Ecoparque de Flores en la mira

El fantasma de la tuberculosis en Tálice: piden el cierre y cuestionan contagio a humanos

Ganadería sugirió cerrar la reserva Tálice. El sitio que llenó a Flores de turismo está en la mira por una serie de casos de tuberculosis. En el ecoparque rechazan las acusaciones, pero reconocen que aún puede haber animales con la enfermedad. Funcionarios temen por su salud.

Foto: Leonardo Mainé
Foto: Leonardo Mainé

Pablo Sánchez se baja de su Audi blanco con una sonrisa orgullosa. Saluda con un seguro apretón de manos, da media vuelta y sin decir nada invita a contemplar su mayor obra. Levanta el mentón y mira durante unos largos segundos el cartel multicolor que dice Tálice. “Vení, entrá, quiero que saques tus propias conclusiones”, dice.

Tras atravesar el imponente portal dos muñecos gigantes dan la bienvenida, una tortuga y un puma humanoides que llevan por nombres Paco y Lalo y son las mascotas oficiales del ecoparque. Están rodeados por pavos reales y gallinas que caminan libres. A la derecha hay un corral con cabras enanas, que tiempo atrás también se movían con mayor albedrío y eran las preferidas de los niños, quienes se les acercaban para darles de comer. Hoy, luego de un brote de tuberculosis del que hay diferentes versiones sobre si está controlado o no, por recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) están detrás de un doble cerco que impide su contacto con cualquier visitante.

Pavos reales: se mueven con libertad por todo el ecoparque. Foto: Leonardo Mainé
Pavos reales: se mueven con libertad por todo el ecoparque. Foto: Leonardo Mainé

En 2016 la intendencia de Flores hizo un llamado a inversores para que presentaran ideas que sirvieran para levantar el departamento. Sánchez y su socio, que son dueños del hotel Maxim, que está en el centro de Trinidad, y que veían cómo cada vez era más difícil llenar las habitaciones, fueron los únicos que se presentaron. Lo hicieron dispuestos a poner US$ 800.000 en la reserva Tálice. “Pensaban que estábamos locos, pero nos enamoramos de este proyecto, tanto así que ya vamos invirtiendo US$ 1,5 millones”.

El arreglo es el siguiente: la intendencia se hace cargo de todo lo que tiene que ver con los animales y la vegetación, para lo cual tiene a 20 funcionarios allí; Sánchez y su socio les pagan a otros 24 empleados -12 van solo los fines de semana-, que se encargan del resto de las tareas.

La entrada sale $ 150 -menos para los residentes de Flores, que ingresan gratis-, pero hay actividades extras para las que se pagan tickets de $ 100: cisnes gigantes que navegan por el arroyo, coloridos autos a pedal y un bus eléctrico con el que se hace un safari que entra a las zonas en que los ciervos de tres especies distintas saltan libres. También hay un local de venta de souvenirs, un restaurante de comida rápida con cafetería y dos salas de cine, en las que se pasan videos didácticos que tienen a Paco y Lalo como estrellas principales. Los inversores privados siguen poniendo dinero, y hace poco trajeron dos tigres de Argentina. Estaban en una jaula de 25 metros cuadrados y en el ecoparque parecen no saber qué hacer con los 300 metros que tienen disponibles: allí están los dos, uno sobre el otro, en un rincón.

Monos: los más peligrosos, o los que pueden escaparse, son los que están en jaulas. Foto: Leonardo Mainé
Monos: los más peligrosos, o los que pueden escaparse, son los que están en jaulas. Foto: Leonardo Mainé

De la venta de entradas, los inversores privados se quedan con 80% y 20% va para la intendencia. La concesión es por 20 años; después, todo lo que esté en Tálice pasará a ser de la comuna. El nuevo parque abrió en septiembre del año pasado, luego de estar por dos años cerrado para las reformas, pero también para limpiar el lugar tras el brote de tuberculosis que mató a decenas de animales y por el que la OMS ordenó una lista de precauciones. La intendencia y los privados en el parque sostienen que casi todo se ha hecho al pie de la letra. Casi. El Ministerio de Ganadería, sin embargo, advirtió el mes pasado que el sitio debería cerrarse.

Algo de historia.

Todo empezó en 2007, mucho antes de que Sánchez y su socio se ganaran el mote de locos. El protagonista de este primer capítulo fue un faisán a quien se le detectó mycobacterium avium (uno de los tipos de tuberculosis animal). El efecto contagio hizo que en 2008 distintas especies de aves se vieran afectadas: patos marruecos, pavas de monte, pavos reales y más faisanes. De 2011 a 2015 se reportaron casos en coatíes, ciervos axis, liebres y llamas. Pero en octubre de 2016, tras la muerte de una dromedaria y su cría, se descubrió que había en el predio mycobacterium bovis, otro tipo de tuberculosis animal que es mucho más agresiva y que puede contagiar a los humanos. Murieron 150 ciervos axis, 80 coatíes y 40 carpinchos.

