MIRADAS ENCONTRADAS SOBRE LA EDUCACIÓN SEXUAL

La diversidad en disputa

El colectivo Ovejas Negras reclama que se “eduque en diversidad”. La Iglesia Católica advierte que hay grupos que quieren “promocionar” un modelo gay-lésbico. La ANEP insiste en que el programa de educación sexual es plural y dejó en el olvido una polémica guía que debía analizar. Y los estudiantes quedan sujetos a los criterios del profesor de turno.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"La educación sexual pasa por biológico y no por la diversidad". Foto: F. Flores

Viernes poco antes de las 20 horas en la Marcha de la Diversidad. Suena Village People y el público comienza a bailar. La avenida 18 de Julio luce con los colores del arcoíris. Todo parece jolgorio salvo el tramo final de la manifestación. Un carro lleva el rostro de José Pedro Varela y los principios de la escuela pública. A un costado caminan activistas LGBT que visten túnicas de docente. Son días de conflicto en la educación y en su andar parecen ir masticando cierta bronca. Lo suyo es reclamo más que fiesta. Exigen que se "eduque en diversidad".

Sábado al mediodía en la Facultad de Teología. Unas maestras pasan de mano en mano el nuevo material de educación sexual que propone la organización Avista, dedicada a proveer materiales educativos, y la Conferencia Episcopal. Reconocen que la Iglesia Católica mantuvo un "discurso hegemónico" durante muchos años y que ahora enfrenta la palabra de quienes se sintieron "oprimidos". Pero alertan que "el respeto no debe confundirse con la promoción".

Mientras el Mides, la ANEP, asociaciones religiosas y distintos grupos LGBT discuten, negocian y no avanzan en una política unificada de educación sexual para la población, miles de estudiantes reciben mensajes confusos y contradictorios sobre sexualidad, dependiendo del profesor y el centro educativo. A veces parece una pelea dialéctica al estilo Nacional-Peñarol: unos se mofan de la postura de los otros por "conservadora" y "recalcitrante", y los otros contraatacan diciendo que son "promiscuos" e "irresponsables".

Hace un año el Mides y la red de género de ANEP presentaron la polémica guía de diversidad sexual que redactó el colectivo Ovejas Negras. En febrero el Codicen decidió frenar su distribución —por más que el texto está disponible en Internet— y quedó a estudio de una comisión especial. Hasta la fecha "jamás fuimos convocados para evaluar esa guía", asegura la docente Yannine Benítez, quien iba a representar a Secundaria en esa comisión.

Lo que rige hoy en Uruguay es el Programa de Educación Sexual (PES) que desembarcó en las aulas en 2008. Este mes, siete años después de su implementación, las autoridades iniciaron una evaluación cuyos resultados preliminares se conocerán en diciembre. El PES tiene su aplicación en todos los subsistemas de enseñanza pública. Está presente en la escuela como un eje transversal a diferentes asignaturas, desde Historia, pasando por Biología hasta Educación Física. En el liceo hay un referente asignado en cada centro por 10 horas semanales. En UTU es una materia del ciclo básico. Y en formación docente son talleres de capacitación.

Todo instituto habilitado por el Ministerio de Educación debe impartir el programa, pero, como ocurre en este tipo de polémicas, el enfoque queda sujeto a los principios de cada centro educativo, explica Patricia Píriz, responsable del programa en Primaria. "Uno ya sabe que si su hijo va a un colegio católico recibirá una formación acorde a esa institución".

Desde el punto de vista de las autoridades, la educación en diversidad ya es parte del programa y rige para todos los institutos, religiosos o no. "Significa comprender que todos somos distintos", señala Píriz. "Diversidad no es sólo la orientación sexual, sino ser más cheto o más plancha, más gordo o más flaco, el color de la piel…". Entonces, ¿cuál es el reclamo del colectivo LGBT?

"Una cosa es que sea parte del programa y otra es que esté aceptado culturalmente", dice José Ramallo, docente de Sociología y uno de los redactores de la guía censurada. "La educación sexual pasa, por lo general, por lo biológico, por conocer el cuerpo y no por la diversidad. Los profesores no saben, muchas veces, cómo manejar la situación de un chico que se está reconociendo como trans. Incluso más: los profesores siempre hablamos de nuestras vidas y de nuestras familias, pero hasta ahora el docente homosexual no maneja el tema con la misma naturalidad que el heterosexual. Si voy al supermercado con mi compañero no tengo por qué esconderme. En resumen, al faltar referentes, los gurises no tienen a quién mirar y quedan solos".

Hay más reclamos. Damián Díaz, maestro en la escuela 65 de Ciudad Vieja, cuenta que "hay prejuicios que están instalados en los aspectos administrativos". "Siempre se pide la firma de un padre, madre o tutor", ejemplifica. Sin embargo, dice, "el concepto de familia cambió". Y cita otro ejemplo: "Los baños están divididos entre hombres y mujeres: ¿cómo reacciona un chico trans? ¿Cómo se siente?".

