BOCA DE TORMENTA

Espectadores de un show macabro

Tiroteos, corridas, gritos, motos, olores, el constante ir y venir de clientes y la sensación de que en cualquier momento estalla una guerrilla. Los vecinos de la calle Austria se volvieron espectadores involuntarios de un show al que ni decenas de denuncias consiguen poner fin.

Foto: Darwin Borrelli
Foto: Darwin Borrelli

Amanece en la calle Austria, entre Grecia y Turquía. Luis se prepara el mate, y mientras espera que su esposa termine de aprontarse para ir a trabajar, sale a la vereda a barrer. Barrer, y mirar. Todas las mañanas hace lo mismo. Lo repite al mediodía, de tarde, de noche, siempre que puede. Luego del almuerzo suele darse el mayor espectáculo. "Un show en vivo", dice entre risas sarcásticas. "Apasionante, ¿no?".

El hombre se reconoce un obsesionado por esa vista que desde hace dos, tres años, se convirtió en parte de su escena cotidiana y en causa de sus angustias. A unos metros de su casa, no diremos cuántos ni en qué dirección, las ruinas de un local de 1.500 metros de lo que iba a ser un sanatorio pero no fue, se convirtió en una boca de venta de drogas de la que entra y sale gente las 24 horas.

Pasa la vecina y se lamenta. "Qué cueva se nos armó, qué cueva". Un rato antes, sus ojos le mostraban lo último que hubiera querido ver: dos niñas, casi adolescentes que, corrían la tela roja, abrían la puerta de chapa rosada, se metían en el edificio a medio construir y salían un minuto después.

Luis agarra el mate y acompaña a su esposa a la parada de ómnibus. Ya no la deja sola jamás. Vuelve a su casa, da un vistazo una vez más y su mirada se cruza con la de otro hombre que vigila desde un hueco que se forma entre los bloques de hormigón y la puerta rosada. Es un boquete evidentemente creado para espiar. La cabeza que asoma por esa falsa ventanita gira hacia Grecia, luego hacia Turquía, y lo vuelve a hacer una, dos, tres veces, hasta que desaparece tras el muro que protege su mundo.

Algo pasa. Sale un hombre, camina hacia Grecia y se pierde en esa calle principal del casco del Cerro. Detrás de él va otro, camina ligero en la misma dirección, pero se detiene en la esquina y se queda de pie mirando a un lado y al otro, un poco hacia Grecia y otro poco hacia Austria. Finalmente, abre la puerta rosada y corre la cortina roja una mujer que se queda mirando hacia la esquina con una sonrisa entre pícara y nerviosa, centinela. Se quedan unos segundos así, como formando una L, hasta que el primer hombre vuelve a aparecer, el segundo rumbea rápido hacia la boca y la mujer se mete para adentro. Un cuarto protagonista llega con una bolsa de nailon. Entra. Luego se mete el individuo que faltaba.

"Te dan ganas de preguntarles en qué andan, ¿no?", dice Luis, que perdió muchas cosas pero no el sentido del humor. Para él, conjeturar posibles causas de los movimientos de la boca es casi un pasatiempo. Conoce caras, sabe algunos nombres, ha identificado roles. Sabe que el "gordito" que cae en moto con aires de patrón es el que provee la mercadería. Sabe que un pelado llamado Christian es uno de los jefes del negocio porque la semana pasada lo vio demostrar su poder al echar a una de las familias que ocupan el local. Era una pareja con dos hijos grandes y dos adolescentes. Ella decía "por favor, Christian, no". Sus gritos atravesaban el muro, todos los vecinos los oyeron. Después de eso no se los vio más.

Dos o tres días más tarde llegaron otros ocupantes, porque esa ha sido la dinámica en los últimos años. En el local —que había sido pensado como sanatorio de la federación de los obreros de la carne, y cuyas ruinas atestiguan la historia de decadencia de los frigoríficos de la zona— se han delimitado pequeños "apartamentos" (con número de puerta y todo), en los que viven varias familias. Primero fue la ocupación, nadie sabe con precisión cuántos años atrás. Después llegó la boca.

