Formación Profesional Básica

El polémico recorte de UTU a su programa más caro: bajó 80 grupos y limitó las matrículas

Nueva dirección de la UTU cuestiona los resultados del plan de Formación Profesional Básica, eliminó 80 grupos, limitó las matriculas de los estudiantes más chicos y planea una reestructura urgente.

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El plan de Formación Profesional Básica tuvo 15.100 alumnos matriculados en 2018. Foto: Fernando Ponzetto

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A unas cuadras de la ruta 101, cerca del aeropuerto, en un barrio cuyas calles llevan el nombre de aerolíneas como Iberia, Panam, Avianca o Varig, hay una plaza con asientos hechos con neumáticos pintados de colores, rellenos con hormigón, y unos juegos infantiles construidos en madera donde ahora se divierte un grupo de niños.

Esta plaza no es cualquier plaza.

En una de esas ruedas está sentada Allison Méndez, adolescente de mirada dulce y palabra firme. Allison egresó de una escuela técnica con Formación Profesional Básica (FPB), un plan de la Universidad del Trabajo del Uruguay (UTU) que integra las asignaturas del Ciclo Básico de Educación Media con una fuerte formación laboral. Tras cursar tres grados, el estudiante culmina la propuesta como operario en alguna de las más de 20 áreas ocupacionales disponibles, y queda habilitado a continuar en el Bachillerato que prefiera. Allison estudió construcción, y ahora -a los 16- cursa gastronomía en el primer año del Bachillerato.

Es la primera de su familia en llegar tan lejos. Pero el camino no le fue fácil. Cuando ingresó al FPB mostró resistencia: mucha resistencia.

—No quería saber de nada. Me hablaban y no los escuchaba. Iba a estudiar porque no me quedaba otra. Yo era demasiado difícil. Cada vez que decía una mala palabra tenía que barrer el salón. Hasta que un día me pusieron un uno y una observación. Ahí empezó a cambiarme la cabeza. Empecé a sentir que no iba a competir con los demás como te pasa en el liceo, y que más que compañeros con los otros chicos, el tallerista y los profesores, éramos como una familia.


Sebastián Ponce, el tallerista que le enseñó construcción, la escucha y agrega:

—Imaginate cómo cambió la cosa que cuando cumplió los 15 me pidió que entrara con ella a la fiesta.

Hoy Allison está en esta plaza porque sus docentes quieren demostrar que el controversial plan que la UTU acaba de restringir y planea reestructurar puede ser considerado exitoso si se lo ve así: cuerpo a cuerpo y no número a número. Y la plaza con los neumáticos y los juegos de madera hechos por alumnos representan una foto de la didáctica que aplica el programa.

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Allison Méndez estudió construcción en una escuela técnica con FPB y ahora cursa primer año de Bachillerato. Foto: Leo Mainé

El taller ocupacional (que los hay de informática, mecánica, artes escénicas, gastronomía, turismo, electricidad, periodismo, entre una lista extensa) funciona como la columna vertebral y se integra a las siete asignaturas restantes (que cambian a medida que se avanza de grado). De esta manera los alumnos que aprendieron matemáticas lo hicieron calculando los metros cúbicos de hormigón para rellenar la rueda; es decir aplicando la teoría a la práctica y viendo y palpando lo que un metro cúbico es.

—Todas las materias estuvieron involucradas en la edificación de esta plaza. Concretarla también implicó armar un proyecto que los alumnos presentaron a la comunidad y al alcalde. Eso ya les generó un montón de herramientas para que cuando entren al mundo laboral sepan cómo afrontar una entrevista, y los posicionó distinto frente a su entorno -plantea Mariela Bruzzese, alfabetizadora laboral de este plan.

Esta es una forma de verlo.

Pero desde la flamante dirección de la UTU manejan distintos argumentos que advierten que el plan no está aportando los resultados esperados; sobre todo evaluando el costo que conlleva. Por eso, recientemente retiraron 80 grupos del trayecto uno —es decir, del primer grado— y a su vez recomendaron que los alumnos que egresan de Primaria no sean derivados a las escuelas técnicas con FPB.

