Europeo a discutir sus consecuencias políticas", puntualizó.

El miedo de los inmigrantes

"Vuelvo a Bulgaria. El clima para nosotros se tornó imposible". Veronika tiene 23 años y un niño de pocos meses, Snell, que duerme en su cochecito de paseo.

Vive en Beckton, periferia de Londres, donde los inmigrantes de Europa del este son mayoría. Tras el Brexit se respira una atmósfera de desconfianza y miedo por lo que le podrá suceder "a los extranjeros".

"Los ingleses aquí cambiaron en los últimos tiempos, no son más gentiles con nosotros", dice Veronika, que trabaja como empleada doméstica en los edificios del centro de Londres y luego demora una hora en tren para volver a su casa en esta típica ciudad de la periferia londinense. Las casitas hechas con ladrillos rojos fueron construidas para una clase media que aquí nunca llegó. Arribaron en cambio numerosos inmigrantes desde Bulgaria, Rumania, Polonia y Lituania, pero también refugiados de Kosovo y Bosnia. Son el 20% de sus 500.000 habitantes, cuya mitad son polacos llegados en el 2004.

Betty es rumana y llegó a Gran Bretaña hace seis años. Es ama de casa, tiene cuatro hijos y los más pequeños solo hablan inglés. Hoy le preguntaron: "¿Mamá, debemos regresar a Rumania?". Ella buscó tranquilizarlos. "Va a estar todo bien", repite. Pero teme ya no estar más segura. Se respira una atmósfera de Gran Guerra, las mujeres en casa y los hombres en el frente. Y el frente es Londres, donde tantos inmigrantes de Europa del este trabajan como obreros. "Nos echarán a todos, estoy muy preocupado", confiesa Lucian, que llegó desde Rumania hace solo tres meses y trabaja en un autolavado de automóviles con otros dos empleados inmigrantes. "Hoy para nosotros es un día triste" afirma. Por los pasillos del hipermercado, se escucha hablar poco inglés y muchas lenguas del este europeo y entre los diarios hay ejemplares en polaco y en ruso. Desde que comenzó la campaña pro-Leave, que hizo de la inmigración su caballito de batalla, la atmósfera en la ciudad se hizo cada vez más espesa. Pero hoy, en las ventanas y en los automóviles que recorrían Beckton se colocaron varias Cruces de San Jorge, la bandera símbolo del orgullo inglés.

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