derecho de admisión vs. seguridad

La entrada prohibida

Los requisitos de vestimenta para ingresar a una matiné de Carrasco despertaron voces a favor y en contra. Es la cuarta denuncia que la Comisión contra el Racismo recibe en el año. Junto a organismos de Derechos Humanos entienden que son medidas discriminatorias sin fundamento jurídico. Por eso presentaron un proyecto de normativa especial.

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"La exclusión por la vestimenta es el miedo a los jóvenes pobres", según el sociólogo Aguiar.

Ocurre en una calle oscura con nombre francés. El barrio está quieto, salvo en ese punto del parque Gabriel Terra a metros de la vieja plaza Conaprole. Unas adolescentes llegan a la puerta a las carcajadas. Tres visten minifalda y otras dos esos shortcitos de jean que están a la moda. Todas tienen una pulsera violeta que le permite la entrada. Un señor les pide la cédula. Es viernes a las ocho de la noche, la hora en que comienza la polémica matiné Non Stop. Están aptas para el ingreso.

Este baile de Carrasco, para adolescentes de entre 12 y 15 años, debió ser una semana antes. Fue postergado luego de que en las redes sociales y tras una nota en El País se despertara la indignación. En concreto, la matiné impuso determinadas restricciones para participar de la fiesta y las difundió. "No cortes de pelo escalonados, no rapado a los costados, no tinta en hombres, no caravanas ni piercings en hombres, no ropa deportiva". ¿La justificación? "Cuidar el ambiente".

Mónica aguarda que su niña de 12 años pase la puerta, ve que todo marcha como lo esperaba y se retira. Le parece "perfecto que se controle". A su entender es "coherente que a una fiesta los adolescentes deban venir bien vestidos y no como van a la playa". Su hija fue al baile de anteayer con un grupo de amigas del liceo privado al que concurre. A Mónica no le cambia si son "de privado o público", pero sí "que sea gente conocida y que no se junten con esas barritas (entiéndase planchas)".

Pocos minutos después, Patricia acompaña a su hijo, quien también va a esta fiesta. Para ella las medidas impuestas "generan discriminación". Dice que sus "niños" no pueden vivir como si estuvieran "dentro de una burbuja". Y cita como ejemplo de integración al club de básquetbol donde juega su hijo, en Goes.

Las miradas encontradas de estas madres dan cuenta de un problema que, si bien no es nuevo, parece estar lejos de una solución. En lo que va del año, la Comisión Honoraria contra el Racismo, la Xenofobia y toda otra forma de Discriminación recibió cuatro denuncias por la aplicación del famoso "derecho de admisión". La última fue el jueves pasado, cuando un joven que estaba acreditado para el ingreso a unas jornadas de informática en la Intendencia de Montevideo, no pudo entrar luego de una discusión con el guardia de seguridad, quien le exigió que se pusiera la camisa por dentro.

"El derecho de admisión no existe, no está avalado por una norma, es parte de un imaginario", asegura Ana Agostino, defensora del vecino de Montevideo. "Lo que hay, a nivel legal, es una disposición de la Intendencia en la que se prohibe la entrada a locales de espectáculos públicos a "toda persona en estado de embriaguez o notorio desaseo". Está estipulado, según las autoridades, por razones de higiene y para evitar desmanes. Lo cierto es que esa misma normativa también limita el ingreso con animales, lo que va en contra del derecho de personas ciegas a llevar a sus lazarillos.

De ahí que la Defensoría, junto a la Comisión contra el Racismo y la Institución Nacional de Derechos Humanos, hayan presentado un texto que está a estudio en la Junta de Montevideo. "Buscamos armonizar lo ya existente con el marco de normas de derechos humanos que nos rigen", dice Agostino. En especial, con la Constitución y la convención contra la discriminación racial que fue ratificada en 1968.

Ñeris vs. chetos.

La estética, en especial el uso de championes con resorte y gorra con visera, son el primer motivo de denuncia. De los cuatro casos que atendió en lo que va del año la Comisión contra el Racismo, solo uno responde a una cuestión de color de piel. El resto son por la vestimenta. El año anterior tuvieron dos denuncias de transfobia, uno en Salto.

"Es el miedo a los jóvenes pobres", explica el sociólogo Sebastián Aguiar. "Desde la crisis de 2002 se empieza a generalizar esta idea de que la cultura plancha es reflejo de la fragmentación social". Es parte de una crisis social que, según Aguiar, "no logramos asumir". Para el investigador, el "mecanismo es tan perverso que Cristiano Ronaldo no podría entrar a estos boliches porque tiene un corte de pelo mohicano (cresta)".

