UN PUEBLO QUE NO QUIERE SER URUGUAYO

Gitanos: vivir en el ayer y ver el futuro

La comunidad gitana uruguaya es reducida pero muy unida y muy hermética. Este pueblo que todavía mantiene un idioma propio lucha por mantener sus centenarias costumbres y tradiciones aunque el costo sea casarse entre primos o no mandar a sus niños a la escuela.

Gitanos en Uruguay. Foto; Ricardo Figueredo
Hay de todo: desde grandes empresarios occidentalizados hasta gitanas de pollera y pañuelo en la cabeza. Foto: Ricardo Figueredo

Escondidas en la categoría "Otros", unas 200 personas se declararon gitanas en el censo de 2011. Pero a pesar de ser una cantidad tan ínfima que no tiene categoría propia, han logrado mantenerse unidas y no han permitido que sus tradiciones se diluyan entre las uruguayas. Según ellos el número oficial no le hace justicia a la realidad. "Somos unas 600 familias en todo el país, y cada una es muy numerosa", asegura Gimena —que tiene un nombre distinto, pero prefiere no compartirlo en esta nota—, una gitana que reside en Punta del Este.

Los gitanos son herméticos. Pasan mucho tiempo en comunidad, que en su mundo equivale a una gran familia. Esto se debe, en parte, a que mantienen la tradición de casarse entre primos. Pero, ¿dónde está ubicado este clan? Si bien no hay datos certeros, los gitanos que hay en el país aseguran que están "a lo largo y ancho de todo el territorio".

Aunque la gran mayoría habla español, algunos conservan el dejo de un acento, como si se hubiesen bajado del barco hace no tantos años. Pero los gitanos que viven radicados en estas tierras tienen abuelos y bisabuelos nacidos en Uruguay. "Por lo menos hace cuatro generaciones que estamos acá", dicen. Si se piensa en los rasgos, algunos tienen facciones características, pero no todos. Será por el apego a sus tradiciones, o la vestimenta característica de algunas mujeres, o por su tendencia a estar siempre juntos, el caso es que se los suele ver como extranjeros aunque no lo sean.

Hay costumbres que los delatan. Los viejos gitanos siguen viviendo en carpas porque allí "se sienten más libres". Es una cuestión de comodidad, no de costos. "En las casas se sienten enjaulados", insiste Gimena. Las generaciones nuevas ya no tanto, y al menos en dos campamentos ubicados en Maldonado se ve una carpa junto a dos construcciones de material, idénticas. Betty, otra gitana joven como Gimena, dice: "Yo viví en carpa hasta los 14, cuando me pasé a la casa me sentía encerrada; después me acostumbré".

Por Gorlero, en busca de clientes para leerles la suerte, se pasea Teresa. Viste según el cliché: blusa colorida, falda colorida y un pañuelo colorido, fucsia, en la cabeza. ¿Qué pasa en la carpa si hay temporal? Ella responde: "Ese no es un problema". ¿Y los vecinos? "Tampoco. No somos bobos, elegimos dónde ubicarnos".

"Vení, vení", grita otra a pocos metros. Mira a una presa y le da una palmada al asiento, junto a ella, al tiempo que lanza la carnada: "Vas a ser muy feliz. Tienes la suerte de tu lado. Tendrás un amor..." Atravesando su vestido blanco a lunares violetas, lleva una cartera donde deposita el dinero que le dan los turistas a cambio de darle un vistazo a su futuro.

La quiromancia, o la adivinación mediante la lectura de la mano, es una práctica pagana que hace años practican los gitanos. Para Rolando López, gitano del Chaco radicado en Punta del Este, ninguno cree realmente en sus poderes. Es solo una forma de ganar dinero. Hay otros más crédulos, como Gimena, que asegura que es una técnica de adivinación real. "Las líneas de la mano le dicen algo de tu persona a la gitana y ella lo interpreta", describe confiada.

"Vas a tener una vida muy larga, muy feliz, te gusta pasear, en el amor te va a salir todo bien, vas a tener un viaje con una sorpresa", sueltan las dos gitanas, cada una a su cliente, al mismo tiempo, las mismas palabras, casi sin respirar ni hacer pausas.

"¿Cómo se llama el que te quiere?", pregunta para seguir adivinando. La joven responde entre susurros. Le contesta que él es sincero y que van a tener una nena y un varón. También le dice que una amiga le tiene mucha envidia, y que eso le está afectando el amor, la salud y el trabajo. "Vos sabés cuál es: la morocha". La joven asiente sin lucir muy convencida. A continuación le pide $ 500 por un amuleto para tener suerte en el amor. Transan en $ 200. A cambio la mujer le da un coquito de un árbol, minúsculo. Y le dice que pida un deseo. Con solo esto la magia ya está hecha.

Fabiana, una mujer que hace años trabaja vendiendo cuadros en la Feria de Artesanos en Gorlero, cuenta que muchas veces la técnica elegida es pedir un billete prestado y escupirlo, de modo que la persona que lo prestó ya no quiera que se lo devuelvan. Esta "avivada" les vale una mala fama entre los visitantes habituales del balneario. Ellos se sienten discriminados, pero a su vez reconocen que los que marcan la distancia son ellos. "Nosotros discriminamos más al resto", admite Gimena. "Si desaparece una gallina, al que llevan detenido es a un gitano, pero a nosotros nos da más miedo el resto de la sociedad. Hoy te matan por $ 10 para la pasta base", sostiene. "Es que el gitano vivo solo para los negocios. Es lo más bueno que hay. Un gitano de amigo es el mejor amigo", dice. Aunque despierten suspicacias entre los comerciantes de Gorlero, todos los vecinos consultados para esta nota afirmaron tener una relación distante, pero cordial.

