EL MUNDO DETRÁS DE LOS SONDEOS

¿Quién paga las encuestas y qué beneficios reciben a cambio?

Hay preguntas que rondan alrededor de las encuestadoras: ¿cómo se financian?, ¿entran a todos los barrios?, ¿por qué es difícil toparse con una persona que haya sido encuestada? Cada elección las pone en el escrutinio público, y ellos adelantan que la de este año no será nada fácil.

Encuestadoras advierten problemas en mediciones debido al "voto oculto". Foto: archivo El País.
Encuestadoras advierten problemas en mediciones debido al "voto oculto". Foto: archivo El País.

Hace 10 días redacciones de diarios, radios y canales de televisión recibieron un extracto de una encuesta que la consultora Factum tenía previsto dar a conocer más adelante. En esta se mostraba la intención de voto dentro de la interna blanca y la novedad era que, con el 13% de las preferencias, Juan Sartori se colocaba en tercer lugar. Lo hacía detrás de Luis Lacalle Pou, que lograba el 57%, y Jorge Larrañaga, que obtenía el 19%, y por delante de Verónica Alonso, Enrique Antía y Carlos Iafigliola. En el ámbito político empezaron a correr rumores y suspicacias: por qué se habían dado a conocer solo los datos del Partido Nacional, quién había divulgado la encuesta, no sería que los buenos números del empresario se debían a que este había pagado por esa encuesta.

Eduardo Bottinelli, de Factum, advierte que hubo una filtración de esos datos, y que quienes lanzan dudas sobre un supuesto maquillaje en los números, o desconocen el sistema y la forma de trabajar o son malintencionados. “Realmente es algo que molesta, y mucho, que se difame de esa forma. Hace un tiempo decían que las encuestas las pagaba (Edgardo) Novick, después que eran del gobierno, después el Frente Amplio, ahora Sartori (…) La verdad es que las encuestas las pagan varios, siempre. Eso es lo bueno que tiene Uruguay, que no hay un solo cliente”, señala.

Lo sucedido es una buena excusa para saber cómo funcionan estas empresas, quién las financia, qué información recogen para los candidatos más allá de la que se hace pública, si logran entrar a todos los barrios, por qué la mayoría de la población declara nunca haber sido encuestada y si los errores en las mediciones que se sucedieron en las elecciones pasadas, en las que vaticinaban un escenario de mayor disputa y descartaban que el FA pudiera conseguir la mayoría parlamentaria, pueden volver a repetirse este año.

La financiación

Las encuestas en Uruguay no se hacen para un solo cliente sino para muchos, y de distintos partidos. También se pueden incluir preguntas para empresas, ya sean privadas o estatales. Además, algunas de las consultoras reciben dinero de los medios de comunicación que pagan por la primicia de los datos.

“Estas encuestas son financiadas por distintos clientes. Por eso se llaman encuestas ómnibus, porque son muchos los que se suben y los que pagan. Esto nos permite abaratar costos, porque las secuencias son cada vez más caras. Muchas veces no son solo políticos, en el mismo cuestionario puedo incluir preguntas para un empresario, por ejemplo. Y también pagan los medios para tener la exclusividad”, explica Mariana Pomiés, de la consultora Cifra.

Esta manera de desempeñar la tarea no es común a todos los países. En Estados Unidos, por ejemplo, hay encuestadoras que trabajan para el Partido Republicano y hay otras que lo hacen para el Demócrata. Pero aquí, con una población de votantes tan pequeña, de apenas 2,7 millones de habilitados para votar, las encuestadoras, según sostienen, no tienen otra manera de trabajar que no sea con candidatos de todos los partidos -después hay candidatos que hacen sondeos propios, como es el caso de Alonso; o que contratan a firmas internacionales para que, además de las uruguayas, se encarguen de hacer mediciones, y ese es el caso, por ejemplo, de Ernesto Talvi.

Pero ellos no pagan solo por la información que se hace pública, y ahí está la diferencia entre las consultoras, que se ven obligadas a ofrecerle un plus a cada uno de los candidatos para hacer más atractiva su oferta. Este plus tiene que ver con un análisis más exhaustivo de los datos, información geográfica sobre dónde cada uno tiene más o menos votos, o dónde les tienen simpatía pero igual no piensan votarlos.

Últimamente las empresas suelen recibir reclamos de información sobre los indecisos: un perfil de ellos que les permita saber cómo piensan, qué esperan de un candidato, cuáles son sus principales preocupaciones y, sobre todo, dónde es que estos están.