No hay cifras que comprueben una relación entre la forma de vestir y el cometer determinados delitos. Eso lleva a Aguiar a creer que "solo se sustenta en el imaginario". "En Uruguay, más de la mitad de las personas piensan que los jóvenes cometen más de la mitad de los delitos. Y solo inciden en el 6%. Pasa lo mismo en Europa con los inmigrantes: los ciudadanos piensan que hay más de lo que es realmente", insiste.

La defensora del vecino de Montevideo entiende que "no se puede ignorar que parte de la sociedad teme y que hay inseguridad, pero quien está al frente de un local que da un servicio público no puede determinar que por vestirse de una manera particular o por usar pelo largo, eso provoque inseguridad".

Luego del revuelo mediático —y de la intimidación del INAU y la Intendencia—, los organizadores de la fiesta de Carrasco postearon en su cuenta de Facebook: "Esperemos que sea solo un fin de semana; que todos los que critican y lo ven mal, que abran las puertas de su casa a todo público. Para nosotros, Non Stop es nuestra casa. Y como tal buscamos un ambiente sano, de diversión y tranquilidad para todos los niños y padres".

La explicación irritó a la Defensoría del vecino. Para esta institución, un boliche o una matiné son lugares privados abiertos al público y, como tales, deben cumplir los mismos requisitos que un espectáculo público. "El evento fue autorizado por un organismo público y tiene responsabilidades que cumplir", considera Agostino.

El escenario es un poco más claro cuando se habla de un shopping. Es que difícilmente alguien pueda justificar que un centro comercial es "su casa". Sin embargo, sobre este tipo de comercios también hubo casos de denuncias vinculadas al derecho de admisión. La última fue la negativa a ingresar a tres adolescentes que usaban gorra y equipos deportivos.

Carlos Lecueder, administrador de varios centros comerciales, asegura que "no se limita la admisión". Reconoce que "puede haber pasado", pero que no es política institucional. "Cuando uno trabaja con guardias de seguridad sabe que son seres humanos. Hay veces en que cada uno aplica lo que le parece. No hay limitación para sacar fotos en los shopping, pero hay grandes chances de que un guardia lo termine frenando por eso".

Lecueder argumenta que en los centros comerciales hay "normas de convivencia" que están visibles al público. Uno de los detalles es la prohibición del uso de gorra con visera "para que las cámaras de seguridad puedan tomar registro de las caras". De hecho, esta norma se aplica hasta para un adulto mayor que use gorra, dice. Por el contrario, la disposición de la Intendencia acepta tal prohibición solo para lugares donde se maneje dinero, como un banco o una red de cobranza.

¿Sale una chapita?

La palabra "plancha" viene de las planchas carcelarias con las que se etiqueta a los presos. Es una subcultura —también llamada tribu urbana— que nace a fines de la década de 1990. Más allá de captar a un amplio público, sobre todo juvenil, adquirió visibilidad cuando al Partido Colorado se le unió el Movimiento Plancha, liderado por José "Peluca" Valdez. Con el tiempo, el prejuicio fue creciendo, dicen los sociólogos, y se instaló la discriminación. ¿Por qué prohibir la entrada a quien usa bases (championes deportivos) si eso no tiene nada que ver con la seguridad?

"La razón es comercial", dice el antropólogo Marcelo Rossal. "Quieren dejar afuera determinadas estéticas porque no les sirve a efectos del negocio". La novedad, explica el investigador, es que "ahora se entiende como discriminación". A su vez, "excluir por el color de piel no es tan políticamente correcto", acota Rossal.

En efecto, la defensora del vecino recuerda que hace 20 años algunos boliches en Cerro Largo prohibían la entrada a afrodescendientes y por parte de la población "era visto como lo normal". Luego pasó a notarse la discriminación contra el colectivo LGBT. Hubo dos casos célebres. El primero fue la expulsión de una pareja que se besó dentro de la disco Viejo Barreiro, en el Cordón, y que acabó con un "escrache" y una "besuqueada" masiva en la puerta del lugar.

El segundo ocurrió en el pub Tres Perros. Fue el 21 de mayo de 2011, antes de la medianoche. El pastor Fernando Frontán participaba del cumpleaños de una amiga junto a otras 20 personas. A la media hora, un guardia de seguridad lo increpó: "Debe sacarse la caravanita o abandonar el lugar". Frontán, un reconocido activista por los derechos de las personas homosexuales, le exigió los motivos. Y la respuesta fue: "Política de la casa". Acto seguido se retiró y comenzó una serie de denuncias que llegaron hasta la Justicia penal y determinaron la sanción para el dueño del boliche. Más tarde, sucedió la "discriminación por temas de edad".

El boliche El Norte, en Cordón, prohibió la entrada a mayores de 35 años. Ahora se hace hincapié en la vestimenta. Como las modas, el "derecho de admisión" también muta.

