EDUCACIÓN PRIVADA

Colegios en “zona roja” por morosidad, inscripciones lentas e inversiones: ¿habrá más cierres tras el verano?

La crisis económica por la pandemia provocó una baja en la recaudación que en algunos momentos del año llegó al 40%, de acuerdo a un relevamiento realizado con referentes de los colegios privados.

Colegio se prepara para la pandemia.
Los colegios privados adaptado los edificios donde funcionan para poder cumplir las exigencias del gobierno en el marco de la pandemia.

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En una esquina del barrio Borro, sobre la calle doctor José Martirené y muy cerca de Los Palomares de Casavalle, funciona desde hace seis décadas el colegio Santa Bernardita. Es un colegio católico humilde en el medio de una de las zonas más pobres de Montevideo: nuclea a unas cien familias del barrio que en muchos casos hacen un gran esfuerzo para pagar algo menos de 4.000 pesos mensuales por alumno (y, en otros casos, consiguen becas que permiten que sus hijos vayan allí). Pasar este año de pandemia fue duro para la institución pero más aún para esas familias. “Acá sufrimos mucho los coletazos de la pandemia”, reconoce la directora Ana Costa en un alto de una jornada cargada de reuniones y cosas a atender en una época complicada.

Se acerca el final del año lectivo y también la planificación de un futuro dominado por la incertidumbre. “Muchas familias ni siquiera tenían seguro de paro, sus trabajos eran zafrales y quedaron sin nada”, dice la directora. Y agrega que allá por abril no sabía siquiera si podrían sostener la propuesta pedagógica.

Pero lo lograron. Sobrevivieron.

Eso a pesar de que cerca del 30% de los padres de los 140 niños de educación inicial y primaria dijeron que no podían pagar. Se entregaron bonificaciones del 30 al 100% del monto en familias de más de un hijo con pérdida total del trabajo. No aplicaron recargos ni moras. En la práctica, el Santa Bernardita sigue en pie gracias a que desde hace unos pocos años pertenece a la Fundación Sophia, una red de 31 colegios católicos que en 2014 creó el cardenal Daniel Sturla tras el cierre del colegio San José de la Misericordia en Paso Molino, donde hoy funciona el liceo público 71 y una escuela técnica de la UTU. En aquel momento Sturla entendió que había que hacer algo para que los centros no siguieran cerrando. “Antes habían cerrado no menos de 20 colegios, incluso en las últimas dos décadas, de crecimiento de la educación privada en el país”, dice Federico Reyes Bidegain, director ejecutivo de la fundación.

El Santa Bernardita prepara 2021 y hay unas 20 inscripciones nuevas, la mayoría de alumnos que van a escuelas públicas de la zona. Pero, como la presencialidad allí ha sido muy inferior (dos días de clase a la semana en muchos casos), esas familias buscan otra alternativa que asegure que sus hijos vayan todos los días en horario completo.

Dice Reyes que “honestamente” en marzo pasado temió que buena parte de los 31 colegios de la fundación que dirige no fueran sostenibles y se ríe nervioso. Porque “la situación era dramática”, afirma, aunque sabe que la incertidumbre se mantiene, más con los contagios de COVID-19 subiendo en forma vertiginosa en las últimas semanas. ¿Cómo estará la situación sanitaria y económica del país tras el verano? Nadie lo sabe.

Lo cierto es que la pandemia se llevó dos colegios este año: al publicitado cierre del Pocitos Day School a inicios de julio pasado, le siguió sobre fines de ese mismo mes Creciendo, una institución laica pequeña que tenía cerca de 20 años de trayectoria en Peñarol. Entre los dos dejaron casi 250 alumnos a la deriva y unos 120 funcionarios sin empleo.

Porque cuando un colegio cierra se abren dos frentes dramáticos: el destino de los empleados, como en cualquier disolución de una empresa, pero también el de los alumnos y sus familias, que deben salir a las apuradas a buscar una nueva institución. Y es peor cuando eso sucede a mediados de año, con las clases iniciadas. Los estudiantes deben adaptarse a un nuevo lugar y compañeros, con todo lo que ello implica.