Esta postura —planteada en la guía— no reunió consenso suficiente. No sólo porque "los baños públicos podrían generar otro tipo de tentaciones", señala Liliana Oliveri, psicóloga argentina que asesora a la Conferencia Episcopal, sino porque "hay una promoción y exageración" de determinadas opciones. En concreto: "Cuando en el aula empiezo a fomentar que podés elegir lo que quieras ser, que podés divertirte con el sexo y no vas a tener consecuencias porque hay métodos anticonceptivos que te protegen, se está faltando a la verdad. Siempre las relaciones sexuales tienen consecuencias".

Para Oliveri, educar en la diversidad significa la aceptación de que "todas las personas somos únicas, irrepetibles y libres". Y aclara: "Educar en la diversidad jamás puede ser una promoción gay-lésbica". La psicóloga argentina —que es católica— entiende que la reacción del colectivo LGBT responde a que "durante muchos años se sintieron oprimidos y la culpa, en parte, es de la Iglesia".

En este sentido, la especialista insiste que en Uruguay hay un "bajo desarrollo de la educación sexual" y que falta introducir otros temas. Por eso redactó, junto a otros profesionales, la serie de libros "Aprender a amar", que ya utilizan 10 colegios católicos del país. Propone abordar desde el preescolar "la protección ante el abuso, que los niños sepan que el cuerpo es suyo y que nadie tiene derecho a tocarlo o verlo si ellos no quieren". En el texto de primero de escuela, acompañado de la imagen de una luz roja en señal de alarma, dice: "Si un adulto toca o mira las partes íntimas de tu cuerpo, o te hace algo que te daña o te hace sentir incómodo y te pide que guardes el secreto, no dudes en contarlo a personas de confianza".

En edades más avanzadas, como cuando hombres y mujeres se desarrollan, el programa que impulsa Oliveri plantea contarle al varón que va a tener sueños húmedos, eyaculaciones, y que biológicamente ya puede ser padre. "Siempre se les habla a las niñas y al varón lo dejamos muy solo, sin explicarle nada", insiste la psicóloga.

En el terreno.

"Si no hay sexualidad quemamos todo/ tenemos derecho a saber lo que somos/ Un docente más/ no es mucho que pagar/ Él nos va a enseñar educación sexual". Unos alumnos del liceo Yavne (judío religioso) decidieron expresarse de este modo en el taller de educación sexual. Fue luego de que la profesora Ángela dividiera la clase en grupos y les asignara a cada uno la tarea de inventar un cántico y una proclama reclamando por sus derechos. A unos les tocó ser adultos mayores, a otros ser mujeres y a quienes crearon esta canción, adolescentes. Sin que nadie les bajara línea, los estudiantes optaron por esta particular manifestación. "Que sea un colegio religioso no implica una limitación para abordar este tipo de temáticas", dice el director del liceo, Carlos Disevo. "Además del programa de Biología, desde primero de liceo hay un taller de una hora semanal que funciona como una asignatura más" (sin calificación). Solo una vez un padre (de un colegio religioso) pidió una explicación a la dirección porque en un juego de roles su hijo se había disfrazado de mujer. "Fue en buenos términos y le comentamos que era parte de una consigna libre, sin ninguna imposición", recuerda.

El hoy director Disevo empezó a dar clases de Biología en 1998 en el colegio Erwy School. "Por aquel entonces el programa te limitaba a dar los métodos anticonceptivos separando a hombres de mujeres". Cuando se hablaba sobre lactancia, por ejemplo, los hombres no participaban. "Eso cambió y los medios masivos pusieron la realidad frente a los ojos".

Tanto es así que hoy en los liceos públicos (y varios privados siguen el ejemplo) hay un docente referente de educación sexual. Son profesores de cualquier asignatura de Secundaria, aunque el 65% son de Biología, que a la vez tuvieron una capacitación sobre sexualidad. Deben cumplir 10 horas por semana. Planifican cómo los otros docentes (aquellos que no son referentes) abordarán la temática de educación sexual en sus clases, tienen encuentros con los padres y con los alumnos. Dependiendo del contexto en que se encuentre el instituto ("las prioridades no son las mismas en Manga o en Carrasco", admite la docente Benítez), elaboran una estrategia para trabajar con la comunidad educativa.

En el actual proyecto de Presupuesto la ANEP pidió que se extendiera a 20 horas la presencia de los referentes de educación sexual en los liceos con más de 15 grupos en ciclo básico. La iniciativa comprendería a 133 centros. A su vez, para 2020 se prevé alcanzar las comunidades educativas que funcionan en centros de reclusión.

En Uruguay hay 298 liceos públicos en total. Solo en nueve aún no hay referentes. En San José es donde hay mayor vacío. Pero a las autoridades lo que más les preocupa es la necesidad de "capacitar a más docentes", dice Benítez, la responsable del PES para la Educación Media. Hasta ahora hay 257 referentes (algunos tienen dos liceos) de un total de 23.700 funcionarios (docentes y no docentes) que trabajan en Secundaria.