Además, hay otros 82 grupos cuya habilitación se mantiene en suspenso. Esto no resultaría raro para la altura del año en que estamos, pero el ambiente de recorte y la magnitud del número llaman la atención de los docentes, que temen lo peor.

Juan Pereyra, el director general de la UTU, anunció que el programa se estudiará a fondo y se llevará a cabo una reestructuración, pero desde la Asociación de Funcionarios (Afutu) se interpreta que las decisiones tomadas conducen a un único destino: su desintegración.

Rescatar a los perdidos.

La versión más reciente del plan FPB entró en vigencia en 2007. Al principio estaba orientado a mayores de 14 años que estuvieran desvinculados del sistema educativo.

Estos alumnos no son cualquier tipo de alumno.

“Acá lo que se hace es rescatarlos de la calle. Con que sigan estudiando ya hemos ganado. No solo la educación pública, la ciudadanía gana, porque son chicos que se daban por perdidos”, expone el alfabetizador laboral Julio García Galarraga, desde Rivera. Por ejemplo, tuvo estudiantes que tras cumplir una condena en reclusión debieron volver al aula por mandato judicial. “Al principio los recibíamos con miedo, pero luego ellos se van adaptando y ves cómo bajan el nivel de violencia que traían consigo. Hacen amistades, pasan de grado y nos piden que los recomendemos para trabajar. Entonces les conseguimos pasantías, y varios han tenido muy buenos resultados”.

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Las claves de un plan diferente

El plan de Formación Profesional Básico (FPB) tiene como antecedente a las escuelas rurales de alternancia. En 2007 entró en vigencia incrementando exponencialmente su número de matriculados hasta convertirse en la segunda opción predilecta de la Educación Media Básica, tras el Ciclo Básico Tecnológico. Su principal característica es que integra la educación media básica con la formación ocupacional, apostando a la inserción laboral y a la continuidad educativa. Ofrece un número reducido de asignaturas y su currículo se guía por logros de aprendizaje, teniendo como columna vertebral a los talleres ocupacionales. De esta forma acerca el trabajo a la educación. El diseño didáctico incluye un grupo de docentes que trabajan “cuerpo a cuerpo” con los alumnos y cada semana planifican en conjunto el trabajo en base a proyectos prácticos.

Luego de transcurridos los primeros años del plan, hubo maestras que sugirieron que este sería conveniente para ciertos alumnos que egresan de Primaria y que debido a dificultades en el aprendizaje u otras vulnerabilidades en su entorno, les resulta agobiante la transición hacia el Ciclo Básico y sus múltiples asignaturas. Incluirlos en el FPB, por su componente de acompañamiento educativo o por su acercamiento al trabajo, podría evitar su previsible desvinculación. Atendiendo a esta petición, en 2017 el Codicen habilitó la inscripción sin mínimo de edad.

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Docentes temen que se desintegre el plan. Foto: Leo Mainé

Si bien el plan ya venía consiguiendo una importante demanda desde su inauguración, esta novedad contribuyó a que la matrícula se incrementara velozmente hasta registrar la cifra más alta en 2018, con 15.100 estudiantes —4.280 en Montevideo y 10.820 en el interior—, distribuidos en 756 grupos. En comparación al resto de las opciones de la Educación Media Básica, el FPB representa el 40% del alumnado.

En términos presupuestales, este es un programa caro: el más caro de la Educación Media. La propuesta incluye un equipo conformado por un tallerista, los docentes de las materias curriculares e introduce figuras como la del educador —que acompaña a los estudiantes en el transcurso de los grados—, y una dupla compuesta por un alfabetizador social y otro laboral. Ellos trabajan su inserción en el sistema educativo y posteriormente les dan las herramientas para introducirse en el mundo laboral.

