cae plan de rehabilitación con el Ejército

El final de un oasis en el Inisa

Canal 12 le dio el premio “Destacados” por su trabajo en La Milagrosa. Qué Pasa contó su proyecto de equinoterapia asistido por reclusos del Inisa. Esteban Vieta ganó así mucha visibilidad, lo cual molestó a sus superiores y llevó a que Defensa le prohibiera la semana pasada seguir trabajando.

Dan de baja proyecto de equinoterapia. Foto: Darwin Borrelli
Foto: Darwin Borrelli

"¿Puedo ir a jugar con mis amigos?", pregunta con insistencia Josuah, de seis años, mientras hace equilibrio en puntitas de pie. Está frente al Complejo Belloni, una prisión de mediana seguridad para menores delincuentes, e intenta así ver lo más lejos posible hacia adentro. Allí, hasta hace una semana, asistía a clases de equinoterapia en el marco de un plan del Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente (Inisa) que se proponía mostrarles a los reclusos realidades más o tan difíciles como las de ellos, para que entendieran que con esfuerzo se puede salir adelante.

Josuah —que tiene autismo, epilepsia, hidrocefalia externa, sordera en un oído y retraso global— busca a Juancho y Churro, los dos caballos que solía montar. Intenta, también, encontrar a su profesor, Esteban Vieta, un teniente primero del Ejército. Y a sus "amigos", unos jóvenes presos por rapiña. Pero su madre le dice que no, que hoy no puede ir a jugar.

"Hace dos semanas vinimos a la terapia y nos avisaron que se había cortado el proyecto porque Esteban no iba poder venir más. Tratamos de hablar con él pero no pudimos. Nos enteramos que lo trasladaron y después lo sancionaron. Está arrestado en un cuartel", cuenta la mamá de Josuah, Jimena Fernández.

El proyecto que empezó a funcionar este año atendía a cuatro pacientes que eran asistidos por 12 internos. Las sesiones eran todos los lunes de mañana. El plan de Vieta y el Inisa era extenderlo de lunes a viernes, de 8 a 12 del mediodía, y para esto ya se estaban seleccionando 16 pacientes más y entrenando a otros 14 reclusos.

La conexión de Vieta, de 34 años, con el mundo de la equinoterapia viene desde hace tiempo. En 2009 lo trasladaron a Flores, donde empezó a trabajar con caballos. Debió interrumpir sus tareas para viajar a Haití como parte de la misión de paz de las Naciones Unidas. A la vuelta, ya en 2015, se puso a estudiar equitación, se mudó a Sauce y puso allí su propio centro de equinoterapia, La Milagrosa. Su tarea allí lo llevó a ganar el año pasado el premio "Destacados" de Canal 12, por el cual recibió $ 300.000 destinados a mejorar las instalaciones para atender a más pacientes.

Tras esto, el plan de Vieta fue dejar el Ejército —así lo confirmaron a El País fuentes ministeriales y militares— y declararse de lleno a la equinoterapia en La Milagrosa. Por eso, a inicios de este año pidió la baja. Poco después, un funcionario del Complejo Belloni le preguntó si no podía generar un proyecto que sirviera para los jóvenes privados de libertad, y así fue que se empezaron a hacer clases de equinoterapia en prisión, con los internos como ayudantes. Vieta pidió permiso al comandante en jefe del Ejército, Guido Manini Ríos, para cumplir parte de sus horas de trabajo en la cárcel del Inisa, y esto le fue concedido.

Pero la semana pasada el acuerdo se rompió. Vieta fue trasladado del Grupo de Artillería número 1 del Cerro, donde cumplía su otra parte del horario laboral, al Comando General del Ejército. Además, se le impuso un arresto de una semana —hasta hoy sábado— y se le prohibió seguir dando clases de equinoterapia en el Complejo Belloni, al menos en horario laboral. Desmantelaron el proyecto.

El trasfondo.