Hay situaciones muy distintas y el panorama está lleno de matices entre las cerca de 420 instituciones privadas que están abiertas en todo el país. Pero es un hecho: 2020 fue el año más complicado para las economías de los colegios desde la crisis de 2002. “Ha sido la tormenta perfecta”, dice Pablo Cayota, exdirectivo del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed) y director del colegio Santa Elena en el Buceo. “Ni en 2002 los colegios habían tenido que enviar a tanta gente al seguro de paro”.

Por un lado se dio un notorio aumento en la morosidad, así como bonificaciones y becas otorgadas, lo que implicó una baja en la recaudación (según Cayota, en el trimestre más problemático, entre marzo y mayo, en promedio la caída rondó el 40%). A eso se sumaron inversiones no previstas para adecuarse a la nueva normalidad, desde tirar paredes de salones a comprar tecnología imprescindible para las clases virtuales.

PANORAMA

Matrícula en caída desde hace seis años

En Uruguay hay 420 colegios que ofrecen primaria, de los cuales casi la mitad también tiene secundaria. Además, hay 197 jardines, según cifras oficiales. Pero la matrícula de los colegios viene en descenso desde hace seis años. El punto de inflexión fue 2014, cuando los colegios desde inicial a secundaria atrajeron a 131.533 alumnos, lo que representaba el 16,9% del total. Esa cifra descendió año a año, al igual que el porcentaje en relación a los centros públicos. En 2019, según el Observatorio de la Educación de ANEP, eran 119.581 alumnos, el 15,4% del total. Una cifra, de todos modos, lejana a la de la crisis de inicios de siglo: en 2003 había 97.742 estudiantes. Solo en Primaria, las escuelas públicas le arrebataron en el último año 1.796 alumnos a los privados, según publicó El País en marzo.

Más lento.

La pandemia fue un cimbronazo para instituciones que ya tenían una economía complicada y toda la educación privada está con la matrícula en descenso desde hace seis años. En muchos casos las reinscripciones vienen más lentas que antes: hay colegios que congelaron las cuotas e incluso hay alguna rebaja, en busca de captar nuevos alumnos.

Para Juan Carlos Noya, presidente de la Asociación de Institutos de Educación Privada (Aidep), que nuclea a unos 50 colegios laicos, “lo que normalmente sucedía entre agosto y setiembre, cuando los padres empiezan a definir el próximo año, ahora pasa entre octubre y noviembre, con una extensión hasta diciembre, con mucho movimiento y demanda de información pero pocas concreciones”.

Y agrega: “En este momento las palabras que dominan nuestras sensaciones son esperanza, incertidumbre y mucha preocupación”.

Pero, como el Santa Bernardita, algunos colegios han recibido más consultas de familias que vienen de la educación pública. Adrián Arias, director de la Asociación Uruguaya de Educación Católica (Audec), que agrupa a 157 colegios católicos, admite que el diferencial respecto a las escuelas públicas fue haber ofrecido una presencialidad continua. Pero enseguida cuenta que le preocupa la mayor brecha que se ha generado y así se lo plantearon al Codicen. “La brecha afecta todo”, afirma. “Un alumno de sexto de liceo de nuestros colegios tiene clase todos los días desde el 15 de junio y tuvo virtualidad fluida durante la cuarentena. Contra alumnos que quizás cada 15 días ven al docente”. Es demasiada diferencia.

De la Unión a Carrasco.

Cada colegio es un mundo. Veamos algunos ejemplos de cómo han afrontado este año y lo que se viene.

