Qué Pasa

A la diestra del señor

Tabaré Vázquez mostró otra vez en la Cumbre de las Américas que no hace política a costa de Estados Unidos, como ocurre a menudo en el resto del subcontinente, al menos de la boca para afuera, sino que cuida sus relaciones de privilegio con la Casa Blanca.

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Vázquez pretende más equilibrio en Unasur y ajustes en el Mercosur. Foto: The White House

A pedido de Barack Obama, presidente de Estados Unidos, Vázquez se sentó a su derecha en la cena del sábado 11 de abril, junto al presidente de Panamá, que era anfitrión, y algunos otros comensales. Incluso en su discurso durante la Cumbre, si bien cuestionó la decisión de Washington de declarar a Venezuela como una amenaza, para nada cerró filas en torno al gobierno de Nicolás Maduro, que naufraga entre el caos económico y social.

Poco antes, el 6 de abril, Rodolfo Nin Novoa, ministro de Relaciones Exteriores, había afirmado que "la represión en Venezuela es a todas luces un exceso", que "la prisión de opositores es preocupante" y comparó acciones de la administración Maduro con las de la dictadura que soportó Uruguay entre 1973 y 1985.

Las afirmaciones de Nin, que provocaron urticaria en parte del Frente Amplio, son lo más claro que haya dicho gobierno latinoamericano alguno sobre la situación venezolana. Porque muchos políticos fruncen el rostro cuando se habla del chavismo, pero nada dicen en público. Mejor dejar que se cueza en su propio caldo. Uno de los pocos que habló, el vicepresidente uruguayo, Raúl Sendic, fue insultado por Maduro luego que a principios de marzo pusiera en duda la presunta agresión de Estados Unidos contra Venezuela ("no nos consta").

En busca de equilibrios.

Uruguay preside la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas). Este bloque algo amorfo quiere ser un contrapeso ante Estados Unidos. Uruguay entregará la presidencia a fin de año. ¿A quién? A Venezuela.

El gobierno de Vázquez desea un poco más de "equilibrio" en ese organismo, dijo una fuente oficial. También "rectificaciones y ajustes" en el Mercosur, que está cada vez más lejos de ser un mercado común. Vázquez, su ministro de Economía, Danilo Astori, y su canciller, Nin Novoa, entienden que lo mejor es abrir el país al mundo, como ha hecho Chile, y no su prisión dentro del Mercosur. Ese equipo, sobre el que también giró la primera Presidencia de Vázquez, en aquella etapa se quemó con leche: la agresividad de Néstor Kirchner y Luiz Inácio "Lula" da Silva haciéndose el distraído. Pero Uruguay es un enano enclavado entre gigantes. La economía de Brasil es 40 veces más grande y la de Argentina, nueve veces.

No hay casualidades.

El actual presidente de Uruguay no está dispuesto a deteriorar las relaciones bilaterales por los berrinches de Maduro, otro de los tantos caudillos que han pautado la historia de América Latina.

Durante su primer gobierno (2005-2010) Vázquez y Astori, desde el Ministerio de Economía, mantuvieron una clara sintonía con Estados Unidos y procuraron, a la postre sin éxito, una apertura comercial al mundo, no solo a la región.

Vázquez tampoco ignora que, en última instancia, la independencia de Uruguay a través de la historia tuvo mucho que ver con el respaldo de Gran Bretaña primero, y de Estados Unidos después. Sucesivos gobiernos orientales se apoyaron en Río de Janeiro, en Londres o en Washington, no con el fin de entregar soberanía sino para consolidarla.

En diciembre de 2011, ante un grupo de estudiantes, Vázquez contó cómo se respaldó en George W. Bush cuando temió una agresión del gobierno de Kirch-ner por el conflicto por la instalación de la fábrica de celulosa de Botnia en Fray Bentos. "No me gusta dramatizar", explicó entonces, pero un presidente debe contemplar todas las opciones. "Estábamos en un estado de indefensión. Entonces fui a Estados Unidos a tratar de mejorar el intercambio comercial entre nuestros países, y también le pedí a la señora Condoleezza Rice que dijera (si ella lo entendía así, porque ya me había reunido con ella en Santiago de Chile) que Uruguay era un país amigo y socio de Estados Unidos; y que le pidiera al presidente Bush si era posible que dijera lo mismo. Y así fue. Dijeron: Uruguay es un país amigo y socio de Estados Unidos, y se aplacaron todos los ánimos".

Vázquez también narró anécdotas que provocaron sonrisas en su joven auditorio. Al venezolano Hugo Chávez, quien le reprochaba que negociara un acuerdo de libre comercio con Washington, le dijo: "Si vos no le vendés más petróleo, yo le declaro la guerra a los Estados Unidos".

