Asistidos por el Estado

Un pasaje de huida: la historia de dos uruguayos repatriados de Venezuela

El Estado repatrió a 10 personas desde Venezuela este año. Otros 80 lo solicitaron, pero Cancillería aún no les respondió. Quienes viven allí denuncian que los medicamentos siguen siendo escasos y que los envíos desde aquí mermaron. ¿Cómo sobreviven los uruguayos a la crisis venezolana?

Venezolanos repatriados de Venezuela
Daniel Molinari y Martín Taverna regresaron en abril de Venezuela. (Foto: Darwin Borrelli)

Hicieron la valija dos veces. La primera fue en la década de 1980, huyendo de la dictadura uruguaya y de la crisis económica que se vivía por estas latitudes. Al bajar del avión los recibió un país próspero, caluroso, que los esperaba con los brazos abiertos para convertirse en su casa durante las siguientes cuatro décadas. Pero este año, después de varios meses de hambre y de haber estado al borde de la muerte en ese mismo país, tuvieron que volver. Fue el regreso más impensado y doloroso, aunque de verdad agradecen estar acá.

El cuerpo de Martín Taverna aún carga con las complicaciones del último tiempo. Tiene 59 años y su bastón es consecuencia de las fallas del sistema de salud de Venezuela. Revela que tuvo que robar gasas en el hospital, que los médicos no lo visitaban por miedo a que los contagiara y que una enfermera le enseñó cómo curarse a sí mismo. Las llagas en su espalda hablan de la escasez de antibióticos y su cadera soldada a prepo evidencia que no lo pudieron operar por falta de instrumentos.

Daniel Molinari, íntimo amigo suyo y también uruguayo, tiene 65 años. Él fue quien lo cuidó durante la internación y así contrajo una bacteria hospitalaria en la pierna, por lo que terminó siendo un paciente más. Fue cuestión de meses para que la vida de ambos corriera peligro, hasta que en la embajada uruguaya se enteraron de lo que les pasaba. Entonces empezaron a tramitar la repatriación.

Ellos dos no son los únicos que retornaron de Venezuela con ayuda del Estado. Según datos de Cancillería, 10 personas regresaron entre enero y julio de este año mediante este trámite. Estos meses evidencian un aumento, ya que entre 2015 y 2018 volvieron 15 en total.

A estos números hay que sumarles los que regresaron por sus propios medios. En los primeros siete meses de este año llegaron 90, un número que crece: fueron 136 en 2016, 188 en 2017 y 199 en 2018. En el ministerio estiman que 2019 marcará un nuevo récord.

Las cifras muestran que la crisis venezolana se siente desde hace tiempo, pero el verdadero periplo de los dos amigos uruguayos empezó el año pasado. Fue en junio, cuando unos perros intentaron morder a Taverna y él se tropezó intentando evitarlo. Así se fracturó la cadera y estuvo ocho meses internado, hasta que terminó retornando a Uruguay en abril de este año. No había vuelto desde 1983 y tampoco pensaba hacerlo, ya que había proyectado su vida en Isla Margarita.

Esta lesión se complicó de a poco. Los primeros días de internación los pasó en cama a la espera de una operación que nunca llegó. Luego vinieron las bacterias hospitalarias, que le lastimaron ambas piernas. Y también aparecieron las éscaras en la espalda, producto de la falta de movimiento. Su pronóstico llegó a ser tan malo que Molinari, su amigo, llamó a su familia en Uruguay para avisar que moriría pronto.

—Yo vi a una mujer que iba a parir y no conseguían los guantes para hacerle una cesárea. El esposo tuvo que salir a buscarlos; estuvo tres horas el tipo buscando los guantes. También se veían morir niños. Esa es la situación de Venezuela y en el medio estábamos nosotros. Estuvimos allí hasta que nos dieron la repatriación —cuenta Taverna.

Lo peor, dicen, fue que mientras duró la internación no pudieron trabajar. El poco dinero que tenían lo utilizaron para comprar medicamentos y no contaban con seguro por enfermedad. En un país donde los bienes son demasiado escasos, la realidad de estos dos hombres se convirtió en una bomba de tiempo que les explotó en la cara. Y les mostró la parte más cruda de la crisis venezolana.