La historia del José Pedro Varela, un tradicional colegio montevideano que el mes pasado cumplió 78 años, es conocida porque estuvo a punto de cerrar a fines de 2015 y tras aquella crisis redujo su tamaño. Eso “en este contexto” hoy los beneficia, dice la presidenta Mariel Camejo y cuenta que contaban con capacidad locativa para recibir “a todos los alumnos todos los días” en el horario permitido. Dice que salieron a flote con “mucho trabajo” y tras haber aprendido de las experiencias negativas.

Desde el colegio Cervantes, que funciona en la zona del Parque Batlle, el director Carlos Cambón dice que en 2021 “lo que habrá es economía de guerra” y muchos colegios deberán hacer números para manejar sus cuentas. En su caso espera un año con “equilibrio” en las reinscripciones, aunque en 2020 la morosidad subió del tradicional 4 ó 5% a entre 15 y 20%. ¿Es manejable? “Son casos puntuales que no mueven la aguja”, suaviza. “Ahora se va a negociar con las familias”.

En el histórico colegio céntrico Elbio Fernández el camino “tiende a cierta normalidad” aunque se siguen sintiendo efectos en la cobranza y la morosidad está por encima de lo habitual, dice el presidente Enrique González de Toro.

Colegio Varela. Foto: El País
El Varela casi cierra en 2015 y redujo su tamaño. En el colegio dicen que eso los ayudó para afrontar el distanciamiento. Foto: El País.

Al igual que la mayoría, el pocitense colegio Jean Piaget invirtió el triple de lo previsto para asegurar la presencialidad, relata la directora Zózima González. En la misma zona, el Colegio Alemán proyecta continuar con las obras durante el verano: agrandarán más salones e incluirán sistemas de ventilación, en una inversión de varios miles de dólares.

En tanto, un colegio de la zona costera al que asisten más de 1.000 alumnos debió bonificar de alguna forma al 25% de las familias, desde financiaciones a descuentos durante todo el año, dice a El País uno de los encargados, quien pide no ser identificado. “Hubo familias que dejaron de tener ingresos de un día para el otro, no podían pagar nada y les dimos ayuda”, cuenta esta persona que durante dos meses habló casi cada día con padres de alumnos. Algunas llamadas llegaron a casi una hora y eran angustiantes. “Me ponía en el lugar de cada familia para ser lo más justo posible”, dice. Recuerda, por ejemplo, casos de padre y madre odontólogos independientes, otros empleados de agencias de viaje o empresas de turismo.

El colegio que bajó la cuota a la mitad

En las últimas semanas han aumentado las publicidades de colegios en medios y redes. “Eso muestra que el impacto económico está presente”, dice Adrián Arias, director de la Asociación Uruguaya de Educación Católica (Audec). Su colega Juan Carlos Noya, presidente de la Asociación de Institutos de Educación Privada (Aidep), apunta que los colegios apuestan a ganar nuevos alumnos, “previendo que haya familias que no puedan seguir”.

En ese sentido, varios referentes de colegios se vieron sorprendidos por una campaña que ofrece un descuento del 50% en el valor de la cuota para 2021. Se trata del Gabriela Mistral en Malvín. El País intentó comunicarse con la institución pero no respondieron la consulta (tras la publicación de esta nota, la contador del colegio Yoanna Igoa se comunicó con El País e indicó que la medida de bonificación del 50% es “solidaria y de empatía con el barrio y las entidades públicas” y la pueden hacer porque el colegio es dirigido por “una fundación sin fines de lucro”. También dijo que el descuento aplica cuando vienen dos familias juntas o si uno familia del colegio trae a otra de afuera).

En otro orden, hay un incremento de consultas de familias argentinas. En Montevideo solían recibirse unos 10 alumnos nuevos argentinos por año pero en 2021 estará “por encima de los 100” solo en los 50 colegios de Aidep, asegura Noya.

En el Queen’s School de Pocitos invirtieron un 40% más de lo presupuestado para 2020 y, en contrapartida, hubo una caída de ingresos, también cercana al 40%, aunque a mediados de año recibieron a casi 70 familias del Pocitos Day School. “El futuro se presenta muy desafiante”, dice el director general Enrique Morrone, aunque aclara que el colegio está estable a nivel económico.

