SEGUNDA PARTE DE LA ENTREVISTA

Gavazzo: sus encuentros con la nuera de Gelman, los “chismes” sobre su parto y un relato inédito sobre el responsable

En esta segunda entrega de la entrevista de El País a Gavazzo, el foco es el caso del secuestro, el traslado, la muerte y el robo de la hija de María Claudia García de Gelman. Sus encuentros con ella, lo que dice saber del parto, la confesión del responsable y algunas de sus “deducciones”.

Excavaciones en el Batallón 14 donde se pensó que estaba María Claudia García de Gelman. Foto: archivo El País
Excavaciones en el Batallón 14 donde se pensó que estaba María Claudia García de Gelman. Foto: archivo El País

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José Nino Gavazzo lleva cinco horas hablando. Apenas se ha acomodado en el sillón, solamente ha tomado un café que nos ha servido su esposa, no ha comido nada, no ha ido al baño; nada más se ha movido para acallar los ladridos de su perro Orco. Llevamos dos días de entrevista, y el último tema del que quiero preguntarle es el caso de María Claudia García de Gelman. Como supongo que se ha hecho tarde para los dos, le propongo volver al día siguiente. Él dice que no tiene inconvenientes, pero me adelanta: “No sé nada. Acabo de ser procesado por eso, pero no sé nada”.

Este ha sido, hasta ahora, su discurso: el desconocimiento total respecto al tema. En la Justicia, donde fue indagado por la desaparición y muerte de la mujer argentina de 19 años, se limitó a negar “sistemáticamente su participación en los hechos que se le imputan”, según la sentencia, e incluso negó “la presencia de la joven en sede del SID” (el Servicio de Información de Defensa, centro de inteligencia militar). De todas maneras, en 2011 terminó siendo procesado por el juez Pedro Salazar como coautor de un homicidio muy especialmente agravado, condenado a 30 años privado de su libertad. Los otros procesados fueron los militares Jorge Silveira, Gilberto Vázquez y José Arab, y el policía Ricardo Medina. La sentencia quedó firme a fines de 2018.

En el libro de Leonardo Haberkorn Gavazzo sin piedad, ante la pregunta del periodista sobre el caso, se limitó a decir que de eso no quería hablar “porque todo el mundo dice que es una barbaridad… y es una barbaridad”.

Luego agregó: “Pero yo no sé por qué pasó ni cómo pasó. Yo no la traje. Ahí dicen que yo hablaba con ella, es… es mentira”. Gavazzo explicó entonces que él estaba en el SID en esa época -segundo semestre de 1976- porque era el encargado de “blanquear” la llegada de los militantes del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) en el llamado primer vuelo. Es decir, estaba con la tarea de convencer a la veintena de detenidos de montar una escena para simular que habían sido capturados en Uruguay, y no trasladados en forma clandestina y forzada desde Buenos Aires, en lo que los militares han asegurado fue una operación para salvarles la vida.

Gavazzo tampoco habló de García de Gelman ante el Tribunal de Honor que lo interrogó en dos oportunidades en 2018. En esas instancias siquiera le preguntaron al respecto.

Pero aunque en esta entrevista también comenzó negando, al final terminó soltando algunas pistas y relatos nuevos.

Los encuentros con ella.

“Mire, lo único que sé de eso es que a Bulevar Artigas y Palmar quien la lleva es (Juan Antonio) Rodríguez Buratti, pero por orden del general. Y la orden es que nadie tiene que ver con ella, nadie tiene que hablar con ella, nadie nada. No tenía nada que ver con nosotros. Como si fuera una operación aparte”, asegura ahora Gavazzo.

Su superior era Rodríguez Buratti, y el jefe del SID entonces era el general Amaury Prantl. Dice Gavazzo que “se supone” que la trajeron de Buenos Aires, y que se entera de eso solamente porque en un momento que no logra precisar, pero que seguro es luego de la llegada de los pasajeros del primer vuelo, Rodríguez Buratti le dijo: “En el segundo piso queda una señora en calidad de detenida, que no puede tener contacto con nadie, va a tener guardia que no es de ustedes -guardia aparte-”, y nada más.

