ELECCIONES

El día después para la militancia

Militantes blancos y frenteamplistas se preparan para reorganizar su rol y sus estrategias. Unos deberán aprender a trabajar desde el oficialismo y otros a reformularse desde la oposición. 

militantes del Frente Amplio y el Partido Nacional
militantes del Frente Amplio y el Partido Nacional

Este contenido es exclusivo para nuestros suscriptores.

Son los héroes que no salen en las fotos de las portadas junto al candidato electo o el que perdió, y sin embargo están convencidos de que su tarea requiere un compromiso que no se detiene tras el resultado de una elección: solo cambia de ritmo.

Tras la victoria de Luis Lacalle Pou, los militantes jóvenes del Partido Nacional dicen que deberán aprender a trabajar siendo gobierno. Por otro lado, aquellos que apoyaron a Daniel Martínez hablan de un triple desafío: habrá que revisar la propuesta del Frente Amplio, ser un elemento de contrapeso desde la oposición, y en el caso de los sectores que perdieron representación parlamentaria, encontrar la manera de retener a sus miembros y evaluar cómo vehiculizar sus propuestas en el interior del partido.

Los unos y los otros saben que no será una adaptación fácil, menos aún sosteniendo la promesa mutua de evitar la famosa grieta importada de Argentina: terminar con el “ellos o nosotros” y poner en primer plano la certeza de que todos trabajan por el bien del mismo país.

Paola Gatto, militante del sector Todos del Partido Nacional, dice que el día después de las elecciones fue duro. “En el trabajo me encontré con caras largas y saludos cortos”, cuenta. Ahora, con la devolución de los locales arrendados, empieza una etapa que describe como “una sensación de vacío”, e incluso:“de abstinencia”.

Si bien hay varios militantes que, como Gatto, colaboran de forma permanente como asesores de los dirigentes en distintas especialidades, con el resultado del balotaje se cierran dos años de intensidad. “Es una entrega que muta mes a mes, porque tenés que adaptarte a que cambie el perfil del militante y el volumen”, explica. No es lo mismo el que se arrima para las internas, que el que llega para las elecciones nacionales, que para el balotaje.

“Dediqué cada tiempo muerto para militar: un descanso en el trabajo lo usaba para mandar un mail, el viaje en ómnibus para hacer coordinaciones, y cada día, a las 18 horas, me iba directo al local y seguía articulando con quienes iban a ser delegados en las distintas instancias; planificando el curso para instruirlos en la tarea, llamando a quienes necesitaban traslado para ir a votar; viendo quiénes irían a repartir lista, quiénes recorrerían los barrios y quiénes irían a las ferias”, enumera.

militante-blanca
Patricia Correnga y otros militantes junto a Luis Lacalle Pou.

¿Y ahora? Empieza la etapa de las reuniones en casas particulares con el objetivo puesto en el municipio y en las alcaldías. Y hay más: “Cuando se arma el equipo de gobierno los asesores técnicos que trabajamos de forma voluntaria volvemos a reunirnos constantemente. Eso tiene de lindo también la militancia, vos te ganás el derecho a poder visitar los despachos de los dirigentes cuando son legisladores y llevarles tus opiniones e ideas”.

También quedan por resolver cuestiones prácticas, como reciclar las listas y qué hacer con los materiales que se reutilizarán en las próximas elecciones. Gatto no se complica: ella siempre los guarda debajo de su cama.

Cuidar a los jóvenes.

Tras el ímpetu, el asunto es cómo retener a los militantes nuevos. “Que el impulso de campaña no muera en la campaña”, plantea Elisa Michelena, militante frenteamplista del sector Ir. “Se va la emoción, el fervor más extremo, pero no la dedicación. Desde antes del balotaje, con el resultado que anticipaban las encuestadoras, ya éramos varios los que nos preguntábamos qué haríamos después, si tendríamos que organizarnos diferente, si deberíamos pensar en una nueva estrategia para construir una hegemonía cultural de izquierda. Pienso que tal vez, sin la responsabilidad de ser gobierno, tendremos más tiempo para hacerlo”, opina.

Se abre una etapa de revisión, de diálogo con el electorado que se perdió, y de generación de espacios para construir nuevos pilares: ese es el futuro al que aspiran los militantes de izquierda. “Y para eso los jóvenes seremos fundamentales”, agrega Michelena. Cree que son ellos los responsables de haber conseguido achicar la brecha con el candidato blanco en la segunda vuelta.