En realidad, Bush fue mucho más allá de una frase de respaldo a Uruguay. Visitó Uruguay en marzo de 2007 y fue recibido por Vázquez con gratitud. "Si me necesitas, llámame", le dijo el estadounidense, y también afirmó en público: "Si Uruguay necesita alguna cosa solo tiene que levantar el teléfono y pedirlo".

El mismo Bush mantuvo buenas relaciones personales con Jorge Batlle, presidente de Uruguay entre 2000 y 2005. Durante la crisis económico-financiera de 2002, Batlle obtuvo de él un crédito directo y de corto plazo por 1.500 millones de dólares que permitió superar una coyuntura particularmente difícil y esperar sin prisa la asistencia formal del Fondo Monetario. Los técnicos del FMI eran partidarios de que Uruguay declarara el default de su deuda, como había hecho Argentina. Por entonces el gobierno estadounidense también fomentó la compra de productos uruguayos, por lo que se convirtió en el principal cliente en 2004 y 2005.

José Mujica también mantuvo en esencia una buena relación con Estados Unidos. Se reunió con Obama en la Casa Blanca, cenó con él en otra Cumbre de las Américas (Obama dijo sentirse "encantado"), y cultivó un vínculo personal con Julissa Reynoso, embajadora de Washington.

Desde 1947 las relaciones entre los gobiernos de Luis Batlle Berres y Juan Domingo Perón fueron pésimas. El proteccionismo argentino casi acabó con el turismo hacia el este uruguayo y con las relaciones comerciales entre ambas bandas del río. El gobierno uruguayo se recostó en la Casa Blanca, se rearmó con material estadounidense relativamente nuevo y apoyó a Washington con decisión en los foros regionales.

Por si se precisa.

La apertura comercial al mundo significaría para Vázquez una forma de escapar a las mezquindades e ineficiencias del Mercosur. La cercanía política con Estados Unidos, mientras tanto, es una garantía de independencia. Explicó a los adolescentes que lo escuchaban en diciembre de 2011: "Somos un país pequeño. Necesitamos de ese relacionamiento internacional en el plano del respeto al derecho, y también en el plano de buscar respaldo si el país llega a tener algún conflicto o algún problema".

"Bush go home y llevate a Tabaré"


​En diciembre de 2011, ante un grupo de estudiantes, Tabaré Vázquez narró que en diciembre de 1990, cuando era intendente de Montevideo, le entregó las llaves de la ciudad a George Bush padre, quien visitaba Uruguay. Desafió así a sectores del Frente Amplio que se oponían a esa ceremonia simbólica. Al otro día, frente al Palacio Municipal, alguien colgó un cartel que decía: “Bush go home y llevate a Tabaré”.

Diplomacia de las cañoneras" también fue usada por Uruguay.


Tropas brasileñas respaldaron la revolución de Venancio Flores, participaron en el cerco de Paysandú e ingresaron a Montevideo el 20 de febrero de 1865, aniversario de la batalla de Ituzaingó, derrota de 1827 ante argentinos y orientales que les había costado la Provincia Cisplatina. La política exterior brasileña era decididamente imperialista, como lo demostró la inmediata guerra contra Paraguay. Pero entonces el jefe de la escuadra británica en el Atlántico Sur advirtió a Río de Janeiro: "Es necesario que se conserven los límites de Uruguay como estaban"; y amenazó con intervenir si Brasil tenía "pretensiones de expansión territorial". Los brasileños se retiraron. Sería la última vez que Uruguay tendría tropas extranjeras en su territorio venidas en tren de ocupación o conquista.

Durante la guerra civil de 1904, el presidente José Batlle y Ordóñez gestionó ante la Casa Blanca la venida de una escuadra naval estadounidense al Río de la Plata, para acabar con la actitud permisiva que el presidente argentino, Julio A. Roca, tenía ante el contrabando de armas y municiones de los rebeldes del Partido Nacional. La Casa Blanca no se mostró entusiasta. Pero en septiembre, apenas la guerra civil había finalizado con la muerte de Aparicio Saravia, cuatro buques de guerra estadounidenses realizaron visitas de cortesía a Montevideo y Buenos Aires.

Otras veces Uruguay se apoyó alternativamente en Brasil o Argentina, tratando de que se neutralizaran entre sí. Ocurrió por ejemplo cuando a inicios del siglo XX el canciller argentino Estanislao Zaballos impulsaba la tesis de la "costa seca": Uruguay simplemente no tenía aguas territoriales. En 1907 una escuadra naval argentina realizó maniobras, con tiros de cañón incluidos, en torno a la isla de Flores. Uruguay se apoyó en Brasil, que también temía el belicismo de Zeballos, y logró el reconocimiento de su soberanía sobre la mitad de las aguas limítrofes, empezando por la laguna Merín. Poco después un nuevo gobierno argentino descartó para siempre la tesis de la "costa seca".

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