El diseño del FPB determina que semanalmente este equipo se reúna para repasar la evolución de cada uno de los estudiantes y se planifique el trabajo de la semana siguiente de acuerdo a proyectos. Además, hay materias que se dictan de forma conjunta: es decir que a las horas del docente de la asignatura se le suman las del tallerista (por ese propósito de relacionar la teoría a la práctica).

Según informa UTU, en 2020, sobre el total de horas docente habilitadas, el FPB representa aproximadamente el 20%, una cifra similar a la que insume el Ciclo Básico Tecnológico. Esta relación cambiará en 2021. La dirección optó por “subir” el peso del Ciclo Básico Tecnológico y “bajar” el del FPB. Por eso suprimió los 80 grupos y recomendó que los estudiantes que egresen de Primaria no sean derivados a este plan.

Considerando que cada grupo tiene un promedio de 25 estudiantes, esto se traduce en 2.000 matrículas menos para el trayecto uno, que supuestamente serán absorbidos por el Ciclo Básico Tecnológico. Si el peor de los escenarios que los docentes proyectan se hiciera realidad y los otros 82 grupos que están en suspenso no se abrieran, estiman que perderían unas 50.000 horas de clase.

—No hay que verlo como un plan caro, sino como una inversión cara que te permite llegar a chicos a los que antes no llegabas. Y ahora les sacás esa oferta, ¿para darles qué? ¿Más de lo mismo que ya había y que no les servía? —plantea Valeria Davino, profesora de matemáticas.

El asunto de fondo sería dilucidar cuánto influyó en la decisión de UTU la política de recorte general que introdujo el gobierno y qué argumentos se manejan para justificar la necesidad de una reestructura. Si bien en su informe de presupuesto la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) anuncia la reestructuración de la mayoría de los cursos para que entren en vigencia en 2023, la del FPB se prevé para un año antes debido “a la gravedad de sus problemas”.

Fallas y resultados.

“Lo quieren terminar. Se está dejando sin oferta a la población vulnerable y hay puestos de trabajo que se van a perder por la baja de horas. Todo esto viene de la misma mano: recortar para ahorrar”, dice Patricia Massiotti, presidenta de Afutu.

Estos docentes aún no recibieron una comunicación oficial donde les informen cómo viene el preplanillado, ni les avisaron de las recomendaciones que se enviaron para desestimular la matriculación de menores de 15 años al FPB. Tienen la certeza de que esta acción se toma en pos de recortar ya que, si bien la ANEP quedará por fuera de la rebaja general del 15% en el funcionamiento del Estado, lo cierto es que la estrategia es efectivizar los recursos y que, además, UTU tiene un déficit del entorno de los 300 millones de pesos. Según supo El País, para 2021 la Oficina de Planeamiento y Presupuesto le habría aprobado una partida para cubrir el monto, pero no así en los años sucesivos.

¿La desarticulación del plan está en el horizonte? El consejero del Codicen Juan Pérez, expresidente de Afutu y uno de los docentes referentes en el armado del FPB, asegura que no tiene elementos institucionales que induzcan que se va en esa línea.

En tanto, Pereyra, desde la UTU, se resguarda: “Es totalmente injusto acusarnos de querer equilibrar el presupuesto sacrificando el plan. Nosotros al FPB lo vamos a estudiar por todos lados. Vamos a evaluar otras alternativas internacionales y nacionales que trabajan la inclusión para generar el mejor diseño posible”.

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Juan Pereyra lleva 40 años en la UTU, cinco meses atrás asumió su dirección. Quiere evitar el conflicto, pero la reestructura generó una controversia. Foto. M. Bonjour

Pereyra reconoce que el FPB es un buen plan instaurado por la administración anterior para captar a los chicos que, de fracaso en fracaso, eran expulsados por el sistema. Sin embargo, opina que la decisión tomada en 2017 de ampliar el universo etario fue “un grandísimo error”. Antes, excepcionalmente, ingresaban menos de 1.000 chicos entre 11 y 14 años, pero tras la habilitación el número creció hasta llegar a 6.276 en 2020. De este total, 984 tienen 12 años o menos: cerca del 30% de los estudiantes que egresan de Primaria y se inscriben en la UTU eligen este plan.

