GOLPE A UN MAL ENDÉMICO

Manantiales de basura

La impunidad del vertido ilegal se combate con vigilancia. Las 24 horas hay funcionarios que revisan las 18 cámaras de la IMM para multar con hasta $ 350.000 a quienes arrojen residuos en basurales. Generar espacios públicos allí y comprometer a los vecinos es la apuesta.

Nelly y Graciela, vecinas y miembros de la comisión de Medio Ambiente del Municipio D, en el basural de su barrio, Las Acacias. Foto: A. Colmegna
Nelly y Graciela, vecinas y miembros de la comisión de Medio Ambiente del Municipio D, en el basural de su barrio, Las Acacias. Foto: A. Colmegna

A Nelly y Graciela la basura casi les arruina la Navidad hace unos años. Era 24 de diciembre y alguien había arrojado un potrillo muerto en el basural de Julio Suárez y San Martín, a escasos metros de sus casas, en el barrio Las Acacias. "Era uno de esos días de calor horrible", recuerda Graciela. "Nos iba a agarrar las fiestas con ese olor, estábamos desesperados". Por suerte, reconocen, la Intendencia de Montevideo (IMM) acudió a retirar el cadáver putrefacto en cuanto hicieron la denuncia. Las dos concuerdan que, en general, si llaman a Limpieza los camiones van. Y que aproximadamente una vez al mes, la IMM limpia el basural. Pero aunque en ese en particular hay cámaras para multar el vertido, no se logra detenerlo del todo. A pocos días de limpiado, el basural renace.

Acercarse es nauseabundo, especialmente cuanto levanta una brisa. En el piso hay de todo: cientos de bolsas, sachets de mayonesa, toallitas femeninas manchadas, botellas, preservativos. Y mucho, mucho olor. Los vecinos sospechan que, de nuevo, alguien les dejó de obsequio un animal muerto.

Los basurales endémicos son la eterna piedra en el zapato de los intendentes capitalinos pero son la tortura personal de quienes tienen la mala fortuna de vivir cerca. ¿Lo peor? Para Graciela es cuando el viento arrastra la basura a sus jardines. Y el olor. Y que allí queman cables. Y que por eso queda contaminado con plomo. Y la vista. Son demasiados "lo peor". "Y si quemando cables empiezan un fuego, desaparecemos todos", teme Nelly.

En la Intendencia calculan que hay unos 135 basurales endémicos en Montevideo. Cuando el actual presidente, Tabaré Vázquez, asumió como intendente de la capital, en 1990, recibió la ciudad con 1730 basurales y la entregó con algo más de 200, según dijo en un debate con el expresidente Julio María Sanguinetti en 1994. Según pudo saber El País, este año se erradicaron al menos 22, y en su lugar se generaron espacios públicos, aunque pudieron haberse conformado nuevos.

El director de Desarrollo Ambiental, Fernando Puntigliano, dijo que la IMM lanzará (en enero, espera) un plan que será un "golpe drástico" a los basurales, y que debería dar "resultados notorios" a solo seis meses de su implementación. Aunque se rehusó a ahondar en mayores detalles, puntualizó que su idea es cambiar de paradigma: no pensar en limpiar la basura sino en cuidar el medio ambiente. "Hasta ahora la visión del departamento de Desarrollo Ambiental era Limpieza más Saneamiento. La invasión de los ecosistemas que deriva de los basurales afecta las dos áreas, limpieza y saneamiento, pero afecta cosas más importantes que son la calidad de agua, la calidad del aire y la calidad del suelo", enfatizó.

Adelantó que el programa se hará con la colaboración de "diferentes actores del Estado", entre ellos el Ministerio del Interior, vecinos y entes privados. Explicó que los vecinos cumplirán el rol de ayudar a controlar y detectar. Porque además de erradicar los basurales existentes, la IMM debe asegurarse de que en su lugar no surjan otros.

La génesis del basural.

