Restitución de menores

El padre uruguayo que lleva dos años luchando para recuperar a su hijo en Paraguay

El conflicto se extendió a los vecinos de la comuna, que decidieron respaldar a la madre del niño y se atrincheraron en el domicilio para evitar el retorno del menor. 

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Sebastián Vieira lleva dos años en audiencias para lograr la restitución internacional de su hijo de siete años. Foto: Leo Mainé.

Esta es una historia de trincheras. De un lado está Sebastián Vieira, padre uruguayo de 31 años; del otro Saudy Villalba, madre paraguaya de 32. En el medio su hijo, de siete, radicado desde fines de diciembre de 2017 en una comuna de Paraguay junto a Villalba, sin el consentimiento del progenitor.

Cuando cuentan su versión de los hechos, los dos adultos lucen agotados. Suspiran, resoplan y se conmueven hasta las lágrimas. Pero ninguno se rinde: ella no quiere volver a Uruguay, él no quiere que su hijo siga lejos.

La pareja mantenía un relacionamiento conflictivo mientras residían en Salto, ciudad natal de Vieira. Se agravó en los últimos dos años cuando el padre solicitó la restitución del niño, retenido de forma ilícita en Paraguay por la madre. Con el correr de los meses y de las audiencias —siempre en juzgados paraguayos—, el enfrentamiento creció al punto de involucrar a cientos de vecinos de la pequeña localidad de Fulgencio Yegros.

Un mes atrás, los concejales de la Junta Departamental de Yegros —uno de ellos actual pareja de Villalba— declararon media jornada de asueto para los trabajadores del ámbito público y privado el día en que iba a celebrarse, en una ciudad cercana, la audiencia en que las dos partes deberían acordar cómo volvería el niño a Uruguay.

“El pedido se fundamenta sobre la defensa y el cumplimiento de un derecho constitucional y del Código de la Niñez que le fueron conculcados a un niño de apenas siete años, que solo no pide separarse de su propia madre y de sus familiares con quienes ya está acostumbrado y no abandonar su propio país”, señala la resolución.

Según Vieira, los Villalba contrataron un ómnibus para trasladar vecinos hacia el Palacio de Justicia, quienes lo esperaron con palos y piedras. También dice que parientes de su expareja lo amenazaron de muerte, hecho que la mujer niega, aunque en alguna publicación de familiares suyos en Facebook se habla de “vencer o morir”.

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Vecinos de Yegros reclaman que el pequeño no regrese a Uruguay con su padre. Foto publicada por La Nación.

Semanas después de este episodio, la madre se encadenó en el Palacio de Justicia para oponerse a la restitución. Argumentó que ella y su hijo habían sido víctimas de violencia por parte de Vieira. En un video que se viralizó imploró la intervención del presidente, Mario Abdo Benítez.

El miércoles pasado, día convenido para retirar al niño del hogar y regresarlo a Uruguay, unas 1.000 personas se plantaron en la residencia de los Villalba con pancartas. Vieira cuenta que fueron dispuestos apenas dos agentes de policía para protegerlos a él y a su padre. Por temor a las represalias se dio media vuelta y volvió a Salto.

La prensa paraguaya siguió —y sigue— los avatares del conflicto como si se tratara de una trágica telenovela; pero en nuestro país el caso pasó bastante inadvertido. Debido al feroz enfrentamiento entre las partes, las acusaciones de violencia doméstica y el protagonismo de la población civil para evitar que el menor sea entregado, recuerda al reciente caso de restitución conocido como “María no se va”.

El abogado Daniel Trecca, jefe de Cooperación Civil Internacional del área de Autoridad Central del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), estima que cada año la oficina tramita entre 30 y 40 casos de restitución de menores de 16 años. Estas guerras, reconoce, son historia repetida.

Antes del caos.

La pareja se conoció estudiando medicina en Cuba. Tras la noticia del embarazo, ella decidió tener a su hijo en Paraguay. Luego retornó a la isla junto al bebé para reunirse con Vieira. Con el título en la mano, se instalaron en Salto y ambos comenzaron a ejercer en distintas mutualistas. Después de cuatro años, la relación se desgastó y se separaron.

Asesorados por abogados, acordaron la custodia para la madre, un régimen de visitas amplio para el padre, fijaron una pensión alimenticia (que nunca se incumplió) y firmaron un convenio que establecía que ambos podrían viajar con el pequeño sin solicitar autorización de la otra parte, por un período de 15 días.

Pero esto no trajo armonía.

—Teníamos problemas. Fui víctima de violencia doméstica mientras estábamos juntos; él llegó a golpearme. Una vez separados ejerció agresiones verbales y violencia psicológica —asegura Villalba.

Vieira lo niega, y alega que el agredido era él. Dice —y así figura en el expediente— que Villalba lo denunció una vez en Salto estando separados, y que la denuncia quedó sin efecto. La mujer lo acusó de tener un comportamiento agresivo al retirar al pequeño de su hogar, donde estaba siendo cuidado por su abuela materna.

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Saudy Villalba se encadenó en el Palacio de Justicia para oponerse a la restitución de su hijo. Foto publicada por Última Hora.

María Stephanie Mezza, abogada de Vieira, explica que había iniciado una causa contra Villalba por poner obstáculos para que se cumpliera el régimen de visitas. Pero ella lo desdice y asegura que el hombre tenía una actitud xenófoba porque se negaba a que el niño aprendiera guaraní y a que visitara a sus familiares.

Según la madre, la hostilidad era tal que a fines de 2017, tras visitar a su familia en Paraguay, decidió quedarse. “Me sentía agobiada. Una psicóloga me había dicho que el niño estaba afectado emocionalmente por la situación. Él tenía dos camas, se despertaba en una casa y se dormía en otra, y presenciaba las agresiones. Él lo ponía en mi contra, mi hijo se oponía constantemente a mí, me acusaba de ser mentirosa y de querer separarlo de su padre”.

