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El costo de soñar con el podio

Desde 2010 a la fecha, el gobierno destinó unos US$ 11 millones para las federaciones deportivas. Aun así, el dinero no alcanza y los resultados en el alto rendimiento aún son magros. Las autoridades ven necesario contar con referentes, pero sostienen que la política deportiva debe apuntar más allá del medallero.

Emiliano Lasa fue uno de los deportistas uruguayos que ganó medallas en los Panamericanos. Foto: AFP
Emiliano Lasa fue uno de los deportistas uruguayos que ganó medallas en los Panamericanos. Foto: AFP
Quince años despúes de su medalla olímpica, Wynants arregla bicicletas en Paysandú. Foto: A. Sánchez
Quince años despúes de su medalla olímpica, Wynants arregla bicicletas en Paysandú. Foto: A. Sánchez
El ciclista recibe de parte del Estado una pensión graciable desde 2005.
El ciclista recibe de parte del Estado una pensión graciable desde 2005.
El regatista Alejandro Foglia cambió de categoría y tuvo que comprar otro barco. Foto: Robert Deaves.
El regatista Alejandro Foglia cambió de categoría y tuvo que comprar otro barco. Foto: Robert Deaves.
De clasificar a los JJ.OO de Río, las posibilidades de hacer historia del nadador Gabriel Melconían son mínimas. Foto. F. Flores
De clasificar a los JJ.OO de Río, las posibilidades de hacer historia del nadador Gabriel Melconían son mínimas. Foto. F. Flores
Deborah Rodríguez
Deborah Rodríguez

Cuando la torta es chica, las bocas siempre se quedan con hambre. Es lo que le sucede, por ejemplo, con el handball. Las jugadoras de la selección, esas que ayer se llevaron el bronce, suelen recorrer los estadios con una alcancía bajo el brazo. Por más que su federación haya recibido el 6% de la inversión que realizó el gobierno en los últimos cinco años, el dinero "no alcanza ni para pagar los viajes a las competencias". En un país que respira fútbol —el sueldo mínimo de un jugador de primera división es de US$ 1.200 y en un "grande" es de US$ 4.500—, los deportes menores sufren, agonizan y al final quedan marginados.

El fútbol y el básquetbol, los únicos deportes profesionales a nivel local, no son los que más dinero recibieron del gobierno. Según cifras de la nueva Secretaría del Deporte a las que accedió El País, el atletismo es el que lidera la repartija con US$ 689.165 y lo sigue, justamente, el handball con US$ 664.325. Falta de apoyo de los privados, bajo presupuesto en comparación a otros países, escasez de resultados y priorización de otras instancias deportivas (en escuelas y plazas), son algunas de las explicaciones que hacen que la mayoría de las disciplinas aún no hayan pegado el salto. Al menos en lo económico.

El regatista uruguayo Alejandro Foglia, que tuvo una de las mejores actuaciones en los últimos Juegos Olímpicos, suelta una carcajada cuando se lo compara con un futbolista profesional. Vive en España, entrena con un barco de US$ 22.000 —financiado por el Estado— y practica un deporte que algunos tildan de "elitista", pero el apoyo que recibe apenas le alcanza para invertirlo en materiales, transportar el velero, tomar suplementos vitamínicos y llevar un entrenamiento que lo mantenga en forma para clasificar a los próximos juegos de Río de Janeiro. Tiene una beca de solidaridad del Comité Olímpico (US$ 1.000 mensuales), cuenta con apoyo privado, ministerial y cada tanto trabaja como entrenador.

Un detalle explica su situación: compite en 10 regatas por año y para cada una debe comprar dos velas nuevas que, juntas, cuestan US$ 2.400. Su capacidad de ahorro es "casi nula". Más aún si se lo compara con un neozelandés —por citar un país con varios indicadores similares a Uruguay—, que recibe al año US$ 164.500. Pero Foglia, de 31 años, no se queja. Vive del deporte —su deporte— y eso ya es mucho decir.

Futuro.

Dolores Moreira fue la sensación uruguaya de los Juegos Panamericanos que terminan hoy. Con solo 16 años consiguió una medalla de plata y se aseguró una plaza para Río. Al ser entrevistada luego de la victoria, dijo: "Quiero dedicarme a esto (la vela) toda la vida".

La frase suena lógica; la realidad, difícil. Su madre, Mariella Fraschini, se enteró por Twitter del logro de su hija. Tras festejar con familiares y amigos en Paysandú, le cayó la ficha: ¿cómo hacer para que Lola, como le dicen, pueda costear su participación en Río?

No es fácil. Por más talento que Lola haya demostrado desde los 11 años, su respaldo ha sido la familia, la federación de vela y los clubes de yacht. Puede decirse que, hasta el momento, su hobby da pérdida. Y en Uruguay no hay un solo regatista que se dedique 100% a la disciplina.

