La historia detrás de las deudas

Motociclo, un final inesperado

Motociclo era una empresa que lo tenía todo: US$ 135 millones de facturación anual, 42 locales en todo el país y grandes cifras de exportaciones. Pero malas decisiones la sepultaron de a poco, y desataron una tormenta que terminó fundiéndola y desprestigiando a una familia entera.

El juez del concurso de Motociclo decretó la autorización para la venta de la empresa pero se deberá esperar 15 días. Foto: F. Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto

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Esta historia tenía todo para terminar bien. Es una historia de inmigrantes, de esos que llegaron a Uruguay a principios del siglo XX con muchas ganas de trabajar. Es una historia de superación, de un negocio pequeño que creció gracias al esfuerzo y llegó a cada rincón del país. Es una historia que logró trascender, que exportó productos al mundo y facturó hasta US$ 135 millones por año. Pero, como en muchas historias, el desenlace no fue el esperado. La trama se llenó de despidos y locales cerrados, y la protagoniza una familia llena de prestigio que debió salir por la puerta de atrás.

Leonardo Rozenblum no quiere hablar. Dice que esta historia le duele mucho, que no quiere removerla, que prefiere que ni siquiera se la escriba. Es el hijo de Jaime Rozenblum, y estuvo al frente de la firma en el momento de mayor auge. Jaime fundó la empresa en 1931, pero en aquel entonces no era más que un taller. Recién llegado de Polonia, con US$ 10 en el bolsillo y una bicicleta a cuestas, Jaime dedicó su vida a hacer crecer la compañía. Mientras tanto, construía bicicletas con viejas camas de hierro, que luego vendía en Colonia Suiza. Era el bicicletero del pueblo.

Todos sabemos de algún Jaime Rozenblum; un inmigrante europeo que llegó sin nada y terminó formando un imperio. Y por más grande que fuera, la empresa mantenía una distinción muy particular: todos se conocían entre sí. Al principio, el trabajo era muy artesanal y se le dedicaban horas a cada bicicleta, hasta que la compañía creció y se transformó en una verdadera industria.

Leonardo intentó mantener la impronta de su padre. Quienes trabajaron con él sostienen que llamaba a todos sus empleados por su nombre. Es que Motociclo fue, sobre todo, una empresa familiar. Después de Jaime, vino Leonardo y luego su hijo, Fabián.

Leonardo y Fabián Rozenblum contaban, en 2014, con 42 locales y US$135 millones de facturación anual. Foto: archivo El País
Leonardo y Fabián Rozenblum contaban, en 2014, con 42 locales y US$135 millones de facturación anual. Foto: archivo El País

Es febrero de 2014. Fabián Rozenblum, nieto de Jaime, sale sentado en un sillón de cuero en la revista Seisgrados. Es el único sucesor que maneja la compañía y tiene 42 locales a su cargo. Cuenta allí que factura US$ 135 millones de dólares por año, que trabaja todo el día y que no puede despegarse de su computadora, ni siquiera durante las vacaciones. Dice también que ya está preparando a sus hijos para el futuro, que tiene un cargo reservado para los tres, que el mayor ya le agarró el gusto al trabajo. “Por suerte nosotros rompimos con ese dicho de que la tercera generación dilapida el negocio, nosotros lo hicimos crecer”, sentencia.

Ahora estamos en agosto de 2018. Motociclo sale en las tapas de todos los diarios, pero las noticias en este caso son malas. La empresa le solicitó a la Justicia presentarse al concurso voluntario de acreedores porque tiene deudas por US$ 37 millones. La Central de Riesgos del Banco Central califica a la firma como deudor categoría 4, lo que significa que su capacidad de pago está muy comprometida. Días después surge en la prensa que Fabián Rozenblum, el mismo hombre que cuatro años atrás había contado todo lo que facturaba, fue desvinculado de la empresa por la Justicia. En su lugar, asume un síndico conformado por miembros de la Asociación Uruguaya de Peritos.

Motociclo es una empresa acostumbrada a la adversidad. La primera le tocó a Jaime, quien llegó de Europa y la construyó de cero. La segunda, que en algún momento pareció definitiva, la vivió Leonardo. Empezaba el siglo XXI y la compañía, con 70 años encima, parecía invencible. Las ventas alcanzaban picos históricos, se exportaban cerca de 150.000 bicicletas al año y el 20% del mercado argentino era suyo. Pero la crisis en la vecina orilla perjudicó el negocio, que tambaleó y amenazó con cerrar sus puertas.

“Nos tenemos fe porque tenemos buenos precios y ofrecemos productos de calidad. Nos quedan solo tres meses de este año (2001) para recuperar, en parte, lo que perdimos, a pesar de que el mercado actual no es el mismo de hace 10 meses. El entorno económico cambió y existe un claro deterioro en el consumo”, dijo Leonardo a la prensa en aquel entonces.