Vieira se enteró de la noticia a través de un mensaje de WhatsApp. La mujer le ofreció que el niño viajara durante las vacaciones a Uruguay para estar con él. A la distancia, Villalba confiesa que no pensó en la posibilidad de la restitución. “Hablé con mi abogada para que tramitara el cambio de radicación, pero era enero, estábamos en plena feria judicial, y mientras tanto el papá inició el pedido de restitución”, cuenta.

El abogado Trecca, desde el MEC, explica que en este trámite “no importa la nacionalidad del menor, sino dónde era su centro de vida”. El progenitor que hace la solicitud debe completar un formulario, probar que su hijo tenía su vida armada aquí y que está siendo retenido en el extranjero sin su autorización. El expediente se presentó en la oficina de Autoridad Central paraguaya invocando convenios internacionales vigentes y la ley nacional de restitución de menores, y llevó el caso a la Justicia, ofreciéndole al progenitor un defensor.

¿Qué implica la restitución? “Que el menor vuelva. No se pone en juego ni la patria potestad, ni la custodia: esos son otros juicios que deberán realizarse en el país de centro de vida del niño”, explica Trecca. ¿Qué factores pueden influir para que un juez se oponga? “Una situación de riesgo y violencia para el menor o su cuidador, en este caso la madre”.

La sentencia de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) advierte: “El no cumplimiento de nuestro país del compromiso asumido al ratificar la Convención (de La Haya) puede generar responsabilidad internacional”.

En pie de guerra.

La jueza de Primera Instancia apoyó a Villalba y se opuso a la restitución. Se basó en la supuesta violencia psicológica y física sufrida por la madre del niño y en el principio de interés superior del menor, luego de tomarle declaración. Sin embargo, tras la apelación que presentó Vieira, la CSJ dio marcha atrás. Villalba presento una acción de inconstitucionalidad, que fue rechazada. 

Sebastian Vieira
Sebastián Vieira participó en un acto en Montevideo a favor de la custodia compartida.

La sentencia expedida por la CSJ el pasado 13 de noviembre por tres magistradas argumenta que “no quedó demostrada la supuesta violencia ya que no se presentaron pruebas como informes médicos, ni procesos penales contra el agresor”. Agrega: “Tampoco ha quedado demostrado que su padre se constituya en peligro para el niño”. En conclusión, se resuelve que estos argumentos resultan “a todas luces inconsistentes”.

Respecto a la voluntad del menor, el tribunal entendió que la oposición del niño de regresar al país de residencia “debía haber sido más firme” que la expresada, y recoge que declaró que en Paraguay se siente “un poquito mejor” que en Uruguay.

Por último, exhorta a las partes a que colaboren para la ejecución de la misma.

Villalba dice que desde entonces el niño llora y teme salir del hogar “por miedo a que la Policía se lo lleve”. Relata que habría llamado al padre para reclamarle que no lo ha ido a visitar y pedirle que cambie de idea, e incluso volvió a declarar en el juzgado que no quiere regresar a Uruguay.

En tanto, Vieira sostiene que prácticamente no le dejan hablar con el pequeño y que apenas lo dejaron verlo dos veces. Cuando ellos conversan, dice, le dice que quiere volver con él lo antes posible.

Desesperada, Villalba se encadenó frente al Palacio de Justicia. Varios medios transmitieron su reclamo. Hacia allí se dirigió la nueva abogada de Vieira en Paraguay y le propuso un último intento para llegar a un acuerdo.

El pasado lunes 16 de diciembre, dos días antes de la fecha marcada para retirar al niño de Paraguay, todas las partes se reunieron en un estudio jurídico. Como señal de paz, Villalba llevó al niño.

El acuerdo implicaba desistir de todas las denuncias, demandas y procesos iniciados en ambos países; mantenía la custodia a favor de la madre compartiendo la responsabilidad del padre en las principales decisiones que atañen la crianza, y fijaba un régimen de visitas amplio: el niño permanecería en Paraguay y viajaría a Salto durante las distintas vacaciones, feriados nacionales y en los cumpleaños; los padres no bloquearían más sus teléfonos y mantendrían una relación armónica.

Los dos dijeron que sí. Enterada la prensa, lo difundió. Pero Vieira se retractó.

—Me sentí presionado. Luego me di cuenta de que si firmaba era volver atrás, no tenía garantías —explica.

Su abogada renunció.

El 17 de diciembre Villalba denunció a su ex por maltrato psicológico hacia el menor y hacia ella — “por decir que sí, ilusionar al niño, y luego negarse; esto lo hizo dos veces”, dice—, y pidió como medida cautelar la permanencia en el país.

Además, solicitó que sea auditado el proceso. Se abrió un expediente en la Fiscalía.

Ese mismo día, Vieira también hizo una denuncia, contra Villalba, por violencia familiar (intimidación y acorralamiento para que firmara un documento).

La mañana del 18 de diciembre varios cientos de vecinos se atrincheraron en la entrada de la residencia Villalba. Llegaron la asistente social y la psicóloga, pero Vieira, por temor, decidió no presentarse.

De vuelta en Uruguay solicitó ayuda a Cancillería; mientras tanto en Paraguay la madre aguarda noticias de la Fiscalía.

De aquel encuentro en el despacho jurídico, cuando todo casi se termina, sobrevive una foto del padre y el niño charlando.

Dice Vieira:

—No sé qué rescataremos cuando esto se acabe. Pero sentí en su abrazo que él supo cómo mantener el fuego vivo entre tanta helada.

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