ELECCIONES 2019

La historia detrás del porrazo del Partido Independiente rumbo al cambio de signo

Creen que corrimiento al centro de blancos y colorados les quitó votos. Franzini Batlle se fue acusado de copiar diseño de listas. Pese a todo, advierten ser garantía de progresismo en la coalición. 

Pablo Mieres
Pablo Mieres, líder del Partido Independiente. Foto: Leonardo Mainé. 

El Partido Independiente (PI) perdió dos de cada tres votos que obtuvo en 2014. El golpe fue letal en términos de representación, pasando de tener un senador y tres diputados a solo un diputado. Las razones de la caída pueden dividirse en dos categorías: los imponderables, protagonizados por la irrupción de Cabildo Abierto y un corrimiento al centro por parte de los partidos tradicionales; y los errores políticos, que van desde la creación y disolución escandalosa de La Alternativa a algunas decisiones de campaña que podrían haber llevado a los frenteamplistas desencantados a pasar de largo hacia los partidos tradicionales.

Pese a todo, lo cierto es que el PI logró convertirse en el ala izquierdista de la “coalición multicolor”. Incluso su líder, Pablo Mieres, suena como el futuro ministro de Trabajo. No obstante, surge una pregunta difícil de contestar. El eslogan de campaña del PI fue “la garantía del cambio”: ¿se puede ser la garantía con un diputado y apenas 23.580 votos?

Pablo Mieres, Fernando Amado, Esteban Valenti y José Franzini Batlle. Fotos: archivo El País
Pablo Mieres, Fernando Amado, Esteban Valenti y José Franzini Batlle. Fotos: archivo El País

La Alternativa

“Tengo un viejo sueño socialdemócrata”, decía Mieres a inicios de 2018 a quienes intentaba convencer de formar un nuevo partido político. La idea de él y sus colaboradores más cercanos, los diputados Daniel Radío e Iván Posada, era abrir un amplio paraguas de centroizquierda bajo el que se pudieran refugiar batllistas, wilsonistas y sobre todo frenteamplistas desencantados. Así fue que selló un acuerdo con Navegantes, del exfrentista Esteban Valenti; Batllistas Orejanos (luego Unir), del excolorado Fernando Amado; y Asamblea Batllista (luego Avanza País), de José Franzini Batlle.

A la interna del grupo fueron muchos los nombres que se manejaron de posibles adherentes, pero nunca llegaron a confirmarse:Fernando Filgueira, Juan Pedro Mir, Gabriel Oddone, Bruno Gili, Richard Read y hasta del intendente blanco de Tacuarembó, Heber da Rosa.

En un principio eran Mieres y Posada los que mantenían conversaciones con las otras tres patas de la alianza. Amado advierte sobre la existencia de tres acuerdos fundamentales: el nuevo paraguas no era el PI, sino algo que lo superaba y por tanto las decisiones debían tomarse entre los cuatro grupos; Mieres iba a ser el candidato a presidente y el candidato a vice se elegiría entre todos; y no iba a haber un pronunciamiento sobre lo que se haría en el balotaje hasta pasada la primera vuelta de las elecciones.

También acordaron usar el PI como lema, porque de esta manera la agrupación de Mieres podía acceder a un préstamo en el Banco República por la cantidad de votos que habían obtenido la pasada elección, vital para hacer campaña. De este dinero, además, el PI estaba dispuesto a compartir un 30%, 10% para cada uno de sus socios políticos, lo que se reintegraría una vez finalizada la elección.

El diálogo de las partes con Mieres comenzó en abril y la primera reunión entre los cuatro líderes fue recién el 17 de octubre. El 24 del mismo mes, en esta sección se anunció que empezaba a nacer una “alternativa de izquierda” para las elecciones. Poco después se supo que se llamaría “La Alternativa” —en un momento se manejó el nombre “Progresistas”, pero este fue vetado por Mieres por entender que era un término muy cercano al Frente Amplio. En marzo de 2019 se anunció quién sería la candidata a vicepresidenta: Selva Andreoli, de Navegantes, esposa de Valenti. Amado no había sido consultado y esto generó molestia en él y su agrupación. El excolorado pretendía que se usara la vicepresidencia para atraer alguna figura más al partido, o si no pelear para que alguien de su sector —probablemente él— ocupara ese lugar. Luego de un intenso diálogo entre Amado y Mieres, volvió la calma.

Para ese entonces los tres socios del PI venían insistiendo a Mieres en que era necesario un discurso más centrista, que equilibrara la balanza que ellos entendían muy crítica hacia el Frente Amplio y poco con la oposición. En una entrevista publicada el 17 de marzo en El País, Mieres declaraba: “Lo cierto es que Uruguay necesita un cambio y el eje divisorio del país es continuismo versus cambio”.