—Todo esto iba bien hasta que apareció el gobierno revolucionario, que de revolucionario no tiene nada. Y todo se empezó a complicar. En menos de 10 años todo el mundo quedó en ruinas. Querían un gobierno para los pobres y lo lograron: hicieron a todo el mundo pobre. El dinero no vale nada y todo lo que trabajamos se nos fue. Quedamos prácticamente en la calle —agrega Molinari.

Repatriados de Venezuela
Los hospitales de Venezuela están colapsados y faltan medicamentos. (Foto: EFE)

De nuevo en casa

Los uruguayos que fueron repatriados debían demostrar que no podían pagar el pasaje. En Venezuela, dice Molinari, eso no es muy difícil de probar. En su caso no tenía propiedades y jamás había aportado al sistema de seguridad social de ese país, por lo que no accedía a licencia por enfermedad. Sus ahorros se fueron en comprar medicación para él y su amigo, por lo que gastar 1.000, 1.500 o 2.000 dólares en un boleto de avión era imposible.

—No teníamos para comer, ¡qué íbamos a tener para un pasaje! —agrega.
En Cancillería les ofrecieron pagarles el boleto y que lo devolvieran cuando pudieran. Por ahora no les volvieron a hablar del tema y ellos ni siquiera saben cuánto le deben al Estado.

Así lograron volver en un vuelo comercial que los llevó de Caracas a la Ciudad de Panamá. Esperaron seis horas en ese aeropuerto y entonces salieron rumbo a Montevideo. Su viaje se demoró unas semanas debido a que ambos cursaban enfermedades infecciosas, por lo que los médicos tenían miedo de que contagiaran en el avión.

Cuenta Molinari que antes de salir les hicieron firmar unos papeles en los que se comprometían a hacerse cargo de los gastos del viaje, pero la verdad es que no tienen ingresos. Ahora están a la espera de una tarjeta del Mides que les dará, al menos, un leve respiro.

También fueron al Banco de Previsión Social (BPS) para tramitar una jubilación, aunque no está claro que los años trabajados acá sirvan para algo. En el caso de Taverna, que estuvo en caja más tiempo antes de emigrar, es probable que en noviembre —cuando cumpla 60— acceda a una jubilación mínima. Molinari está más complicado, ya que no aportó nunca y espera que le otorguen una pensión por discapacidad. Los casi 40 años trabajados en Venezuela, al haber sido en negro, por supuesto que no cuentan.

— Acá estamos viviendo nosotros dos, de prestado. Nunca declaramos los años trabajados en Venezuela, pero tampoco pensábamos que Venezuela iba a llegar a lo que llegó. Tuvimos camiones, tuvimos taxis, trabajamos en restaurantes. Fueron muchísimos años trabajados para terminar así —dice Taverna.

Otra condición para que los repatriaran era que alguien se hiciera responsable de ellos. La familia de Taverna escribió una carta que entregó al ministerio y así lograron traerlos a ambos, ya que Molinari no tenía quien lo reclamara.

Los Taverna les dieron una pieza al lado de su casa, en Paso Carrasco, y allí viven los dos. El lugar es sencillo, hay una cama simple y un sillón cama. No tienen baño y usan el del resto de la familia, que está a unos metros. Para sobrellevar el frío uruguayo, les prestaron una estufa de cuarzo que prenden a veces. Así resisten la corriente de aire que entra por abajo de la puerta de chapa.

Dos amigos que se recuperan juntos

Daniel Molinari (derecha) y Martín Taverna (izquierda) llegaron a Montevideo en abril. Demoraron casi dos meses para que los repatriaran, ya que ambos cursaban enfermedades infecciosas y debían recibir el permiso de sus médicos en Venezuela. Ahora viven en una pieza que les prestaron en Paso Carrasco y aguardan a que el Banco de Previsión Social (BPS) les otorgue un ingreso mensual. Deben curarse dos veces por semana en la policlínica del barrio, ya que las heridas en sus piernas aún no se cerraron. Todavía mantienen vínculo con sus amigos en Venezuela, aunque lo que más extrañan es el clima tropical de ese país. “Ojalá pudiéramos traerlo y aquí sería todo perfecto”, bromea Molinari. Se escriben por Facebook con sus conocidos y en pocas semanas tendrán un celular para utilizar Whatsapp, ya que Cancillería hizo un convenio con Antel y les regaló un equipo con contrato de $ 500. No pudieron ir a buscarlo porque les duele mucho moverse.