Si una casa inhabitada tiene una ventana rota y no se repara, seguramente los vándalos rompan otra. Si estas no se reparan, pronto aparecerán las pintadas y, más adelante, incluso "ocupas". Esto se llama "teoría de la ventana rota", una tesis criminológica que sostiene que las buenas condiciones de los espacios públicos pueden disminuir las tasas de vandalismo y criminalidad. Pero también explica que si una sola persona comete un acto de vandalismo, abre la puerta para que otros le sigan. Una persona que arroje basura o una ventana rota, es todo lo que se necesita para que el desastre comience. Así explica Puntigliano la aparición de estos océanos de desechos.

"Hay tres fuentes que alimentan los basurales", puntualiza Federico Baráibar, director de la empresa gestora de residuos Cempre. "Los residuos domiciliarios, los de empresas y la actividad de algunos clasificadores". Pero hace una salvedad: hay veces que las empresas no saben que están contribuyendo al crecimiento de los basurales. "Puede ocurrir que los camiones que recogen los residuos de varias empresas los viertan en basurales que queden más cerca que el sitio de disposición final de Felipe Cardoso, sin que estas sepan", explica.

En algunos basurales es habitual la quema de cables, la que contamina y expone a los vecinos a la plombemia. Foto: A. Colmegna
En algunos basurales es habitual la quema de cables, la que contamina y expone a los vecinos a la plombemia. Foto: A. Colmegna

Las empresas tienen la obligación de presentar una declaración jurada sobre sus residuos y, salvo excepciones, no pueden utilizar los contenedores verdes de la calle: deben contar con una recolección especial, que se adecue a la cantidad y al tipo de residuos que produzcan. Para algunas pequeñas y medianas empresas, el gasto puede ser una suma nada despreciable, explica Baráibar. Esto podría motivar a ciertos empresarios a elegir deshacerse de sus desechos en basurales en lugar de llevarlos a la usina final. Puntigliano afirma que la IMM ha detectado que aunque son principalmente las empresas pequeñas las que realizan vertidos ilegales, también se ha encontrado a "empresas grandes" cometiendo esta falta.

Pero también, señala el director de la planta de reciclaje Uruplac, Lumber Andrada, los basurales suelen formarse cerca de asentamientos o lugares de la periferia que no cuentan con recolección adecuada. Adonde los camiones no llegan.

"La IMM tiene parte de razón cuando dice que la ciudad va a estar tan limpia como la quieran los vecinos, pero las responsabilidades de los vecinos y la gestión municipal son diferentes", advierte Eduardo Gudynas, profesor e investigador especializado en materia ambiental y excoordinador de temas ambientales de la Intendencia de Mariano Arana (1994-2005). Para él, "parte de la población ya se acostumbró y no percibe la basura", y por ello sigue ensuciando, pero también cree que si la IMM no empieza a ver "el tema de la basura en el marco de una política ambiental, no hay solución posible".

Sonría, lo estamos filmando.

A varios kilómetros de las casas de Graciela y Nelly, precisamente en 18 de Julio y Ejido, una mujer mira un monitor de vigilancia. Junto a su compañera controlan lo que las 18 cámaras colocadas por la IMM en distintos basurales están registrando en ese momento. Pueden hacer zoom o apuntar a donde quieran. Hay personas frente a esas pantallas las 24 horas, ya que ni la oscuridad guarece a los infractores de ser vistos por los ojos robóticos de la IMM.

Una de las cámaras con las que cuenta el Sistema de Monitoreo es la que filma el basural de San Martín y Julio Suárez, cerca de las casas de Nelly y Graciela. En la Intendencia prefieren no divulgar la ubicación de las otras 17 para que la gente "no se avive" y los evite para verter en otros. Aunque, en realidad, la gente solo deja de descargar residuos en esos puntos cuando se comienza a "correr la bola" de que allí aplican multas por vertido ilegal, explicó una funcionaria del Sistema de Monitoreo.