José Gavazzo. Foto: Paula Barquet
José Gavazzo. Foto: Paula Barquet

En esta historia, de la que se ha escrito mucho en la prensa -inclusive dos libros, que son en esencia recopilaciones de noticias-, hay pocos testimonios y profundos vacíos. Se sabe que Marcelo Gelman, hijo del poeta Juan, y su esposa María Claudia García, fueron detenidos en Buenos Aires el 24 de agosto. Que estuvieron secuestrados en Automotores Orletti (O.T. 18) desde entonces. Que Marcelo fue torturado, pero que María Claudia no. En base al testimonio de un detenido argentino llamado José Luis Bertazzo se sabe, también, que a él se lo llevaron de ese centro de reclusión a fines de septiembre (su cuerpo apareció en 1989). Y Bertazzo dice haberla visto a ella, por última vez, el día en que fue liberado de Orletti: el 7 de octubre.

Sobre el traslado de María Claudia no hay casi certezas. No vino en el primer vuelo (el 24 de julio de 1976) ni en el que se cataloga como segundo vuelo (que habría sido el 5 de octubre de ese año). En 2014, interrogado por la Justicia, el periodista Roger Rodríguez -autor de varias notas de investigación sobre el período, publicadas sobre todo en La República- declaró: “Durante mucho tiempo se manejó el segundo vuelo como concepto periodístico, cuando en realidad el segundo vuelo es un conjunto de vuelos. Está el traslado de Beatriz Castellonese (la esposa de Alberto Mechoso) y Elena Lagunas (esposa de Adalberto Soba), el traslado de (Pilar) Nores, el traslado del hermano de Nores (Álvaro), que creo que fue el 4 de octubre”. Y agregó Rodríguez: “Hay un vuelo más, cuya fecha no está clara, que es el que trae efectivamente a María Claudia, que todo hace presumir por algunos documentos que no he publicado, de una fuente militar no creíble, con datos creíbles (sic). Pudo ser el 17 de octubre de 1976. Es el día de los Peronistas, es un domingo, hay vuelos de España viniendo a Montevideo, fue un vuelo de Pluna”.

Hay varios testimonios de militantes del PVP que dicen haber visto a una chica embarazada en un balcón del segundo piso del SID uruguayo. Hay, también, quienes aseguran haber oído llantos de bebé e incluso haber percibido movimientos atípicos entre los militares del SID, ocupados llevando mamaderas al segundo nivel del edificio. Gavazzo nunca había reconocido que esto fuera cierto. Es más, sigue diciendo que mienten porque, según sus cálculos, al estar detenidos en el subsuelo, sin acceso a ninguna de las tres salidas de ese sector, de ninguna forma podrían haber tenido contacto visual con García de Gelman. Y se empecina en afirmar que en la reconstrucción que hizo la Justicia muchos años después, los testigos señalaron “un lugar que no era”.

-Así que no tenían forma. Y declaran que ellos fueron y me vieron hablando con ella. Sí, es cierto, hablé con ella. Fui a ver si necesitaba algo porque estaba embarazada. Nada más que eso. Cinco minutos. Yo no iba a preguntarle a ella qué está haciendo usted acá.

-¿Y por qué fue a verla, si le habían dicho que tenía que estar aislada?

-Porque si ahí pasaba algo, aunque yo no hubiera sido designado responsable, yo era el más antiguo y el de mayor grado. Si pasaba algo con ella, el responsable era yo. Iba a ver cómo estaba, si precisaba algo. No, está bien, se terminó.

-¿Solo salió de la duda sobre si le pasaba algo?

-La vi lo más bien.

-¿Fue un día puntual?

-Fui dos o tres veces, no una vez sola, pero en ese plan.

-¿Nunca le preguntó nada más?

-Jamás. Ni se me pasó por la cabeza. Porque si traen a una persona, y a mí, que yo sé que me tenían confianza, no me dicen nada, por algo es.

Según Gavazzo, ella siempre rechazó su ayuda. Nunca le pidió nada.