“Tras el resultado de octubre vimos plenarios desbordados de chicos de 15, 16 años que quisieron ayudar. No entrábamos en las sedes ni en los comités, lo que demuestra que la juventud está politizada y que no es cierto eso de que no saben lo que se vivió antes de los gobiernos frenteamplistas”.

fervor

Descuidó su trabajo y hasta se compró un auto para militar mejor

Patricia Correnga presenta más de 140 fotos que la muestran militando en el Partido Nacional. Algunas ilustran cómo convirtió el deteriorado rincón que le prestaron en un club deportivo de Paso Molino en un coqueto local. Como no había buena afluencia de público, salió a la calle: de lunes a domingo de 10 a 19 horas repartió listas sobre la calle Ángel Salvo. Hubo vecinos frenteamplistas que la felicitaron por “su alegría” : parlantes con música alta, bailes e interacción con los conductores que pasaban por allí. Correngga cuenta que conoció a Luis Lacalle Pou en junio pasado, durante una charla que éste dio en una organización de mujeres empresarias. “Quedé prendida de él. Yo había militado 20 años atrás por la candidatura de Jorge Batlle y me juré que iba a dar el máximo de mí como había hecho aquella vez”, confiesa. El club que formó era gestionado por su esposo, hijos, familiares y amigos. Descuidó su negocio como fabricante de helados, pero igual compró una camioneta pequeña para mejorar su desempeño en la militancia: únicamente en octubre recorrió 400 kilómetros. Correnga tuvo su momento de fama en los medios cuando coincidió con José Mujica y Daniel Martínez en un restaurante del barrio. Al primero le dijo que hablara con sus simpatizantes barriales porque les descolgaban los carteles. “Hay de todo”, cuenta que le respondió el expresidente. A Martínez le ofreció una lista del sector Todos. “Me dijo que sería desperdiciarla. Le respondí que estaba a tiempo de cambiar. Fue muy cordial, no puedo decir lo mismo de sus militantes”. Asegura que soportó “mucha intolerancia” y que le rompieron el vidrio del club. El colmo de su fervor fue cuando entregando listas en una feria se acercó a la ventanilla del conductor de una camioneta para ofrecerle una y era el propio Lacalle.

Pero, para conservar a los nuevos y jóvenes el partido “deberá crear espacios para darles un lugar y que su voz llegue también a los sitios de decisión”. Así lo expresa Michelena: “Necesitamos generar en la interna del partido un diálogo real, porque debido a la brecha generacional que existe a veces nos da la sensación de que los temas que nos preocupan a los jóvenes no les parecen temas importantes al resto. Necesitamos crear un espacio ameno, y que se nos considere mucho más allá de nuestro rol durante la campaña, porque sabemos que somos los que nos activamos y salimos a la calle”.

El interior es otra historia.

Joaquín Bordón cree que a la política hay que verla desde adentro para sacarse los prejuicios. “Sentís la satisfacción más grande al darte cuenta de que podés hacer algo para mejorar la vida de los otros”, dice. Aunque lleva una década instalado en Montevideo, trabajando como secretario de distintos diputados nacionalistas, el centro de su militancia está en Flores.

Allí integra la novel lista 5050, que mantendrá el local abierto durante los próximos cinco años, y quiere convocar al plenario cada 15 días o al menos una vez por mes: lo que sea necesario para no perder el enganche de los recién llegados.

Es que en el interior las elecciones nacionales se viven distinto. “Acá tenés que estar 100% disponible porque, por ejemplo, las audiciones radiales de los militantes pesan mucho. Las listas no se pasan por debajo de la puerta; primero porque vos sabés que hay casas donde no tenés que hacerlo ya que viven votantes históricos de otros partidos; segundo porque nos conocemos todos y es muy impersonal no tocar el timbre y saludar”.

militantes
Elisa Michelena y Lucas Regal junto a otros militantes en el evento llamado “El desembarco”, en el Velódromo.

¿Y cómo se consigue una disponibilidad 24 horas por día los siete días de la semana en tiempos en que la arenga se hace por redes sociales? “En el interior sucede que los jóvenes están siendo los militantes más fervorosos, porque teníamos viva la ilusión de ganar. Y ganamos. En cambio, los mayores, que llevaban 30 años sin ser gobierno, tienen su objetivo puesto en la candidatura para la intendencia, las alcaldías, los ediles. Acá la competencia se vive en la interna del partido mismo, y en ese sentido este balotaje generó que militáramos juntos desde distintos sectores, algo que no se había dado antes”, dice Bordón.

Rebecca Gadea tienen 16 años y en estas elecciones militó por primera vez. Se acercó con cautela a las filas del Frente Amplio: “Temía que me dijeran que la política era para más grandes, y que yo no era de utilidad por no votar”, cuenta.