Las multas por arrojar desechos van de 10 unidades reajustables ($ 10.210) a 350 ($ 357.364). En el primer año de su implementación, el sistema detectó 1.156 infracciones, de las cuales 633 fueron cometidas por vehículos que pararon únicamente a descargar escombros, desechos, podas o residuos de obra. Esto, afirman desde la IMM, fue "pasar de no multar a multar", ya que antes de la existencia de las cámaras se necesitaba que justo hubiese un inspector de la IMM en el momento de la descarga, que presenciara la infracción y aplicara la multa. Prácticamente no ocurría.

A dos cuadras de las casas de Nelly y Graciela, en la calle Burgues, hay otro río de bolsas y desechos, también vigilado. Un vecino que pasa en bicicleta se percata de la presencia de El País en el basural y grita: "¡Necesitamos una retroexcavadora y un camión!". Graciela y Nelly no concuerdan: necesitan que los vecinos dejen de arrojar basura. "Pero los de todo Montevideo, porque no son los de acá cerca", puntualiza la concejal municipal nacionalista Carolina Murphy. Quienes descargan sus vehículos con desechos no suelen ser los habitantes del barrio, sino gente que va especialmente a estos puntos.

Desde que instalaron la cámara en el basural de San Martín, la cantidad de desechos se ha reducido, apunta Murphy. Pero reducir no es erradicar. Sin importar cuánto se limpie o que haya cámaras para multar a los vehículos que descarguen su basura en los puntos monitoreados, los vecinos siguen tirando allí. "Viene mucha gente de a pie, carritos de clasificadores o vehículos viejos sin matrícula", asegura Graciela.

Para quienes vayan sin chapa, es decir, aquellos a los que no se les pueda cargar una multa a la patente, la IMM podría aplicar la Ley de Faltas, por la cual es posible asignar días de trabajo comunitario a los infractores. Sin embargo, quienes se encargan de reportar a los infractores en el Sistema de Monitoreo solo lo hacen cuando hay una chapa visible.

Extreme makeover.

Las cámaras permanecen en un basural el tiempo necesario. Cuando la gente empieza a evitarlo y la basura merma, Limpieza termina de barrerlo y nivelarlo y en algunos casos va el programa de la IMM Espacio Ganado y construye en el lugar una plaza, un parque o una cancha de fútbol o básquetbol. Entonces el espacio se considera totalmente recuperado.

Espacio Ganado existe desde este año (antes funcionaba un programa similar llamado Girasoles). Su objetivo es que una vez que el espacio donde estaba el basural pasa a ser un lugar para el disfrute de todos los vecinos, comiencen a cuidarlo entre ellos y se aseguren de que no vuelva a ser un depósito de desechos. El programa recuperó hasta ahora 20 espacios, dijo su director, Julio Calzada, meta que se habían propuesto para 2017, y la idea es que el programa siga funcionando en 2018.

Espacio Ganado trabaja con jóvenes de 16 años en adelante, de diferentes poblaciones vulnerables (como hijos de clasificadores, inmigrantes o personas con discapacidad) para darles una primera experiencia laboral. Se procura que siempre trabajen jóvenes del mismo municipio en el que viven, para que la identificación con el lugar sea mayor y sean quienes sigan "controlándolo" más adelante. Además de realizar el trabajo de "obra", se hace una actividad con los vecinos y se habla con ellos para comprometerlos a cuidar el nuevo espacio e impedir que se vuelva a transformar en un basural.

Además, a partir de este año, el programa de voluntarios del Ministerio de Desarrollo Social permite inscribirse para colaborar con la Intendencia, y entre las tareas que realizan también recuperaron dos espacios que eran basurales y tienen planificado hacerlo en un tercero antes de que termine el año. Unos 700 voluntarios participaron este año en actividades de la IMM, y hay más de 2000 interesados inscriptos en la base de datos.