A partir de esto se decidió realizarles a los trabajadores de la reserva una prueba cutánea PPD, para la detección de casos de tuberculosis, baciloscopías que también sirven para saber si tienen la bacteria y radiografías. De 16 funcionarios, a 11 les dio positivo el PPD. Las baciloscopías dieron todas negativas. Y a dos trabajadores se les hicieron tomografías, luego de que los médicos expresaran dudas ante los exámenes radiológicos. A uno de ellos -una funcionaria administrativa que a veces hacía horas extras y trabajaba con los animales- se le descubrió un nódulo pulmonar.

Cabras: eran la gran atracción antes del brote de tuberculosis. Foto: Leonardo Mainé
Cabras: eran la gran atracción antes del brote de tuberculosis. Foto: Leonardo Mainé

Se pidió apoyo a la OMS, y junto a la Organización Panamericana de la Salud (OPS) elaboraron el informe, que fue publicado en febrero de 2017, en el que concluyó que mantener abierta la reserva implicaba “un grave riesgo para la salud animal y la salud pública de Flores en particular y de Uruguay en general”.

La OMS pidió que se llevaran adelante una serie de medidas para erradicar la tuberculosis. La reserva cumplió con todas las recomendaciones, menos con una: “realizar un vacío sanitario de los potreros donde se produjo la mayoría de los casos de enfermedad” y “sacrificar la población de aquellas especies que se han visto afectadas”, específicamente a los ciervos axis, carpinchos y coatíes.

Hugo Rusiñol es el veterinario a cargo de la reserva Tálice. Empezó a trabajar allí en 1991, cuando esta abrió sus puertas. Fue él quien notificó al Ministerio de Ganadería en 2007 de la presencia de mycobacterium avium en el faisán; en 2016 se dio cuenta de que la muerte de dromedarios respondía a otra cosa, también lo notificó y finalmente era mycobacterium bovis. Sánchez confiesa que el veterinario puso algunos reparos a las modificaciones que se hicieron en el parque y estuvo muy encima de las reformas, porque “no le importa otra cosa que no sean los animales” y “nadie más que él quiere que ellos y que la gente que los visita estén bien”.

“Sí se ha cumplido con las recomendaciones de la OMS -empieza Rusiñol, antes de enumerar-. Se pusieron dobles cercos, se alejó a los animales de la gente, se le dio al personal elementos de seguridad como mamelucos, guantes y tapabocas… Lo único que no se hizo fue el vacío sanitario, porque eso implicaba matar a 300 animales. ¿Por qué voy a matar a un animal que está sano?”. Es que, para él, la reserva sufre una suerte de persecución. “Yo he trabajado en otros lugares, he visto lo que pasa en zoológicos, en tambos, en todo el sector productivo... En ningún lugar veo un seguimiento como el que se nos ha hecho a nosotros”.

Foto: Leonardo Mainé
Foto: Leonardo Mainé

Recomiendan cierre.

Los problemas en la reserva Tálice volvieron a la luz el mes pasado, cuando la comisión especial sobre tenencia responsable y bienestar animal de la Cámara de Diputados recibió a delegaciones del Ministerio de Ganadería y el Ministerio de Salud Pública para que dieran sus versiones sobre lo que sucedía en el ecoparque. Eduardo Barre, director general de los Servicios Ganaderos, advirtió allí que en noviembre de 2018 se había hecho una nueva inspección en la reserva para fiscalizar si las recomendaciones de la OMS se habían llevado adelante. “Lo que vimos fue insatisfactorio”, sostuvo. Dijo que un ovino y un bovino a los que se les realizaron exámenes para determinar si tenían tuberculosis dieron positivo. La cartera pidió sacrificar a 50 ovinos y bovinos, y esta orden sí se cumplió. Esto pasó en diciembre.

Barre -con quien El País intentó hablar, pero desde el Ministerio de Ganadería respondieron que nadie de la cartera iba a hacer nuevas declaraciones sobre este tema- también advirtió ante los diputados que existen dudas sobre dónde fueron enterrados los animales que murieron por tuberculosis y los que fueron sacrificados. “Se nos comunicó que había una fosa sanitaria en la que se tomaban precauciones como echar cal, etcétera, pero no está en nuestro ámbito su regulación. Nosotros no la vimos ni sabemos dónde está”, precisó. Rusiñol asegura que dicha fosa está en una zona en la que no hay animales ni acceso a los visitantes, a 200 metros del arroyo, y sostuvo que se tomaron todas las precauciones necesarias, incluso sostiene que un inspector del Ministerio de Ganadería estuvo el día que se hizo el pozo.