Los 31 colegios de la Fundación Sophia hicieron descuentos generalizados en todos los niveles entre abril y mayo, y luego se mantuvieron solo los descuentos focalizados a las familias que más lo necesitaban. “Solo en mayo perdimos en promedio un 35% de recaudación. En el total fueron como nueve millones de pesos, un disparate”, dice Reyes, el director. La fundación accedió a un crédito blando para poder hacer frente a los costos. “La verdad es que nos endeudamos para pasar la crisis. Si no, no la pasábamos”, admite. Para el próximo año subirán las bonificaciones y becas. El límite histórico es de 10% máximo del total de la facturación y por primera vez eso se quebrará. “El objetivo es atender la coyuntura y que la gente no se vaya porque no puede pagar. Y eso que no nos sobra nada, no son colegios de la costa de Montevideo”, afirma el director.

El Santa Luisa de Marillac, que está en la Unión y tiene 500 alumnos, es uno de esos 31. Debió considerar situaciones particulares de unas 100 familias, cuando lo habitual es otorgar beneficios a 30.

El colegio carrasquense Jesús María tampoco quedó ajeno a las inversiones imprevistas. Duplicó su personal en primaria, tiró paredes y amplió salones, además de aplicar fuertes descuentos hasta mediados de año. “Eso supuso una renuncia importante de ingresos”, dice el director general Rafael Ibarzabal, “pero por el modelo de gestión económica, que es conservador, lo acompañamos sin que nos ponga en peligro el futuro".

Lo que viene.

¿Conocen situaciones de colegios golpeados económicamente y con chances de cerrar? Ante esa pregunta, muchos referentes de instituciones privadas admiten que sí, aunque evitan mencionar nombres.

Está claro por qué. “Un colegio es como un banco: cuando la credibilidad falla, es un boomerang difícil de frenar”, dice un asesor financiero de un importante colegio montevideano que pide no ser identificado. Admite que él conoce al menos cuatro casos en la zona costera montevideana pero aclara que la cifra real es bastante mayor. “Son colegios que ya venían tecleando y esto los mató. Uno de los que estaba en esa situación era el Pocitos Day y ocurrió lo que ocurrió”, indica. Y adelanta que el verano puede ser complejo para el rubro. Será momento de tomar decisiones. “Puede haber situaciones complejas que se desencadenen al final del año. Otros pueden agonizar algún año más”, dice.

Enrique Morrone, director del Queen’s, conoce un caso concreto de un colegio del interior que lucha por sobrevivir y vaticina que a los dos casos de 2020 se sumarán otros cierres: “Lamentablemente se darán más”.

Colegio Queen’s. Foto: Leonardo Mainé.
El colegio Queen’s invirtió un 40% más de lo previsto en 2020. Foto: Leonardo Mainé.

Reyes, de la Fundación Sophia, e Ibarzabal del Jesús María coinciden en que hay al menos unos diez casos de colegios, entre católicos y laicos, con situaciones económicas complicadas. Pero Ibarzabal aclara que los católicos tienen una red “y otro sostén, aunque algunos lo están pasando mal”. Los laicos “a veces tienen un dueño y, si no le funciona económicamente, cierra y punto".

En el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Enseñanza Privada (Sintep) manejan una estadística similar. Sergio Sommaruga, el secretario general, dice que atiende cada semana decenas de llamadas de padres que le preguntan si el colegio al que mandan a sus hijos puede cerrar: “Me llaman para ver qué pasa con tal o cual colegio”, cuenta.