"A nivel numérico, esto no va a ser lo que va a salvar a Montevideo de los basurales", reconoce la directora del programa de voluntariado, Cynthia Pérez. "Pero creo que en términos cualitativos, sí. Capaz a unas cuadras se genera otro. Pero ahí no", sostiene. El motivo, esgrime, es que cuando entre vecinos ayudan a construir un espacio público "se genera un empoderamiento" que permite a la gente decir: "Bo, no. Este es mi lugar, no tires basura acá". En cambio, cuando ven a un vecino arrojar residuos en un terreno que "no es de nadie" sienten que no es su rol decir algo. Calzada también cree que esta es la forma más efectiva de erradicar un basural definitivamente, sobre todo por "el control social" que termina ejerciéndose.

Por fuera quedan los que se forman al costado de las rutas o en esquinas: allí no pueden construirse plazas o canchas.

Negocio sucio.

Puntigliano advierte que la incomodidad de vivir cerca de un basural no es el único problema de este fenómeno, y tal vez no el peor. Los basurales son terreno fértil para lo que él llama "una frontera entre el mercado formal e informal".

Los clasificadores informales o "requecheros" toman los desechos de los grandes basurales y separan lo que pueden vender, muchas veces descartando lo que les sobra en ríos o bañados, y lo llevan a los "depositeros", que también clasifican informalmente pero ya con una estructura un poco mayor. "Ellos pagan con dinero en negro o con drogas", dice Puntigliano. Luego estos depositeros les venden los residuos a depósitos legítimos, haciendo que los residuos entren al mercado formal. Según Puntigliano, es "una forma de blanqueo de capital".

"El clasificador no aporta a BPS, no aporta a DGI, no tiene cobertura social, ahí está el mayor problema", opina Baráibar. Según él, parte de esos residuos, que después se comercializan, son contrabandeados. Puntigliano señala que las múltiples facetas del asunto requieren "estrategias más complejas para atacar el problema, no solo limpiar".

Ambientalistas como Gudynas y Andrada reclaman que se deje de pensar en limpieza y saneamiento y comience a hablarse de medio ambiente en su conjunto. "El tema es que nadie, salvo una minoría, pide que se gestionen los residuos responsablemente", lamenta Andrada.

El 30 de noviembre, tras recorrer los puntos críticos del Municipio D con Puntigliano, este les sugirió a las vecinas Nelly y Graciela que pidieran que en el basural se construya una cancha de básquetbol. Todavía no han recibido respuesta. Nelly agrega una última cosa antes de despedirse: "Podés terminar la nota con que la esperanza es lo último que se pierde".

Está bien.

FELIPE CARDOSO

Desvío de basura en la usina

La usina de disposición final Felipe Cardoso recibe 1.400 toneladas de residuos por día. Concejales blancos denuncian que los vecinos les piden a los camioneros que allí se dirigen que descarguen los residuos afuera para hurgar, clasificar y llevarse lo que pueda ser comercializable. Además, afirman que las gaviotas que atrae son un peligro para los aviones, por la cercanía de la usina con el Aeropuerto de Carrasco.

Municipios sin basurales no están exentos de problemas

Aunque no sufren la presencia de basurales endémicos, los municipios CH, B y C son escenario de otro problema vinculado a la basura: contenedores desbordados o vandalizados, y desechos arrojados en la vía pública. A veces se debe a falta de tachos por varias cuadras, en ocasiones sucede incluso donde hay lugares para depositar residuos. También, quienes viven en zonas donde hay ferias se quejan de cómo quedan las calles después de que estas se van.

En el municipio C, específicamente en el barrio Reus (también conocido como el barrio de los judíos), tiene “serios problemas de falta de recolección”, ya que, según denuncian concejales vecinales, la recolección está pensada en función de quienes viven allí (muy pocos) y no de las “miles” de personas que visitan el barrio a diario: la población flotante. Esto se debe a que es el único punto donde se concentran tantos lugares de venta al por mayor, por lo que reciben a diario gente de todo el país. “La basura ya es una pasta encostrada en las calles”, denuncia la concejal vecinal, comerciante y vecina del barrio Reus, Margot Tedesco. Pretenden algo similar a lo que ocurre en el municipio B (Centro, Cordón, Parque Rodó), en donde sí hay mayor recolección por tratarse de una zona céntrica con gran población flotante.

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