Elecciones en Argentina 

¿Por qué las encuestas fallaron y cómo fue que el kirchnerismo logró ponerse de pie?

Alberto Fernández, el elegido “K”, se impuso por un margen inesperado al presidente Mauricio Macri, y desató así un torbellino político y económico. ¿Por qué los sondeos fueron tan erráticos? ¿Cuál fue la estrategia de Cristina Fernández? ¿Cómo es que el peronismo siempre logra resucitar?

Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner
Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner (Fuente: AFP). 

Alberto Fernández prefirió callar. El pasado domingo, poco después de que cerraran las mesas de votación, las encuestadoras que trabajan para él le dijeron el resultado de la boca de urna: había sacado una ventaja impensada. A medida que pasaban las horas y el presidente Mauricio Macri seguía manteniendo el silencio, sus asesores le aconsejaron salir a los medios a dar los números que ellos manejaban. Él se negó. Adujo que mejor esperar los datos oficiales, que no había necesidad de cometer errores. Es que, en algún punto, ni el candidato de la alianza peronista que está a medio paso de convertirse en el nuevo presidente de los argentinos, podía creer lo que había sucedido. ¿Cómo las encuestadoras podían haberle errado por tanto?

Pasadas las 22 horas los periodistas de los canales de televisión argentinos empezaban a perder la paciencia. Hablaban de “vergüenza”, “papelón” y “falta de respeto”. Y advertían que el nuevo peronismo (formado por kirchneristas y peronistas independientes que antes habían sido kirchneristas y ahora dicen que no lo son, aunque apoyan que Cristina Fernández de Kirchner se convierta en la próxima vicepresidenta) había ganado por una ventaja muy superior a la que marcaban los sondeos, que advertían una diferencia de 5% algunos, mientras que otros se atrevían a hablar de empate técnico.

Sobre las 22:05 el canal Crónica rompía los ojos de sus televidentes con una gigantesca placa, con mayúsculas letras blancas en fondo rojo, que decía que la ventaja era de entre 15 y 18 puntos.

A las 22:10, Macri se apersonó en el escenario del búnker de Juntos por el Cambio, su fuerza política que hasta 2015 fue el Pro y luego pasó a llamarse Cambiemos —los nombres de los partidos políticos poco importan en Argentina—. Lo hizo franqueado por su candidato a vicepresidente, el peronista Miguel Ángel Pichetto, y la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal. Recibió unos escuetos aplausos y a las 22:11 empezó a hablar.

Pálido y visiblemente apesadumbrado, confirmó lo que los periodistas decían. “Hemos tenido una mala elección, mala elección, mala elección, hoy hemos tenido una mala elección”, repitió cuatro veces. Así reconoció la primera de sus derrotas. Terminó de hablar a las 22:16, despidiéndose con un “a dormir y a empezar a trabajar desde mañana en la mañana”.
Todavía no se sabía nada de los números oficiales.

A las 22:25 Luciana Salazar —sí, la vedette sobrina de Palito Ortega— escribió en Twitter: “Me acaban de pasar 47/32 FF (por la fórmula Fernández - Fernández), 49/33 Kici (por el exministro de economía K, Axel Kicillof, quien se impuso ante Vidal en la provincia de Buenos Aires)”.
Y a las 22:29 el gobierno reportó las mismas cifras que Salazar como los resultados primarios de los comicios. Más tarde, ya con el 100% de los votos escrutados, se supo que la fórmula Fernández obtuvo 47,66%, contra 32,08% de Macri. Kicillof logró el 49,34% frente al 32,57% de Vidal.

Con estas cifras el nuevo kirchnerismo se impondría en primera vuelta en las elecciones que se celebran el último domingo de octubre —el mismo día que en Uruguay—. El sistema electoral en la vecina orilla es distinto al de acá, donde se necesita el 50% de los votos más uno para ganar en primera vuelta; allí, si se pasa el 45% o si se obtiene una diferencia mayor a 10 puntos con respecto al segundo, ya se gana. Los Fernández consiguieron las dos cosas.

Las elecciones que se celebraron en Argentina el domingo, las llamadas PASO, son primarias, o sea, lo mismo que las internas acá; pero al no haber una competencia entre candidatos dentro de los partidos el evento se convirtió en una suerte de encuesta de lujo, donde la muestra fue de más del 75% del electorado y el costo ascendió a más de 4.000 millones de pesos argentinos, según dijo el gobierno previo a la contienda (lo que hasta el domingo fueron unos US$ 100 millones y desde el lunes, luego de la catastrófica devaluación, unos US$ 65 millones).