Son ellos quienes difunden los mitos.

—Cada vez son más. En Maldonado hay ocho tribus, —dice un poblador del barrio La Fortuna dueño de un almacén.

—Tienen un rey. Lo he visto manejando un Mercedes rojo —agrega otro.

Entre los gitanos no hay consenso: algunos reconocen la existencia de una monarquía, y otros la niegan.

Tradición familiar.

Los gitanos tienen dos actividades principales: la adivinación (reservada a las mujeres) y el comercio. "Ningún gitano es empleado. Puede estar vendiendo alfileres, pero es su propio dueño", explica López. Además, lo hacen juntos. "Va la familia entera a trabajar, eso te une", apunta Gimena.

Aunque son orientales e hijos de orientales, entre ellos hablan en romaní. Mantienen este idioma hace generaciones en todo el mundo, por eso los bebés gitanos uruguayos lo aprenden antes que el español. Y lo hablan, palabras más palabras menos, todos los gitanos del mundo. "Si yo me encuentro con un gitano en cualquier lado le puedo hablar y nos entendemos perfecto", dice López.

El idioma romaní es ágrafo, es decir, no se escribe, debido a que otra de las tradiciones de esta cultura es el analfabetismo. Conforme se van adaptando a las sociedades, esto está cambiando, aunque aún persiste. Antiguamente la regla era no enviar a los niños a la escuela. Hoy, en Uruguay, asisten durante unos años, "pero nunca van al liceo", dice Gimena y reafirma Betty.

"No es por falta de capacidad, es que se considera que estudiar es una pérdida de tiempo. Se hace plata rápido sin eso", argumenta López, el gitano chaqueño. Gimena dice que algunos dejan de estudiar en la escuela "porque se sienten discriminados", a veces incluso a edades muy tempranas, por hablar más romaní que español. Ambos coinciden en que la mayoría de los gitanos, al menos los de mayor edad, siguen siendo analfabetos.

"Los más viejos firman los contratos sin leerlos, pero de repente por cómo los miraste o por alguna señal que le diste, no te lo firman. No hay manera de estafar a un gitano", sostiene Gimena.

—Yo aprendí a leer y a escribir sola — dice Betty sin que le pregunten.

Rodeándola están sus sobrinos, Emiliano de seis años y Emanuel, de ocho.

¿Y ellos van a la escuela?

Asiente con la cabeza, con una mueca que devela que no le hace mucha gracia.

Los niños cuentan orgullosos que hablan los dos idiomas y dicen cómo se dice "hola, ¿cómo estás" en romaní. Cuando se termina esta charla, la familia se pone a hablar una mezcla de romaní y español. "Los más viejos son los que más conservan las tradiciones, lo más jóvenes se van uruguayizando de a poco", lanza Betty.

Pero hay tradiciones que no cambian, como las largas y coloridas polleras, como la que visten Teresa y Betty, que igual aclara que se van modernizando. "Antes era una pollera tableada. Hoy hasta les hacemos un tajo", cuenta.

La casa de Betty es de un único ambiente con una cocina, pero es muy amplia. El lugar es chico y la familia es grande. Contra una pared hay una cama. En el piso hay cuatro alfombras, sobre ellas, de noche, ponen colchones y cuelgan telas del techo para generar más ambientes. De día recogen todo y la casa luce vacía. Las puertas están siempre abiertas, ya que no tienen miedo de que los roben. "Es un tema de estrategia: no es seductor robarle a un gitano", dice. La mayoría se dedica al comercio, los vecinos dicen que muchos venden autos usados.

Para ellos hay dos tipos de personas: los gitanos y el resto, a los que llaman gallí. Si un gitano se casa con una gallí no hay problema, "porque el importante es el hombre", entonces se espera que la gallí "se adapte al gitano", explica López. Pero si quien se enamorara fuese una gitana, es merecedora de una suerte de excomunión por parte de su familia. "Si mi hermana gitana se casara con un criollo la desheredan", cuenta.

Por eso es que el casamiento gitano es una de sus costumbres más arraigadas. Los festejos duran tres días y todos los invitados llevan sus carpas y acampan juntos. Este año, luego de tres décadas, se realizó una de estas bodas en Maldonado. "Últimamente no hay muchas, porque es muy caro", cuenta Betty.

"Está el mito del gitano ladrón, que viene de Europa y no es cierto. Hay cierta picardía sí, pero solo en los negocios", insiste Gimena. "Nosotros no violamos, matamos ni abandonamos a nadie. Eso es cosa de uruguayos, no de gitanos", sostiene Betty.

Si se le pregunta a Betty si se casaría con un hombre que no sea gitano, se encoge de hombros y contesta: "Los hombres son todos iguales".

Una comunidad que perdura poniendo distancia.

Los gitanos uruguayos no tiene una afiliación política definida. "Como regla general, son anticomunistas", dice Gimena, gitana puntaesteña, "porque el comunismo es política de vagancia y ellos valoran el trabajo". Comúnmente votan a los blancos o a los colorados. Aquí, a diferencia de Europa, en donde son una minoría numerosa, no tienen problemas con la comunidad local.

Los gitanos son una etnia, no una raza ni una religión. Lo que los une es la familia, las tradiciones, los orígenes —si bien inciertos— y el idioma. Se dice que vienen de la antigua Yugoslavia, pero nadie está seguro. Son apátridas por definición. No buscan una tierra propia ni adaptarse a la que habitan. Son católicos, evangélicos, pero la religión no es central en sus vidas. Se alejan de los no gitanos. No quieren casarse fuera de su comunidad, no buscan adaptarse.

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