Del milagro a la picota

Enseñar en medio de la polémica

Los liceos gratuitos de gestión privada están acostumbrados a ser parte de un debate público, pero este año fue especialmente duro para ellos. En algunos casos motivó discusiones internas sobre el valor de los indicadores.

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Alumno del liceo Providencia el viernes pasado, durante su fiesta de fin de año.

En ocasiones, los alumnos quedaron en medio de una polémica que no terminaron de entender, y en otras la controversia no afectó puertas adentro. La conclusión, en general, es la misma: mejor no compararse con la educación pública.

Ayer vi con mi mamá en la tele algo del Jubilar. ¿Qué pasó? Escuché que hay paro y mencionaron al liceo. ¿El paro es acá?". Preguntas del estilo empezaron a circular en el liceo Jubilar, de alumnos a profesores, a mediados de abril. El gremio de docentes Fenapes estaba delineando su plataforma de reclamos de cara al presupuesto nacional, y en la lista provisoria mencionaba, además del salario, a "las instituciones como el Jubilar". La molestia sindical venía de años atrás. El tema había sido discutido en asambleas y su posición contraria ya había sido expresada antes.

En abril fue Fenapes, pero en marzo había sido la directora de Secundaria, Celsa Puente, diciendo que le preocupaban los liceos gratuitos de gestión privada, y la ministra María Julia Muñoz también criticando la "innegable selección de estudiantes" en esas instituciones. Más tarde se sumó el MPP, con la senadora Ivonne Passada como principal exponente, pidiendo restringir los beneficios fiscales a las empresas donantes. Passada argumentó en una columna de opinión que en 2014 cuatro liceos de gestión privada habían recibido 10 veces más donaciones que toda la ANEP.

En medio de la polémica, que en 2015 fue más encendida que otros años, Pablo Bartol, director del centro educativo Los Pinos, se sentó lápiz en mano a diseñar su propuesta de ciclo básico tecnológico. "¿Cómo son los proyectos a los que les están dando palo? —se preguntó— Tenemos que ser distintos, porque si no, nos van a meter en la misma bolsa. Así que en casi todo elegí ser distinto", cuenta Bartol.

En Los Pinos decidieron enmarcarse en UTU en vez de en Secundaria; en parte porque era lo que pedían los padres, pero también para diferenciarse del Jubilar, el Impulso y el Providencia (en Montevideo), y el Francisco (en Paysandú). Optaron por no ser gratuitos (cobrarán una cuota que representa el 30% del costo real), por no hacer sorteo para seleccionar a los estudiantes (eligen a los que ya participan de otras propuestas de la institución), y por organizarse en "proyectos" en vez de por asignaturas. Todo eso, dice Bartol, "para evitar el palo".

"Porque el palo conspira. Todo proyecto educativo necesita un clima de tranquilidad y estar fuera del conflicto. Los padres lo escuchan en la tele, en la radio, van a trabajar y se los dice un compañero de trabajo. No es bueno. No es bueno que se sientan parte de un tema de discusión pública, de un tema de debate. La gente tiene que estar enfocada en aprender, en desarrollarse, en crear un proyecto de vida personal. Todo lo otro conspira y cambia la perspectiva de a qué venimos y por qué estamos acá. Sentirse víctimas de un ataque también les viene mal. Se empiezan a generar bandos: Ellos contra nosotros; la sensación de estar luchando. Tranquilo, no estás luchando contra nada, te estás educando", plantea.

Aunque Los Pinos no tiene aún la propuesta en funcionamiento —comienza en marzo—, Bartol, que hace 18 años trabaja en Casavalle, dice haber visto de cerca el impacto de la polémica en los liceos vecinos, Impulso y Jubilar. Y considera que, en cierta medida, la confrontación surge "por hacer demasiada alharaca" con los resultados. "Se los he dicho a todos. No jodan más con repetición cero, con el somos unos genios porque no tenemos deserción. Lo único que hacés con eso es apilar gente del otro lado. Por tener esa prédica, gente que no se juntaría en contra de ti, se junta y empieza a gritar, vos contestás, y ahí empieza el lío. Y lo único que hacés es distorsionar la realidad. La realidad no es combativa, no es de buenos y malos".

