La pelea de los lecheros

Entre la desesperación y la rebeldía, Pili resiste

Para los empleados de Pili, comer todos los días se ha vuelto un desafío. Para los hijos de los tamberos, la lechería ha dejado de ser una opción. El día que se votó el salvataje, en la planta se reavivó la ilusión, aunque con realismo: ¿cuánto tiempo más?

La crisis, que instaló la discordia
Foto: Daniel Rojas

Fue siempre una ciudad que exhibió su orgullo industrial, característica que ha ido perdiendo con el paso de los años y el cierre de varias empresas. Por eso, la situación en la que se encuentra la láctea Pili, emblema de Paysandú desde hace 60 años, ha puesto en pie de guerra a las fuerzas vivas, encabezadas por sus autoridades que vienen moviéndose palmo a palmo con trabajadores, productores y empresarios. Todos empujan del carro para salvar desesperadamente cientos de empleos y evitar que la crisis se agrave.

Lejos de lo que ocurre en otros emprendimientos, donde los sindicatos se levantan ante los empresarios, en Paysandú reina el diálogo y un buen relacionamiento, en gran medida porque la empresa históricamente colaboró con todas las instituciones sociales, apoyó proyectos de investigación y sus dueños abrieron sus puertas para recibir a las gremiales de productores muchas veces.

Motivados por los negocios con Venezuela que comenzaron pagando por la producción de quesos el doble que otros mercados, y la necesidad de sacar la planta del centro de la ciudad, los empresarios de Pili asumieron una inversión de US$ 30 millones, que además con las mejoras tecnológicas les posibilitaría captar nuevos mercados. El viento de cola terminó y Venezuela terminó siendo una pesadilla para varios exportadores uruguayos. La producción volvió a colocarse en Brasil por menos de la mitad y el desfasaje se terminó haciendo insoportable.

Marcel Petrib, presidente del sindicato, informó que en la planta quesera trabajan 128 operarios. "Si tomamos en cuenta todas las empresas (del grupo inversor) y los puestos indirectos que se generan, estamos hablando de entre 800 y 1.000 familias. En promedio, cada empleado cobra libre de impuestos unos $ 28.000 en efectivo. Para como está Paysandú, hoy sería un golpe muy grande porque la verdad es que van quedando pocas industrias. Antes había varias pero eso ha cambiado notoriamente", advierte Petrib.

Los adeudos con el personal van desde un mes y medio más aguinaldo, hasta tres meses, dependiendo de la categoría. Esto sin contar aguinaldos y licencias anteriores. Con créditos cortados, hasta comer todos los días se ha vuelto un desafío.

Pili llegó a procesar, en sus mejores momentos, 240.000 litros diarios. Ahora, en la planta nueva que tiene dos años y una capacidad de 440.000, solo alcanza a producir unos 70.000 litros diarios, con lo que solo trabaja cuatro días a la semana.

"Cuando cayó Venezuela, los encontró con toda esta inversión y no podían volver atrás. Mucho queso pronto que iba para Venezuela, hubo que reenvasarlo y enviarlo a Brasil que paga menos de 3 dólares por kilo de queso. Eso supuso costos adicionales y además profundizar las deudas que ya existían", explica el sindicalista. La apertura del mercado mexicano podría cambiar el panorama.

La situación de los remitentes a Pili no es menos preocupante. Muchos de los productores de Paysandú no cobran hace seis meses, se han descapitalizado, y una primavera adversa podría convertirse en la estocada final.

Gerardo De Souza, presidente de la Asociación de Productores de Leche de Paysandú, describe una situación de emergencia que el Estado debería mirar más allá del salvataje resuelto, en virtud de que es el sector que más familias afinca en el campo.

"Son cerca de 200 productores y en el 95 a 98% son familias las que atienden los tambos. Hay que ordeñar las vacas dos veces al día los 365 días del año, y eso necesariamente obliga a radicarse en el medio rural", explica De Souza, que hace énfasis en los valores que se transmiten de generación en generación.