El relato se entremezcla con la maniobra del “chalet Susy” y sus intentos por llegar a una fórmula que todos los detenidos de aquel primer vuelo -a los que querían sacar de allí, para luego poner a disposición de la Justicia- aceptaran. Dice que quería “liberar a todo el mundo antes de fin de año” porque alojarlos les implicaba mucho personal y les “quitaba capacidades operacionales” en el SID. Agrega: “Yo quería que todo se terminara antes de fin de año, pero en los primeros días de diciembre tuve un preinfarto que terminé con 5 bypass más adelante. Me internaron enseguida, y estuve internado hasta el 3 o 4 de enero. Se imagina: después de eso, cuando volví, tuve orden médica de un mes de licencia”.

Su descanso transcurrió en una casa que tenía el servicio en Punta del Este, junto a su familia, y dice Gavazzo que logró desconectarse de sus tareas al punto que ni radio se llevó. Cuando volvió, a principios de febrero, ya no quedaba nadie en el SID: ni los prisioneros del PVP, ni la embarazada del segundo piso.

Pero la cronología de Gavazzo es endeble. Porque la operación montada con los llegados en el primer vuelo se concretó el 28 de octubre de aquel 1976. Él mismo redactó el comunicado en el que informaban de decenas de sediciosos capturados. Y porque en esa fecha la detenida argentina cursaba sus últimos días de gestación. Por tanto, si el quebranto de salud de Gavazzo fue a principios de diciembre, como él dice, antes alcanzó a convivir durante todo noviembre con la madre y su criatura en el local de Bulevar Artigas y Palmar.

Testimonios que han esclarecido parte de la historia

“Esta es una monto... ¡es boleta!”

En esa misma quincena de octubre (de 1976), un oficial uruguayo caminaba entre un grupo de detenidos en Automotoras Orletti, cuando una joven que parecía daría muy pronto a luz pidió para ir al baño. (...).“¿Ésta quién es?”, preguntó con asombro el militar compatriota al argentino que estaba más cerca, viendo el estado de gravidez de la joven mujer. “Ésta es una monto (por montonera). ¡Es boleta!”, le susurró al pasar. “¿La van a matar con el bebé?”, preguntó intrigado el uruguayo. “¡Y...!”, exclamó el argentino, para quienes era moneda corriente en los operativos no dejar testigos. “Hay que matar al loro y al perro (...)”. (Buscando a los desaparecidos, Álvaro Alfonso)

“Vi a una jovencita con un bebé”

“No recuerdo la fecha en que me di cuenta que había chicos en el piso superior (la planta baja de la residencia), pero un día escuché voces de niños y poco después reconocí la voz de Anatole Julien, a quien conocía. No me estaba permitido salir del subsuelo; no podía salir al fondo ni tampoco subir por la escalera interna de la casa. Sin embargo, en dos o tres oportunidades, subí. La primera vez subí porque quería ver a Anatole (...) Sé que en esas pocas veces que fui (...) también vi a una jovencita de tez muy blanca, cabello oscuro, con un embarazo muy avanzado, y luego con un bebé” (Testimonio de Pilar Nores, militante del PVP que colaboró con los militares).

"Hacer cosas embromadas"

 “Había una mujer embarazada (en la casa de Bulevar y Palmar). Se trataba de una joven de aproximadamente unos 25 años, de pelo castaño oscuro, de tez blanca lozana, de trato muy dulce. Pude comprobar que luego del mes de octubre dio a luz una criatura (no pude saber el sexo) y que fueron trasladados ambos, una noche por el teniente coronel Rodríguez Buratti y el capitán Arab, con destino que desconozco. El único comentario que escuché a Arab fue: ‘A veces hay que hacer cosas embromadas’. Comentario este que me conmovió pero que nunca pude comprobar a qué se refería concretamente” (ex soldado Julio César Barboza ante la Comisión Investigadora Parlamentaria).

Los “chismes” sobre el parto.

Cada 1 de noviembre es, para Macarena Gelman, un día de reflexión. A veces, también de tristeza. Piensa en su madre pariendo, sola, sabiendo que iba a morir. Sabiendo que su hija le sería robada.

