Por primera vez en casi medio siglo, el personal administrativo del Vaticano deberá marcar tarjeta como parte de una campaña para combatir el bajo rendimiento, indicio de que la crisis mundial también llegó al estado más pequeño del mundo.
A partir del 1° de enero, todos los empleados de la Santa Sede recibirán tarjetas magnéticas y serán obligados a registrar su entrada y su salida a fin de que su empleador se asegure de que trabajen la jornada completa, según un portavoz del Vaticano que se negó a ser nombrado. El papa Juan XXIII había cancelado la práctica en 1960.
La Santa Sede, que según su declaración financiera anual tiene 1.974 empleados entre sacerdotes y laicos, también ideó un sistema de evaluación para recompensar a los trabajadores sobresalientes y castigar a aquellos cuyo desempeño es inferior, dijo el portavoz.
Con la nueva tarjeta, las ausencias prolongadas producirán recortes en la paga, mientras que los empleados dedicados recibirán sobresueldos. La propuesta para mejorar la eficiencia fue hecha por la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica.
Los empleados del Vaticano ganan entre 1.300 euros y 2.300 al mes, según el diario La Stampa.
Además de sus salarios, tienen prestaciones como combustible libre de impuestos y vivienda subsidiada. (bLOOMBERG)