“El plan fue pensado para un tipo de población, mayor de 15, que estaba alejado de las aulas, y sin ningún tipo de cambio se aplicó a otra población, poniéndolos en la misma clase, a chicos de diferentes edades y contextos. Esto ocasionó problemas de violencia en varias escuelas y es un peligro para ciertas orientaciones que manejan maquinaria peligrosa. Las decisiones que se tomaron fueron para que el FPB vuelva al origen para el que fue creado”, dice el director.

Otro argumento a favor de la reestructuración es que estos alumnos obtuvieron los peores resultados de la Educación Media Básica en el informe de Aristas Media que elabora el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed). “Prácticamente aplicamos el doble de recursos para el FPB en comparación al Ciclo Básico Tecnológico y los resultados no son los esperados. No podemos seguir sacando alumnos con estos niveles”, plantea.

¿Qué podría explicar este desempeño? Pereyra opina que es multicausal y que va desde la complejidad de la población objetivo hasta la formación de los docentes, “que no han tenido la preparación adecuada para esta tarea”.

Según información a la que accedió El País, en 2019 el 62,9% de los estudiantes de los tres grados del FPB aprobó, mientras que el 19,5% repitió y 17,6% abandonó. En comparación con los resultados de años anteriores, se constata una mejoría en todos los índices. Pero, en comparación al resto de los resultados de la Educación Médica Básica, el porcentaje de desvinculación es bastante más alto. Este es otro de los objetivos que Pereyra considera que el FPB no está cumpliendo.

Otro número que contribuye a su postura es la poca continuidad educativa que logra el plan. Si bien está pensado para que sus alumnos puedan continuar cursando el Bachillerato, un censo realizado en 2017 arrojó que solo cuatro de cada 100 estudiantes que alcanzaron el último año de los cursos de la Educación Media Superior egresó del FPB.

Pero, la pregunta es, ¿este plan debe evaluarse de acuerdo a los mismos parámetros que el resto?

Detrás de los números.

Hay otra forma de ver estos números. La principal virtud del FPB —dicen los docentes consultados— es que “no está descolgado de la realidad del territorio” porque el plan implica que “se meta” por dentro de la comunidad y se arme un mapeo laboral y social del entorno del alumno.

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Escuela técnica con FPB ubicada en el barrio Aeroparque. Foto: Leo Mainé

Por eso los grupos funcionan en anexos descentralizados para acercar la educación al estudiante, ya sea en centros o en asociaciones, e incluso en barrios recién formados: donde sea que se identifique la demanda.

Los proyectos sobre los que trabajan los alumnos en los distintos grados suelen tener que ver con mejorar la escuela técnica y el barrio. Así han construido veredas, plazas, cartelería para calles, cunetas; se han hecho rampas para estudiantes en sillas de rueda, paradas de ómnibus, servicios gastronómicos, o los FPB de belleza visitan las cárceles. Muchas de estas veces, al cambiar la forma en que estos jóvenes son vistos por su entorno, los comerciantes comienzan a colaborar con maquinaria o insumos para que la escuela funcione y ellos no dejen de estudiar. Por eso, algunos docentes dicen que hay FPB que se autosustentan.

En tanto, detrás de la deserción pueden darse situaciones diversas que van más allá del desinterés. García, el alfabetizador laboral de Rivera, cuenta: “He tenido estudiantes a los que por necesidad económica la familia los saca para vender leña, o poner ladrillos, o para que los acompañe a cargar mercadería que se contrabandea en la frontera”. Ahí es cuando el educador sale a “hacer los domicilios” para intentar recuperarlos.

