EL ROL DE LOS MEDIOS

Información, miedo y los “negacionistas” del COVID: ¿cómo cubren los medios uruguayos la pandemia?

¿El periodismo tiene un rol social a cumplir? ¿Debe asustar para generar conciencia de la gravedad del COVID-19? Opinan 11 directores de medios de prensa, además de algunos académicos y científicos.

Foto: Leonardo Mainé / Archivo El País
Foto: Leonardo Mainé / Archivo El País

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¿Cuál es la responsabilidad de la prensa durante una pandemia? ¿Cómo ejercer la tarea periodística en el medio de la tormenta? ¿Asusta tanta información? Puede que estas incógnitas se revelen una vez que todo pase. Lo cierto es que no se había vivido un episodio de estas características: una pandemia en la que la ciencia y todos los gobiernos se abocaron por completo a combatir un virus. Naturalmente, esto impacta en la agenda informativa y a la relevancia que se le da al tema.

Para entender el camino que han adoptado los medios de comunicación durante la pandemia, El País consultó a 11 directores o coordinadores periodísticos de diarios, semanarios, portales e informativos de televisión: Mariana Contreras (Brecha), Alfredo Dante (Subrayado), Andrés Danza (Búsqueda), María Noel Domínguez (Montevideo Portal), Gonzalo Ferreira (El Observador), Jorge Gatti (canal 5), Valeria Milman (VTV), Federico Sierra (Telemundo), Pilar Teijeiro (TV Ciudad), Gonzalo Terra (Telenoche) y Natalia Uval (La Diaria). El director de redacción de El País, Martín Aguirre, da su opinión en una columna al final de esta nota.

¿Los medios tienen un rol social en la pandemia y es informar todo lo que se pueda sobre el virus y sus consecuencias? Los once periodistas dicen que sí.

Pero Ferreira de El Observador aclara que no hay “una misión modificadora de la realidad”, sí una cuestión de servicio donde se le da al lector la información básica para que luego tome sus decisiones. Uval (La Diaria) advierte que no debe haber “una moralina” y Danza (Búsqueda) afirma que se trata de informar “y hacerlo lo mejor posible, con el menor sesgo y la mayor independencia”. Pero dice que no se trata de que los medios sean responsables “de que las cosas salgan bien o mal”.

Milman de VTV tiene un matiz y dice que los medios son “responsables” por lo que le muestran a la gente. Teijeiro (TV Ciudad) sostiene que se trata de “cuestionar, buscar lo que no se informa y exigirle a las autoridades”. Gatti (canal 5) dice que algunos programas han asumido el rol de dar un mensaje social, mientras que Terra relata que desde el 13 de marzo de 2020 en Telenoche dicen que la consigna es “informar sin alarmar” y que entienden que toda la información que puedan aportar es un servicio para el televidente.

Ahora, ¿los medios deben asustar para que la gente adopte las medidas recomendadas? Los 11 responden, terminantes, que no. “Asustar termina empobreciendo a todos”, opina Domínguez de Montevideo Portal, “tanto a la gente, que es inducida a tomar decisiones bajo el efecto del miedo, y al vínculo entre el medio y el público”. Dante (Subrayado) coincide: “Yo no tengo que hacer nada con la gente, solo darle herramientas”. Sierra (Telemundo) advierte que a veces las noticias son negativas y “deprimentes” para el televidente, pero que no debe ocultarse la realidad: “Sé que hemos recibido críticas. Al iniciar la pandemia alguna gente nos decía que asustábamos con la forma en que encarábamos el coronavirus. Esas personas hoy están haciendo manifestaciones negacionistas”.

Danza dice que es la realidad la que asusta. Para Teijeiro, se abusa de sobreimpresos en la tele del estilo “urgente” o “último momento” que ayudan a atemorizar. Para Terra el asunto es complejo: “Hay espectadores que se asustan y espectadores que no, hay quienes creen que una información es certera, imparcial y contribuye y quienes creen lo contrario”.

