CONSERVACIÓN A MEDIAS

El eterno guardián de la laguna

La creación del Sistema Nacional de Áreas Protegidas multiplicó la cantidad de guardaparques, creó un cuerpo especial que los agrupa y aumentó sus potestades. Juan Carlos Gambarotta, pionero en este oficio, quedó atrapado en una contradicción y plantea otros problemas.

Funcionario judicial, escritor, guardaparques: Juan Carlos Gambarotta tenía 22 años cuando dejó su currículum en la Dirección Forestal. Foto: Fernando Ponzetto
Funcionario judicial, escritor, guardaparques: Juan Carlos Gambarotta tenía 22 años cuando dejó su currículum en la Dirección Forestal. Foto: Fernando Ponzetto

Esta mañana, Juan Carlos "Juca" Gambarotta enciende el motor del bote con el rostro contrariado. Hoy no tiene la calma de un hombre que asegura haber cumplido sus sueños de adolescencia, como escribió en su último libro publicado, Caminos de tierra. Viste un uniforme de guardaparques, como cada día desde hace 26 años. Conduce el bote hacia su casa, en medio de un monte, que para ser exactos es su lugar de trabajo. Cruza el arroyo Valizas y la Laguna de Castillos. A esta laguna Juca la siente suya: es el lugar al que regresó luego de viajar a 32 países para conocer distintos métodos de proteger la majestuosidad de la naturaleza. Muy pocas personas viven tres décadas en un mismo sitio, y solo algunas, como él, eligen hacerlo en una laguna, cuidando de cada uno de los elementos que hacen de ese rincón un refugio de fauna.

Parece fácil, pero si la mayoría de nosotros sentimos frustración cuando se nos muere una planta, ¿cómo debe ser cargar con la responsabilidad de conservar 8.000 hectáreas de vida silvestre?

Juca atraviesa el agua con velocidad. No le importa que salpique. Cambia de un tema a otro, mira hacia el horizonte y en la suma de esos gestos está la molestia del que siente que está llegando el fin de una etapa que todavía no quiere cerrar. Esta mañana, a punto de dar una entrevista, Juca se comporta como si hubiera despertado a un momento de lucidez.

Y no le gusta.

Elevando su voz sobre el ronquido del motor, dice:

—La laguna no ingresó al Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP). Están negándola. Eligieron partir de cero, como si no existiera nada anterior.

El refugio que custodia con la dedicación de un fiel guardián se fundó en 1966. Es el primero que estuvo bajo el cuidado de un guardaparques. Juca llegó en 1986, cuando el monte estaba agonizando, con la vegetación pisoteada por chanchos, caballos, ovejas y vacas que no dejaban crecer a los árboles jóvenes. Ahora, este hombre se mueve entre ramas agachando su metro 80 de altura. Los arbustos y las flores son tantos que hay que forzar la vista para ver qué hay unos pasos más adelante.

Allí, bordeando la laguna, se encuentra el Monte de Ombúes, un paisaje tan popular que se imprime en un sello. Hay decenas de familias de pescadores que dependen de la salud de la laguna. Por eso Juca opina que la conservación también es una cuestión de economía.

Con una sonrisa rabiosa, dispara:

—Cuando me pongo irónico creo que no la ingresaron porque la ven tan bien cuidada que creen que es suficiente.

En la laguna hay una zona de bañados que evitan que con una inundación Valizas quede bajo agua. En los últimos dos años, las lluvias fueron tan abundantes que Juca pasó varios días sin poder entrar o salir del monte. Atrapado, notó cómo el agua dejó de bajar un centímetro por día para bajar uno por semana.

Debido a su cercanía con el mar, en esta laguna nadan la mayor diversidad de peces de nuestro país. Y hay dos especies que son únicas. Además, es el hábitat elegido por la tortuga canaleta y el pájaro dragón. Aquí reapareció la apereá de dorso oscuro, luego de 30 años de ausencia. En ningún otro lugar hay tantos gansos, ni gallaretas, ni cisnes de cuello negro, ni tanta variedad de aves. Hay 272 especies, pero el mirador tiene la puerta rota porque un viento pampero la derribó. Son cada vez más frecuentes, largos y dañinos.

En estos 52 kilómetros de tierra están presentes todos los mamíferos medianos. Los que casi no quedan son carpinchos, porque los cazan permanentemente. Sobre todo cada marzo, cuando la zona se llena de pescadores ocasionales que acampan para arrancar camarones del fango del arroyo. Durante esta zafra, dos por tres ocurren eventos violentos. Se caza y se pesca más de lo habitual. Las infracciones abundan.

Un cazador le baleó la casa.

—El estrés del guardaparque es escaso pero cuando está es muy jodido, porque la sociedad tiende a odiar cualquier tipo de uniforme —dice.

A pesar de las riquezas del universo de Juca, y de los riesgos que conllevan su protección, su ingreso al sistema sigue en lista de espera. Algunos días, como hoy, esta realidad sumerge en el pesimismo al primer guardaparques del Uruguay. Ve la parte vacía del vaso. Ve que el área está mucho peor de lo que hubiera imaginado que podría estar 10 atrás.