Los que estamos

Cada vez quedan menos uruguayos en Venezuela. Mariela San Juan, integrante del Club Uruguayo Venezolano en Caracas, dice que antes iban 600 personas todos los fines de semana a las reuniones del grupo. Ahora no va nadie: ya no son tantos y tampoco tienen dinero para gastar en esos grandes asados que preparaban.

—La colonia uruguaya cada vez es más pequeña, pero siempre apostamos a ayudarnos porque es lo que necesitamos ahora. Hay mucha gente sola, sobre todo gente mayor. Los que se quedan son los que no se pueden ir: ¿cómo vas a comprar ahora un pasaje, con los precios que tienen? Solo te sacan desde Cancillería si hay un problema grande —dice.

Según datos del ministerio, todavía quedan entre 8.000 y 9.000 uruguayos en Venezuela. La mayoría vive en Caracas, Barquisimeto, Puerto La Cruz, Valencia, Barcelona e Isla Margarita. Además de los 10 que fueron repatriados en los primeros siete meses de este año, otros 80 aguardan que el Estado les pague el pasaje de vuelta. Los próximos dos llegarán en las semanas venideras, dijeron a El País desde Cancillería.

San Juan cuenta que la ayuda del gobierno uruguayo fue “muy importante al principio”, pero se redujo en los últimos meses. Según la mujer, las repatriaciones disminuyeron y es cada vez más difícil que nuestro país pague los pasajes.

—El consulado aquí hace lo que puede, pero no tiene la potestad de hacerlo todo y las cosas se trancan un poco. Ellos pueden tener la mejor disposición, pero si en Uruguay no los ayudan es muy difícil. Al principio fue un auge muy bueno, cuando comenzamos todo esto, hará como siete meses. Pero ahora es mucho más tibia la ayuda —asegura.

Desde el gobierno, sin embargo, aseveran que trabajan para atender la situación de los uruguayos en Venezuela. Explican que implementaron “consulados móviles” para estar en contacto con las personas y ayudarlas a obtener lo que necesiten.

En el último año, responden desde Cancillería, la embajada de Uruguay realizó 2.500 actuaciones. La mayoría fueron declaraciones juradas para venezolanos que viajaron a nuestro país, aunque también hubo renovaciones de pasaportes y cédulas de identidad, expediciones de documentos para que los uruguayos cobraran la jubilación a pesar de vivir en el exterior y certificados de retorno.

Y si bien San Juan destaca el trabajo de los diplomáticos uruguayos, dice que quienes viven allí no siempre tienen dinero para pagar los trámites que ofrecen.

—Acá hay mucha gente mayor y desde la comunidad se estaba pidiendo algún tipo de pensión para las personas mayores que no tienen estabilidad económica. Fijate que acá ganan seis dólares con media jubilación. Pero no tenían dinero para hacer los trámites, como otros tampoco tenían dinero para renovar sus pasaportes —cuenta.

En el ministerio son conscientes de esta realidad y buscan cambiarla: “Debido a la situación especial que viven muchos nacionales, la sección consular evalúa la posibilidad de exonerar muchos trámites que puedan tener costo. Esto es debido a lo oneroso que pueden ser frente a los salarios en dólares que tienen los compatriotas”, revelan.

Escasez de alimentos en Venezuela.
La escasez de alimentos en Venezuela es una escena recurrente. (Foto: EFE)

Medicación de lujo

Taverna y Molinari solo sienten agradecimiento hacia nuestro país. Están maravillados con el sistema de salud y con la atención que reciben en ASSE. Se curan dos veces por semana en la policlínica de Paso Carrasco, que les queda cerca, y ya les dijeron que en las próximas semanas les darán el alta. Ambos tienen las piernas hinchadas producto de las bacterias que los infectaron, pero las heridas están mucho más cerradas que antes.