Macarena no tiene la absoluta convicción, pero sí dos indicios firmes de que nació ese día de 1976. El primero está en el carné obstétrico de su mamá, que pronosticaba ese día como fecha probable de parto. El segundo es el relato de Esmeralda Vivian, su mamá adoptiva, según la cual el 14 de enero de 1978 apareció una beba en una canasta, en la puerta de su casa, con una nota que decía “La nena nació el 1 de noviembre. Soy la madre y no la puedo cuidar”. La letra, le dijo ella, era imperfecta, tal vez temblorosa; parecía la de una persona zurda. Como María Claudia. Macarena quisiera no creerlo, pero la persigue la idea de que a su mamá la forzaron a escribir esa nota antes de morir.

Hasta los 23 años no supo ni sospechó que fuera adoptada. Ángel Tauriño, su padre, pasó sus últimos meses de vida en un CTI pidiéndole perdón sin decirle por qué. Lloraba mucho. Macarena pensó que era por las responsabilidades que le dejaba, pero no. Eso fue en octubre de 1999. Tan solo tres meses después, tras una larga investigación junto a su esposa Mara La Madrid, Juan Gelman se le presentaría en Montevideo para anunciarle que era su abuelo biológico.

Esa investigación, posible gracias a los aportes de varios periodistas, permitió esclarecer su identidad pero no develar las circunstancias del nacimiento. Sobre esto, Gavazzo maneja cierta información que también va liberando a cuentagotas.

Volvemos al momento en que, tras un mes de descanso en Punta del Este, se encuentra con el SID vacío.

-A María Claudia se la había llevado el coronel Rodríguez Buratti. ¡Ta! Nadie me comunicó nada oficialmente. Y para mí la historia terminó ahí. Rodríguez Buratti la trajo, Rodríguez Buratti se la llevó, y nadie sabía nada. Y como todas las cosas de inteligencia, tampoco pregunté nada. Si no me lo dijeron, sería porque no tenían interés en que yo supiera nada. Nadie me lo comunicó, yo no pregunté.

-Pero supo que ella ya no estaba ahí.

-Eso sí.

-¿Cómo lo supo?

-Por la guardia. Pregunté por fulano, por mengano, ¿y la chiquilina que estaba arriba? ‘Se la llevó el comandante’. Para mí era una cosa normal. No tenía nada de raro que quien la había traído, se la llevara. No tenía nada de anormal en ese momento, para mí; tiene que ubicarse en el tiempo, en la situación.

-Usted sobre el nacimiento, sobre dónde dio a luz, no sabe…

-¡Yo no estaba! Estaba en el hospital.

-Pero le contaron.

-No me dijeron nada de eso. Lo único fue ‘se la llevaron, se la llevó el comandante’, y nada más. No hablamos del parto ni de… Yo lo que le puedo decir es una cosa: eso que andan diciendo y que dan como un hecho, de que tuvo familia en el Hospital Militar, es prácticamente imposible. Porque los controles que tiene el Hospital Militar, aunque desde el mando traten de eludirlos, no se puede. Porque se van a encontrar con la planilla ‘4x’ que dice cuántos niños nacieron en el piso tres, y ahí va a faltar o sobrar un niño.

La posibilidad de que Macarena no haya nacido en el Militar, sino en un lugar privado, siempre estuvo planteada para los periodistas que más investigaron el asunto. Incluso uno de ellos, que pidió no ser mencionado en este informe, llegó a ver un registro de nacimiento del año 76, que refería a una mujer argentina que había dado a luz a una niña. Pero el mismo periodista no le atribuye demasiada credibilidad a ese documento; sospecha que pudo haber sido “plantado” para él.

El médico Ramón Rodríguez De Armas, que desde 1970 se desempeñaba como ginecólogo y asistía partos en ese hospital y en otros, y que llegó a ser jefe de esa maternidad entre 1985 y 1996, cree que es “imposible”, que “no existe” la evasión del certificado de nacimiento, ni en el Militar ni en otros lugares. Jubilado, desde su casa, dice: “En todos los partos que vi y asistí siempre se llenaron los papeles. Jamás se omitió”. Y agrega: “Nunca vi una situación extraña en esos años. Y yo soy de observar más de lo que corresponde. No vi nada”. Eludir los registros, insiste, es y era “muy complejo”.