"El arraigo en el campo, la familia y el trabajo es algo que traemos algunos con segunda y tercera generación dedicados a esto. Pero ojo, porque no es lo mismo que en los años 90, dado que existe un descreimiento importante por falta de rentabilidad, entonces las nuevas generaciones buscan otros rubros como la soja, que además les permite estar más en la ciudad", advierte el productor. "El Estado tiene 10 años para cambiar esto, porque de lo contrario se romperá la cadena. Debe rediseñar políticas y promover en la escuela los valores del amor y el respeto por la tierra, lugar del que salen nuestros alimentos", dice por su parte Andrés Ariano, gerente de la gremial.

Sobre la situación de Pili, expresan que le han dado su apoyo hasta el sacrificio, porque desde su fundación ha marcado un claro sentido de pertenencia con Paysandú, pero advierten que el sector carga "una pesada mochila".

"Ahora nuestros productores están endeudados y descapitalizados. Algunos han tenido que decirles a sus hijos que dejen de estudiar un año porque ya no pueden mantenerlos", advierte De Souza. "Estamos desarmados, en una situación completamente sensible. La próxima primavera será clave para empezar a recomponer de a poco, pero esto que pasó en los últimos cinco meses te puede llevar de uno a tres años", agrega. Y sobre los productores que hoy tienen entre 50 y 60 años, que son la mayoría, reflexiona: "Si les sacan todo el capital de trabajo y rematan sus bienes por deudas, ¿qué harán?".

Aferrados a la esperanza de una salida.

Carolina Barboza - Una de las más jóvenes
Carolina Barboza - Una de las más jóvenes
Una de las más jóvenes

Carolina Barboza tiene 24 años y el 28 de noviembre cumpliría tres años en Pili. Es de las más jóvenes en la firma. "Formo parte de una familia complicada y es con mi hermana que llevamos adelante la casa, pero ahora se me está haciendo cuesta arriba a tal punto que estoy vendiendo mi auto, que lo adquirí con mucho sacrificio. Siento impotencia por tener que desprenderme de algo que no terminé de pagar", dice Barboza. "Tengo estudios y estoy buscando trabajo. Paysandú está muy complicado. Deseo de alma que esto cambie por mis compañeros, que cada día ponen la mejor voluntad para venir a la fábrica pensando en que esto se pueda enderezar".

Alejandro Allende
Alejandro Allende - Su padre fue de los primeros empleados
Su padre fue uno de los primeros empleados

El 27 de diciembre Alejandro Allende cumplirá 30 años en Pili. "Mi padre fue uno de los primeros en trabajar aquí. La realidad que tenemos hoy es muy triste. Cuando la empresa se presentó a concurso cayeron todos los créditos y no podemos sacar ni un surtido de alimentos de las firmas que tenían convenio con lo que se descontaba del salario. No cobramos el aguinaldo, tampoco julio y la quincena de agosto, menos. Todas las facturas nos vienen con interés y recargo, es horrible transitar el día a día", expresa Allende. "Valoro mucho cómo mis compañeros han acompañado, lo mismo los productores que hace seis meses que no reciben pago".

Daniel Merello
Daniel Merello - Trabaja hace 40 años en Pili
Trabaja hace 40 años en Pili

"Toda la vida la dediqué a esto. Acá conocí a mi señora y formé una familia. Nunca pensé terminar así, ahora que estoy a punto de jubilarme", se lamenta Daniel Merello. "Durante muchos años fuimos avanzando pero la verdad que ahora hemos tocado fondo, porque incluso estamos perdiendo bienes que conseguimos con mucho esfuerzo para cubrir deudas que no estamos pudiendo pagar", explica. En noviembre cumple 59 años; lleva 40 años en la empresa y le quedan 15 meses para jubilarse. Cuenta que la presión de los acreedores va en aumento y se hace insoportable. "A diario recibimos llamadas amenazantes de estudios jurídicos por falta de pago".

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