—Yo sigo sin poder creer la cantidad de medicamentos que nos mandaron. Allá a duras penas conseguíamos gasas y aquí nos hicieron un tratamiento completo. Y es todo gratis —dice Molinari.

El acceso a los fármacos es una odisea en Venezuela. Los uruguayos que viven allí y tienen enfermedades crónicas son los más afectados, ya que es casi imposible cumplir con los tratamientos que les indican los médicos.

Para paliar esta situación, funcionarios de Cancillería viajaron en febrero y llevaron medicamentos. Esto se logró luego de que el Ministerio de Salud Pública (MSP) analizara las historias clínicas de los pacientes y comprobara que estos fármacos habían sido recetados.

El ministro de Salud Pública, Jorge Basso, decía a la prensa entonces: “Son pacientes con enfermedades crónicas, por lo que es una lista muy importante de medicamentos para cada uno de ellos. ASSE los suministra con la seguridad de que existe una historia clínica y una receta que indica esa medicación”.

Según Cancillería, se compraron unos 440 medicamentos entre enero y julio. Algunos fueron enviados por el MSP, otros fueron adquiridos por la embajada de Uruguay en las farmacias de Caracas, y también hubo donaciones. En casos puntuales, los familiares de estos uruguayos los entregaron en la Dirección General para Asuntos Consulares y Vinculación en Montevideo.

Sin embargo, esta ayuda no habría sido suficiente. Joaquín Canabal, médico uruguayo que vive en Barquisimeto, dice que en este momento no se están enviando fármacos a Venezuela. Afirma que la mayoría fueron entregados en Caracas y en Isla Margarita, y denuncia que a su localidad jamás llegó nada.

—Estamos en contacto con Cancillería, tenemos la mejor relación, nos mandan correos permanentemente. Pero la verdad es que la ayuda disminuyó mucho en los últimos meses —agrega.

El médico viaja seguido a Uruguay y entonces compra medicamentos para sus conocidos. También recibe paquetes de familiares para que lleve y así tratan de salir adelante. Según él, los pacientes más graves que había en Barquisimeto ya volvieron a nuestro país.

Pero otros murieron esperando la repatriación. Canabal recuerda un caso que ocurrió hace dos años, cuando un colega suyo gastó todos sus ahorros para comprarle medicación a su esposa. La mujer terminó muriendo de cáncer y a los pocos meses se enfermó él, pero ya no tenía ahorros para el tratamiento. Entonces solicitó asistencia en Cancillería.

—Quedó en la calle. Tenía su casa, pero no tenía con qué comer. En esa situación yo lo puse en contacto con el embajador uruguayo en Venezuela, que era amigo mío. Él gestionó con el ministerio la repatriación del doctor, pero fue difícil porque la familia que tenía allí no quiso asumir la responsabilidad de recibirlo. El resultado fue que se perdió mucho tiempo y el señor murió —cuenta.

Él no fue el único. En febrero de este año, antes de que llevaran los fármacos, una uruguaya de 69 años también murió en Isla Margarita. Se había anotado para recibir medicación para la hipertensión, pero sufrió un accidente cerebrovascular (ACV). Un día después, las autoridades de nuestro país confirmaron el envío de los tratamientos a Venezuela.

Canabal dice que los más codiciados son los antibióticos, los antihipertensivos, los anticonvulsivantes y los fármacos oncológicos. También hay un “importante déficit” de implementos médicos básicos, como guantes, gasas y sueros.

Frente a esta situación, lo que sobresale es el instinto. Taverna, el uruguayo que pudo volver, todavía recuerda cómo se rebuscaba en el hospital:

—Como quien dice, había que salir a robar para curarnos. Iba a un piso, iba a otro, me pasaba horas buscando las gasas. Al final sabía dónde las guardaban, pero a veces las cambiaban de lugar. Así estuve varios meses: robando para poderme salvar.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)