Otros atletas de elite no esconden su fastidio. "Ya estoy cansado, no quiero seguir llorando (entiéndase como metáfora)". Gabriel Melconian puede ser el nadador más destacado del país, pero hace cuatro meses que no compite. Cada tanto, sin mucha planificación, se tira a la piscina y nada. Su idea es llegar a los próximos Juegos Olímpicos, aunque cada vez le faltan más brazadas. Por estos días da una mano en la panadería de su padrino, en Malvín.

Su caso pinta claramente la situación. No entrena porque con el dinero que recibía del gobierno no le daba para vivir del deporte. Y no le pagan más porque no quiere entrenar. Sí recibe una beca de solidaridad del Comité Olímpico de US$ 500 mensuales y algo de financiamiento de privados, pero "nadie" controla que entrene. "Es parte de los errores", sostiene.

Presente.

El 95% de la financiación del deporte uruguayo corre por cuenta del gobierno y el Comité, afirma Fernando Cáceres, director de la Secretaría del Deporte. Desde la aprobación de la ley 18.833 en 2011, los privados que apoyan a atletas tienen exoneración de impuestos. "De los $ 70 millones que hay disponibles de espacio fiscal, no se usó ni el 25%", dice Daniel Daners, gerente de la Secretaría.

En países como Cuba, el Estado se hace cargo de subvencionar a los atletas. En otros, la tendencia es que los privados se involucren. De hecho los jugadores de voleibol de playa de Brasil son, junto a su entrenador, una empresa. ¿Por qué los ciudadanos deben pagar la carrera de un deportista? ¿Acaso el deporte no es un espectáculo como lo son la danza o el teatro? ¿Por qué a este y no al otro? Son algunas preguntas que están en el tapete.

Por cada dólar que se destina al deporte, el Estado ahorra siete en salud. Alfredo Etchandy toma esta referencia europea para explicar que la Secretaría del Deporte, la cual dirige, tiene otros cometidos más allá de obtener premios. "Las medallas son el corolario de las actuaciones" y por eso el gobierno destinó $ 40 millones para las federaciones en lo que va del año.

Pero, a su entender, "lo que el Estado quiere es que su población viva mejor". De ahí que justifique la inversión en las 114 plazas de deportes o el aumento de las clases de educación física en las escuelas. En 2005 solo el 17,3% tenía un plan de "gimnasia". Ahora son el 100%, aunque no "todos llegaron a las dos veces por semana que se pretende —el promedio es 1,4—", agrega Daners, antes director de Deportes del Ministerio y ahora gerente de la Secretaría.

Desde el Comité Olímpico Uruguayo reconocen que "dentro de las posibilidades se ha dado lo que se pudo" y que el reparto es "justo", según cuenta su presidente, Julio Maglione. Eso sí, para el dirigente, a diferencia de la actividad física, el deporte "implica competencia" y por ello es "necesario que existan referentes deportivos que incentiven a los más pequeños".

De las 61 federaciones registradas en el Ministerio de Turismo y Deporte, la mitad integran el Comité Olímpico y la mayoría participan del ciclo olímpico.

El Comité becó a 12 atletas. Les da un pago mensual que, en el mejor de los casos, no supera los US$ 1.000. El dinero sale de fondos internacionales y se reparte desde la Fundación Deporte Uruguay, una institución ideada por el exministro Jaime Trobo y puesta en marcha bajo la gestión de Héctor Lescano. La integran el Comité y el gobierno, aunque el objetivo "es ampliarla a privados", explica Etchandy.

"Papá Estado no puede financiar a todos", dice Eduardo Larrea, exresponsable del área de Alto Rendimiento del Ministerio. "Hay países, como Chile, en donde el presupuesto cuadriplica al uruguayo". Él propone apostar a unas pocas disciplinas. "Estamos rodeados de agua y tenemos buenos vientos", reflexiona. "En vela tenemos material humano y experiencia".

¿Y la infraestructura? El nadador Melconian discutió en las redes sociales con el actual gerente de la Secretaría. Para el deportista, el gobierno no cumple con la promesa de un centro de alto rendimiento. Daners explicó que hay un proyecto de mejorar el club Neptuno, aunque como espacio de entrenamiento. ¿Entrenamiento? Eso pueden ser "los jueguitos" de la rambla de Montevideo, respondió Melconian. Lo cierto es que ante el enlentecimiento del Antel Arena —aunque allí no se proyecta una piscina olímpica— las posibilidades de un centro exclusivo para el deporte de elite están cada vez más lejos.