Lo que desencadenó todo esto fue una resolución del Ministerio de Defensa en la que se contesta negativamente a una solicitud del Inisa para que Vieta se desempeñara de manera exclusiva en la cárcel para menores. Fuentes de la cartera señalaron a El País que el pedido le fue denegado porque "querían un pase a comisión y no existe la figura de pase a comisión para los militares; es algo que nunca se hizo". Y porque "habiendo más de 100 instructores de equinoterapia en Uruguay, el Inisa podría buscar un civil en vez de a un militar".

Ministerio de Defensa
Ministerio de Defensa. Foto: El País.

Luego de que Defensa le dijera que no al Inisa, el comandante en jefe del Ejército decidió que Vieta tampoco podía seguir yendo una vez por semana al Complejo Belloni. Además, ordenó su traslado y lo sancionó con un arresto de siete días por pedir la baja y luego negarse a firmarla por la posibilidad de pasar a trabajar en el Inisa en vez de en el Ejército. "Pidió la baja, se le otorgó, y al momento de firmar se arrepintió. Esto no se puede hacer", dicen desde le ministerio. Fuentes militares, en tanto, cuentan que, además, la exposición de Vieta en los medios de comunicación molestó a sus superiores.

Vieta salió varias veces por la pantalla de canal 12 contando su trabajo en La Milagrosa y hace menos de un mes Qué Pasa publicó un artículo dando a conocer el proyecto del Complejo Belloni. El teniente entonces decía: "Le buscamos la vuelta para traer al hogar a personas con discapacidades y que sean los chiquilines quienes los ayuden. La idea es cambiarles su mirada del mundo. Es necesario que empiecen a valorar el sentido de la vida. La vida para ellos no vale nada. Lo podemos ver cotidianamente en las calles, cuando un menor le pega un tiro a una persona y la mata. Cuando estas personas quedan recluidas, segregadas de la sociedad, ya sea por sus actos o valores, empiezan a desvalorizarse".

La presidenta del Inisa, Gabriela Fulco, se limitó a declarar que "el proyecto se está revisando dada la imposibilidad del actor principal de disponer de horas para continuar debido a sus responsabilidades en el Ejército".

Vieta no quiso hacer declaraciones esta vez, excusándose por estar cumpliendo arresto hasta hoy sábado.

En el medio quedaron los pacientes como Josuah, que están a la espera de una respuesta.

"La gente del Inisa nos dice que por su parte está todo bien, que el proyecto es bárbaro y muy positivo para los chiquilines (presos). Están esperando que el Ejército habilite nuevamente a Esteban. El problema acá es el Ejército, que sin motivo aparente no lo deja venir. Primero lo autorizaron y ahora cortaron todo el programa", señala Jimena, la mamá de Josuah.

Ellos viven en Sayago y antes de ir al Complejo Belloni iban a La Milagrosa, que está en Sauce. "Es carísimo ir hasta allá. Igual ahora tampoco está esa posibilidad, porque el plan de La Milagrosa también se ve afectado porque el horario de trabajo que le pusieron a Esteban es mucho más exigente que el de antes", dice, basándose en lo que le contaron empleados del Inisa.

Una salida del mundo de la delincuencia

El proyecto de Vieta tenía dos patas: una que ayudaba a pacientes y otra, a los presos. Hace un mes, cuando Qué Pasa visitó una de sus clases, conoció a algunos de los jóvenes —todos presos por rapiña—, que veían en este curso una salida. Christian, de 17 años, confesó que al principio participó de las clases solo para salir de la celda, pero a medida que fue conociendo las historias de los pacientes esto cambió. "A mí me gusta ayudar. Estoy acá por robar. Pero eso ya está", dijo. Óscar, de 16, sostuvo que con la equinoterapia conoció "un mundo nuevo", y que su familia estaba "muy orgullosa" de lo que estaba haciendo. "Están en Carmelo y allá hay un coso de equinoterapia. El día de mañana, cuando yo salga en libertad, puedo ir a trabajar ahí", dice esperanzado.

A la deriva.