Primero ingresó a la página web; en el sitio se encontró con que habría un curso sobre género. Fue. Allí conoció a algunas integrantes del comité feminista La Comité, y luego las buscó por Instagram.

Ahora, que está volviendo a su rutina cotidiana, opina que su mejor experiencia fue aplicando la estrategia del voto a voto en la ciudad floridense de Sarandí Grande. “La mayoría eran blancos o colorados, se quejaban de los impuestos, y siento que no logramos hacerlos cambiar de opinión, pero nos hicimos escuchar, intercambiamos ideas, cosa que en Montevideo no me pasó. Acá lo sentí muy polarizado. Recorrí tres barrios y me cerraban la puerta en la cara”.

Cinco años distintos.

“Hacer política desde la militancia se trata de generar espacios para reflexionar, ponerse prioridades, analizar qué está pasando en el país y dónde está parada nuestra fuerza política”, describe María Eugenia Oholeguy, integrante de La Comité. “En estos cinco años debemos convertirnos en un contrapeso para que no sucedan las cosas que no queremos y organizarnos para que vengan las que sí: así se logró la agenda de derechos, se va construyendo de a poco, organizándonos, no de un día para el otro ”, opina.

Sonia Acosta, delegada de la Cap-L en el Plenario Nacional del Frente Amplio, coincide, y advierte: “Volveremos a aprender a ser oposición, y al igual que cuando lo fuimos anteriormente eso requiere un rol muy responsable de no contribuir al discurso de polarización. Hay que salir a escuchar a las personas que le retiraron su apoyo a la izquierda, y no a convencerlas”.

Lucas Regal, militante de izquierda, se prepara para “sacar adelante a una elección en un período entre elecciones” por segunda vez en su vida (22 años). “Es muy difícil de imaginar qué es lo que se hace si no lo vivís, porque es completamente distinto a salir a la calle a entregar listas y recorrer barrios”.

Lo describe de esta manera: “Hay que retener a la fuerza militante sin ser gobierno y sin que tu sector haya logrado representación parlamentaria; hacer que se interioricen con la agenda y construir agenda; sacar cálculos de lo que significa conseguir un local para las próximas elecciones y hacerse cargo de la logística para que funcione; ir acomodando ‘barras’ para las agendas; seguir el día a día de los acontecimientos políticos, que era fácil siendo mayoría, ¿pero ahora?; y estar aggiornado con las negociaciones previas a las próximas elecciones. Tenemos que lograr ser un sector articulado y que nuestras ideas se canalicen hacia dentro de la fuerza política, porque nosotros militamos para afuera, pero también para adentro del partido: ¿ Y cómo hacemos para que el Frente Amplia proponga una mirada más acorde a nosotros?.”

Para Regal, la discusión de fondo de la izquierda será si el Frente Amplio precisa “volver a su raíz” como “catalizador de reclamos y de luchas históricas del movimiento social”, o si por el contrario va a adoptar un rol tradicional y actuar como “un partido político que interactúa con los grupos sindicales y estudiantiles como si se tratara de grupos de presión”.

Concluye: “Esta derrota dulce o victoria amarga te permite parar un segundo, respirar hondo y tomar aire. Tengo la esperanza que pasadas las elecciones municipales en mayo se de una discusión intensa cargada de contenido, pero con un resultado de síntesis muy rico, para tener una oportunidad de gobierno sostenido”.

Los militantes blancos también se sienten en una nebulosa, pero mucho más agradable. Para los jóvenes comienza una etapa que hasta ahora no habían vivido. “Será analizar el país, aunque supongo que haciendo una autocrítica hacia adentro del partido. Es lo que me imagino, porque nunca he sido oficialista”, confiesa Bordón.

Agustín Laguardia, dirigente barrial de la lista 71, está convencido de que este aprendizaje los llevará “a poner la fuerza en defender lo que se haga bien”, aunque cree que lo más probable es que sean “atacados de todas formas”. “Y también tendremos que llevarles a nuestros legisladores las críticas cuando no se vaya por el camino adecuado. Es muy difícil decir cómo nos vamos a organizar, pero sé que como dirigente barrial intentaré que se generen espacios para prepararnos para llegar a una nueva elección conociendo a fondo las ideas que defenderemos”.

En definitiva, para los militantes del oficialismo y los de la oposición, se tratará de saber cómo acomodar el cuerpo a lo que se viene.

incidentes

¿Fueron  unas elecciones más agresivas que otras?

Aunque los militantes evitaron hablar de malos momentos, algunos reconocieron que hubo “incidentes puntuales” de un lado y del otro: vandalización de comités, provocaciones en la vía pública y algunas amenazas cruzadas que llevaron a que varios electores ocultaran las listas en sobres al salir de los locales.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)