Una semana después explotó todo. Una entrevista en el programa de televisión Desayunos Informales, en el que Andreoli contestó que en el balotaje no estaba dispuesta a votar a otra fuerza política que no fuera el Frente Amplio, hizo volar por los aires La Alternativa.

Navegantes aclaró que en segunda vuelta dejaría en libertad al electorado de votar lo que quisiera —que fue lo que terminó haciendo luego. Mieres le pidió a Andreoli que se retractara por escrito. Esta se negó y el PI decidió salir del acuerdo. La decisión dejaba colgados del pincel a Amado y Franzini Batlle, que al no tener lema y por haberse vencido ya los plazos de la Corte Electoral para presentar uno, se quedaban sin posibilidades de presentarse a la elección.

“El Partido Independiente cosechó lo que sembró. Cuando se estaba formando La Alternativa el PI ya sabía que iba a votar en segunda vuelta al Partido Nacional y nosotros no teníamos ningún problema con eso. Lo que pasa es que ellos se creían que nos iban a convencer, y nosotros estábamos decididos a no apoyar a ninguno de los dos. En la política la miseria se paga con miseria. Les salió el tiro por todas las culatas. La gente les dio la respuesta que correspondía”, señala Valenti.

Tras la ruptura del acuerdo, Amado mantuvo una reunión con Posada y Radío —Mieres no fue— en el Palacio Legislativo. Las reglas de juego cambiaban: Amado era invitado a ser parte del PI, podía abrir todas las listas que quisiera en todo el país, pero debería acomodar su discurso a las directivas centrales del partido. Se tomó más de un mes y medio para responder, y dijo que no. Franzini Batlle, que estaba en la misma situación, le dijo que sí al PI y abrió listas en todo el país.

“La coartada que ellos utilizaron fue una coartada de mala fe”, advierte Amado. “Porque ellos en los papeles no incumplieron nada, porque se retiraron del acuerdo. El problema es que eran el socio más importante, el que tenía el lema y el candidato”, agrega. Amado se presentó dentro del Frente Amplio y obtuvo 23.218 votos —362 menos que el PI—, y si se hubiera candidateado con lema propio sería diputado.

recorrido impensado

Del FA a la alianza con Lacalle Pou

Pablo Mieres empezó su militancia en 1979 en el Partido Demócrata Cristiano (PDC). Con esta fuerza integrando el FA fue tercer candidato a diputado en las elecciones de 1984. En 1989 el PDC se desvinculó del FA y pasó al Nuevo Espacio, liderado por Hugo Batalla, que en 1994 volvió al Partido Colorado para ser candidato a vicepresidente. Mieres siguió en el Nuevo Espacio en 1994 y 1999, bajo el liderazgo de Rafael Michelini. En 2001, tras una votación interna en el partido en la que gana la posición de Michelini y pierde la de Mieres, el Nuevo Espacio pasa al FA. En 2002, los que habían perdido en estos comicios internos arman el PI, que participa por primera vez en las elecciones de 2004. El eslogan era “ni unos ni otros”, y el color violeta, una decisión del publicista Francisco Vernazza, tenía que ver con el club Defensor. No eran Peñarol ni Nacional; ni blancos, ni colorados, ni frenteamplistas.

El golpe de gracia

Los coletazos de La Alternativa no dejaron de golpear al PI hasta la semana pasada, justamente cuando el último de los socios del fallido partido fue desvinculado. Mieres advierte que esto se debe a que “era un acuerdo electoral y ese acuerdo ya se terminó”. Pero, más allá de esto, que es cierto, también es verdad que desde fines de septiembre él y Franzini Batlle no tienen diálogo, y que hubo una fuerte discusión telefónica provocada por el diseño de las listas del excolorado y por el número que eligió para competir en las elecciones.

La lista principal del PI es la 909; Franzini Batlle registró la 9009. Los colores principales de la lista del PI son violeta y amarillo, y esos mismos son los colores de la de Franzini Batlle. A la interna creen que hubo una intencionalidad para quedarse con los votos del ala histórica del partido. De los 23.580 sufragios por el PI, 4.979 fueron a la lista del excolorado.

Si no hubiera sido por nuestros votos, el PI habría sacado menos que el Verde Animalista y que Asamblea Popular, y no tendría ni representación parlamentaria. Yo estaba adentro del PI, ¿cómo iba a hacer una lista distinta a las del PI?”, dice Franzini Batlle. Desde el partido, en tanto, esperaban una lista “con colores más batllistas” y sostienen que muchos de los 5.000 votos que obtuvo responden a la confusión de la gente.

Valenti, Amado y Franzini Batlle están decididos a registrar lemas propios para 2024. No quieren cometer el mismo error.

manini mieres
Manini Ríos y Pablo Mieres se saludan durante un acto. Foto: Francisco Flores.