Sigo preguntándole a Gavazzo:

-¿Y dónde puede haber dado a luz?

-Ah, no lo sé.

-¿En una casa? ¿En una clínica?

Entonces advierte que lo estoy impulsando a replicar “chismes”. Y se resiste, porque sostiene que al decirlos él pierde veracidad y yo también, pero le insisto en que me los cuente como información que maneja de terceros. Accede -repitiendo que se trata de un chisme- y dice que a María Claudia la llevaron a una clínica.

-A mí lo que me dicen es que la llevaron a una clínica particular que quedaba por la zona del Cordón. Pero no me acuerdo ahora quién me lo dijo ni en qué momento. Eso. Lo único fue eso.

-¿Pero de dónde lo saca? ¿De qué fuente o de qué tipo de fuente?

-No me acuerdo quién me lo dijo. Militar, obviamente.

¿Pero alguien del servicio?

-No sé… tiene que haber sido alguien del servicio. No podía ser de otra manera. No había… Pere (piensa) ¿Sabe quién me lo dijo? Lo lamento por usted, porque está muerto: el coronel (Juan José) Pomoli. El hermano del general que fue comandante del Ejército (Santiago). No tiene nada que ver uno con el otro. Falleció estando yo internado. Me lo dijo no teniendo él nada que ver con nada. Él fue el que me lo dijo.

Gavazzo explica entonces que Pomoli se había especializado en comunicación, por lo cual él había pedido su pase en comisión al SID para que los ayudara en lo relativo a la difusión del “blanqueo” del primer vuelo. Dice que aun siendo Gavazzo el jefe, Pomoli procuraba ser “dominante”, de modo que se generaron discrepancias entre ellos. A pesar de que Gavazzo dejó de contar con él, Pomoli se quedó en el servicio y “empezó a meterse en todas las cosas”.

-Siempre andaba en la vuelta. No por maldad, sino por su personalidad. Iba ahí donde estaban los presos de Bulevar Artigas. Hablaba con alguno, hacía preguntas. Yo no tenía inconveniente. Mire usted: cuando volví de la licencia, fue él quien me lo dijo. Ahí me contó lo de la clínica. Él me lo contó. Yo no lo podía verificar.

-¿Qué clínica era?

-No, no. Él no me dijo, yo no le iba a preguntar.

Juan José Pomoli nunca fue investigado por este caso.

La confesión del responsable.

Macarena supo su verdadera identidad y conoció a su abuelo, Juan Gelman, en el año 2000. El Poeta falleció en 2014. Foto: AFP
Macarena supo su verdadera identidad y conoció a su abuelo, Juan Gelman, en el año 2000. El Poeta falleció en 2014. Foto: AFP

Macarena Gelman quiere saber qué dice Gavazzo sobre su mamá. Dice que el tiempo le ha enseñado a no confirmar ni descartar nada. En un café escucha con atención los pasajes de la nota, se pone ansiosa cuando el entrevistado se va por las ramas, hace acotaciones, sonríe ante lo que considera poco veraz y se torna más seria cuando lo que oye le resulta nuevo. No tiene expectativas: también ha aprendido a interponer una barrera de serenidad ante lo que se le presenta como novedoso. Demasiadas desilusiones acumuladas.

Una búsqueda con tropiezos y fruta podrida

José López Mazz, el antropólogo y arqueólogo que dirigió la búsqueda de restos de desaparecidos entre 2005 y 2014 -y renunció por discrepancias con el grupo de familiares- hace memoria: sabe que a María Claudia la buscó “mucho” (sin éxito) en esos años, tanto en el batallón 13 como en el 14, donde el exjefe del Ejército, Ángel Bertolotti, llegó a señalar un lugar exacto en base a fuentes militares. Para López Mazz, se trató de un “operativo de contrainformación”. Al especialista le quedó pendiente entrar al Servicio de Material y Armamento, donde hubo indicios de enterramientos. Actualmente hay excavaciones en el batallón 14.

En marzo de 2005, cuando Tabaré Vázquez asumió la presidencia, anunció que el caso Gelman y otros quedarían por fuera de la Ley de Caducidad. También pidió informes a los tres comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas. Desde su casa, frente al Hospital de Clínicas, Rodríguez Buratti pensó en matarse.

