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Día en la base: desayuno yankee y voleibol

La mordida de Suárez: ese es el primer tema de conversación entre un uruguayo y el resto de los integrantes de la misión de paz en Sinaí, asegura el teniente coronel Manuel Erreclade.

Sobre todo desde que el contingente nacional tiene a tres soldados de apellido Suárez. Es una casualidad, porque los militares que participan de esta fuerza especial lo hacen por un año, y la mitad del grupo cambia a los seis meses. De hecho, en agosto estarán renovando 28 de los 58 puestos.

La broma futbolística, además de distender, es un buque insignia. En el propio sitio web de la Fuerza Multinacional de Paz y Observaciones dice que los uruguayos “son unos entusiastas participantes de actividades deportivas”. Hace unas semanas quedaron eliminados en la semifinal del campeonato de fútbol. Y ahora participan en voleibol.

No todo es diversión. El trabajo en la bases -una al norte y otra al sur de la península- empieza temprano. Los choferes que deben transportar alimentos o personal a otras partes del terreno suelen levantarse a las 4:30 de la mañana. Para tomar fuerzas y combatir el frío cuando es invierno, muchos optan por seguir los rituales alimenticios de otros países. Huevos revueltos, frutas, tostadas, hamburguesas y hasta frankfurters son habituales en el desayuno.

La base norte, la más grande y donde hay 47 uruguayos, ocupa cuatro kilómetros cuadrados (algo más que algunos pequeños pueblos del interior). Al ser una fuerza que está hace 33 años, las edificaciones son estables y están construidas con yeso. Cada soldado tiene su habitación con baño y WiFi, aunque el acceso a algunos sitios está restringido. “Lo que más usamos es Skype para conversar con los familiares”, dice el teniente coronel, quien nació en Artigas, tiene dos hijos, comenzó su carrera militar a los 18 años y ahora, con 43, participa por primera vez de la misión de paz en el Sinaí. Ya estuvo en Haití y el Congo.

“Uno nota la diferencia”, reconoce Errecalde. “Acá (en el Sinaí) tenemos bibliotecas, canchas de deportes, piscina y sauna”. No en vano, uno de los soldados uruguayos participa de esta misión por cuarta vez. Solo para el mantenimiento del orden (la fuerza no va al choque), la misión costó en 2014 US$ 80,4 millones a los países promotores.

La base sur es más pequeña pero, en términos generales, tiene los mismos servicios. Si el tiempo y la situación de seguridad lo permiten, el contingente suele hacer paseos por la zona, en especial intentan conocer Tel Aviv y Jerusalén.

Los detalles de seguridad los saben de antemano porque cada día, antes de subirse a los vehículos, deben chequear con las autoridades de la fuerza -las egipcias e israelíes- cuál es la situación.

Para evitar ser confundidos con militares egipcios o de otras nacionalidades que están en la zona, los soldados uruguayos usan el uniforme camuflado (estilo selva), una boina terracota y el símbolo de la misión como brazalete del lado izquierdo.

El transporte y la ingeniería son las dos funciones principales de los uruguayos. De los 58 soldados, solo hay tres mujeres. Y para que todos extrañen un poco menos, una vez por mes hay comida típica del país de origen.

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