—¿Sabés por qué me tomé un descanso tan largo de la Asociación de Guardaparques que yo fundé? Porque era más difícil lidiar con la administración pública que con los cazadores —lanza.

Cambio a medias.

El 14 de diciembre, en un evento en el Jardín Botánico, la Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama) presentó al Cuerpo Nacional de Guardaparques, una deuda pendiente que arrastraba desde 2005, cuando fue promulgada la ley que creó el Sistema Nacional de Áreas Protegidas. Una fuente de la Dinama, integrante de la comisión coordinadora de este cuerpo, explica que el objetivo es "definir un perfil de guardaparque, fijar cometidos, derechos y obligaciones en sus funciones".

En otras palabras: se busca reforzar sus labores para así profesionalizar una gestión relativamente nueva en nuestro país, pero necesaria para cumplir con el compromiso de la conservación de la naturaleza que se fijó el Estado. Hasta ahora ingresaron 29 de los 44 guardaparques que están empleados en áreas protegidas. Uno de ellos es Juca, aunque su caso es una excepción porque la Laguna de Castillos no forma parte del SNAP. La decisión de incluirlo tal vez esté relacionada a una carta que Juca le escribió a la ministra Eneida de León hace algunas semanas, cuando le habían anunciado que, por cuidar un área no incluida en el sistema, quedaría afuera del cuerpo que él mismo propuso crear.

Desde Dinama, la misma fuente asegura que está previsto que la laguna sea ingresada a la brevedad al SNAP. Pero mientras esto no suceda, la situación de Juca es contradictoria. Si bien desde enero estos guardaparques tendrán más potestades de acción "para fiscalizar la caza, la pesca, la tala y la destrucción del monte indígena, los palmares y la protección de la faja de defensa de las costas", estas normas solo podrán regirse en un área protegida. Entonces, ¿cómo podría Juca frenar a un cazador furtivo o prohibirle a un pescador lanzar una red?

Él cree que el problema es más amplio: "Se creó un marco administrativo jurídico pero está atado con alambre porque, para empezar, ¿quién es el jefe general? No lo tiene", plantea.

Recientemente electo presidente de la Asociación de Guardaparques, Juca opina que la creación de este cuerpo "aporta muy poco", porque a diferencia del Cuerpo Nacional de Bomberos, en este no se contempló un sistema de ascensos, ni se fijó un salario mínimo para el rubro.

Se pone a sí mismo como ejemplo:

—Soy el único guardaparque funcionario de la Dinama. Trabajo desde hace 26 años y mi sueldo es de $ 32.000.

Según le han comentado el resto de los miembros de la asociación, los sueldos son dispares y también la forma en que son contratados. Sucede que como hay áreas protegidas administradas por intendencias, por instituciones privadas y hasta por ONG, "cada guardaparque hereda las reglas de sus patrones". Algunos, dice, deben abrir una empresa unipersonal, mientras que "hay intendencias que en planilla los registran como inspectores, peones o maquinistas".

A esto se le suma que, aunque se definan derechos y obligaciones, como 10 de las 14 áreas protegidas aún no tienen un Plan de Manejo que defina qué se puede hacer y qué no en cada zona, la utilidad del reglamento que trae el cuerpo es relativa.

Juca también tiene la capacidad de relativizar las noticias que no le gustan.

—Yo soy muy pesimista, pero trabajo con optimismo.

¿Puede darme un ejemplo? —le pido.

—Mis mejores anécdotas jamás las voy a contar.

Las nuevas potestades vigentes

La creación del Cuerpo Nacional de Guadaparques estaba prevista en la ley que en 2005 creó al Sistema Nacional de Áreas Protegidas. Era una materia pendiente que vio la luz el 14 de diciembre pasado, con el ingreso de 29 guardaparques. Hay otros 20 que aguardan ser incluidos. Este cuerpo modifica las potestades de su tarea, a la vez que define nuevos derechos y obligaciones que estos funcionarios deberán hacer cumplir en los territorios que abarca la ley. Para los casos en que no haya un plan de manejo aprobado, deberán guiarse por las instrucciones que figuran en el decreto de ingreso del área. Según detalló un integrante de la comisión coordinadora que solicitó mantenerse anónimo, “los guardaparques tienen posibilidad de ingresar en predios privados y pueden incautar objetos que fueron utilizados para cometer infracciones”. Además podrán regular la tala ilegal: “Por ejemplo, si encuentran un camión transitando con leña de monte nativo podrán pedir documentación probatoria, y si hubiera una irregularidad podrían detener a sus conductores, generar una acción vinculada a la Dinama y solicitar apoyo policial”. También podrán fiscalizar la pesca e incautar redes, “esto dependiendo de lo que indique cada plan de manejo”. Quedó pendiente la vieja discusión de si es necesario o no que los guardaparques puedan usar armas de fuego. Aún esta diseñar un sistema de ascensos y definir una lógica en los sueldos que cobran.

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