Foto: Leonardo Mainé
Foto: Leonardo Mainé

El representante de Ganadería dijo no tener certezas de que no se hayan trasladado animales de la reserva hacia otros lugares, ni si pudieron ser contagiados bovinos u ovinos en terrenos linderos. Sin embargo, al mismo tiempo reconoció que se les hicieron exámenes a animales de predios vecinos y no se encontraron rastros de tuberculosis.

El veterinario dice, por otro lado, que hace más de un año que no mueren animales por tuberculosis, y sostiene que todos los que fallecieron lo hicieron de viejos. Sostiene que cada vez que hay un deceso se realizan los exámenes correspondientes para saber si el animal tenía tuberculosis, y que no se han encontrado más casos. No obstante, Barre dijo ante la comisión que a la cartera no le han llegado reportes de muertes, que tampoco les han mandado muestras para analizarlas y cerró su alocución con una frase determinante: “Si no hicieron una buena acción sanitaria cuando la reserva estuvo cerrada de 2016 a 2018, creemos que sería riesgoso tenerla abierta”.

¿Y los humanos?

Es 18 de julio, es feriado, hace frío pero hay sol. El día está ideal para visitar el ecoparque Tálice. Sobre las 11 de la mañana ya empiezan a llegar las familias. Niños muy chiquitos que miran como hipnotizados a animales que nunca habían visto, jubilados que de la mano recorren a paso lento el predio, parejitas que ríen a carcajadas por las gracias que hace un mono enjaulado a quien todos llaman “el malo” -es el único que no está libre, los otros vuelan sobre las ramas de un árbol en una isla en el medio del arroyo, y se pueden ver de cerca si uno paga los $ 100 que permiten subir a los botes en forma de cisne-. La escena de película romántica se puede descomponer con una sola pregunta: ¿hay riesgo de que los humanos se contagien?

Lo cierto es que la comisión parlamentaria llamó a las autoridades del gobierno una vez que la directora de Salud de Flores, Cecilia García, dijera en una conferencia de prensa que “realmente es bajísimo el riesgo” de contraer tuberculosis en la reserva. Pero García agregó: “Estamos hablando de un porcentaje que no llega ni a 1% de las posibilidades de enfermarse un visitante”. El diputado colorado Adrián Peña tomó está declaración e hizo el siguiente cuestionamiento al subsecretario de Salud, Jorge Quian, que se presentó ante la comisión de bienestar animal: de 40.000 personas que visiten la reserva, ¿400 tendrán tuberculosis?

La cifra de visitantes que lanzó Peña no es para nada disparatada. Antes de la reforma Tálice tenía 30.000 visitantes al año. Ahora recibe a 20.000 personas cada mes, salvo excepciones: como en Semana Santa, cuando 30.000 llegaron al lugar; o en diciembre, cuando solo fueron 2.000 luego que se supiera que se habían tenido que sacrificar animales nuevamente. Desde que reabrió, en septiembre pasado, 130.000 visitantes fueron al ecoparque. Ha sido un boom turístico, si se tiene en cuenta que Flores tiene 25.000 habitantes.

Foto: Leonardo Mainé
Foto: Leonardo Mainé

Quian, sin embargo, dijo que García había cometido un error, y que de ninguna manera el 1% de los visitantes podían enfermarse. “Pido que por favor disculpen a la licenciada que, quizás, por dar una sensación de riesgo, habló de 1% y es muchísimo menos que ese porcentaje”. A la hora de arriesgar una cifra, en tanto, habló de menos de un 0,1%. Y sostuvo que en ocho años solo se registraron 17 casos de mycobacterium bovis en todo el país; ninguno fue en Flores y ninguno fue un visitante del ecoparque.

En cuanto a los 11 trabajadores a los que les dio la PPD positiva, Quian dio una explicación: “Si los que estamos en esta sala nos realizáramos un PPD -dijo en referencia a los parlamentarios-, seguramente a muchos nos daría positivo en distintos tamaños, porque casi todos los seres humanos en algún momento hemos estado en contacto con el mycobacterium tuberculosis, que es el que circula en humanos. El PPD no diferencia la circulación entre humanos y bovis, o sea que puede ser positivo para los dos”.