Ante la pregunta de si deben aconsejar a los lectores o televidentes sobre qué hacer, con recomendaciones del estilo “quedate en casa” o “usá tapabocas”, siete jefes de medios dicen que no, dos que sí y dos (Milman y Dante) que en realidad eso depende de cada medio.

Teijeiro cuenta que en TV Ciudad han realizado campañas de bien público y que eso también es parte del rol social de los medios. Terra coincide: “Si el consejo tiene una base científica, hay que darlo”.

En una línea distinta, Danza opina que los medios “no deben asumir el rol de jueces o padres, eso es profundamente equivocado”. Y asegura: “En algunos casos eso ocurre en Uruguay, hay medios que creen que deben marcar la línea”. En ese sentido, Sierra pide diferenciar los informativos y los programas periodísticos de las acciones de las empresas en los programas de entretenimiento. Sobre eso, Uval opina: “No me parece mal, pero no es la esencia de nuestro trabajo”.

Ferreira sostiene que la credibilidad de los medios está en juego en estos casos y pone como ejemplo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) al principio de la pandemia aconsejaba no usar tapabocas. “Algunos medios asumieron eso como propio”, recuerda.

Siete de los 11 consultados piensan que en general no hay un exceso en el espacio que se le da a las noticias sobre coronavirus. Tres dicen que sí, mientras que Domínguez no lo tiene claro (“la pandemia nos llenó de dudas y de noticias referidas a ese temor”, admite).

“¿Si fue un exceso?”, pregunta Sierra. “Puede haber pasado en algún momento, como en cualquier tema”. Milman defiende la cobertura pero hace “un mea culpa”, ya que muchas veces quedan cosas por el camino. Uval, de La Diaria, dice que se trata de “una enfermedad nueva que afecta a gran cantidad de personas, por lo que hay un criterio de noticiabilidad y además se generan políticas y discursos públicos”. Ferreira pregunta: “¿No es el tema más importante que afecta la vida de los uruguayos? Es imposible no hacer que la cobertura de la pandemia sea la mayoritaria”.

En la otra posición, Danza lamenta que en muchos medios sea un tema “casi exclusivo” y Teijeiro dice que por momentos existió “saturación informativa”. Contreras, de Brecha, critica que aparezcan muchas voces no calificadas “vertiendo su opinión, confundiendo a la gente y contribuyendo a la incertidumbre”.

DATOS Y ESTADÍSTICA

El desafío de entender la información y los datos

“Hoy en día la mayoría de las noticias tienen un complemento numérico o estadístico y eso lo complejiza más. No se trata solo de hacer cuentas sino de tener una alfabetización estadística del mundo y entenderlo”, dice Matías Dodel, doctor en Sociología y profesor asociado del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Católica. Dodel considera que en Uruguay se está dando un fenómeno “problemático”: los criterios de legitimidad de algunas personas que opinan en medios “no están claros”.

Dodel hace énfasis en la alfabetización científica y cita al filósofo Thomas Kuhn para hablar de la importancia de la “comunidad científica”. A creerle a esa comunidad es adonde hay que apuntar, dice. “Ahora con el COVID tenemos gente como Salle que tiene mala comprensión de cómo funciona la ciencia, si no, sabrían que no hay que creerle a una persona sino a una comunidad”, señala.

Tanto el sociólogo como la periodista Ana Laura Pérez insisten en que falta formación en matemáticas para comprender datos. Dice Pérez: “En Uruguay la formación escolar y liceal no te permite leer una tabla de contingencia, mucho menos lo que quiere decir que un estudio científico tiene revisión de pares; no sabemos por qué eso es importante, no sabemos cómo funcionan los procesos de aprobación científicos”.

Para Dodel hay que “tratar de cambiar los programas para que la matemática no sea una cosa lejana sino que te ayuda a que no te engañen”, sentencia.

¿Lo más visto?