Y se lo dijo a Gavazzo.

-Me llama y me dice ‘le tengo que pedir un favor’. Sí, sí, lo que sea, dígame. ‘No dejen abandonada a mi señora y a mi hijo. Yo no voy a estar más’. Ahí me dijo que se iba a pegar un tiro. ‘Si usted se va a pegar un tiro, yo no le cuido nada, arréglese usted’. Pero se lo dije más que nada para que no se matara, ¿no?

-¿Pero hablaron del caso Gelman?

-Ahí no. Nos despedimos medio mal, porque creo que él tenía la convicción de que yo le iba a decir que sí. ¡Pero le dije que no para que no se matara!

Gavazzo cuenta que le preguntó el motivo de su decisión, pero que su exjefe del SID evitó la respuesta. Al día siguiente lo volvió a llamar y le pidió que fuera a verlo. Y fue. Según Gavazzo, lo encontró “destrozado” y le anunció algo todavía peor.

-Me dice: ‘Ayer le dije que me iba a matar, le pedí que me cuidara a la familia. Yo le quiero decir a usted una cosa: yo voy a matar a mi esposa, a mi hijo y después me voy a suicidar’. Usted está loco, le dije. Pero ya me abrió los ojos de que había algo muy grave que yo no sabía. Entonces -a pesar de estar viejo, todavía hay cosas que me acuerdo- me dice: ‘¿Se acuerda de la mayonesa? ¡Está perdiendo los reflejos!’ Ahí medio que cambió, hizo alguna broma. Por la mayonesa Hellmann’s. A mí ni se me ocurrió. ‘Bueno. Mire, Gavazzo, el responsable soy yo. ¿Sabe lo que pasa? Que este es un asunto de este viejo hijo de puta del general (Amaury Prantl). Él ordenó traerla, él ordenó matarla’. ¿Y usted dio cumplimiento a la orden? ‘Sí’.

Cuando Rodríguez Buratti le dijo esto a Gavazzo, Prantl ya estaba muerto. Por eso él dice comprender que quien fuera su superior “no tenía alternativa”.

-¿Y por qué Prantl la quiso traer?

-Eso es una cosa que nadie la sabe. Yo no la sé. Él no la sabía. Yo fui poco antes del mediodía, y eran las cinco de la tarde y seguía tironeando a ver si me podía decir algo más, y no sabía nada más. Yo estoy seguro de que no sabía nada más.

-Cuando le confesó ‘el responsable soy yo’, ¿qué más le dijo?

-Me quiso decir que la había matado él, o por orden de él, no sé. Yo no podía estar sentado como estoy sentado con usted ahora, hablando de un tema de esos, y haciéndole preguntas chicas, ¿verdad? El tema grande era cómo se salía de eso, ¿verdad? Porque, ¿qué le podía decir yo? Le podía decir ‘coronel, vaya y diga la verdad’. No, si iba y decía la verdad le iban a poner 30 años de cárcel, ¿verdad? No tenía nadie que pudiera verificar los dichos de él. Se ve que por algo -y ahora estoy opinando nada más- el general nuestro adquirió algún compromiso con el general argentino (Otto Paladino). Porque ella mire que no era una santita, como dicen por ahí; ella estaba funcionando en el aparato montonero, no era solo que el marido estaba. Pero no importa. El tema es lo que pasa acá.

-¿Pudo haber sido a cambio de algo?

-¿Pero de qué? Si hubiera sido a cambio de algo, tendría que haber sido algo importante y nos hubiéramos enterado.

Rodríguez Buratti finalmente se suicidó tiempo después, el 11 de septiembre de 2006. La Policía lo había ido a detener a su casa ya que al día siguiente tenía que declarar por otra causa. Pidió unos minutos para ir a buscar un bolso y se pegó un tiro en el estacionamiento del edificio.

Versiones y deducciones.

“A veces hay que hacer cosas embromadas”: eso fue lo que escuchó el exsoldado Julio César Barboza. De acuerdo a su testimonio, quien lo dijo fue el militar Ricardo Arab, que ejercía funciones en el SID, en diálogo con Rodríguez Buratti. Se estaban llevando a María Claudia García de allí. Fue el 22 de diciembre de 1976.