"España no sabe cómo mantener los centros que creó para los Juegos Olímpicos de 1992", señala Larrea. "Hay veces que es mejor becar a los deportistas y que entrenen afuera con técnicos de primer nivel". Melconian, que a diferencia de su hermano Martín, prefiere vivir en Uruguay, siente rabia. Por un lado, "quiere quedarse en el país" y, por otro, tiene que pagar la cuota del club "como cualquier cristiano" y entrenar en "un andarivel con 15 gurises al lado". Así, el podio seguirá lejos.


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Quince años después, arregla bicis en Paysandú


En Sídney, Milton Wynants (43) emocionó a un país. El ciclista ganó la última medalla olímpica de Uruguay. Hoy, 15 años después, arregla bicicletas en Paysandú. En el silencio de su pago, el único recuerdo de su hazaña es la medalla y una pensión graciable que le da el Estado desde 2005. Él, quien pudo dedicarse al deporte desde que dejó el trabajo en la herrería de su tío —el liceo lo abandonó en segundo año—, admite que el ciclismo le dio "lo que tiene". Pero le fue "muy difícil". En los cinco meses previos a los Juegos de Sídney recibió una beca del Comité Olímpico de US$ 400. Su club de entonces, Nacional, le pagaba una "especie de salario" y no figuraba en caja. La bicicleta para la competencia le costó US$ 5.000. Por eso entiende que la financiación de los deportistas debería ser según los resultados, pero incluir el costo de los materiales.

Disciplinas con el viento a su favor


Más dinero no siempre asegura mejores resultados. En eso coinciden buena parte de los actores involucrados. Prueba de ello es el éxito que disfruta la federación de vela hoy, una de las que puede llevar más deportistas (en disciplinas individuales) para los próximos Juegos Olímpicos. En el último quinquenio la federación recibió del gobierno US$ 93.526, de los cuales US$ 20.450 fueron aportes directos para Alejandro Foglia. Es que el regatista cambió de categoría, tuvo que comprar otro barco y es el ícono de este deporte.

Una piscina para los muchachos


Ida y vuelta en 50,2 segundos. Esa es la marca actual del nadador Gabriel Melconian en los 100 metros libres. De clasificar a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, sus posibilidades de hacer historia "son mínimas", admite. No es que esté "abriendo el paraguas": él sabe que para entrar a una final debe bajar más de tres segundos; o, lo que es lo mismo, que ocurra un milagro. Eso no le preocupa. Su inquietud es que no hay una piscina dedicada a la alta competencia donde entrenar en Uruguay. El Campus de Maldonado es lo más cercano a un centro especializado. Mientras, Melconian se las ingenia para pagar la cuota del club y tirarse a la piscina, cuando no tiene que darle "una mano" a su padrino en la panadería de Malvín.

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Riesgos de "la política del mangazo"


Cometimos un error: fuimos a pedir a los semáforos". José Scarrone, actual vocal y exsecretario general de la federación de handball, admite que su deporte es visto con recelo por varios dirigentes. En los últimos cinco años recibieron el 6% del total destinado por el gobierno para los deportes federativos. Argumenta que se necesita más porque "hay mucha competencia a nivel regional" y se juega en varias categorías. Lo que antes era un deporte exclusivo de hombres y mujeres mayores, ahora se disputa en juveniles y niños, en playa y gimnasio. Pero lo que más asombra del handball no es el "alto" porcentaje de dinero que obtuvo, sino su "política del mangazo", según ironiza el propio Scarrone.

A diferencia del atletismo, la otra federación que recibió más dinero, en el handball el apoyo de las empresas privadas es acotado. "No da retorno y la búsqueda es entre los conocidos de los padres de los deportistas", cuenta. Por eso suelen figurar en las movidas de recaudación: las rifas, las alcancías en las canchas y las pancartas.


Para algunos dirigentes, por ahora los resultados deportivos parecen no acompañar del todo la inversión. "Clasificar ya es suficiente e importante", retruca Scarrone, para quien "el deporte viene mejorando y la prueba está en estos Juegos Panamericanos". A la inversa, el atletismo es tomado, por muchos, como el ejemplo a seguir. Cuenta con deportistas de elite —Déborah Rodríguez, Emiliano Lasa y Andrés Silva—, apoyo de privados y de empresas del Estado —y eso que Antel suspendió una partida de US$ 9.000 para este año. El gobierno le dio en cinco años US$ 689.165 —sin contar otros US$ 385.533 para la pista oficial— y prometió para el próximo quinquenio una pista sintética en el Prado. Aun así, la medallista de bronce Déborah Rodríguez advierte que el apoyo "no es suficiente". Por más que su participación en las competencias mundialistas esté asegurada, considera que necesita más "para obtener los resultados". "Solo con el talento no alcanza", dijo.

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