De los 11 medios consultados, seis confirmaron que las notas sobre COVID-19 son las más leídas en su web o están entre los momentos de mayor rating en los noticieros. Tres dicen que eso solo sucedió en momentos puntuales de la pandemia y dos (TV Ciudad y VTV) no manejan esa información. Pero, en esta época donde el dato es poder, ¿inciden las métricas de los portales y los ratings de la tele a la hora de pensar la cobertura? Ocho aseguran que no y tres (Ferreira de El Observador, Gatti de canal 5 y Dante de canal 10) admiten que sí.

Dante dice que el rating es una variable más, pero no es un fin, “es la consecuencia de tener la sensibilidad y la capacidad de detectar dónde están los intereses de nuestra audiencia, combinado con lo que la responsabilidad como medio considera que se debe informar”. Gatti asegura que el COVID “ha sido un punto de atracción fuete” para los medios que se rigen por el rating. Ferreira dice que en el caso de los diarios “la audiencia adquirió voz y presencia en las decisiones periodísticas como nunca antes”, pero que el “tráfico” no debe ser el único factor a tener en cuenta. Y citó una definición de una editora de BBC: “Los periodistas no deberíamos definir la cobertura solo por lo que quieren nuestros lectores, sino también por lo que necesitan”.

Sierra dice que el rating es un dato pero que “todas las decisiones han sido periodísticas”. Lo mismo afirma Uval: “En La Diaria no publicamos porque ‘es coronavirus y la métrica nos da bien’. Se publica porque es relevante”. En esa línea, Domínguez dice que la pandemia no entra en la lógica de las métricas: “Si hay que subir algo lo vamos a hacer, se lea o no”.

Por último: ¿hay que darle voz a los negacionistas como Gustavo Salle? Menos de la mitad, cinco de 11, consideran que sí pero dando el contexto adecuado, tres dicen que sí sin mayores explicaciones y tres (Terra, Contreras y Milman) que no.

Uval opina que no es bueno hacer de cuenta que estos grupos no existen porque puedan generar efectos nocivos a nivel sanitario. “Hay que informar sobre ellos, pero diciendo quiénes son, dónde surgen y quién los financia”, explica. Sierra recuerda que hay entrevistas a Adolf Hitler y Josef Stalin que son “joyas del periodismo” para entender a esos personajes. “Es un ejemplo exagerado, lo sé. Pero los negacionistas son parte de la realidad. Ahora, si dicen un disparate mayúsculo, hay que marcar que es inexacto”.

Danza dice que un periodista no puede previamente censurar una opinión bastante difundida porque piensa que es incorrecta. Ferreira advierte que no darle voz a esa gente “es dejar el espacio libre para que esa mentira penetre y avance”. Teijeiro llama a cubrir esos movimientos “pero con cuidado”, Domínguez dice que en Montevideo Portal les dan voz como “lo anecdótico, lo insólito, lo exótico” y Gatti que, en todo caso, es el público el que debe sacar conclusiones.

En cambio, Contreras dice que en Brecha se niegan a amplificar a los que defienden “la inexistencia de la pandemia” y hablan del “complot mundial”. Pero en el consejo de redacción discutieron si hacían una nota sobre otras posiciones más “atendibles”, como las de los que afirman que los test PCR tal como se hacen “sobrevaloran” la cantidad de casos positivos o que los asintomáticos no contagian. Ella era partidaria de hacerla pero quedó en minoría.

Milman de VTV opina que “este señor Salle no aporta nada” y solo genera “contagios y muertes”. Y Terra de Telenoche aclara: “No nos interesan los terraplanistas porque hay suficientes pruebas de que están equivocados”.

en el peor momento de la pandemia

"No hay que asustar": la opinión de dos científicas

A la infectóloga Daniela Paciel le costaba ver constantemente en la prensa el número de muertos y el acento en sus comorbilidades. “Sobre esto, me parece que nadie tiene que asustar”, dice. “Pero cuando tenemos escalada de muertes evitables hay que informar a la población que, si persisten determinadas conductas, esas muertes se van a producir mucho más”.

