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Guerra por los decibeles

En 2014 la IMM recibió 130 denuncias por ruidos molestos y cerró 10 locales nocturnos. La tensión es constante entre comerciantes y vecinos, pero no hay salidas a la vista. Quejas, clausuras y soluciones a medias forman parte de la batalla de cada fin de semana.

Comerciante: "Hay vecinos que tienen una lucha obsesiva con nosotros"
Comerciante: "Hay vecinos que tienen una lucha obsesiva con nosotros"
Si se acumulan denuncias, se procede a la clausura del local.
Si se acumulan denuncias, se procede a la clausura del local.
Bar Rodó
Bar Rodó
La intendencia analiza poner un tope horario al funcionamiento de las mesas afuera de los bares.
La intendencia analiza poner un tope horario al funcionamiento de las mesas afuera de los bares.
Paullier y Guaná
Paullier y Guaná

Ignacio Stolkin se coloca tapones en los oídos y se acuesta a dormir, sabe que lo espera una noche larga. La música suena fuerte, las charlas se adueñan de la cuadra y las cervezas se repiten justo frente a su ventana, en el Bar Rodó. A pocas cuadras, a Ernesto Guaraglia le suena el teléfono en su boliche, El Living, y una voz del otro lado comienza a insultarlo. Le grita que no puede dormir, lo amenaza con que va a lograr que la Intendencia le cierre el comercio, y corta.

La tensión se repite en distintos barrios de Montevideo y en varios departamentos del interior. Ya sea porque la música está muy alta o porque la gente se pone a conversar en la puerta de los boliches mientras fuma o toma, se genera una disputa constante. Los comerciantes dicen que solo están trabajando y que no pueden hacer nada con el ruido de sus clientes. Los vecinos insisten con que no pueden dormir.

La Policía y las comunas reciben decenas de quejas cada fin de semana. En la Intendencia de Montevideo, por ejemplo, en los últimos cinco años se registraron en promedio 130 denuncias anuales por ruidos molestos y ruidos sociales. Dichos reclamos, además, han generado un promedio de 720 inspecciones realizadas cada año en los locales nocturnos. Y por esos motivos, en 2014 se determinó la clausura temporal de 10 boliches en Montevideo.

Pero más allá de eso, el margen de acción es limitado para las partes involucradas, y esta guerra, donde entran en juego el derecho a descansar, la posibilidad de recreación, la calidad de la oferta nocturna uruguaya y miles de puestos laborales, está empantanada en un punto que no ofrece perspectivas claras.

"Está complicado encontrar alternativas", admitió el secretario general de la IMM, Ricardo Prato. El jerarca ha venido analizando el asunto durante los últimos años y entiende que, más allá de algunas medidas puntuales que se pueden fomentar, la comuna solo puede insistir con el control de los ruidos que se originan en los locales nocturnos y debe mantener las inspecciones y las multas.

Prato cree que la "solución básica" es permitir únicamente la instalación de boliches en sitios donde las viviendas linderas sean otros comercios y no residencias, porque así se evita la contaminación acústica directa. Para él, si esto estuviera normatizado, "facilitaría" la convivencia. En tanto, descarta que se pueda imponer una zona exclusiva para ese tipo de negocios y entiende que sería muy complejo establecer un horario límite para el funcionamiento de estos establecimientos.

Sin diálogo.

José María Álvarez es dueño del restaurante y bar Paullier y Guaná, que fue clausurado hace una semana por la Intendencia tras reiteradas denuncias de vecinos por los "ruidos sociales" que generaba, lo cual refiere al ruido que hacen los clientes en la puerta del establecimiento y zonas cercanas.

El comercio reabrió el viernes pero con la condición de funcionar solo como restaurante, cerrando sobre las dos de la madrugada y sin shows en vivo ni actividades propias de un pub, lo cual supone un fuerte golpe para la recaudación de la firma. Los dueños explicaron que para volver a funcionar con normalidad deberán encarar una inversión de US$ 12.000: eso es lo que cuesta instalar un vallado de 2,40 metros de altura que ayuda a aislar el sonido.

"Hemos tomado diversas medidas y ha mejorado muchísimo el tema del ruido, pero en definitiva no puedo impedir que la gente hable en la vereda. Y lo que hemos hecho lo han valorado muchos vecinos, de quienes obtuvimos una muy buena respuesta", dijo Álvarez. Sin embargo, hay "tres o cuatro" vecinos que siguen denunciando y que "ni siquiera están abiertos a dialogar". "Ya no es un reclamo, tienen una lucha obsesiva contra nosotros", lamentó el empresario.

Tal como le sucede ahora a Paullier y Guaná, varios boliches del Parque Rodó —zona que viene viviendo todo un "boom" de oferta nocturna en los últimos años— han pasado por lo mismo.