Y con la boca aparecieron la violencia, los tiroteos a cualquier hora, los tipos sangrando o rengueando por alguna bala aleccionadora, las corridas, los gritos, los insultos más denigrantes. Aparecieron los autos y las motos de caño de escape recortado, llevando y trayendo, marcando presencia, acelerando en la vereda, midiendo agallas, sobre todo por las noches. Con la boca llegaron los olores fétidos por la falta de un baño donde hacer sus necesidades y los ácidos por la quema de cables. Llegó algún robo de auto, algún vidrio roto. Empezaron a verse las escenas de prostitución a pasos de ahí. Aparecieron, por supuesto, los clientes que Luis y otros vecinos de la cuadra describen como "zombis": mujeres y hombres dispuestos a entregar lo que sea por una dosis, notoriamente desapegados de la vida. Y llegó, también, la Policía.

Afiche

Uno de los vecinos plasmó su impotencia en un afiche con la foto del local abandonado en Grecia. “Ocupación inmediata. Venís y tá. Quedan pocos lugares”.

Se complicó.

Otra día amanece en Austria, entre Grecia y Turquía. Pero esta vez aparecen en escena otros actores: dos camionetas de la Republicana estacionan frente a la puerta rosada con cortina roja. Unos 10 hombres bajan y entran sin avisar, sin dudar, sin hacer ruidos. Algún vecino con perspectiva privilegiada pudo ver cómo los ponían a todos contra la pared. Uno de los policías les hablaba sin levantar la voz.

El operativo duró cerca de media hora. La esposa de Luis se fue a trabajar contenta, con la esperanza de haber presenciado el fin de ese espectáculo diario. Pero no. No hubo ningún detenido, y la boca siguió en pie.

La escena se dio dos semanas atrás y sobrevive solamente en el relato de los vecinos, ya que la de Austria es la única de las 24 esquinas de la calle Grecia en la que no hay cámara de videovigilancia. En diciembre, el Ministerio del Interior instaló 319 dispositivos en las principales calles del Cerro, pero no lo hizo en la esquina de Austria y Grecia. Los vecinos, incrédulos, movieron sus contactos para averiguar el motivo. A través del centro de comerciantes supieron que el problema era que justo en esa esquina no había fibra óptica, pero que el ministerio había dejado pedido que se instalara en forma urgente. Eso fue en diciembre. Todavía siguen sin fibra óptica, por ende sin cámara, por ende sin vigilancia.

Y justo en diciembre fue que se complicó, dice Miguel, otro vecino. Desde ese último mes del año hasta ahora, Miguel escuchó dos tiroteos dentro de la boca y supo de uno más porque tuvo que contener en el teléfono a su hija y a su suegra, aterrorizadas. Una de esas balaceras terminó con un herido. Miguel vio cómo lo metían en un taxi. Llamó al 911, pero nada. A los pocos días el baleado estaba de vuelta en el ruedo, con una venda en el tórax.

Luis lleva hechas tres denuncias anónimas al 08002121, el teléfono que el Ministerio del Interior dispuso para aportar datos de bocas de venta de drogas, y otras dos en el 08005000, donde se reciben quejas de procedimientos policiales. Miguel lleva dos. Raúl, otro vecino, también lleva un par. Ninguno hizo la denuncia en la seccional: no se animan, dicen, porque el rumor extendido en el barrio es que allí están "arreglados" con la gente de la boca.

No saben si alguna de sus denuncias motivó intervenciones policiales, de las que hubo varias en estos meses, aunque con escasas consecuencias. Una vez se llevaron detenidos. Otra vez requisaron todas las motos. Es cierto que en esas ocasiones se vieron cambios en los movimientos habituales (menos ruido en las noches, menos gritos o insultos) y que incluso han cambiado las caras que se veían. Pero la boca sigue ahí.

El Ministerio del Interior no quiso responder las consultas para esta nota. No aportaron información desde la Dirección de Drogas ni en la jefatura de la Zona IV, que abarca el Cerro. El vocero del ministerio se excusó diciendo que "por ahora" no habría declaraciones.

Tampoco aceptaron hacer comentarios luego de que el jueves se difundiera un comunicado oficial avisando que personal policial de la Zona IV había hecho un operativo en el Cerro. El comunicado dice que a pedido de la fiscal Mónica Ferrero se allanaron tres fincas y se detuvo a seis personas que podrían estar vinculadas a hechos delictivos. En el operativo se incautaron armas, drogas y dinero. Luis se enteró por las noticias y permaneció expectante en el trabajo, pero al llegar a su casa miró hacia la boca y entonces supo que no. Nada había cambiado en Austria y Grecia.

Se pretende potenciar esta vista como punto turístico. Foto: D. Borrelli
Se pretende potenciar esta vista como punto turístico. Foto: D. Borrelli

Todo lo posible.