Tres funcionarios de la reserva pidieron traslado luego de que el examen les diera positivo. Y uno le hizo un juicio a la intendencia de Flores aduciendo que se contagió tuberculosis por trabajar allí. Este, contactado por El País, no quiso hacer declaraciones porque sigue trabajando en la comuna en el área de deportes y teme represalias. En su demanda advirtió que tiene “tuberculosis latente”. La OMS considera que esta es la que padecen aquellos que tienen una reacción de 10 milímetros o más al examen de PPD; a él le dio 11. Quienes están en esta situación no contagian la enfermedad y tienen posibilidad de 5% a 10% de contraer tuberculosis a lo largo de su vida. A su vez, la misma OMS dice en su informe sobre la reserva Tálice que quienes fueron vacunados en Uruguay con la BCG -escolares hasta el año 2000-, pueden obtener un falso positivo al realizarse esta prueba.

Ana Geraldi es la funcionaria a quien el PPD le dio positivo y luego una tomografía le descubrió un nódulo en el pulmón. Desde el living de su casa en Trinidad, dice: “Me hicieron las placas y saltó eso; yo no sé si tiene que ver con mi trabajo ahí, creo que no, pero no estoy segura”. Y agrega: “Nosotros necesitamos que se nos diga toda la verdad”. Ella advierte que cuando los exámenes dieron positivos los médicos no establecieron un protocolo claro, e incluso hubo idas y vueltas: al principio les administraron isoniacida -un fármaco contra la tuberculosis- y esta luego les fue retirada a la mitad del tratamiento.

Por otro lado, el veterinario del parque y dos funcionarios más contrajeron recientemente neumonía. Uno de los trabajadores sigue de licencia médica y se mantiene aislado, según pudo saber El País. Rusiñol afirma que “esto no tiene nada que ver con la tuberculosis”.

El ecoparque Tálice tiene una población de 1.500 animales; son 150 especies de mamíferos, aves y reptiles que conviven en 75 hectáreas que a simple vista parecen muy bien cuidadas. ¿Se puede descartar que alguno de todos estos animales tenga tuberculosis? Rusiñol es claro y sincero: “Yo no dudo que haya animales portadores... En el corral de los ciervos es muy probable que los haya. Pero son casos clínicos, desde hace ocho meses no se muere un animal por tuberculosis. Se mueren porque están viejos, pero de tuberculosis no”.

La reserva provocó un boom turístico

Pablo Sánchez, uno de los inversores de la reforma en el ecoparque y dueño del hotel Maxim, ubicado en el centro de Trinidad, dice que en Semana Santa de 2018 tuvo en promedio tres de las 35 habitaciones ocupadas cada día; en este 2019 estuvo lleno toda la semana. Ya están trabajando en las obras de otro hotel, con 11 habitaciones, y un restaurante de 300 metros cuadrados que estará ubicado frente a la reserva.

En tanto, Carlos Santillán, dueño de las dos sucursales de los clásicos restaurantes El Rancho en Trinidad, también advierte que el ecoparque lo cambió todo. “Acá venía gente de paso, entonces los fines de semana teníamos muchos menos clientes. Ahora sábados, domingos y feriados está siempre lleno”, señala con amplia sonrisa.

¿Hay un enemigo del pueblo?
Tálice: cambió el movimiento turístico de Flores. Foto: L. Mainé

Si Henrik Ibsen no hubiera sido dramaturgo, si hubiera sido profeta, uno diría que pudo adivinar casi a la perfección lo que pasa ahora en Flores. Su obra “Un enemigo del pueblo” cuenta la historia de una ciudad a la que nadie visitaba hasta que se convirtió en un balneario, pero su atractivo turístico se pone en juego luego de que un médico denunciara que esas aguas estaban contaminadas. El hecho se politiza, con el intendente de un lado -defendiendo el balneario- y la oposición por otro -advirtiendo sus riesgos-.

En Uruguay pasa lo mismo: en Flores se vive una batalla campal. De un lado está el intendente, Fernando Echeverría, del Partido Nacional, que defiende el proyecto; y del otro el Frente Amplio, que sale al cruce de este. Echeverría declaró días atrás en rueda de prensa que los cuestionamientos tenían una clara intención política. “Le siento un poquito de olor a campaña electoral, de la persona que sacó esa versión. No tengo más que agregar al respecto”.

El diputado frenteamplista por Flores Federico Ruiz, que es parte de la comisión de bienestar animal, y a quien algunos en el departamento apuntan como posible rival de Echeverría -que irá por la reelección- en las elecciones municipales del año que viene, ha sido uno de los más críticos con la reserva. “Mi posición es clarísima -dice Ruiz-, se hicieron recomendaciones al gobierno de Flores que este nunca realizó. Hay una clara negligencia del intendente con respecto a una problemática que es compleja y que atañe tanto a la sanidad animal como humana. También hubo ocultamiento de información con respecto a este brote de tuberculosis en el comienzo del mismo, ya que, de haberse actuado con la celeridad y responsabilidad que el tema requería, no habría tomado los ribetes que finalmente adquirió”.

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