La siguiente fecha cierta de esta historia es el 14 de enero de 1977, cuando Macarena apareció supuestamente en una canasta en la puerta de quienes serían sus padres adoptivos: el policía retirado Ángel Tauriño y su esposa, Esmeralda Vivian. Un año y medio después de recibir a la niña, el matrimonio accedió a una partida de nacimiento falsa en la que se la daba por hija legítima. Amigos y vecinos supieron la verdad desde el principio; ella no.

Lo que sucedió entre el 22 de diciembre y el 14 de enero es, todavía, una incógnita para Macarena. Una investigación periodística afirma que María Claudia fue trasladada primero a la llamada Base Valparaíso, una casa en Villa Dolores desde donde partían vehículos del SID. Según los periodistas de La República, también era una sede de detención de la que poco se sabe porque nadie salía de allí con vida. La muerte material se le ha atribuido a Ricardo Medina.

En el Tribunal de Honor, Jorge Silveira (también procesado por el caso) cuenta sobre unas reuniones que se hicieron en su casa en 2005. Allí, según el militar, Rodríguez Buratti relató ante los presentes que un mediodía muy caluroso Arab le pidió que le hiciera “de custodia” y lo llevó a toda velocidad al batallón 14. Dijo que allí se encontraban los policías Medina y José Sande cavando un pozo. E insinuó que él no había participado del enterramiento. Silveira dice, también, que “teóricamente” Gavazzo dio la orden desde el hospital. Y vuelve a insistir con su propia inocencia.

En la entrevista, Gavazzo reconoce la existencia de las reuniones, dice haber participado de una -lo que más recuerda, y le causa indignación, es que según él querían incriminar a Arab por ser el único que ya no tenía estado militar-, y además admite que en aquella charla en la que le anunció su suicidio, Rodríguez Buratti también hizo el relato de la camioneta. La versión difiere en algunos aspectos.

-Me dice que él iba en una camioneta. Que iba solo Arab manejando. Que Arab parecía un loco porque no quería cumplir la orden. Que… qué más. Que iba a una velocidad brutal. Que había prendido la sirena de la camioneta y él le quería gritar que la apagara, pero por el propio ruido de la sirena no lo escuchaba. Y ahí es donde estoy seguro de que Rodríguez Buratti, por su desesperación, miente también. Porque me dice ‘y en determinado momento yo me bajé de la camioneta y me fui’. Me acuerdo que le dije: ¿no era que usted iba llevando a la chiquilina esa? ¿La dejó sola? Finalmente, era un preso que se le iba a escapar. Era una camioneta abierta. Con toldo pero abierta; era la camioneta del servicio. Me contestó con evasivas, lo que evidentemente no es cierto.

Dice Gavazzo que su exjefe no mencionó ni a Sande ni a Medina. Y entonces desarrolla una explicación con el fin de poner en duda la versión de que el pozo lo hicieron solo dos hombres a plena luz del día.

-Yo estoy acostumbrado, por mi propia profesión, a saber cuánto se demora en hacer un pozo de determinadas medidas, ¿no? Por ejemplo, haceme un pozo para los cañones, haceme un pozo para las ametralladoras, para nosotros mismos para protegernos, ¿no? Eso es normal. Si usted va a enterrar una persona -estoy deduciendo, eh, estoy deduciendo- usted tiene que hacer un pozo más grande, más largo que la persona. Un poco más ancho que el ancho de la persona. Y tiene que ser lo suficientemente profundo como para que el accionar del tiempo, ¿verdad?, no corra la tierra y quede el cuerpo a la vista, ¿verdad? O sea que estamos hablando de un pozo grande. Un pozo como el que yo imagino y le trato de transmitir a usted, entre dos personas… y, no le lleva menos de cinco, seis horas. Y después lo tiene que tapar.