Siempre sucede más o menos igual: los ruidos molestos irrumpen en la cuadra donde está el local, los vecinos se quejan, se realizan reformas edilicias o se cambian normas internas del boliche y la situación mejora. La mayoría de los vecinos acepta la situación a la que se llega, pero un núcleo más duro insiste con las denuncias y se rompe el diálogo con el comerciante.

Stolkin admite que de todos los vecinos del Bar Rodó, fueron solo 10 los que lo denunciaron, logrando su clausura temporal en julio del año pasado. "(En el bar) son infractores de alma. Estamos en un tire y afloje constante. Yo ya no tengo diálogo con ellos. Es muy molesto el ruido nocturno acá", dijo un vecino del tradicional punto de reunión ubicado en Juan Paullier y Gonzalo Ramírez.

El hombre, que ha denunciado en reiteradas oportunidades al bar ante la Intendencia, incluso ha filmado la actividad y el movimiento que hay en la puerta del local. Ha enviado a la comuna las imágenes (y los audios) reclamando sanciones.

A tres cuadras del Bar Rodó, en la esquina de Paullier y Edil Hugo Prato, está el bar Living. Ernesto Guaraglia, su dueño, dijo que la mayoría de los vecinos han reconocido los cambios que ellos han concretado en el lugar, pero afirmó que solo "dos o tres insisten con criticar y denunciar".

"En un momento pensamos en cerrar, porque todos los cambios que tuvimos que hacer afectaron mucho las ventas. No abrimos más los jueves, recortamos la cantidad de bandas en vivo y estuvimos más de medio año sin abrir el sótano (donde está la pista de baile). Nosotros pusimos lo mejor, pero hay dos o tres vecinos que no quieren ni hablar con nosotros y solo denuncian", dijo el propietario del local.

Guaraglia contó que hay una vecina que lo ha llegado a llamar por el volumen de la música estando la música ya apagada. "Hay una mujer que me llama porque le molesta el ruido y vive a una cuadra y media. Alguna vez, después de que me llamara, me he parado en la puerta de su casa y le he gritado el nombre a ver si me escucha, y nada. Ya es algo más bien contra nosotros que contra las molestias que pueda haber".

El dueño del Living se quejó de que no se tome en cuenta a "la gente que sale, gente de todas las edades que busca divertirse", y que se afecten sitios que dan trabajo a muchas personas debido a "las quejas de una o dos personas".

Pero ante ese planteo, Prato, el secretario general de la IMM, subrayó: "Aunque sea un solo vecino el que se queja, tiene derecho a ser defendido en su derecho a la tranquilidad. Si ante una denuncia la Intendencia detecta que hay algo fuera de lugar, tiene que proceder a la clausura o a la multa", consideró.

Pocas opciones.

Diego Banizi, que es director del Servicio Central de Inspección General de la Intendencia y se encarga de determinar las clausuras de boliches, dijo a El País que las denuncias por ruidos molestos y el funcionamiento de este tipo de locales es un tema complejo que su dependencia tiene sobre la mesa.

"No me divierte tener que clausurar un boliche. Queremos que el boliche pueda trabajar, que la gente tenga dónde divertirse y que el vecino pueda dormir, pero tenemos que ver cómo conjugar todo eso", señaló.

En Uruguay, el ruido por encima de 39 decibeles está considerado como excesivo y un boliche puede ser sancionado si se registra que genera sonidos superiores a ese nivel en, por ejemplo, una vivienda lindera. Igual, los comerciantes y las autoridades coinciden en que ese límite es ilógico, dado que un poco de tránsito ya genera eso o más. Diversos registros señalan, a modo de ilustración, que una aspiradora en funcionamiento ya alcanza unos 80 decibeles, por lo cual una charla normal sobrepasa fácilmente ese límite.

Las autoridades dijeron que crear una zona especial para boliches, como ocurre en otros países, no es viable en Montevideo porque ya no hay un sitio con esas condiciones. En algún momento se manejó como opción el entorno de la estación de AFE o incluso la del faro de Punta Carretas, pero se desistió por la cercanía con áreas residenciales. Ahora, como alternativa, manejan fijar topes horarios para el funcionamiento de los locales.

"Se está estudiando, por ejemplo, limitar el horario en el que puedan funcionar las mesas afuera de los boliches. Es algo que se va a analizar, pero es un tema delicado", dijo Banizi.

Más allá de posibles salidas, el tema viene siendo un dolor de cabeza para muchos, y las autoridades poco han materializado al respecto, mientras las denuncias y las defensas se han acumulado.