Pilar Moreno, doctora en ciencias biológicas perteneciente a UdelaR y el Institut Pasteur, opina que no hay que caer en “sensacionalismos”, pero “si hay alarma, hay que alertar, no asustar. Y que la gente tome conciencia por sí misma. La conciencia viene por la información y el conocimiento, no por el asustar”.

Los números.

En los primeros cuatro meses posteriores a la declaración de la emergencia sanitaria, los medios uruguayos difundieron al menos 92.618 notas vinculadas al coronavirus, según un estudio que realiza el periodista Tomer Urwicz para la Universidad ORT. Esto es, 32 por hora, según la consultora de medios GlobalNews. A su vez, durante ese período de tiempo, “la cobertura mediática de la pandemia fue 30 veces superior a la temática de homicidios y femicidios”, revela el estudio mencionado.

También se observa que en las primeras semanas se dio una dinámica compartida por varios mandatarios de la región: la realización de conferencias de prensa a la hora de los informativos centrales de televisión. “Esa estrategia comunicacional elevó la cantidad de segundos de cobertura en vivo sobre la temática, aunque también limitó a los periodistas en la construcción de su propia agenda informativa”, señala el estudio.

De repente, todo fue COVID. Así, la ciencia escaló al prime time y a “las notas más leídas” como nunca antes.

Ana Laura Pérez, periodista y docente de la Universidad ORT, hace la siguiente analogía: cuando una persona sale lesionada en un accidente de tránsito, con fracturas en el cuerpo y en la cabeza, los esfuerzos de los médicos se centran en la cabeza. Lo demás, en ese momento, es secundario. “Esto es eso mismo, una cosa como de trauma. Hay una parte que es normal, y nos arremangamos y nos ponemos a trabajar. Pero alrededor siguen pasando cosas y algunas son más grandes de lo que eran”, dice Pérez. Esto pude notarse en hechos como el descenso en la detección temprana de cáncer, ejemplifica Pérez.

“Hay una obsesión en la agenda informativa en este tema (coronavirus), pero también es verdad que es lo que a la gente le interesa”, dice. Según los datos de tráfico en la web de El País, se puede concluir que ese interés particular en el COVID-19 es un hecho. Sobre todo en momentos en los que los números se complican, como estos días.

Entre las 20 noticias más leídas de la semana del 21 al 27 de agosto de 2020, cuando la pandemia estaba bajo relativo control, no se registra ninguna relacionada al COVID-19. Pero ya en 2021, en la semana del 15 al 21 de marzo, de las 20 notas más leídas, 14 están vinculadas a la pandemia.

Este constante flujo de información ha motivado críticas en un sector de la academia, que considera que existe una “versión oficial” de la ciencia que los medios reproducen mecánicamente sin cuestionársela, y que esto arrastra a la audiencia al miedo.

El ministro de Salud Pública Daniel Salinas en una rueda de prensa. Foto: Leonardo Mainé / Archivo El País
El ministro de Salud Pública, Daniel Salinas, en una rueda de prensa. Foto: Leonardo Mainé / Archivo El País

Otras voces.

Uno de los críticos es el periodista, escritor y profesor grado 5 de la Facultad de Humanidades Aldo Mazzucchelli, quien previo a dar su opinión declara: “Yo nunca he negado que exista el virus ni la enfermedad. Nunca, desde marzo hasta ahora. Se trata de una enfermedad seria que merece ser combatida. Tampoco soy antivacunas, ni llamo a no vacunarse. Lo que he dicho es que la respuesta al virus ha sido completamente desproporcionada e inadecuada, que ha sido motivada por intereses políticos y financieros antes que de salud pública, y que los grandes medios —con honrosas excepciones— no han informado sino desinformado, operando como instrumento de una narrativa de pánico”.