Es posible que el pensamiento de Bartol haya permeado. En todos los casos pidieron que el artículo no confrontara con la educación pública. En el Jubilar, además, prefirieron no informar las cifras de repetición y deserción de este año.

"Nosotros no trabajamos para los indicadores; trabajamos para formar personas, gurises que sean transformadores de su realidad, que puedan soñar con cosas que si no hubieran entrado al Jubilar, no habrían podido soñar porque ni se les habría pasado por la cabeza. No nos interesa polemizar con los números", dice Inés Gil, encargada de la pastoral y vocera del Jubilar, un proyecto que la Arquidiócesis de Montevideo inició hace 13 años, cuando en Casavalle había 25 escuelas pero ni un liceo habilitado.

Gil reconoce que el debate público llegó a la institución y fue comentario entre los alumnos, aunque "no generó mayores alteraciones". "Ante todo, siempre tratamos de transmitirles tranquilidad a los chiquilines y a las familias de que vamos a seguir trabajando. Como el Jubilar no participó de la discusión, y como no vino alguien directo a hacer un planteamiento acá, sino que siempre fue a través de los medios, al que le quepa el sayo, que se lo ponga. Si sale alguien a hablar del Jubilar, que nunca pisó el Jubilar, que nunca habló con nosotros, que dice cosas que no son ciertas…".

En el liceo Impulso la mirada sobre el debate es distinta. Ellos sí informan sus resultados a la opinión pública porque lo entienden como una medida de "transparencia". De hecho, en la fiesta de fin de año que se realizó el lunes exhibieron en banners los siguientes datos: 96% de retención en el liceo, 3% de repetición y 2% de deserción del sistema educativo. También destacaron que en estos tres años de existencia llegaron a los 260 días de clase al año promedio (237 días de clase curriculares, más los días de liceo de verano y los de acompañamiento en el estudio).

"Este fue un año más, de alegría, de crecimiento. Ahora tenemos 300 alumnos, el año que viene 400. Vamos a ser el primer cuarto año de todo Casavalle", dice el presidente de la Fundación Impulso, Nicolás Herrera. Sobre el debate público, dice: "No somos parte de la discusión. Que hablen de nosotros puede ser, pero no salimos a confrontar con el sistema político de ningún color".

Herrera admite que 2015 fue un año especialmente duro en ese sentido, pero asegura que la polémica "no entra al liceo" y "no llega a afectar a los chiquilines". "Creo que ni se enteran, no saben. Son cuestiones totalmente políticas. Nosotros hacemos nuestro trabajo para que lo vea, lo audite, lo analice quien quiera. Creemos que estamos haciendo un aporte. No queremos ser peores ni mejores que nadie. Queremos demostrar que con este modelo podemos hacer una diferencia y darles a los chiquilines una mejor oportunidad", alega.

El liceo Impulso es una iniciativa de un grupo de amigos profesionales sin vínculo con la educación, entre ellos el propio Herrera (socio principal del estudio Guyer y Regules), el economista Ernesto Talvi, y otros como Elbio Strauch y Horacio Hughes. Nace con el objetivo de "eliminar la brecha de aprendizaje que existe entre alumnos de contexto crítico y alumnos con mayores oportunidades". En ese sentido, Herrera enfatiza que su referencia, su punto de comparación en todo caso, son "los mejores liceos, los de más alto nivel" (y no la educación pública).

En el Providencia, en tanto, ven que la polémica de este año "ha sido una buena oportunidad para dialogar e invitar a conocer lo que se vive cotidianamente" en el liceo, dice Laura Voituret, la encargada de desarrollo institucional. "Y por otro lado, nos ha servido para mirar hacia adentro y poner en su justa medida los logros obtenidos, que no se dan por tener un modelo diferente, sino gracias a los esfuerzos de familias, chiquilines y educadores concretos, buscando responder a las necesidades y características de cada uno de los alumnos".