Pero la situación, al revés de lo que pensaba el directivo, siguió empeorando. Las ventas a Argentina no se pudieron recuperar y Motociclo tuvo que reconvertirse. Leonardo, con una fuerte visión a futuro, se abocó a los electrodomésticos. Ya había varias empresas en el país que se dedicaban a ese rubro y muchos pensaban que era una locura que un viejo taller de bicicletas se convirtiera en un importador de tecnología.

Las ventas estuvieron de su lado y la compañía sobrevivió. Y si bien las bicicletas siguieron presentes, cerraron la fábrica de producción y empezaron a importarlas. Los altos costos de construirlas en Uruguay -como en algún momento había hecho Jaime- eran insostenibles y Motociclo se transformó en un gran retail. En sus locales había televisores, cocinas, computadoras, bicicletas, ropa, carpas y cochecitos para bebé. El negocio había cambiado, pero por primera vez en una década volvía a florecer. La segunda tormenta se había superado con creces.

Motociclo llegó a producir 150.000 bicicletas por año y a copar el 20% del mercado argentino en este rubro. Foto: archivo El País
Motociclo llegó a producir 150.000 bicicletas por año y a copar el 20% del mercado argentino en este rubro. Foto: archivo El País

La tercera adversidad es reciente, fue la que llevó a que Fabián se retirara. Pero seis años antes, e impulsado por el aumento en las ganancias, Motociclo tomó decisiones que lo fueron sepultando de a poco. Quienes trabajaron allí cuentan que la compañía duplicó la cantidad de empleados en 2012 -pasó de 600 a 1.100- y adquirió nuevos locales en los departamentos de frontera y en los shoppings, pero los ingresos no acompañaron las inversiones. Entonces empezó el fin aquella historia que tenía todo para salir bien.

Ese año también se incorporó a la compañía Walter Rodríguez, quien se desempeñó como gerente general hasta diciembre de 2018. El recién llegado venía de trabajar en Multi Ahorro, una empresa que también se había especializado en los electrodomésticos, por lo que su experiencia era prometedora. Rodríguez tenía una muy buena relación con Fabián, quien al poco tiempo le pidió a su padre que diera un paso al costado. Leonardo no quería delegar la empresa que conocía desde chico, pero cedió -a regañadientes- para dejarles un lugar a los nuevos Rozenblum.

Con Fabián al mando, la empresa siguió creciendo. Así lo contaba él en 2014: “Me emociona mucho cada local que abrimos. Me emociona ver a la empresa que fundó mi abuelo en la posición en la que está (...). Me acuerdo que cada vez que íbamos a abrir un local, mi abuelo nos decía: ‘¿Para qué? No hay necesidad’. Era su estilo, su forma de ser, aunque todos sabíamos que estaba orgulloso de esa expansión”.

Denuncias de robos dentro de la empresa familiar

A partir de 2009 Motociclo empezó a caracterizarse por la venta de tecnología. Las bicicletas le hicieron lugar a las computadoras y los smart tv, que terminaron ocupando la mayoría del espacio de sus locales. El crecimiento de la empresa -que fue acompañado por las 42 sucursales que tenían abiertas en todo el país- llevó al desorden, según dicen funcionarios de la compañía. Entonces empezaron los rumores de robos, que contaban que había trabajadores que se llevaban equipos y luego los revendían. Gabriel Ferreira, titular de la sindicatura que asumió la directiva de Motociclo, reconoce que a él también le llegaron esas historias, aunque asegura que no pasaron a mayores. “Nos llegó un rumor por una serie de grupos de WhatsApp, unos comentarios que se hacían de una persona. Pero fue totalmente aclarado y realmente creo que a esa persona se la estaba difamando”, insiste. De todos modos, afirma que “todas las situaciones se investigan”, por lo que sugiere que los funcionarios presenten pruebas para demostrar lo que afirman. “No será ni la primera vez ni la última que le pedimos a la Justicia que investigue. Pero todo eso tiene que ser fundado con pruebas”, agrega. La sindicatura trabaja desde una oficina en Ciudad Vieja y los locales son controlados por los gerentes asignados por los técnicos. Estos jefes elaboran informes sobre los comercios y consultan a los síndicos antes de tomar decisiones. Ferreira considera que la experticia de los funcionarios de Motociclo fue “muy valiosa” para sacar la empresa adelante en estos meses, teniendo en cuenta que la directiva anterior se deslindó cuando se presentó al concurso de acreedores. En aquel entonces, la sindicatura mantuvo reuniones con los dueños, que les explicaron cómo funcionaba la compañía y cómo la habían trabajado hasta ese momento.

El fin. 

El auge bajo el mando de Fabián duró poco. A fines de 2014, pocos meses después de esa entrevista, la empresa redujo 100 puestos de trabajo. Muchos de ellos eran jefes y gerentes, que habían sido contratados en 2012 para encargarse de los nuevos locales. Entonces el sindicato ocupó las oficinas de Pantaleón Pérez, donde funcionaba la administración de la empresa, en reclamo por la reestructura. La medida no sirvió y los despidos siguieron llegando de a poco.