Es decir, las preguntas que se hacen a los clientes van mucho más allá de a quién votarían las personas si las elecciones fueran el próximo domingo. Así lo explica Bottinelli: “Hay indicadores que se miden en forma permanente: aprobación del presidente, imagen de organismos públicos, de instituciones educativas, de universidades, imagen de un conjunto de instituciones, entre otros. Además se incorporan preguntas puntuales sobre hechos de coyuntura que puedan ser relevantes. Para poner ejemplos extemporáneos, podemos citar: evaluación de la visita de Fidel Castro o de George Bush a Uruguay (acuerdo o desacuerdo con la visita). Hay otros temas que se han estudiado, como por ejemplo el grado de acuerdo o desacuerdo que la población tiene sobre la idea de instalar una planta de energía nuclear en el país”.

“Las preguntas son variadas -agrega Rafael Porzecanski, de la consultora Opción-. Se pregunta por la simpatía hacia principales líderes políticos, evaluación de la gestión gubernamental, de la marcha de la economía y otros temas país relevantes; los mayores problemas país identificados y demandas sobre el perfil de los candidatos o preguntas de coyuntura sobre temas de agenda”.

Cómo se pregunta

Pero lo importante, para hacerse un mapa de la situación, no es solo lo que se pregunta, sino cómo se pregunta. “Esta es una de las cosas que diferencia a las encuestadoras, porque la forma en que uno pregunta condiciona las respuestas”, dice Pomiés, de Cifra.

Un ejemplo claro: una cosa es preguntarle a una persona qué candidato a las internas le genera mayor simpatía, y otra es hacer una serie de preguntas que empiece por: “Si el próximo domingo hubiera elecciones internas, ¿usted iría a votar?”, y recién después de esto inquirir a qué partido y candidato.

También la muestra se verá modificada por la forma en que se formule la pregunta. Ignacio Zuasnabar, de la consultora Equipos, se detiene sobre este punto y explica: “En función de los objetivos de la investigación se determinan las dimensiones a evaluar, y de ahí se desprenden los indicadores que puedan dar respuesta a la problemática central de la investigación. El cliente participa en este proceso. Las preguntas son evaluadas en un pre-test cognitivo para chequear la comprensión por parte de los entrevistados. Esto se hace para garantizar que la pregunta mida exactamente lo que se quiere medir”.

La idea, también, es que a lo largo del tiempo las preguntas sean las mismas, para que los datos sean comparables. Sin embargo, en ocasiones reciben modificaciones que tienen que ver justamente con facilitar la comprensión por parte de los encuestados.

Hay un mito popular que dice que es más fácil ganarse el 5 de Oro, a que te hagan una encuesta. Bottinelli desmiente esto con números en la mano. Él dice que es “infinitamente más fácil” ser encuestado y advierte que en el caso de una encuesta tipo de Factum las probabilidades son de uno cada 2.650, mientras con el 5 de Oro es de 1 cada 1.086.004. “Hay mucha gente que probablemente nunca haya sido encuestada, y también es posible que mucha gente que ya fue encuestada no recuerde que lo fue”, señala.

Confidencialidad

Otra pregunta es cómo hacen las encuestadoras para que los resultados de sus trabajos no se den a conocer antes de que ellos los hagan públicos en el medio de comunicación para el que trabajan. Lo cierto es que para evitar que la información se filtre, hace algunos años las consultoras debieron cambiar la manera de trabajar. Ya sea porque la palabra ya no vale tanto, o porque la tecnología hace que la información corra más rápido que antes, hoy estas firmas primero dan a conocer los números por radio o televisión, y luego les dan un detalle de los datos a sus clientes políticos.

“En general, los que trabajamos en medios les damos los datos antes a los medios que a los políticos. Antes no, antes les dábamos a los políticos. Pasaba cada vez más que los candidatos soltaban la información y entonces los medios decían que así no les servía”, dice Pomiés, de Cifra.

Lo mismo señala Porzecanski, de Opción, al advertir que “siempre” procuran que “los datos de opinión pública electoral sean publicados en medios a través de los integrantes del área de opinión pública de la empresa”. Más allá de eso, todas las firmas advierten que intentan construir relaciones de confianza con los clientes, para evitar que se den estas situaciones.