Todos los pacientes que iban a las clases de equinoterapia en el Inisa lo hacían por prescripción médica. Jimena sostiene que en su hijo la mejora fue significativa en apenas unos meses. "Él, por ser autista, antes era muy violento con los animales, y esto cambio gracias a la equinoterapia. Es difícil explicarle lo que pasó. Él se siente responsable y hay que hacerle entender que hizo todo bien pero que igual no puede seguir yendo a clase".

Pacientes: Enrique, Josuah y Jimena frente al Complejo Belloni. Foto: Francisco Flores
Pacientes: Enrique, Josuah y Jimena frente al Complejo Belloni. Foto: Francisco Flores

Enrique Damiano, de 55 años, con esclerosis múltiple desde sus 19, se mantiene en pie gracias a sus muletas. "Vinimos y nos dijeron que nos quedábamos sin nada, que habían cortado todo. Y no hemos podido ni hablar con Esteban", señala. Él lleva dos años haciendo equinoterapia. Antes iba a La Milagrosa y luego fue, junto con Josuah, uno de los primeros en tener clases en el Inisa. "Esto es algo de salud, me lo indica mi médico, me lo manda mi neurólogo, yo lo tengo que hacer. Aparte he visto cambios, he mejorado mucho mi calidad de vida. Esta movilidad yo no la tenía", dice mientras camina casi erguido de un lado hacia el otro.

Martín Santos, de 41, también padece esclerosis múltiple, y hacía menos de un mes que estaba yendo a las sesiones del Complejo Belloni. "Me mató esto, cuando me estaba empezando a hacer bien lo suspendieron. ¿Cómo puede ser que a un proyecto con estas características, que ayuda a la gente más vulnerable, niños con enfermedades graves, con discapacidades motrices, lo suspendan de un día para el otro sin dar explicación?", cuestiona indignado.

La baja.

"Quiero agradecer muy especialmente al comandante en jefe por permitirme hacer esto", dijo más de una vez Vieta cuando fue entrevistado para esta sección hace algunas semanas. Quizá eso haya sido un presagio: sabía que la tarea que estaba realizando no era bien vista por algunos de sus superiores y era mejor ser agradecido a mostrarse indiferente. También sabía que faltaban pocos días para que el ministerio dijera si podía o no seguir trabajando en el Inisa. En medio del torbellino, según contaron desde la cartera, Vieta volvió a pedir la baja el lunes pasado. Y ahora deberá esperar la respuesta.

El militar estaba resuelto a ayudar a sus pacientes y a los jóvenes presos. Su idea era generar un "Centro Integral Modelo de Equinoterapia" en el Complejo Belloni. Y esto pese a no contar con un peso: todos los que trabajaban con él eran voluntarios, incluyendo un psicólogo, un herrero, un psicomotricista y un veterinario.

El proyecto preveía una segunda etapa en la que víctimas de delitos también pudieran ir a atenderse en el Inisa. "La idea es que aquellas personas que tengan algún trauma puedan hacer equinoterapia con ellos y así poder calmar su fobia", señalaba. "Pero esto es algo que se va haciendo paso a paso. Todo lleva tiempo", decía. El Ejército no se lo dio.

Una esperanza en medio de tantos problemas

El Inisa es un mar de problemas. Por un lado las denuncias de maltrato, que han motivado 52 investigaciones desde 2014 hasta marzo de este año. También hay denuncias contra funcionarios acusados de haber propiciado peleas y hasta abusos entre los internos —algunas de ellas en el Complejo Belloni, donde Esteban Vieta daba sus clases de equinoterapia. Desde 2015 se registra un suicidio de un menor preso por año. Y el Mecanismo Nacional de Prevención de Tortura de la Institución Nacional de Derechos Humanos denunció situaciones de trato "infrahumano" a prisioneros. En medio de esto, el sindicato mantiene una pelea frontal contra Gabriela Fulco, la presidenta del Inisa. La jerarca ha recibido amenazas y por eso hoy se mueve con un guardia de seguridad a su lado. El plan de Vieta despertaba una cuota de esperanza en medio de esta situación. El proyecto es bien valorado por Fulco, que pensaba extenderlo de una vez por semana a todos los días cuatro horas.

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