Karol Parrabichine, presidenta del sindicato de Motociclo, afirma que los trabajadores eran conscientes de que a la compañía le iba mal. Sin embargo, recuerda que Fabián les dijo “hasta último momento” que se iba a vender. “Él decía que el titular del diario tenía que ser que Motociclo se vendía y no que se fundía. Hasta se manejaron posibles nombres de empresarios que supuestamente iban a comprarlo”, cuenta.

El cantante argentino Palito Ortega fue a una inauguración en 1976. Foto: archivo El País
El cantante argentino Palito Ortega fue a una inauguración en 1976. Foto: archivo El País

Un día antes de presentarse al concurso de acreedores, Fabián volvió a asegurar que la compañía sería vendida. Muchos funcionarios se enteraron de la decisión a través de la prensa y la incertidumbre corrió como reguero de pólvora. Unas 350 personas se quedarían sin trabajo y el viejo directorio, al mando de los Rozenblum, daba un paso al costado. Era el turno de la Justicia.

Para Gabriel Ferreira este no fue el caso más difícil que tuvo que resolver. Luego de haber intervenido Pluna, el titular de la sindicatura considera que Motociclo es quizás “el tercero o el cuarto más complicado”. Ahora el contador está al frente de la compañía de electrodomésticos y es quien la entregará a su próximo dueño, que probablemente sea el grupo Ta-Ta. La compra no está cerrada, aunque Ferreira presume que a fines de este mes quedará “todo pronto” para que los empresarios argentinos paguen los US$ 3 millones que ofertaron y se la queden.

El arreglo es conocido: el grupo del argentino Francisco De Narváez se hará de parte de la mercadería, del derecho a la utilización de la marca, del local del shopping Nuevo Centro y del 30% del personal, que equivale a 90 trabajadores. Algunas de las marcas destacadas dentro de la operación son Winner, Graziella y Ondina.

Llegar a este acuerdo llevó cinco meses. En el medio, Motociclo cerró 14 locales y solo se quedó con nueve, donde se vendió mercadería a consignación y se siguió facturando. Ese dinero, según Ferreira, será utilizado para financiar los despidos de los casi 200 empleados que se quedarán sin trabajo una vez que el grupo Ta-Ta haga la selección. También deben pagar los costos de haber mantenido abiertos estos comercios, que permitieron que no se desvalorizara tanto la marca.

No obstante, Ferreira hace una puntualización: “Motociclo, así como lo conocemos, no va a existir más”. Entonces explica que los argentinos no utilizarán el nombre creado por la familia Rozenblum, por lo que “es de esperar” que algunos de sus comercios -como Multi Ahorro Hogar- absorban la mercadería que compraron. En ese sentido, el único local con el que se quedarán será el del shopping Nuevo Centro y los demás serán rematados. El País trató de comunicarse con Christopher Jones, CEO del grupo, quien prefirió no hacer comentarios hasta que la compra no está cerrada.

Cuando todo termine, los primeros en cobrar serán los bancos. Motociclo mantiene deudas con el Bandes, BBVA, HSBC, Itaú, Santander y Scotia Bank. El crédito en pesos asciende al equivalente a US$ 21,04 millones y en dólares, a US$ 13,39. En total, son US$ 34,43 millones. También hay que pagarles a los proveedores, que durante estos meses le estuvieron dando mercadería a consignación a la sindicatura para que pudiera mantener nueve locales abiertos.

Ferreira estima que la venta de la marca y los remates de los bienes no alcanzarán para pagar ni siquiera la mitad de las deudas. Y cuando apague la última luz, el equipo de la Asociación Uruguaya de Peritos deberá elaborar un informe en el que calificará si el concurso fue culpable o fortuito. De encontrar culpabilidad, los técnicos tendrán que indicar quiénes fueron para que se hagan cargo de los pasivos impagos. Si las personas son insolventes, en palabras del síndico, quedarán embargadas “de por vida”.

El final de la historia que tenía todo para terminar bien todavía puede ser peor. Depende de ese informe.

La mitad de los trabajadores quiere seguir en la nueva firma

Unas 270 personas trabajaban en Motociclo antes de que se presentara a concurso de acreedores, en setiembre de 2018. Cuando asumió el síndico y empezaron a cerrar locales, la plantilla se redujo y solo quedaron 105 empleados. El resto fue a seguro de paro. El grupo Ta-Ta anunció que se quedaría con 90, por lo que la sindicatura les pidió a los empleados interesados en formar parte de la nueva empresa que enviaran un correo electrónico con su currículum. Las inscripciones cerraron la semana pasada y el 50% de los funcionarios manifestó interés, comentó el titular de la sindicatura, Gabriel Ferreira. Algunos de los trabajadores, además, ya están en edad de jubilarse. El sindicato considera que la propuesta de Ta-Ta es “muy buena” y les da una oportunidad a los trabajadores: “Se pierden fuentes laborales, pero cobran el despido y se abre la puerta a quedar en la bolsa de trabajo de la empresa”, dijo Karol Parrabichine, presidenta del sindicato.

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