Voituret informó vía mail que la repetición este año fue de 1,7% (dos alumnos) y la deserción fue de 2,5% (tres alumnos). Agregó que hubo 192 días de clases (sin contar los días de acompañamiento para pruebas y exámenes) y 92% de asistencia.

Ni magia ni milagro.

Algunos de estos liceos tienen ciertos requisitos de ingreso. En todos los casos se pide vivir en la zona. En el Jubilar y en el Impulso se exige, además, pertencer a una familia que esté por debajo de la línea de pobreza y no tener más de 14 años para entrar en 1°.

Este asunto es de los que más urticaria genera en parte de la sociedad. Hay quienes sostienen que los liceos son "selectivos" y que excluyen a los más rezagados. En realidad, en los liceos públicos también hay un límite para cursar 1°: los 15 años, un año más que en Jubilar e Impulso. Pasada esa edad, Secundaria tiene propuestas "extraedad".

Gil, del Jubilar, explica que el liceo no pone énfasis en el fracaso educativo, sino en la edad. "Esto es por un tema meramente del desarrollo y del acompañamiento. Las necesidades de un gurí de 16 son muy distintas de las de uno de 11. No es ah, los eligen porque son buenos estudiantes. Si vieras los resultados de las pruebas cuando llegan… Tenemos chiquilines que ingresan a 1° de liceo y tienen hasta cuatro años descendido el aprendizaje. Tienen 11 o 12 y leen como si tuvieran ocho".

En los demás liceos viven situaciones parecidas. "Llegan muy, muy, muy mal. Con pruebas internas vemos que llegan con promedio de 4° de primaria", dice Herrera, de Impulso. En el Providencia también refieren a "niveles de lectura muy descendidos" en los adolescentes de la zona, y en ese sentido encuentran necesario fortalecer la educación preescolar y "apuntalar los aprendizajes en el sistema primario, el cual en muchos casos hace mucho más de lo que puede con los recursos con los que cuenta".

Así, buena parte del trabajo del primer año, e incluso del segundo, se va en intentar nivelarlos. Por lo general empiezan las clases en febrero. En el Jubilar, por ejemplo, cuentan con distintos apoyos para sostener los procesos de los alumnos. En el espacio psicológico integrado (EPI) los atiende un grupo integrado por una psicopedagoga, una maestra especializada, una fonoaudióloga, cuatro profesores y dos tutores. Con los alumnos de primero se trabaja dos horas semanales. Los chicos con dificultades específicas tienen una o dos veces por semana un sistema de acompañamiento llamado Focus, donde trabajan a partir de juegos. Además, cuentan con tutores que apoyan las tareas que mandan los profesores.

"Se logra, pero cuesta horrores. Esto no es soplar y hacer botellas. Estos son procesos de horas, horas y horas. Les pedimos disponibilidad de 8 a 18. Hay chiquilines que todas las tardes tienen algún tipo de apoyo. Se labura, se labura. Y ellos llegan a diciembre muertos", dice Gil. Pero insiste con que no hay "magia" ni milagro alguno.

Los resultados, por lo general, les conforman. La repetición se da solamente después de un acompañamiento intenso al alumno y la familia. Si no les interesa la propuesta, terminan pidiendo pase a otros liceos (que ahora sí hay en la zona). Este año hubo un pase por conducta y dos que llegaron a terminar el año pero ya no quieren seguir en el Jubilar.

En el Providencia destacan como "logros" de este año el haber podido ofrecer nueve talleres (de tecnología, periodismo, catequesis, huerta, entre otros), y decenas de actividades realizadas de las que participaron alumnos, familiares y docentes.

Sin embargo, reconocen la dificultad que han tenido en estos dos años de existencia, "por factores intrínsecos", para "trabajar sobre la motivación de un núcleo duro de chiquilines que ya arrancan el año con serias dudas sobre su continuidad". Voituret entiende que muchas de esas situaciones "requieren diseñar respuestas a medida", y en ese sentido asegura que están "aprendiendo mucho".

