FRUTA QUE MUERE EN LA ZANJA

Ideales de belleza, insectos y contrabando: un combo trágico para la granja

De 400 manzanas que se cosechan, solo se eligen 70. En 2016 se tiraron 18 millones de kilos que no se vendieron, y los productores acumulan pérdidas. Ideales de belleza, insectos, problemas climáticos y fruta extranjera forman un combo trágico para la granja.

Cajón de manzanas dentro de un depósito. Foto: Fernando Ponzetto
Estas manzanas aguardaban el lunes su destino final: el descarte. Fueron rechazadas por la aduana brasileña. Foto: Fernando Ponzetto

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Tirar fruta a la basura es algo común. Se hace cuando a los granjeros los rebotan en la frontera, cuando no logran venderla en el mercado interno, cuando tiene gusanos, cuando hay exceso de oferta, cuando no complace a los consumidores. Se tiran miles y miles de kilos por mes, y esta vez le tocó el turno a Andrés Moizo, productor frutícola de Melilla.

Tiene 16 toneladas de manzanas en un galpón, guardadas en grandes cajones, que de seguro terminarán en una zanja. Salvo que logre procesarlas para jugo, aunque es consciente de que no podrá exprimirlas todas: no tiene la infraestructura para envasar los 8.000 litros de bebida que podría llegar a producir.

Moizo mira el depósito y se ríe; dice que es para no llorar. Está acostumbrado a que la fruta sufra un destino fatal, pero en este caso no lo esperaba. Había marchado dentro de un camión con destino a Brasil y al llegar a la aduana, los funcionarios revisaron la carga al detalle. Le dijeron entonces que no recibirían más manzanas en bins -unos cajones de madera más grandes que los de la feria-, por lo que devolverían el envío. Sin otra explicación, el vehículo regresó a Montevideo y le entregó los 16.000 kilos.

¿Por qué no la vendió en el Mercado Modelo? El productor sostiene que no puede hacerlo porque ya está demasiado madura. Algunas tienen marcas, otras evidencian golpes, pero la verdad es que la fruta está bien rica y dulce, y nadie diría que se trata de un descarte. Es que las leyes del mercado son duras y exigentes, y los consumidores no compran manzanas que terminarán pudriéndose en su heladera a los pocos días. Así funciona este negocio y esta es una de sus caras más adversas.

“Es todo un tema de estética”, afirma Moizo, mientras saborea una de las manzanas que habría ido a parar a la basura. Y como la comida entra por los ojos, estos cajones no lograrán comercializarse en ningún supermercado ni en la feria. Cuenta que hay productores que las enceran para que brillen; que la fruta demasiado grande o demasiado chica tampoco sirve; que cuanto más redonda y perfecta, mejor. Eso sí: las más sabrosas, advierte, muchas veces mueren en el descarte.

En 2016 hubo una cosecha trágica. Empezó muy bien, con grandes cantidades de fruta en varias granjas, pero la superproducción resultó ser una pesadilla. Ese año se tiraron 18 millones de kilos de manzanas a la basura, según datos de la Confederación Granjera. Remo Di Lionardi, secretario ejecutivo del gremio, explica que “los problemas de planificación” de los productores no ayudan. El mercado uruguayo es pequeño y la exportación podría ser la mejor solución cuando sobra la mercadería, pero los precios locales no logran competir con los de la región.

Y a falta de exportación, las zanjas son la alternativa más barata. Di Lionardi sostiene que también utilizan estos productos para compostaje y como ración de animales, sobre todo de cerdos. El problema es que ninguna de estas opciones devuelve la inversión de haber cuidado y mantenido los árboles frutales. En esos momentos, explica el dirigente, “lo más importante es no seguir perdiendo”.

La siguiente pregunta es por qué no la donan. Entonces el productor alza la voz: “No podemos seguir recargándonos”. Los precios del transporte, explica, hacen que llevar la fruta hacia otro lugar se vuelva “carísimo”. Una organización aprovecha parte de lo que no se vende en el Mercado Modelo, pero no hay ninguna que vaya a buscar a las chacras los excedentes. De hecho, es más barato dejar la fruta podrida al lado de los árboles, cuando cayó antes de tiempo, que juntarla. El proceso siguiente es natural y hará que se degrade en la tierra a costo cero.

Además, hablamos de un “producto ultraperecedero”, sostiene Di Lionardi. Entre que cosechan, seleccionan los mejores frutos, los transportan y les devuelven lo que sobra, los plazos se acortan. Conservarlos en cámaras deja de ser una opción -las manzanas, por ejemplo, se vuelven arenosas si se congelan fuera de tiempo- y ya no quedan días para planificar la donación. El desenlace termina siendo fatal.