“La Argentina es un país bastante delirante, donde una elección que salió carísima fue para nada. Ganó alguien que en realidad no ganó; y perdió alguien que en realidad no perdió. Si Macri hoy se quiere ir del poder, no puede hacer un traspaso a Alberto Fernández. Aunque la gran mayoría votó en ese sentido”, señala el periodista argentino Nicolás Wiñazki.
Se supone que las PASO son obligatorias, pero no existen sanciones de peso para quienes no vayan a votar: apenas tienen que pagar $ 50 (US$ 1,2 antes de la elección, y más o menos US$ 0,8 ahora).

Dólar, Argentina
El dólar subió más de un 30% en Argentina (Foto: AFP).

¿Por qué le erraron?

Después de una elección las encuestadoras suelen tomarse un descanso, pero en Argentina no fue así. Mientras el dólar trepaba casi hasta las nubes, Macri apuntaba contra los votantes un día y pedía disculpas otro, Fernández le pedía al presidente no dilapidar las reservas, los programas de televisión anunciaban posibles cambios ministeriales que ayer tuvieron la primera concreción en el Ministerio de Hacienda, y especuladores advertían que el mandatario no llegaría al 10 de diciembre —día en que según la Constitución debe entregar la banda presidencial—, las empresas de medición se dedicaban a descubrir en qué habían fallado.

El analista político argentino Rosendo Fraga sostiene que el problema está en creer que “en el mundo occidental se pueden pronosticar elecciones, cuando en realidad esto no es posible”.

“Hace 10 años no teníamos neurociencias para la política, tampoco inteligencia artificial con sus algoritmos, ni el Big Data. Sin embargo, el votante es más impredecible. Se ha hecho más independiente y cambiante”, agrega.

“Este es un resultado que sorprendió tanto a Macri como a Fernández. Macri pensó que la diferencia era de más o menos dos puntos. Fernández pensó que ganaba, pero no por tantos votos. Es difícil entender cómo votan los argentinos, si es algo racional o emocional. Pasó esto porque el gobierno de Macri fue ineficiente en la economía y porque es un país que perdona la corrupción”, señala Wiñazki.

Sebastián Lopes Perera es el director de la consultora Marketing & Estadística, que trabaja para firmas privadas, como ser el Grupo De Narváez. Se dedica a hacer mediciones y proporcionárselas a sus clientes para que tengan una idea de cómo viene el panorama económico. En un país como Argentina, donde últimamente pasan de un torbellino a otro, no es raro que las empresas busquen a quienes puedan predecir el futuro.
“Somos una empresa fundamentalmente de investigación de mercado, aunque en los últimos 12 meses hayamos hecho sondeos políticos porque a nuestros clientes les interesaba ver cómo venía la situación”, señala Lopes Perera.

Marketing & Estadística le dio a Fernández 42 puntos y 36 a Macri. Y en la provincia de Buenos Aires, aventuró que Kicillof llegaría a un 49% y Vidal al 42%. “Funcionarios de Cambiemos nos pidieron que les presentáramos los datos antes de la elección; cuando les dijimos que Vidal perdía por ese margen nos miraron como si estuviéramos locos. Después la distancia fue mayor”, advierte.

La razón de esto tiene que ver, por un lado, con errores de ponderación de los datos arrojados por la encuesta, señala López Perera, y por otro con tres situaciones “inesperadas”. Primero, hubo un vuelco importante de los votantes que se decían indecisos para el lado de Alberto Fernández. Segundo, mientras el gobierno esperaba que Vidal pudiera traerle más votos a Macri en la provincia de Buenos Aires, lo que terminó pasando fue “que Macri arrastró a Vidal”. Por último, Sergio Massa (que estuvo con el kirchnerismo, se fue y se convirtió en un acérrimo crítico, y ahora volvió a ser parte de la alianza opositora con fuerte componente kirchnerista) logró quedarse con más votos de lo que se esperaba.

Hay algo en el procedimiento electoral de Argentina —que no existe en Uruguay— que se denomina “corte de boleta”. Las papeletas electorales tienen en cada provincia una parte del pliego con los candidatos a presidente y vicepresidente, y otro con los aspirantes a gobernador y vicegobernador. Se puede poner toda la paleta o cortarla y así combinar boletas de distintos partidos. En este caso, en particular en la provincia de Buenos Aires, lo que se esperaba era que hubiera un importante corte de boleta por parte de los votantes que quisieran sufragar por Vidal, pero no estuvieran dispuestos a renovarle la confianza a Macri.

“Cuando hicimos las encuestas la gente nos decía que iba a cortar la boleta, porque querían a Vidal, pero no querían a Macri. Pero esto pasó muy poco: lo negativo de Macri le terminó ganando a lo positivo de Vidal; no votaron por ninguno de los dos”, resume Lopes Perera.