En definitiva, los niveles de repetición (30%) y abandono (3% en promedio) de ciclo básico en los liceos públicos, no son del todo comparables con los resultados de los liceos gratuitos de gestión privada. Porque allí hay cierta selección del alumnado, pero sobre todo porque tienen otro grado de conocimiento y acompañamiento de los estudiantes.

Nuevas iniciativas.

El próximo año comienzan tres nuevas iniciativas de gestión privada para población de contextos críticos: Los Pinos, Espigas y Ánima.

Los Pinos abre una opción de ciclo básico tecnológico (bajo supervisión de UTU), dirigido sobre todo a los niños y adolescentes beneficiarios del apoyo escolar que da ese centro en convenio con INAU. "Lo nuestro surge por iniciativa de los padres, quejándose de que la UTU de la zona, de Domingo Arena, está desbordada y algunos llegan a hacer tres días de cola para poder anotar a sus hijos. Nos dicen ustedes tienen edificios, tienen todo. Nos piden que atendamos este problema que tiene el barrio", cuenta Bartol.

Este año tendrán 25 cupos que ya están cubiertos. Cobrarán 3.600 pesos por mes y el 30% gozará de una beca. Bartol comenta que para ellos fue una sorpresa que hubiera tantos padres dispuestos a pagar ese precio. "Es gente que no encuentra otras opciones en el barrio que se adapten a lo que quieren para sus hijos", intenta explicar.

Otra de las propuestas es crear un ciclo básico gratuito en Puntas de Manga. La dirección del centro estará a cargo de la Fundación Retoño, cuya presidenta, Nina von Maltzahn, nació en Estados Unidos y se mudó a Uruguay en 1970. Ya tiene a sus primeros 75 alumnos inscriptos (elegidos por sorteo, de entre niños de escuelas de la zona).

Según explicó Von Maltzahn a El País hace unos meses, un diferencial del liceo Espigas es que la preparación de los alumnos que cursarán 1° a partir de marzo de 2016 ya arrancó en marzo pasado. El plan, llamado proyecto Simiente, es nivelar sus conocimientos para que cuando comiencen ciclo básico estén preparados académicamente, pero también acostumbrados a un régimen de asignaturas.

El otro proyecto que se suma es Ánima, un bachillerato tecnológico. Surge "para articular las necesidades de jóvenes de nivel desfavorable con una necesidad del mercado de contar con recursos humanos comprometidos y calificados", cuenta Ximena Sommer, directora de Ánima. Tendrá tres grupos de 25 alumnos: dos tecnológicos y uno de administración. Los requisitos para inscribirse eran no tener más de 18 años en abril de 2016 (admiten tres años de rezago), no arrastrar más de tres materias previas, y pertenecer a un nivel socioeconómico vulnerable.

Lo particular de Ánima es que estará ubicado en el Centro (en el local de Conventuales) y no en un barrio de contexto crítico. A su vez, aplicarán un método alemán de formación dual por el cual combinarán teoría con práctica laboral en empresas asociadas. "Para nosotros, la formación dual tiene un componente de integración social por la generación de nuevas redes de socialización. El efecto se llama cambiar el lugar en la fila", explica Sommer. "No vamos a conseguir nuevos empleos, pero sí vamos a potenciar que jóvenes que no tenían la oportunidad de llegar, sí la tengan".

Medirán impacto de tres liceos a tres años.

En los tres liceos consultados —Jubilar, Impulso y Providencia—, se excusaron de no contar con indicadores precisos y actuales sobre el nivel académico que logran. En realidad, todos están involucrados en un proyecto de estudio global, dirigido por especialistas en educación uruguayas, pero financiado por un organismo internacional que pidieron no mencionar. El estudio contiene varias aristas —no abarca solamente lo cuantitativo— y su objetivo es medir el impacto de estos tres liceos gratuitos de gestión privada en un lapso de tres años. La investigación recién se inició.

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