Hay un dato más que Gavazzo puede dar sobre el caso, y es que a María Claudia García la mataron de un disparo con una pistola. Pero no logra recordar quién se lo dijo. Rodríguez Buratti no pudo haber sido, porque le dijo que se bajó antes. Los policías “son más vivos, jamás confesarían un delito”, afirma. Arab tampoco se lo habría dicho “por problemas de convicción personal”, según dice. No quedan otras opciones. Entonces intenta cerrar el tema comentando que tiene que haber sido “uno de los policías”. “Pero esto es una deducción, una deducción por el conocimiento que tengo de las personas; pero no es más que una deducción”.

"Nunca se llegó a investigar a fondo" 

Desde 2005 no hubo información nueva sobre el enterramiento de su mamá. "La investigación no ha sido sistemática". Foto: L. Mainé
Desde 2005 no hubo información nueva sobre el enterramiento de su mamá. "La investigación no ha sido sistemática". Foto: L. Mainé

Los encuentros con su madre, la información del militar Juan José Pómoli sobre una clínica de Cordón donde tal vez fue su nacimiento, y la confesión explícita de Juan Antonio Rodríguez Buratti: esas son las principales “novedades” que trae Gavazzo para Macarena Gelman. Lo demás, en su mayoría, coincide con versiones previas. Ella percibe en todo su relato la intención de no ir más allá de lo que ya han dicho otros o se ha comprobado. “El discurso de Gavazzo revela una pretensión por desacreditar todo. Ellos intentan demostrar que la Justicia los condenó injustamente. Estoy convencida de que la información la tienen toda: el pacto de silencio no se rompió. Sobre lo que no lo compromete, habla con lujo de detalles. Sobre lo otro, son chismes o no sabe”, analiza la ahora exdiputada, que dejó su banca para militar por Casa Grande.

Gelman integró el Grupo de Trabajo por Verdad y Justicia que creó Tabaré Vázquez, pero ya no participa. “El grupo, como lo entendí en sus comienzos, era para discutir lineamientos políticos, y la Secretaría de Derechos Humanos para el Pasado Reciente, para ejecutar. Sin embargo sobre la marcha, esa idea se modificó. Se mezclaron los roles”, dice. “Aún así no quiero ser injusta, y desconocer el trabajo que se realiza. Pero sin lugar a dudas, no es suficiente para lograr los objetivos que inicialmente se establecieron”.

Sobre las posibilidades actuales, dice: “Siempre pienso que si mi abuelo y su mujer pudieron investigar y dar con mi paradero sin apoyo estatal ninguno, es imposible que el Estado no pueda llevar adelante una investigación mas o menos fructífera”. Advierte que desde 2005 no hay datos sobre el enterramiento de su madre. Por eso plantea que “la búsqueda de información debe de sistemática, deben establecerse verdaderas líneas de investigación”. Y dice: “Cuando la Justicia empezó a actuar no había tanta información. Se ha ido acumulando al tramitar las causas; ahora hay mayor sensibilidad también. Creo que nunca se llegó a investigar a fondo”.

Tiene pendiente buscar en los archivos desclasificados de Estados Unidos; le han dicho que puede haber algo. “Pero hay que tener tiempo y ánimo”, dice. Guarda algo de información en su casa, pero la mayoría del material de la investigación de su abuelo está en la Universidad de Princeton. En tanto, cuenta que mandó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos lo relativo al Tribunal de Honor. Allí hay un mecanismo de monitoreo del cumplimiento de la sentencia que en 2011 le fue favorable. Además, solicitó una audiencia de seguimiento.

Aún niega el Plan Cóndor

En la primera entrega de la entrevista, publicada hace 20 días, Gavazzo reconoció haber viajado varias veces a Buenos Aires como oficial de enlace del SID. En ese sentido, reconoce su rol clave en la conexión con los operativos de persecución y detención de militantes uruguayos en Argentina. Sin embargo, Gavazzo asegura que su tarea consistía solamente en el intercambio de información. Y sigue desmintiendo la existencia del Plan Cóndor. Dice que, en realidad, el Cóndor fue “un sistema”, que “en la jerga militar significa otra cosa”. “Fue un sistema de intercambio de información sobre los movimientos de los subversivos en los distintos países”, afirma, y alega que surgió como “reacción” a la Junta Coordinadora Revolucionaria.

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