En lo que respecta al importante aporte del massimo a la fórmula Fernández - Fernández, el director de Marketing & Estadística señala que “Massa, en general, es un candidato subestimado. Los datos arrojaban que el votante de Massa se podía inclinar más hacia Juntos por el Cambio, pero eso no pasó; los que lo votaron en 2015 lo volvieron a votar, o se volcaron por otro candidato que no es Macri”.

Hay un interesante ejercicio que se puede hacer en este sentido. En 2015, cuando los principales candidatos de las PASO en Argentina eran Daniel Scioli (por el kirchnerismo), Macri (por Cambiemos) y Massa (por Unidos por una Nueva Alternativa, una suerte de peronismo rebelde), el primero obtuvo 38% de los votos, el segundo 30% y el tercero 20%.

Si uno suma el 38% que ya tenía el kirchnerismo en 2015, más la mitad de los votos de Massa, el resultado es los casi 48 puntos que logró la fórmula Fernández – Fernández el domingo. “El otro 10% es el de Roberto Lavagna”, señala Lopes Prado. El sector de Lavagna, exministro de Economía en el primer gobierno de Néstor Kirchner, está fuertemente emparentado ideológicamente con Massa, y obtuvo el 8,2% de los votos.

Mauricio Macri habla en cadena nacional. Foto: AFP
Mauricio Macri anunció medidas el martes en cadena nacional (Foto: AFP).

Una historia de gobiernos truncos 

Desde que existe el peronismo, nunca un presidente no peronista entregó la banda el día que marca la ley. Siempre se fueron —los hicieron ir— antes.
Fernando de la Rúa (radical) dejó la Casa Rodada en un helicóptero el 20 de diciembre de 2001, a dos años y 10 días de asumir, azotado por una importante crisis económica, política y social. Después de una semana de asunciones y renuncias, el poder lo tomó Eduardo Duhalde, peronista, que tras un año y tres meses de transición, en mayo de 2003 le entregó la banda a Néstor Kirchner que sin problemas gobernó hasta el 10 de diciembre de 2007. Entonces asumió Cristina Fernández, que mantuvo el poder por dos períodos consecutivos hasta el 10 de diciembre de 2014, y que se fue sin asistir a la asunción de Mauricio Macri y, por ende, sin colocarle la banda presidencial.
Antes de De la Rúa, los otros presidentes no peronistas corrieron su misma suerte. Arturo Frondizi (1958-1962) y Arturo Umberto Illia (1963-1966), fueron desplazados por dictaduras militares. Raúl Alfonsín (1983-1989), también radical, y el primer presidente democrático tras siete años de sangriento gobierno de facto, azotado por una importante crisis económica decidió adelantar las elecciones y le puso la banda al peronista Carlos Menem el 8 de julio en vez del 10 de diciembre.
Para ser justos, es preciso decir que el peronismo tampoco pudo terminar todos sus gobiernos en tiempo y forma. El coronel Juan Domingo Perón asumió por primera vez la Presidencia en 1946, luego de ocupar desde 1944 el cargo de vicepresidente en el gobierno de facto de Edelmiro Julian Farrell. Fue reelegido y gobernó hasta 1955, cuando fue sustituido por otra dictadura.
El peronismo estuvo proscripto hasta 1955, cuando volvió al poder de la mano de Héctor Cámpora, quien renunció rápidamente para llamar a elección en las que Perón, que se mantenía en el exilio, pudiera presentarse. Ganó, asumió en 1973 y murió en 1974, asumiendo su viuda y vicepresidenta, Isabel Martínez, quien en 1976 fue desplazada por la dictadura de Jorge Rafael Videla.
Los ojos ahora están sobre el presidente Macri. ¿Llegará al 10 de diciembre?

Receta para ganar 

 Los números dan, entonces, pistas sobre los errores cometidos por el macrismo y las certezas del kirchnerismo. Quizá la primera gran torpeza del oficialismo estuvo en creer que el ala “K” estaba exterminada, que no podría crecer más allá de un núcleo duro ocupado por un tercio del electorado.

“El kirchnerismo nunca estuvo terminado. En 2015 perdió la segunda vuelta por sólo dos puntos. En 2017 —cuando se celebraron comicios parlamentarios—, Cristina perdió por solo dos puntos la elección en la provincia de Buenos Aires”, recuerda Fraga.

La estrategia del kirchnerismo para lograr sumar más votos fue bastante evidente: lanzarse a la captura de aquellas figuras que celebraron la victoria de Néstor Kirchner en 2003, pero que luego, ya sea por las interminables denuncias de corrupción, por el presunto autoritarismo de Cristina Fernández, por la falta de espacio para que se desarrollaran liderazgos más allá de aquellas figuras tocadas con la varita mágica “K”, por la cercanía con el gobierno venezolano, por la imposición del cepo bancario o por otras cuestiones, decidieron dar un paso al costado.