Génesis.

Antes de que la mamá y su bebé recién nacido reciban el alta hospitalaria, todo centro de maternidad tiene la obligación de entregarles un "set de bienvenida". Así se llama al conjunto de materiales didácticos y lúdicos que reparte el programa Uruguay Crece Contigo, dedicado a la protección de la primera infancia. Dentro del set hay una revista de 48 páginas que lleva el título "Está bueno conversar". Es sobre educación sexual para las familias. Ya en los agradecimientos incluye una aclaración que puede sonar polémica: "En la elaboración de este material se ha buscado que el lenguaje no invisibilice ni discrimine a las mujeres y a la vez el uso reiterado de o/a, los/las, etcétera, no dificulte la lectura".

Parece inocente, pero el PES intenta que el lenguaje sea uno de los primeros cambios al referirse a educación sexual. "Es importante llamar a las cosas por su nombre, sin tabúes, y al mismo tiempo intentar incluir a todos y todas en la expresiones", dice Diego Rossi, el coordinador general.

En este sentido las autoridades insisten en que no hay que esperar al liceo para abordar estas temáticas. Si bien lo que ocurre en Secundaria es lo más llamativo, sobre todo por la madurez de los estudiantes, el programa oficial prevé la educación sexual desde la escuela. "En el jardín abordamos el ser sexuado, los órganos genitales externos", ejemplifica Píriz, la responsable del programa a nivel escolar. "Luego hay contenidos en Historia sobre la lucha de las mujeres, en Educación Física sobre el cuidado del cuerpo, en quinto aparece la identidad y orientación sexual". En términos formales: el área del Conocimiento Social, del Conocimiento de la Naturaleza y del Conocimiento Corporal. Y para hacer seguimiento, Primaria cuenta con 54 inspectores de zona referentes en la temática.

La crítica, en la escuela, pasa por los materiales. "Las láminas que se utilizan en las clases de Biología no están adecuadas a los nuevos paradigmas", reconoce Píriz. El hombre, dice, figura musculoso y con la cabeza en alto; la mujer, en cambio, cabizbaja. "El útero tiene un tamaño desproporcionado que complica la comprensión de los niños". De todas formas, "muchas maestras aprovechan esos prejuicios para criticarlos y trabajarlos con los alumnos", concluye.

A diferencia del liceo, en la escuela es la propia maestra la que trabaja los temas. El equipo que Píriz dirige lleva formados a 1.500 docentes desde 2013. "Son quienes eligen participar de cursos presenciales los sábados. Al único departamento que aún no logramos llegar es a Río Negro", señala. El año pasado el curso tuvo, por primera vez, un área específica para profesores de Educación Física. Y sentencia: "Los docentes tienen interés en capacitarse en estos temas y los alumnos quieren saber".

La UTU también pasa por un proceso de extender la formación y los grupos que reciben talleres. Hoy los alumnos de primero y segundo tienen un curso de dos horas semanales. Pero, al mismo tiempo, enfrentan a docentes que vienen con los prejuicios de los oficios, sobre todo en vestimenta y peluquería.

Los estudiantes siguen con preguntas y queriendo llamar a las cosas por su nombre. Los adultos son los que imponen sus filosofías y prejuicios. Es lo que pasa con los temas que aún son un tabú.

Algunos mitos que ya son pasado.


Los bebés vienen de la cigüeña. Hasta en los institutos más conservadores se habla con naturalidad del proceso de embarazo. Ante la clásica pregunta de "¿cómo entró el bebé a la panza?", el programa de educación sexual que aplican 10 colegios católicos del país, dice: "Nunca entró. Comenzó a formarse al unirse una célula de papá con una de mamá, y dentro del útero crecerá protegido durante nueve meses".

Los hombres no lloran. Las emociones son uno de los primeros ítems que comprende el programa estatal de educación sexual. La recomendación es abordar el descubrimiento de sentimientos y sus expresiones desde el preescolar. Por resolución del Codicen, la sexualidad se define como "una dimensión constitutiva de los seres humanos, integradora de la personalidad y en estrecha conexión con la vida afectiva, emocional y familiar de las personas".

Mejor no ser explícito en los términos. "Los niños saben más de lo que uno cree", insiste Patricia Píriz, referente del programa de educación sexual en Primaria. La educadora sostiene que no "hay que subestimar a los alumnos y es preferible hablar las cosas por su nombre". Reconoce que hay diferencias en los tiempos para abordar cada tema según el contexto, pero que "las preguntas son las mismas". Por eso no duda en que "vale la pena" que una maestra se tome su tiempo para explicarle a un alumno que consulta cómo se coloca un preservativo.

Los jóvenes son los más abiertos. En los talleres de formación que tuvieron las maestras de Primaria hubo jóvenes y experientes. Las autoridades no encontraron diferencias por edad e insisten en que "el interés es común a todos los docentes". El coordinador general del programa oficial pide que la temática no sea "un chirimbolo más en la formación".

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