Indignados, desesperanzados, impotentes, solos. Así se sienten los vecinos, que para colmo hace unos 10 años sufrieron otra boca de venta de drogas a la vuelta de la esquina, por la calle Turquía. Aquella cerró, pero volvió a abrir hace poco y todo indica que es una "sucursal" de la de Austria.

"Me tienen preocupado tus amigos", le dijo Luis a uno de los ocupantes del local. Es el único con el que habla porque sabe que tiene a sus hijos ahí, los ve ir a la escuela "bien arregladitos", y les ha donado ropa. "Tranqui, vecino, no es para ustedes. Nada de esto es para ustedes", cuenta que le contestó.

Y es cierto: más allá de situaciones menores, el problema no es que se metan con ellos. El problema, dice Luis, es que todos tienen abuelos y niños en sus casas. Tienen miedo de que se arme una guerrilla y un inocente salga lastimado.

"¿Viste el niño que recibió una bala perdida en Casavalle? Mirá que no estamos tan lejos de eso", dice Luis con el gesto de quien sabe que puede pasar por exagerado. "Quiero que si el día de mañana pasa algo, se sepa que estaban todos enterados. Policía, Mides, Ministerio de Vivienda, intendencia, municipio, INAU: todos".

Del otro lado del teléfono, el alcalde Gabriel Otero pide la ubicación precisa del problema. Y sí, claro, conoce ese problema que tiene dos partes, según él: la ocupación y la venta de drogas. Entonces dice Otero: "Se hizo todo lo que se puede hacer, que es poco. Porque la propiedad privada en este país vale más que tu vida, ¿lo sabías?".

El alcalde del MPP, que desde 2010 encabeza el Municipio A, asegura que él hizo lo que está a su alcance, y más. Denunció el local como finca ocupada en la intendencia y también hizo la denuncia policial. Además, logró que se creara un expediente en el Programa de Mejoramiento de Barrios (PMB) porque entiende que el predio es perfecto para levantar allí un complejo habitacional. Está en pleno casco del Cerro, a dos cuadras de la playa, con todos los servicios: una ubicación privilegiada, dice. Pero claro, es propiedad privada. A pesar del abandono y del uso delictivo del local, hasta ahí llega hoy el Estado. En el PMB tampoco hubo respuestas para esta nota.

Otero da por obvio que esta no es la única boca de venta de drogas en el Cerro. Hay "situaciones similares" y están "todas denunciadas", dice el alcalde, que no quiere dar más datos. "No soy el sheriff", justifica.

Desde su rol, Otero ha promovido e instrumentado una serie de obras y mejoras al barrio (ver recuadro) y está orgulloso porque el gobierno le ha dado varias muestras de apoyo, por ejemplo al declarar de interés turístico el proyecto Fortaleza, que incluye la colocación de las letras que forman Montevideo ante la hermosa vista que se obtiene en lo más alto del Cerro. Ahora está esperando que se concrete la anunciada parada del bus turístico en ese lugar. Asegura que la llegada de visitantes aún está en su mínima expresión respecto a su potencial, y confía en que el turismo traerá cosas buenas para toda la villa.

En el entorno de la Fortaleza del Cerro hay al menos dos asentamientos de muchos años. Foto: D. Borrelliaballo árabe. Foto: Archivo
En el entorno de la Fortaleza del Cerro hay al menos dos asentamientos de muchos años. Foto: D. Borrelli

Los vecinos y su resistencia: "irse no es una opción"

La vida ha cambiado mucho en el casco del Cerro. Luis, que creció en la casa desde la que hoy observa la actividad de la boca de venta de drogas, cuenta que 50 años atrás todos creían que en el futuro el barrio sería un segundo Centro de la ciudad. Recuerda la época de construcción de lo que se proyectaba como un sanatorio para los obreros de la carne. Hoy se ríe por no llorar cuando se descubre anotando las matrículas de los autos que circulan con actitud sospechosa, en una especie de acto de autodefensa ante la desprotección que siente. Para Miguel, que se mudó hace siete años a la casa que heredó su esposa, el deterioro es más nuevo y no se consuela. No puede creer en lo que se convirtió la cuadra. "Hay que estar casi como escondidos dentro de nuestras casas, porque aquello que años atrás se daba, sobre todo en verano, de sentarse en el frente a tomar un mate y compartir con los vecinos una conversación sobre nuestras vidas, el fútbol, el trabajo, lo que sea, se acabó. Y te deja una sensación extraña porque no sabés a ciencia cierta si tenerles lástima o mucha bronca por el estado en que están y en el que viven", se confiesa. Miguel es consciente de que él no sufre lo mismo que su esposa, su suegra o cualquiera de los viejos habitantes de esa zona. "Al que nació acá le duele más. Yo puedo pensar que me equivoqué, pero los que crecieron acá sienten un apego distinto, como el que siente alguien en un pueblo del interior". Para Miguel, como para Luis, irse no es una opción porque hoy no tienen recursos suficientes para mudarse. El pensamiento de Raúl, que vive ahí desde niño, no se centra en la imposibilidad de mudarse sino en una postura de resistencia y hasta rebeldía. "Es una vida acá. Ellos no van a poder más que nosotros. ¿Irme? No. Si no, les estamos dejando todo a ellos".