"Hay un borde de coexistencia entre lo comercial y lo residencial que genera problemas, y a veces no hay solución, porque algún vecino es demasiado intransigente o porque algún comerciante es demasiado desaprensivo", concluyó Prato. La "guerra" de cada fin de semana parece estar lejos de una tregua.

Ruidos molestos: segundo tema más denunciado en la capital.


Durante 2014 la Defensoría del Vecino de Montevideo recibió 147 reclamos vinculados a "contaminación acústica", siendo este el segundo tema entre los planteados por los montevideanos ante esa oficina. En ese marco, la Defensoría del Vecino avanzó especialmente en el análisis del tema, y señaló que en los últimos años "se consolida dentro del universo total de reclamos que un 20% son por problemas de contaminación sonora". También se refirió a la "dificultad de operar desde la administración departamental con un carácter de prevención y precaución de los efectos negativos y de los daños que este tipo de contaminación causa en la salud individual, familiar y pública. "Se puede y se debe evitar su profundización para cuidar de la salud de las personas, protegiendo varios derechos humanos fundamentales que están comprometidos, como la salud, el trabajo, la inviolabilidad del hogar, el descanso y hasta el derecho de goce de la propiedad", afirmó la Defensoría del Vecino en un estudio especial realizado sobre la temática durante el año pasado.

Jerarcas entrantes seguirán aplicando multas y clausuras.


"Lo que se va a hacer en la administración entrante es aplicar la normativa vigente. En la medida en que haya una colisión de intereses, si hay una situación que perjudica el entorno social o si las prácticas comerciales no son las convenientes para la ciudad y la sociedad, vamos a avanzar por dicho camino", adelantó a El País Oscar Curutchet, que será director del Departamento de Desarrollo Ambiental cuando Daniel Martínez asuma en la Intendencia de Montevideo, y por lo tanto encabezará el área que debe monitorear el funcionamiento de los boliches y medir el impacto que puedan causar en el entorno.

Curutchet admitió que "lo ideal sería fomentar zonas exclusivas para determinadas actividades, tales como la de los boliches", aunque reconoció que es difícil y que "también hay que cuidar mucho la idiosincrasia de los montevideanos, que buscan tener un lugar para salir cerca de donde viven".

Consultado sobre la posibilidad de fijar un tope horario para el funcionamiento de los locales nocturnos, bares, pubs y restaurantes, el futuro jerarca entendió que hoy en día el horario en el cual la gente sale a divertirse es muy tarde en la noche, y dijo que si bien "puede ser un camino" trabajar en ese tema, sería necesario "modificar algunas conductas" de los montevideanos.

"Estamos dispuestos a analizar normas que tengan que ver con la mejor convivencia y con el cuidado de los espacios que permiten el entretenimiento. Generar cambios culturales que tienen que ver con conductas y que se traduzcan en buenas prácticas de los ciudadanos", dijo Curutchet.

"Llevarse bien".

Mientras tanto, el actual secretario general de la Intendencia de Montevideo, Ricardo Prato, dijo que la normativa "se maneja por defender el derecho del vecino a descansar", y señaló que al hablar de ruidos molestos e innecesarios "se responsabiliza indefectiblemente al comercio que está instalado, porque más allá de que no provoque de por sí los ruidos, es responsable por lo que hacen sus clientes en el entorno".

Así, el jerarca municipal dijo que "quien piensa en instalar un comercio tal como un boliche, tiene que pensar primero que nada en llevarse bien con la población que vive alrededor", y entendió que si se ingresa en el círculo de denuncias y enfrentamientos con el entorno, "tarde o temprano se termina cerrando". "Es algo que se repite, ha pasado infinidad de veces, y va a seguir pasando", admitió el secretario general de la Intendencia al ser consultado por El País.

MUCHA POLÉMICA EN POCAS MANZANAS.


El Bar Rodó ya tuvo una clausura.


El bar, ubicado en Juan Paullier y Gonzalo Ramírez, es un punto de referencia en la movida nocturna de Montevideo. El año pasado enfrentó una clausura tras reiteradas denuncias de los vecinos. Miles de personas pidieron su reapertura.

El Living casi baja la cortina.


El bar Living, también ubicado en Parque Rodó, recibió varias multas tras haber sido denunciado por los vecinos por ruidos molestos. Realizó cambios profundos en su funcionamiento y sus ingresos bajaron, por lo cual han llegado a evaluar cerrar el local.

Paullier y Guaná ante un dilema.


Este boliche fue clausurado la semana pasada a causa de los ruidos sociales que ocasionaba, es decir, los ruidos que genera la gente hablando en la puerta del local. El viernes reabrieron, pero deben funcionar solo como restaurante y cerrar a las dos de la mañana.

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