Mujer trabaja en empresa que procesa frutas. Foto: Fernando Ponzetto
Esta máquina mide la fruta y descarta la que no tiene el peso adecuado. Foto: Fernando Ponzetto

Un concurso de belleza

Un buen árbol produce hasta 400 manzanas. “Uno bueno, que esté en un monte con más de 30 años de plantado”, describe Moizo. Esas son las estrellas de la granja, aunque a veces se vuelven un arma de doble filo, en especial cuando no colocan la mercadería. La mayoría de esas frutas son ricas y dulces, pero no cumplen con los patrones de belleza esperados. Al final del día se terminan seleccionando 70, por lo que eligen menos del 20% de la cosecha.

Solo en el primer paso se tiró la mayoría. Esas 70 sobrevivientes concursarán para ir al Mercado Modelo, pero el camino estará lleno de obstáculos. Moizo muestra los cajones que están listos para salir, esos que ya pasaron por todos los filtros, hasta que nota un problema. “Mirá esta peca, esto es una picadura de mosca. Acá hay un gusano”, revela. La víctima es una manzana verde -perfecta para cualquier ojo inexperto- que tiene una marca marrón del tamaño de una cabeza de alfiler.

El productor toma un cuchillo, parte la fruta en dos y ahí está: un insecto pequeñito creció adentro. “Esta ya no se puede vender, tendrían que haberlo visto en el descarte”, se queja. Mientras habla, saca otras tres que tampoco cumplen con lo que se espera de ellas porque su cáscara fue marcada por las ramas del árbol. De nuevo, las fallas son imperceptibles pero Moizo sabe que en el mercado se volverían un problema.

Otro aspecto que genera excedentes es la importación, según el productor. Explica que el mercado está regulado por el Ministerio de Ganadería (MGAP), que permite el ingreso de fruta extranjera cuando el abastecimiento nacional no es suficiente. Sin embargo, Moizo denuncia que esto “no siempre se cumple” y a veces entra mercadería en época de cosecha. Los productos importados bajan los precios y los uruguayos no compiten. Paso siguiente: a la zanja.

No obstante, el presidente del Mercado Modelo, Alfredo Pérez, asegura que solo el 3,5% de la fruta es importada. Afirma que hay “un acuerdo de palabra” gestionado por el MGAP, ya que la Organización Mundial del Comercio no permite prohibir las importaciones. El problema es que si Uruguay no frenara esos productos, la región terminaría arruinando a los granjeros locales y solo se consumiría fruta extranjera. Por un tema de escala, agrega el jerarca, Argentina y Brasil producen de manera más barata.

“Puede haber sucedido que en algún momento puntual se haya importado durante la cosecha. Se trata de contemplar a todas las partes y las importaciones se hacen en momentos puntuales para proteger a la producción nacional. Pero tiene que quedar claro que son finos equilibrios: no podemos decirle al mundo que no importamos porque somos netamente exportadores agrícolas. Hay que jugar de forma muy inteligente y no despotricar”, sentencia Pérez. El Mercado Modelo es administrado por el MGAP, la intendencia y delegados de productores y empleados. El País intentó consultar al ministerio por este tema, pero no obtuvo respuesta.

La mayoría de la mercadería extranjera es exótica. Se trata de palta, ananá, kiwi, papaya, mango y un sinfín de productos que, por cuestiones climáticas, no crecen acá. Pero la vedette de los importados es la banana, una de las frutas más consumidas y que no se cosecha en Uruguay.

Más que la importación autorizada, el principal enemigo de los granjeros es el contrabando, señala Di Lionardi. El productor revela que se ha llegado a vender fruta que eludió los controles aduaneros hasta en el Mercado Modelo. “Eso es peligrosísimo para todos, porque andá a saber de dónde salió y en qué estado llega”, sostiene. El presidente del mercado expresa que hacen “controles frecuentes” para evitar esta práctica.

Sin importar la causa, todos los días se tiran kilos de fruta a la basura. Al final, es más probable que una manzana muera en una zanja antes de llegar a la mesa.

MÁS

El tiempo que lleva producir una manzana de calidad

Tienen que pasar 30 años para que un monte de fruta rinda al máximo. Andrés Moizo, productor frutícola de Melilla, cuenta que en su granja tiene árboles de hasta 60 años que heredó de su familia. Sin embargo, evalúa tirar parte de estas plantas, ya que la superproducción no le conviene porque termina descartando la mayoría de los frutos. “La gente me dice que estoy loco, pero acumulamos pérdidas y no nos dan las cuentas”, sostiene. El proceso hasta producir fruta es largo y complejo. Los primeros dos años son en un vivero, donde se le brindan todos los cuidados a la planta para que crezca sana. Luego pasa a un estado intermedio, que dura un año más, en el que todavía no da frutos pero tampoco necesita tanta atención. El primer año de cosecha se tira entero, ya que no tiene la estabilidad que necesita. Recién al segundo año empezará a dar fruta de mejor calidad, pero en poca cantidad, explica el productor.

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