Para Mazzucchelli, “los periodistas se basan en publicar lo que sienten que es aceptable a la mayoría en redes sociales, en lugar de investigar y cambiar la narrativa mostrando sus inconsistencias”. Según el escritor, hay científicos locales e internacionales cuyas investigaciones no son tenidas en cuenta en medios masivos debido a esta “narrativa” imperante.

Frente a esto y al discurso de que “los políticos deben hacer lo que la ciencia indique”, Mazzucchelli considera que “el periodismo no ha tenido el más mínimo sentido crítico o de independencia”.

En la misma línea se expresa el semiólogo Fernando Andacht, director del Instituto de Comunicación de la Facultad de Comunicación e Información de la Universidad de la República: “No dudo de la competencia de quienes son convocados una y otra vez ante cámaras y micrófonos, pero me opongo a declarar como irrelevantes a quienes son condenados a un exilio público, solo porque su enfoque difiere del oficial. No debería haber una ‘ciencia oficial’, en eso consiste precisamente el método de autoridad, pero no el que se llama científico”, argumenta.

Para Pérez, algunas de estas críticas —no todas— son de recibo. “En redes hay un discurso demasiado monolítico sobre decirle a la gente qué tiene que hacer y eso permea en la audiencia y en la manera de trabajar. Si estás tan convencido de que salís a decirle a la gente lo que tiene que hacer, no estás poniendo eso en duda”, dice. “A veces estaría bueno que los periodistas frenáramos y pensáramos si seguir haciendo lo mismo hasta el final es la mejor manera”, opina.

Y reflexiona: “Cuando esto termine, cuando miremos a los costados, va a haber un tendal y no lo estuvimos observando demasiado durante un año y medio. Desde lo sanitario y desde gente que está pasando hambre, que se muere de eso o no se recupera”.

"Nuestro rol es informar y tratar de ser útiles"
El paterrnalismo y otros "vicios del periodismo" que se consolidan
Martín Aguirre

Martín Aguirre, director de El País.

El tratamiento periodístico de una pandemia es algo que no se enseña en la universidad. La única cosa parecida que recuerdo es la crisis bancaria del 2002. ¿Por qué? Tanto en una pandemia como en una corrida bancaria las consecuencias de la información difundida pueden incidir de manera determinante en el hecho que se describe. O sea que, aquí sí, el periodista pasa de mero testigo privilegiado a ser un potencial actor de la realidad.

Ese elemento ha consolidado algunos vicios que el periodismo ya venía padeciendo. El desafío de las nuevas tecnologías y la necesidad de aportar un valor agregado a la información, han llevado a que muchos periodistas confundan su rol. No es ya un tema de opinar, en el marco de un espacio identificado como tal, y para ayudar a la audiencia a entender lo que pasa. Es un predicar sobre lo que está bien, lo que está mal, lo que hay que hacer. “Vamos a cuidarnos”, “hay que portarse bien”. ¿Desde cuando un periodista siente que debe hablarle con ese tono de superioridad a su audiencia?

En esa línea hay otro elemento muy preocupante. La mirada de algunos periodistas que creen que privilegiar las noticias más alarmantes, aunque tengan poco sustento, se justificaría por el bien superior de que la gente asustada se cuida más. Otra vez, parte de un concepto paternalista (o maternalista, para no herir susceptibilidades) que comparten con muchos políticos... que la gente es tarada y precisa que la obliguen o la asusten para hacer lo correcto. Una infectóloga que suele engalanar los medios dijo hace unos meses a El País que “el gobierno tiene que decirle a la gente lo que tiene que hacer porque si no la gente se estresa y no sabe cómo reaccionar”.

Nuestro rol es dar información, de buena calidad, de forma responsable, y tratar de ser útiles. Lo demás es un exceso que rompe el nexo de confianza con las audiencias. A nadie le gusta que lo tomen por bobo, y esa boleta siempre se paga. Azuzar el miedo nunca es buena idea y cuatro clics más hoy bien pueden ser mil menos pasado mañana.

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