MIRADAS NOCTURNAS.


"Los problemas los ocasiona la gente mala".


José "Josacho" Sassón es dueño de boliches desde 1984. Empezó en Graffiti y hoy maneja la marca W Lounge, que tiene 12 establecimientos en el país. En todos estos años comprobó que "los ambientes de cada lugar ya determinan el tipo de público que concurre". Para el empresario, el caso actual más evidente es la movida de música electrónica, en la que "difícilmente uno encuentre los llamados planchas". Pero lo que "hoy está dominando el mercado es la cumbia, la que atrae a una variedad de personas". Sassón es contrario a aplicar el derecho de admisión por razones de vestimenta. A su entender, "los problemas los ocasiona la gente mala, no importa si es cheta o plancha". Por eso cree que "los criterios de la matiné de Carrasco son una ridiculez". Eso sí, defiende que cada local tenga su derecho a "preservar la atmósfera". Y como ejemplo de que el problema cruza fronteras, cita la clausura esta semana de un boliche en Córdoba, Argentina, porque prohibieron la entrada a una joven en silla de ruedas.

"Uno sabe que no tiene ese derecho".


Javier Fornaro tiene la típica impronta de los patovicas. Es robusto, de brazos gruesos con tatuajes, usa la barba con estilo de candado y cuando está serio aparenta tener pocos amigos. Fornaro es uno de los guardias con más experiencia en el país. Fue custodia de la Selección Nacional, de Peñarol y de varios artistas internacionales. Hace más de 20 años, cuando fue encargado de seguridad del boliche Petrus, en Punta Gorda, debió aplicar el "derecho de admisión" a un joven que siempre llegaba armado. Era el célebre Pablo Goncálvez. "Siempre hay un criterio de seguridad real", dice el Gitano, como lo conocen en el ambiente. "Si ves a una persona que está muy borracha y que puede ocasionar problemas, tratás de evitarlo". Pero uno sabe que no tiene ese derecho de admisión, No hay ley ninguna que te ampare". Fornaro, al igual que varios de su generación, "casi" no realiza puerta en boliches, porque es un "trabajo desgastante". Aun así, reconoce que "hay veces que es difícil controlar lo que hace un guardia y, por aburrimiento o por querer marcar un poder, terminan agravando los problemas".

SABER MÁS

La cruz: admisión gana terreno en el fútbol.


"Vengo de la cabeza/ soy de una banda descontrolada/hoy no me cabe nada/vas a correr porque sos cagón". Al estilo cántico de barrabrava comienza la canción La Violencia de Agarrate Catalina. Por este videoclip la murga recibió un premio Graffiti y realzó su popularidad en Argentina. Es que si hay un problema común entre Uruguay y su vecino, en los últimos años, es la violencia en el deporte. Algunos expertos atribuyen el problema a la influencia de las "barras" porteñas (son clubes de Buenos Aires). Aquí y allá se han buscado todo tipo de soluciones. Y la aplicación del derecho de admisión suena con fuerza.

Cuando Danubio visitó a Juventud de Las Piedras en agosto para dar comienzo el campeonato uruguayo 2015-2016, expulsó del estadio a Raúl "El Ratón" Píriz. El exjefe de seguridad de La Franja había protagonizado dos meses antes un encontronazo con el entonces entrenador Leonardo Ramos.

"El Ratón", quien tuvo que renunciar al cargo en el club pero no dejó de ser hincha, estuvo presente en el primer partido del campeonato, en el estadio Artigas, de Las Piedras. A la media hora de haber comenzado el partido, dirigentes de Danubio denunciaron que el exjefe de seguridad no paraba de insultar. Los policías, a pedido de los organizadores, procedieron a aplicar el derecho de admisión. Entraron a la tribuna y lo "invitaron a retirarse". Píriz obedeció.

Fue el primer caso de un hincha señalado directamente que debió dejar la tribuna. Ya hubo otros casos de prohibición a entrar a espectáculos públicos, como ocurrió con siete hinchas de Peñarol que fueron expulsados en grupo.

La defensora del vecino de Montevideo, Ana Agostino, admite que en este caso "hay una razón de seguridad que puede justificar la acción", pero entiende que "habría que buscar otro nombre en lugar de derecho de admisión para no seguir agrandando el concepto".

A principios de agosto, el senador Luis Lacalle Pou y tres diputados de su sector, presentaron un proyecto de ley que avala el derecho de admisión en los estadios. La Asociación Uruguaya de Fútbol también incluyó dentro de sus medidas para mejorar la seguridad la posibilidad de prohibir el ingreso a personas concretas. En su momento, los dirigentes de AUF aclararon que la norma dabía ser aplicada "con cuidado, para no recaer en la discriminación".

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