Corrimiento ideológico

Mieres sostiene que la caída del PI se debe a una reestructura ideológica de los partidos políticos tradicionales. “Se corrieron al centro. El caso más significativo es el de Ernesto Talvi, que tuvo un discurso muy cercano a nuestras posturas. Esto nos achicó como partido, permitió el crecimiento de otro partido hacia la derecha, Cabildo Abierto, pero también fue positivo porque hizo que pudiéramos formar una alianza”, advierte el excandidato.

El diputado Radío agrega a esto al menos dos errores estratégicos: “La estructura de alianzas no se comunicó bien” —antes de la primera vuelta estaba claro que el PI no apoyaría al Frente Amplio, pues su discurso apuntaba siempre al cambio— y el eslogan. “¿Qué quiere decir ‘la garantía del cambio’? ¿Por qué íbamos a ser nosotros la garantía del cambio? Eso era algo que había que explicar y no se explicó”, sostiene Radío.

Álvaro Ahunchain, creador de este eslogan, advierte sobre esta decisión: “Entendimos que mostrarse equidistante a los dos grupos en una elección polarizada era un suicidio político. Siempre entendí que era clave descartar el voto al Frente Amplio, a quien el PI se había opuesto de manera rotunda durante la legislatura. Entendíamos que la coalición del cambio necesitaba un contrapeso de izquierda, y eso fue lo que quisimos promocionar”. ¿Por qué no funcionó? Ahunchain vuelve al mismo punto que Mieres: señala que Lacalle Pou trabajó mucho para posicionarse en el centro del espectro político y que la irrupción de Talvi, “un gran candidato”, también les sacó votos.

Pese a que las encuestas anticipaban un panorama difícil para el PI, lo cierto es que la noche del 27 de octubre el resultado cayó como un balde de agua fría sobre los dirigentes del partido. “Nadie se lo esperaba”, dice Gerardo Sotelo, segundo para el senado en la lista 909. Sin embargo, y a pesar de no tener competencia, para la interna el partido había recibido solo 2.073 votos. “Algo se podía percibir de que el humor del electorado pasaba por otro lado, pero no pensábamos que iba a ser tan así. El partido que iba a ser una especie de gatekeeper, el que estaba en la puerta del descontento frenteamplista, no pudo retenerlos. Los 180.000 siguieron de largo y optaron por otros partidos”, agrega Sotelo.

En la convención que se celebró días después de la elección nacional votaron 50 personas y solo tres se pronunciaron en contra de la alianza con los partidos Nacional, Colorado, De la Gente y Cabildo Abierto. Julio Bonansea, de San José, fue uno de ellos. “No fui solo yo el que dije no, eso era lo que pensaba toda la mesa departamental. Lo que entendimos fue que con la magra votación de octubre, alrededor del 1%, no estamos en condiciones de ser la garantía del cambio. La incidencia que vamos a tener es poca”, sospecha. El PI en San José acató la decisión de la mayoría con una salvedad: se negó a hacer campaña por Lacalle Pou de cara al balotaje.

Lacalle Pou se reunió con el líder del Partido Independiente, Pablo Mieres. Foto: Leonardo Mainé
Lacalle Pou y Mieres tras la reunión en la que se acordó la coalición. Foto: Leonardo Mainé.

Injerencia en la coalición

La imagen de la “coalición multicolor” es elocuente. En las fotos que sus líderes se sacaron durante la campaña muestran en una punta a Mieres y en la otra al líder de Cabildo Abierto, Guido Manini Ríos, o a su esposa y senadora electa, Irene Moreira. En el medio, Lacalle Pou. El PI será, entonces, el partido que equilibre hacia la izquierda al próximo gobierno, y más allá de los votos que haya obtenido, su presencia allí será importante si el nuevo mandatario quiere mostrar un equilibrio.

“Nosotros tenemos claro que en la coalición no fuimos colocados por el caudal electoral que pudimos aportar, sino por lo que simboliza el partido. Podemos ser también un puente con el Frente Amplio. Lo de Mieres no está confirmado, pero seguramente puede ser un buen ministro, un nexo entre los trabajadores y los empresarios. Es claro que somos el ala a la izquierda, el progresismo dentro de esta coalición”, opina Mónica Bottero, excandidata a vicepresidente por el PI.

Sobre qué pasará en los próximos años hay un enorme signo de interrogación. El PI tiene el desafío de reestructurarse de cara a 2024 y para eso deberá luchar por no perder identidad dentro de la policromática coalición. Lo que Mieres tiene claro es que no están dispuestos a entregar un cheque en blanco: “Uno cuando entra a un acuerdo como este lo hace dispuesto a apoyar y ayudar. Pero nadie dice que esto sea un plazo fijo; depende, uno apoya mientras haya fidelidad al documento que nos permitió votar juntos. Y si eso dura todo el período, mejor”.

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