Medicamentos a base de sangre

Corre oro por las venas

Los hemoderivados son más caros que el petróleo y cada vez más efectivos. Uruguay produce una quinta parte de lo que necesita, el resto lo importa de Austria, Corea del Sur y Argentina. El costo es de US$ 10 millones anuales. Buscan alternativas para abaratarlo.

100.000 donaciones de sangre por año que se hacen en Uruguay. La cifra es adecuada y está dentro de los parámetros esperados.
Son 100.000 donaciones de sangre por año que se hacen en Uruguay. 

Hay componentes que corren por nuestras venas que son más caros que el petróleo. La ciencia descubrió hace más de 40 años que los medicamentos hechos a partir del plasma eran eficaces para una gran cantidad de tratamientos. El problema es que la demanda es mayor que la oferta. Es por eso que Uruguay se ve obligado a importar US$ 10 millones en estos fármacos.

Son 100.000 los uruguayos que donan sangre por año. La cifra está dentro de los parámetros esperados, según el Servicio Nacional de Sangre, pero no alcanza para cubrir la demanda de hemoderivados. Estos fármacos se generan con plasma, la parte acuosa de la sangre, que equivale al 50% del total: la otra mitad son glóbulos rojos y plaquetas. El plasma es 93% agua y 7% nutrientes, que deben ser procesados para obtener los preparados que se utilizan para tratar patologías como la hemofilia, que genera hemorragias frecuentes. También se suministran a los pacientes que recibieron un trasplante o que tienen enfermedades autoinmunes.

Para paliar la falta de hemoderivados, el MSP firmó un convenio con Argentina hace ya 35 años. Uruguay envía 12 toneladas de plasma por año, que es tratado en la planta de la Universidad Nacional de Córdoba, la única que funciona en América del Sur. Los técnicos separan el agua de los nutrientes y elaboran inyectables. Pero no todo vuelve a Uruguay: una parte queda allá como forma de pago.

El laboratorio genera tres tipos de hemoderivados: inmunoglobulina, albúmina y factor VIII de la coagulación. Estos fármacos se transformaron en el futuro de los tratamientos, según Ismael Rodríguez, profesor de Medicina Transfusional de la Facultad de Medicina. El especialista explica que la inmunoglobulina "es la vedette", porque es el producto cuyo consumo más ha crecido: mientras que en 2014 Uruguay usaba 14 kilos del medicamento por millón de habitantes, hoy la demanda aumentó a 27 kilos. ¿Por qué se duplicó su aplicación? Se descubrió su eficacia contra 13 enfermedades en cuatro años y la Organización Mundial de la Salud la declaró "medicamento esencial".

El plasma separado del resto de la sangre dura como mucho un año congelado. Antes del convenio con Argentina esta sangre se descartaba. Pero, pese al acuerdo, lo producido permite satisfacer solo la quinta parte de la demanda de inmunoglobulina del país, brinda el 64% de la albúmina que se utiliza y entrega 100.000 unidades de factor VIII de la coagulación, cuando se necesitan 15 millones por año. Lo que falta se compra a otros países.

El mayor proveedor es Austria, al que se le compraron más de US$ 2 millones en 2017, según datos de Uruguay XXI. Corea del Sur quedó en segundo puesto con US$ 1,6 millones y Argentina fue el tercero más importante, con US$ 1,1 millones.

También se le compraron fracciones de la sangre a Canadá, Estados Unidos, Lituania, Panamá, Alemania, Irlanda, Holanda, Reino Unido, Francia, Japón, Suiza, Brasil, Dinamarca, Nueva Zelanda, Polonia, China, Italia, Bélgica, España y Suecia. La inversión en estos productos ascendió a US$ 10 millones el año pasado.

Cómo conseguir más.

¿Por qué no colectar más plasma y aumentar la producción cordobesa? La directora del Servicio Nacional de Sangre, Lourdes Viano, explica que esa posibilidad no está en los planes, ya que el plasma uruguayo se obtiene a partir de donaciones. La cantidad está en el punto justo, extraer más cantidad implicaría tirar miles de bolsas de sangre desplasmatizada. Significaría descartar cientos de millones de glóbulos rojos y plaquetas, los componentes que transportan el oxígeno y se encargan de la coagulación.

"La clave está en buscar el punto medio, una alternativa que nos permita bajar los costos sin desperdiciar", dice Viano.

Estados Unidos es uno de los países que se especializan en la producción de hemoderivados. Allí utilizan un mecanismo que permite extraer solo el plasma y no el resto de la sangre, por lo que las personas pueden ser punzadas hasta 110 veces por año. En lugar de obtener un líquido rojo, lo que queda en la bolsa es amarillo. En la Facultad de Medicina están realizando un plan piloto para "fidelizar donantes" de plasma, que accedan a ser pinchados tres veces por mes.

Viano dice que están revisando el convenio con Argentina para bajar la cuota de hemoderivados que se queda la planta a cambio del servicio, aunque no precisa qué porcentaje es. Afirma también que no hay posibilidades de que Uruguay construya un laboratorio propio, ya que para que el negocio sea rentable se deberían procesar 250.000 kilos de plasma por año; en el país se consiguen solo 12.000.

Otra posibilidad es terminar el convenio y elaborar uno nuevo con otro país. El profesor de Medicina Transfusional de Facultad de Medicina dice que en el mundo hay plantas que producen "mucho más" que Córdoba: mientras que el laboratorio argentino mueve unos 200.000 kilos de plasma al año, la de Estados Unidos recibe 1,5 millones. Si se cambiara de fábrica, según Rodríguez, se conseguiría un mejor acuerdo gracias a los grandes volúmenes de producto que generan.

Si bien Uruguay aún no resolvió cómo mejorar la rentabilidad del plasma, una cosa sí es segura: faltan hemoderivados. En un bien tan preciado como ese —que cotiza a US$ 20.000 el barril, contra los US$ 79 del petróleo— cada rebaja cuenta.

El Día libre no logró mejorar la cantidad de donantes

Una ley de 1990 quiso aumentar el número de donantes de sangre y otorgó un beneficio que parecía muy seductor: un día libre a cambio de un pinchazo. Sin embargo, a casi 30 años de la promulgación de esa norma, no hubo una incidencia en la cantidad de donantes: siguen siendo 100.000 personas. El profesor de Medicina Transfusional de la Facultad de Medicina, Ismael Rodríguez, considera que el Parlamento debería derogar esa ley, ya que el Estado "está asumiendo un gasto innecesario" al pagarles el día libre a los trabajadores. El especialista explica que en otros países no se brinda ese beneficio, sino que a las personas se les dan viáticos por las horas de trabajo que pierden. Según una nota publicada por El Observador en 2016, el Estado pagó 3 millones de jornales a cambio de donaciones de sangre. Aquellos que quieran donar deben tener entre 18 y 65 años, pesar más de 50 kilos, haber descansado al menos seis horas y no haber donado en los últimos tres meses. No pueden hacerlo quienes sean portadores de VIH, o tengan alguna otra enfermedad de transmisión sexual.

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