El mismo Alberto Fernández, que fue secretario de gabinete de Néstor, fue luego un acérrimo crítico de Cristina. “¿Era perversa la corrupción menemista y no es perversa esta corrupción revolucionaria?”, llegó a cuestionar en una entrevista. En otra señaló que “el peronismo fue neoliberal con (Carlos) Menem, fue conservador popular con (Eduardo) Duhalde, fue progresista con (Néstor) Kirchner y fue patético con Cristina; a esta altura debería definir qué quiere ser y a quién quiere representar”.

Sobre la figura de Alberto retoza un halo de duda: ¿será un títere de Cristina en caso de llegar al poder? “Cristina se dio cuenta de que con ella el peronismo no iba a renacer, entonces puso a Alberto Fernández, alguien que la había criticado muchísimo —explica Wiñazki—. En un hecho insólito ella, que iba por la vicepresidencia, fue la que anunció la fórmula: es un vicepresidente eligiendo a un presidente. Ella sabe moverse para retener el poder. Lo hizo en 2011, que se transformó, tras la muerte de Néstor, en una mujer moderada que estaba de luto; pero cuando asumió volvió a ser ella. Ahora prácticamente ni se muestra y habrá que ver qué pasa si Alberto gana”.

Lo mismo sucede con Massa, que se fue del kirchnerismo, fue candidato a presidente, juró y perjuró que volvería a presentarse en esta elección, pero luego decidió pasar a la alianza liderada por los Fernández, a cambio solo de ir primero en la lista de aspirantes a diputados. También pasó con Pino Solanas, peronista de la primera hora y cineasta, que allá por 2014 sostuvo que Cristina era “una impostora, una ignorante o una hipócrita”.

Para entender todo esto basta con recordar las frases de Juan Domingo Perón: “Nosotros no hemos conducido nunca el movimiento en una forma rígida y ajustada, lo hemos hecho con una gran amplitud, una gran ductilidad. Yo permito todo en el movimiento. No tenemos prejuicios de ninguna naturaleza, porque así tienen que ser los movimientos: tenemos hombres de extrema derecha y hombres de extrema izquierda (…) A este tipo de movimientos hay que dejarlos que se formen libremente”. 

Alberto Fernández y Axel Kicillof tras los resultados de las PASO. Foto: Reuters.
Alberto Fernández y Axel Kicillof tras los resultados de las PASO (Foto: Reuters).

¿Puede pasar lo mismo en Uruguay?

¿Puede pasar en Uruguay lo mismo que pasó en Argentina en las encuestas? Quizá no en esa magnitud, pero por supuesto que sí se pueden cometer errores. Para la primera vuelta de las elecciones de 2014, Equipos le daba 44% de los votos a Tabaré Vázquez y 33% a Luis Lacalle Pou, Cifra 43% y 32%, Factum 44% y 32%, Opción 46% y 32%, y Radar 44% y 30%, respectivamente. El resultado fue de 48% para el Frente Amplio y 31% para el Partido Nacional, lo que ya vaticinaba un claro triunfo oficialista en el balotaje.
Rafael Porzecanski, de la consultora Opción, la que más se acercó al resultado real en 2014, sostiene que “hay diferencias metodológicas muy importantes en los dos países, pero no quita que haya que tener una luz amarilla siempre prendida”.
“En Argentina muchas encuestadoras trabajan con telefonía fija, con un sistema que se llama IVR, que es automatizado, sin presencia de encuestador, y que tiene mucho rechazo. No llega a todo el mundo porque no son muchas las familias que tienen teléfono fijo”, explica. Y agrega que “nunca hubo en Uruguay un error tan grande como el que hubo en Argentina”.
En tanto, Alain Mizrahi, de Radar, advierte que el caso argentino no es visto en Uruguay como un problema. “No creo que haya que tomar ningún recaudo mayor. No más de lo que puede pasar después de unas elecciones en Chile o Azerbaiyán”, declara.
Desde el Partido Nacional, Roberto Lafluf, publicista del equipo de Luis Lacalle Pou, advierte que quizá no haya que tomar los números que dan las encuestas como verdades develadas. “Teniendo en cuenta lo que pasó, quizás habría que ser más cautos a la hora de asegurar que los pronósticos son datos firmes. El problema más grande es que lo que se ve de las encuestas es la intención de voto, cuando para cualquier analista los datos valiosos no son la punta del iceberg, sino lo que no se ve debajo de la línea de flotación”, señala.
Desde el equipo de prensa del colorado Ernesto Talvi, en tanto, advierten que la situación argentina no debería ser extrapolada a Uruguay: “Si bien el sector de las encuestas está cuestionado a nivel internacional por las diferencias entre lo que han arrojado y los resultados de elecciones como el Brexit, el triunfo de Trump y lo de las PASO en Argentina, no nos parece que este último caso impacte directamente aquí”.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)