Un plan de obras para revitalizar el Cerro
La Real Casa de la Pólvora está ubicada en Cibils y Burdeos, aproximadamente. Foto: M. Bonjour

(Foto: Casa de la Pólvora)

"Intervenciones urbanas en el Cerro de Montevideo": así se llama el plan que la intendencia tiene para este barrio y que promueve e instrumenta el Municipio A.

El plan, que se extiende de 2016 a 2019, incluye la reparación de varios puntos históricos venidos a menos, así como la generación de nuevos espacios públicos y la aplicación de distintas medidas de seguridad. Tiene entre sus objetivos atraer el turismo nacional e internacional, rescatar el valor icónico del Cerro, preservar su patrimonio histórico, y fortalecer a los actores económicos, ordenando también el empleo informal. Lo que sigue es un resumen de la información facilitada por el municipio.

Fortaleza.

El proyecto para la Fortaleza del Cerro incluye la creación de un anfiteatro y el espacio recreativo Arquitecto Vaia, una obra que ya fue ejecutada en Holanda y Dinamarca, y que costó $ 4,2 millones. Se propuso reconstruir la Posta del Vigía, una edificación histórica a metros de la fortaleza, e instalar allí un servicio turístico y gastronómico; hay una licitación para adjudicar y se estima que el inicio de obra será próximamente. A su vez, el proyecto abarca la refuncionalización del exparador, un edificio vandalizado cuya estructura se quiere rescatar como testimonio histórico y para albergar propuestas culturales; la licitación está adjudicada y la obra a punto de ejecutarse. Este proyecto incluyó la colocación de la leyenda Montevideo, así como la iluminación led en la circunvalación de la Fortaleza y la instalación de Wifi gratuito en la cumbre del Cerro.

Rambla Suiza.

En esta zona se proyectaron dos obras que ya se ejecutaron: una es el polideportivo Playa del Cerro, en Rambla Suiza y Bogotá, y que costó $ 2,5 millones; la otra es la iluminación led del espacio del polideportivo. Una tercera, aún en etapa de proyecto, es la generación del Circuito Senderismo, que une la Playa del Cerro y la Fortaleza a través del Parque Vaz Ferreira atravesando la ladera del Cerro.

Casa de la Pólvora.

El proyecto se planteó la reconstrucción histórica de este punto entre Camino Cibils, Perú y Bulgaria, así como su gestión cultural. La Casa de la Pólvora se construyó en 1794, unos 15 años antes que la Fortaleza, y ha tenido distintos usos pero hoy está abandonada y vandalizada. La obra ya fue aprobada por parte de las comisiones patrimoniales departamental y nacional, y hay un proyecto ejecutivo listo. Costará unos $ 4 millones.

Parque deportivo y recreativo "Siete Hectáreas".


Fue inaugurado hace un año en Eduardo Da Costa y Continuación Ucrania, frente al ex Frigorífico Nacional. Aún hay obras en ejecución. El proyecto definitivo se va conformando a través de diferentes acciones puntuales.

Calle Grecia.


El municipio se propuso la revalorización de la calle Grecia como acceso al Cerro de Montevideo y en ese sentido se han realizado las siguientes acciones: iluminación led e instalación de cámaras de seguridad (esto último por parte del Ministerio del Interior) en Carlos María Ramírez, Grecia y Viacaba. También se implementó un programa de reconstrucción de veredas y construcción de rampas en la calle Grecia.

Presupuesto Participativo 2016.


En esta instancia se aprobó el mirador "La Terraza" (en etapa de proyecto) y la pavimentación de las calles Centro América y Puerto Rico. Esta última obra ya fue ejecutada.

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