Pero él evita dar información. Sintep elabora un “semáforo” sobre la situación de los colegios en base a datos de los sindicatos de base. “No es el INE”, se apresura a aclarar Sommaruga, pero sí se trata de un monitor que sirve de referencia. La mayoría de los colegios tiene color verde, pero hay 23 en amarillo -lo que implica que durante el año hubo instancias en el Ministerio de Trabajo- y hay ocho que están en rojo (“no quiere decir que vayan a cerrar pero sí que están en una situación delicada, de precrisis, y hay que hacerles un seguimiento cercano”, dice Sommaruga). En esa zona roja estaban el Pocitos Day y Creciendo, los dos que cerraron este año.

El problema, dice el sindicalista, es que hay colegios que se rigen por la lógica del mercado. Y advierte: “No pueden cerrar como una empresa que vende championes”.

Cuotas e inscripciones para 2021

colegio Jesús María
Las reinscripciones para 2021 están “lentas” y muchas familias esperan “a que se despeje el panorama”, dice el director general Rafael Ibarzabal. Después de tres años con retenciones, la cuota se ajustará en 2021 por el consejo de salarios (3%) más costos por la inflación. Aún no se sabe el monto.
Santa luisa de marillac
El colegio ubicado en la Unión ha tenido este fin de año un récord de reinscripciones: “Nos sorprendió”, dice la directora Patricia Silva. Han recibido consultas de familias que vienen de la educación pública, están “muy decepcionadas” y se mostraron dispuestos a hacer un “recorte de presupuesto” familiar, indica Silva. Para 2021 el colegio hará un aumento de la cuota menor a la inflación anual.
colegio Queen’s School.
El colegio de Pocitos congeló la cuota para 2021. “Las familias tienen necesidad de apoyo”, dice el director Enrique Morrone. Por ahora observan un margen alto de reinscripciones y algo de inscripciones. Pero Morrone admite: “Hay un leve crecimiento en cantidad de entrevistas respecto a años anteriores. El tema es que muchos no concretan, en otros años a esta altura teníamos más confirmaciones”.
José Pedro Varela.
El colegio aplicará en febrero y en julio un aumento en la cuota por lo que marca el consejo de salarios. “Eso le da sustentabilidad a una institución”, dice la presidenta Mariel Camejo. En las últimas semanas han tenido un aumento de consultas de familias de la educación pública: “Se acerca mucha gente pero no pueden pagar, no pueden acceder a una cuota aunque quieran”.
Colegio Alemán.
El colegio no lo definió aún pero es probable que en 2021 haya un aumento en la cuota “bastante por debajo de la inflación”, que estará en torno al 10%. Tampoco descartan congelar el precio, “manteniendo la propuesta educativa”, lo cual es “un desafío”, dice el subdirector general Juan Carlos Noya. La variable más relevante para definir eso es la matrícula escolar. “Estamos en un escenario de equilibrio con dudas, porque hay un aumento de consultas pero pocas concreciones”, dice Noya.
colegio elbio fernández
El colegio no subirá la cuota y la matrícula es la misma. “Eso es parte de una responsabilidad, es colaborar en una situación muy especial”, dice el presidente Enrique González de Toro. En cuanto a las reinscripciones, están en similares condiciones que el año pasado, aunque aún hay que ver qué pasará con “situaciones especiales” de familias que se discutirán a fines de año.
Colegio San José.
El colegio rochense mantendrá la cuota. “No es momento de aumentos ni cosas disparatadas. La idea no es recargar a las familias y nadie sabe qué va a pasar el próximo año”, dice la directora de secundaria, Andrea Ballestero. Las reinscripciones “vienen muy bien” y son un 20% más altas.
colegio Jean Piaget.
No aumentarán la cuota para 2021 y tampoco ajustaron a mediados de 2020. “Es una entrega que la institución hizo”, afirma la directora Zózima González. En cuanto a las reinscripciones, notan una reducción del alumnado “pero eso no modifica la estructura general”.
Colegio Cervantes.
La cuota del colegio de Parque Batlle aumentó 6% “por la coyuntura” y se mantendrá todo el año. En inscripciones están en “un nivel de equilibrio”: entre la migración e inmigración esperan un número similar.
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