Posibilidad de error

Un poco más, un poco menos, en las elecciones pasadas muchas encuestadoras cometieron errores. Ellos se defienden advirtiendo que estos estaban contemplados dentro del margen de error. Es preciso recordar que el FA logró la mayoría parlamentaria por menos de un 1% de los votos. Pero ante esta realidad, y a la gran cantidad de población que expresa estar indecisa u oculta su voto de cara a las elecciones de octubre, es preciso saber qué piensan las consultoras sobre la posibilidad de equivocarse este año.

Bottinelli antes que nada se defiende sobre la existencia de errores en las elecciones pasadas. “Todas las encuestas, sin excepción, marcaron que el Frente salía primero, el Partido Nacional segundo, el Partido Colorado tercero, el Partido Independiente cuarto, Unidad Popular quinto y PERI sexto. Todas las encuestas marcaban que en segunda vuelta el FA era favorito. Lo que hizo que pareciera que el error de las encuestas existió fue la mayoría parlamentaria del FA”. Para él, en esta elección las mediciones no marcarán tantos indecisos como en 2014, pero sí habrá un grupo de personas que no dirán a quién votarán, lo que en la jerga se suele denominar “voto oculto”.

Lo mismo sostiene Zuasnabar, pero a la vez advierte: “Las encuestas se enfrentan a un contexto de desafíos importantes: aumento en la tasa de rechazo, cambios metodológicos, cambios de preferencias de votantes en períodos breves, ‘voto oculto’ (como ocurrió en la primera vuelta de 2014). La encuesta nunca fue una herramienta de pronóstico, no sirve para eso: es una herramienta de medición aproximada de la realidad en un momento dado. Pero quizá en este momento, quienes hacen pronósticos basados en encuestas deberían tener mucha más cautela. Más que la que tuvieron en el pasado”.

¿Logran los encuestadores entrar a todos los barrios?

Mariana Pomiés, de la consultora Cifra, advierte que “hay lugares a donde las encuestadoras no pueden entrar”, y dice que esto “corre tanto para arriba como para abajo, atraviesa todas las clases sociales”. Esto es así porque tienen dificultad para entrar a un asentamiento, pero también la tienen para ingresar a un barrio privado o a un edificio de apartamentos.

“A los edificios, con portero o sin portero, un encuestador no puede entrar. A los barrios a donde la policía ni las ambulancias pueden entrar, tampoco. Ni a un barrio privado. Pero el problema está en que no estamos accediendo a las dos puntas”, dice Pomiés.

En tanto, Ignacio Zuasnabar, de Equipos, dice que su empresa sí logra entrar a todos lados. ”Tenemos un excelente y valiente equipo de encuestadores domiciliarios que conocen todo el territorio perfectamente, y saben cuándo y cómo abordar situaciones potencialmente problemáticas. Evidentemente la seguridad de los encuestadores está por encima de cualquier otra consideración, y si entienden que cualquier situación puede llegar a ser peligrosa para su seguridad, deben evitarla a toda costa. Pero no es lo frecuente”, dice.

Por su parte, desde la consultora Opción, Rafael Porzecanski dice que ellos no tienen problema, porque la encuesta la hacen a través de teléfonos celulares. “Tenemos un sistema por el cual logramos llamar a residentes de las más diversas zonas del país, áreas urbanas y rurales”.

Desde Factum, en tanto, Eduardo Bottinelli advierte que en Factum están “combinando las técnicas de telefonía fija y telefonía celular como forma de paliar algunos sesgos que tienen las distintas técnicas tomadas en forma única”.

Sobre este sistema, Pomiés advierte: “En el celular si no conocen el número, hay muchos que no contestan. En las redes también hay un sesgo muy grande, hay gente a la que le cuesta la comprensión lectora, entonces no responde”.

Además

La voz de los encuestadores

- Mariana Pomiés (Cifra): “Los partidos y sectores grandes les compran a todas las encuestadoras. Porque yo no vendo solo la encuesta, vendo el análisis de la información y doy sugerencias a los candidatos a partir de esta”.

- Rafael Porzecanski (Opción): “Es norma que los clientes contratantes puedan demandar y tener algunas preguntas exclusivas, sugeridas por ellos mismos y que no están cubiertas por el cuestionario estándar de Opción”. 

- Ignacio Zuasnabar (Equipos): “La probabilidad de ser encuestado es baja porque las encuestas se basan en la teoría de muestreo, que dice que una muestra pequeña puede representar bien al total de un universo”. 

- Eduardo Bottinelli (Factum): “Referidas a intención de voto, las preguntas son prácticamente las mismas desde hace 30 años. Luego hay indicadores que medimos anualmente y que se van incorporando al cuestionario”. 

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