Otras veces, llegan alumnos que no saben ni leer ni escribir. “Así de triste te lo digo”, suelta Gustavo Machado, alfabetizador laboral de Maldonado. “Esos chicos por ahí razonan muy bien y son buenos alumnos en los talleres pero malos en las pruebas, por lo tanto, ¿cómo hacés para evaluar cuánto vale rescatar a adolescentes como estos? Hay muchos que, cuando saben que hay una evaluación, faltan porque se avergüenzan”.

Javier Lasida, profesor de alta dedicación del Departamento de Educación de la Universidad Católica, es uno de los nuevos integrantes de la comisión directiva del Ineed, el instituto encargado de evaluar la calidad de la educación nacional. Tal y como él lo ve, la altísima demanda del FPB es un fenómeno que evidencia “el corrimiento de la educación secundaria a la técnica que se está dando en el país”.

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El plan se estudiará y se reestructurará, prevén nuevo diseño para 2022. Foto: F.Ponzetto

Para este experto el diseño del plan es “el mejor de la educación media”, ya que es “el único que define lo que los estudiantes tienen que aprender y hacer con esos aprendizajes” y acerca la educación al trabajo, una tendencia de la que nuestro sistema educativo estaba distante. “El trabajo hoy es un recurso pedagógico: hay evidencia de que el trabajo estimula la continuidad educativa”, apunta.

Por eso considera que la inclusión de menores de 15 años fue un acierto del Codicen. “Investigando encontré egresados exitosos del FPB que habían esperado a cumplir los 15 para ingresar, ¿por qué hacerlos esperar? Por otro lado, está la teoría de que si se ofrece este tipo de plan a temprana edad, los sectores de menores ingresos se concentrarán allí, pero la respuesta es que estos estudiantes no estarían en el Ciclo Básico, sino afuera de la educación. Y además he conocido estudiantes del FPB que no son necesariamente de sectores vulnerables. En todo caso habría que generar más grupos, que sean homogéneos para mejorar la convivencia, pero no retroceder”, plantea.

Entonces, ¿cómo se debe evaluar el fracaso o el éxito del FPB? El investigador opina que se debe usar la misma vara que para el resto de los estudiantes —“porque si no estaríamos generando una educación de segunda categoría”— pero reconociendo los distintos puntos de partida.

“Esta es una población que necesita más apoyo y otra modalidad y hay que compararla con poblaciones similares, si no estaríamos haciendo trampa. El informe de Aristas dice que hay problemas con el FPB, pero no dice que la educación del FPB sea de peor calidad que la del Ciclo Básico. Afirmar esto exige un trabajo de evaluación del plan que todavía no está hecho”, afirma Lasida.

En una plaza del barrio Aeroparque, rodeada de esas calles con nombres de compañías aéreas, la adolescente Allison Méndez hace planes. A pesar de que ahora está cursando el primer año de Bachillerato en gastronomía, piensa en el proyecto que se viene con quienes eran sus compañeros de construcción: armar las letras en hormigón que identifiquen el nombre de este barrio joven y colocarlas a la vista de todos los vecinos para que se saquen fotos junto a ellas.

—Le vamos a poner el nombre al barrio. Que los vecinos nos vean trabajando con esas letras inmensas, que van a llevar mucho trabajo, me da mucha emoción. Un día voy a pasar por ahí y voy a poder decirle al resto: esto lo hice yo.

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Actualizar cursos, acercarse al sector privado, capacitar docentes y efectivizar a los que faltan

Durante la ceremonia de asunción de las nuevas autoridades de la UTU, el presidente de la ANEP Robert Silva apuntó a mejorar la alianza con el sector privado y se refirió a la importancia de lograr la acreditación o formación de los docentes que no cuentan con una titulación, los que estarían en torno al 60% del plantel. En este sentido, el director Juan Pereyra adelantó que se está reuniendo con distintas cámaras empresariales y organizaciones de trabajadores: “Estamos pidiendo información para actualizar los cursos y conocer cuáles son las necesidades del mercado laboral”. También se realizan cursos para directores; se capacitará a docentes y se buscará la forma de efectivizar a los que no lo están.

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